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LITURGIA DEL VATICANO II

Domingo 5 del Tiempo Ordinario (6.2.2022) - Ciclo C

ECHAR LAS REDES PARA PESCAR

“Serás pescador de hombres”

Pedro era pescador de oficio. Por eso salía a pescar durante la noche y volvía a puerto muy de mañana. Un día las cosas se dieran tan mal, que no cogió ni un pez. Mientras estaba a la orilla del lago, Jesús se acercó y le pidió subir a la barca para predicar a la muchedumbre. Después le dijo: “Rema mar adentro y echa las redes para pescar”. Pedro tuvo que responder: Anoche no he pescado nada, pero “ya que tú lo dices, echaré las redes”. Las echó y lo que hasta ese momento había sido “nada”, se convirtió en una redada tan grande que se hundía la barca. La barca de Pedro es ahora la Iglesia. En ella van, además de Pedro –el papa Francisco-, los obispos, los sacerdotes, los religiosos y la inmensa multitud de fieles corrientes. Jesús dice a todos, no sólo al Papa y a los obispos: echad las redes para pescar. Echar las redes exige tres cosas: tener redes, echarlas donde hay peces y echarlas en nombre de Jesús. “Tener redes” es, ante todo, sentirse pescador y dar testimonio con la vida y la palabra. Echar las redes donde hay peces es echarlas donde está la gente: en  la familia, en las fábricas, los comercios, los hospitales, la universidad, los colegios... Finalmente, echarlas fiados de la Palaba de Dios. San Juan Pablo II nos dejó todo un programa: meterse a fondo en la faena y hacerlo “con nuevo vigor, nuevos métodos y nuevas propuestas”. El papa Francisco no cesa de repetirnos: dejad de una vez por todas las rutinas y el “siempre se hizo así” y lanzaos a una nueva aventura del Espíritu. ¡Qué pasaría si todos los cristianos nos hiciéramos pescadores de hombres!   

Domingo 4 del Tiempo Ordinario (30.1.2022)- Ciclo C

EL PRECIO DEL VERDADERO PROFETA

“Nadie es profeta en su tierra”

Seguimos en la sinagoga de Nazaret. Pero el clima de hoy ha cambiado radicalmente. Si el domingo anterior era de admiración, hoy los asistentes a la liturgia sabática se han puesto furiosos. ¿Qué ha ocurrido? Que se ha cumplido el refrán: “Nadie es profeta en su tierra”. Cuando Jesús ha interpretado de sí mismo la profecía de Isaías sobre el Mesías, la gente ha dicho: ¡Imposible, él es “el hijo del carpintero”! A Jesús le ha dolido la  incredulidad de sus paisanos y les ha recordado que  Elías y Eliseo realizaron dos grandes milagros con extranjeros: uno de Sidón y otro de Siria, indicando así que, a veces, hay más fe fuera que dentro. Y, al oírlo, “se pusieron furiosos”, dice literalmente san Marcos. Más aún, “lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba el pueblo, con intención de despeñarle”. La escena no puede ser más actual. Si un obispo, un sacerdote o un cristiano enseña que un hombre siempre será hombre y una mujer siempre será mujer, que el aborto no es un derecho sino una injusticia y una derrota moral y social, y que una persona nunca pierde su dignidad originaria sean cuales sean sus comportamientos, se ponen “furiosos” en la televisión, la prensa y las redes sociales y tratan de despeñarle desde el barranco de la opinión pública y hundir su fama y su persona. Es la suerte que corren los verdaderos profetas. No tratan de agradar al público sino de proclamar la verdad y pagar el precio en su persona (dice Benedicto XVI).Jesús vino a dar testimonio de la verdad. Le costó la vida. Pero así salvó al mundo.. 

Domingo 3 del Tiempo Ordinario (23.1.2022) - Ciclo C

EL LIBRO DE LOS LIBROS

“Hoy se ha cumplido esta Escritura”

Todo judío practicante del tiempo de Jesús frecuentaba la sinagoga cada sábado. Allí escuchaba algunas lecturas de Antiguo Testamento  y la homilía correspondiente, rezaba 18 famosas oraciones y cantaba algún salmo. Jesús conocía todo esto al dedillo, pues había ido a la de Nazaret sábado tras sábado, primero de la mano de José y María y luego por su cuenta. Hoy ha vuelto a su pueblo aureolado de fama de predicador y taumaturgo y, como es sábado, ha ido a la sinagoga. Le han invitado a leer y a predicar. Él ha tomado el rollo que contiene el libro de Isaías, ha leído un texto en hebreo y luego ha predicado la homilía en arameo, la lengua del pueblo. Al final ha sentenciado: “Hoy se cumple en mí esta Escritura que acabáis de oír”. En realidad podía haberlo dicho de cualquier otro libro de la Escritura, porque toda ella –dirá el gran teólogo medieval Hugo de san Víctor- habla de Cristo, de modo que “ignorar la Escritura es ignorar a Cristo” (san jerónimo). Por eso la Sagrada Escritura es el libro de los libros y el de cabecera de la Iglesia desde sus orígenes. Pero muchos cristianos, que dedican no pocas horas a las teleseries y a las novelas, no encuentran –dicen- tiempo para leer la Sagrada Escritura. El Papa Francisco lo conoce bien. Por eso ha establecido que este domingo sea la “Jornada de la Palabra de Dios” en toda la Iglesia. Buena ocasión para adquirir el libro de los Evangelio  y –siguiendo también las indicaciones del Papa- leerlo cada día algunos minutos. Vale la pena, porque poco a poco cambia la vida y abre grandes horizontes.   

