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LITURGIA DEL VATICANO II

Qué es y no es la liturgia

Domingo 6 de Pascua 22.5.2022) - ciclo C

UN OCULISTA  ESPECIAL

“El Espíritu Santo os lo enseñará todo”

“¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?” Estas palabras son la prueba del siete sobre la cerrazón de los apóstoles para entender el mensaje y la obra de Jesús. Porque las dijeron un momento antes de su Ascensión a los Cielos. ¿Cómo podrían ellos cumplir la misión que él les había encomendado: ser los testigos de su muerte y resurrección en todo el mundo? El evangelio de hoy nos entrega la clave: “El Espíritu Santo que os enviara el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que yo os he dicho”, les anunció Jesús.  La Iglesia –también la que camina en Burgos- se parece no poco a los apóstoles de la Ascensión: tenemos unas cataratas de siglos que nos impiden ver que en ella se entra no cuando a uno le hacen obispo o presbítero sino cuando recibe el bautismo. Y, por eso, que la  Iglesia no es asunto exclusivo de obispos y curas sino de todos los bautizados. Que son en su inmensa mayoría fieles laicos, con un alto porcentaje de padres y madres de familia. Mientras el Espíritu Santo no opere estas cataratas, la Iglesia no dará el paso que debe dar: ser testigo de Jesús en todas las encrucijadas de los hombres, no sólo en las iglesias y aledaños. Dentro de quince días, el obispo de la diócesis promulgará el documento final y oficial de la Asamblea Diocesana cuyo argumento básico es que todos los bautizados de Burgos somos esta Iglesia local, Y, por tanto, que todos estamos implicados en llevarlo a la práctica para ser testigos gozosos de Jesús. Dios cuenta con todos para realizar la salvación del mundo.      

Domingo 3 de Cuaresma (20.3.2022) - Ciclo C

TIEMPO DE VOLVER A CASA

“Déjala todavía un año, luego córtala”

El evangelio de hoy parece un relato de crónica negra: narra el asesinato en el Templo de Jerusalén de un grupo de galileos y la muerte de otro grupo importante por el derrumbamiento imprevisto de una torre. Cuenta también cómo lo interpretaban quienes escuchaban a Jesús. Según ellos, eran un castigo divino por los pecados que habían cometido quienes habían sufrido esas desgracias. Jesús hace una lectura distinta y los sitúa en un contexto de conversión: las desgracias no deben llevarnos a buscar presuntos culpables sino a reflexionar sobre cuál es nuestro posicionamiento ante Dios. También nosotros estamos viviendo dos sucesos de crónica negra: la pandemia y la posibilidad de una guerra de consecuencias impredecibles. He leído que estos días muchos ucranianos se han acercado a la Iglesia de la que se habían alejado, otros han pedido confesión después de muchos años y algunos adultos incluso han pedido el bautismo. Pienso que es una reacción sensata. La pandemia nos ha situado a todos frente a lo que somos: podemos mucho menos de lo que pensábamos y nuestra existencia es muy precaria. Si un loco apretara el botón nuclear ¿qué podríamos hacer? Estamos en Cuaresma. Tiempo de volver a Dios, tiempo de reconciliarnos con él. Hagámonos estas tres preguntas: ¿Vivo de espaldas a Dios? ¿Cuánto tiempo hace que no piso una iglesia? ¿Cuándo me confesé la última vez?  El próximo sábado a las 19,30 comienzan las 24 horas para el Señor, en las que de día y de noche hasta el domingo a las 19,30 habrá confesores en la catedral. Dios te da una nueva oportunidad.  

Domingo 32 del Tiempo Ordinario (7.11.2021) - Ciclo B

CUANDO LO POCO VALE MUCHO

“Ha echado todo lo que tenía”

**** Estamos en el Templo de Jerusalén, lugar del culto de los judíos, meta de sus peregrinaciones y espacio donde los escribas exponen y discuten sus doctrinas. Jesús ha venido con sus discípulos y se encuentra cerca del lugar donde se depositan las ofrendas y las limosnas. Ha observado que muchos pudientes han dado limosnas muy generosas, mientras que una viuda ha echado unos céntimos. Pero él, no juzga las apariencias ni mide las cantidades sino los corazones. Por eso hace observar a sus discípulos que no son los ricos los que más han echado en el cepillo sino aquella pobre viuda. Los primeros habían echado “parte” y, además, “de lo que les sobra”, mientras que la viuda ha echado “todo” lo que tiene y necesita para vivir. Seguramente que muchos de nosotros no podemos dar limosnas muy generosas, porque andamos justitos para llegar a fin de mes, si es que llegamos. Con todo, nadie es tan pobre que no pueda dar algo. Quizás tenga que hacer como la viuda, dar de lo que necesita porque hay otros que están mucho más necesitados que él; quizás puede dar parte de su tiempo para visitar a un enfermo o acompañar a una persona que está sola; quizás tiene habilidades profesionales para ofrecer a la Caritas parroquial; quizás puede dar catequesis a los niños; quizás posee una especial capacidad de escucha para atender a quien necesita manifestar sus problemas o pedir un poco de consuelo. Todos podemos hacer mucho más de lo que hacemos: en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo, en la asociación de amigos. ¡Ojalá no nos falte la generosidad de la viuda del evangelio!