Domingo 2 del Tiempo Ordinario (16.1.2022) - Ciclo C

EL MEJOR VINO

“No tienen vino”

El evangelio de este domingo es muy conocido: la conversión del agua en vino en Caná de Galilea. También es muy conocido que dicho milagro aconteció en el curso de una boda y a petición de su Madre, que se percató del gran disgusto que recibiría aquel matrimonio precisamente en un día tan señalado de su nueva vida. En cambio es mucho menos conocido lo que podemos llamar “segundo nivel” del milagro, es decir, lo que está debajo de lo que se ve a simple vista. Tratándose –como se trata- del evangelio de san Juan, es preciso preguntarse por ese segundo nivel, dado que es muy frecuente en él. No en vano se le conoce como “el evangelista teólogo”. Hay tres detalles que  pueden ayudarnos a descubrirlo: es al final, es el mejor y es sobreabundante. Efectivamente, lo confirma el metre cuando llama al novio y le dice: “Todo el mundo sirve al principio el mejor vino y cuando ya están bebidos el peor. Tú, en cambio, has dejado el mejor para el final”. Ese mejor vino, además, es sobreabundante, pues no se trató de unos cuantos litros para salir del paso sino de seiscientos. Cuando Jesús multiplicó los panes y los peces también ocurrió lo mismo: fue al final, comieron varios miles y sobraron doce cestos. Al final de su vida Jesús nos dio pan abundante y el mejor vino: la Eucaristía. El pan de su cuerpo entregado y el vino de su sangre derramada en la Cruz por las muchedumbres. María, su madre, estaba allí para recoger el agua y la sangre que brotaron de su costado abierto por la lanza de un soldado: el agua del bautismo y la sangre de la Eucaristía. ¿Cómo valoramos nosotros la Eucaristía? .     

El Bautismo del Señor (9.1.2022) - Ciclo C

UN HIJO NO PUEDE DEJAR DE SER HIJO

“Se abrieron los cielos”

¿Qué es más importante: ser Papa o ser cristiano? Como me imaginaba, el grupo de niños de la catequesis contestó a coro: “Ser Papa” No me resultó fácil explicarles que ser Papa es mucho menos  importante que ser cristiano. Hoy hubiera sido más sencillo, porque el que fuera Benedicto XVI ha dejado de ser Papa  pero sigue siendo cristiano. He querido recordar esta anécdota porque celebramos hoy la fiesta del Bautismo del Señor,  con la que concluimos el Tiempo litúrgico de la Navidad. Dice san Lucas en el evangelio que Jesús vino un día a recibir el bautismo que Juan el Bautista impartía a los pecadores en el río Jordán. Juan se opuso tajantemente. Porque Jesús jamás había hecho un pecado, no era un pecador. Es verdad. Pero Jesús había venido para solidarizarse con los pecadores. Más aún, para hacerse responsable de los pecados de los pecadores de todos los tiempos. Así lo demostraría cuando luego muriese en una cruz. En el momento de recibir el Bautismo en el Jordán, hace un adelanto y una profecía de esta realidad. Gracias a este  responsabilizarse de nuestros pecados, se nos han abierto las puertas del cielo y podemos convertiros en hijos de Dios. Aquí radica la grandeza del Bautismo: nos convierte en hijos de Dios. Quizás con el tiempo seamos malos hijos, hijos pródigos. Pero para Dios -que es lo verdaderamente importante- nunca dejaremos de ser hijos y como tales nos tratará hasta el mismísimo momento de nuestra muerte. ¿Cómo no valorar este sacramento, cómo no llenarnos de esperanza, cómo no agradecer a nuestros padres que nos llevaran a recibirlo?    

Domingo 2 de Navidad (2 de enero de 2022)

EL ROMPEOLAS DE LA VIDA CRISTIANA

“Poder para ser hijos de Dios” 

Cuando llega este domingo siempre me acuerdo de la institutriz del hijo de Luis XIV. El que sería heredero del trono de Francia, cometió una falta impropia de su rango. La institutriz le reprendió con firmeza. Herido en su amor propio, le replicó: “No sabes que soy el hijo del rey de Francia? Ella le contestó con gallardía: “¿Y tú, no sabes que yo soy hija de Dios?”. Efectivamente, aquella mujer era cristiana y sabía que quienes reciben el bautismo no sólo se llaman sino que son verdaderos hijos de Dios. “Hijos en el Hijo”, es decir, partícipes de la misma naturaleza divina. Este es el núcleo del evangelio de este domingo, primero del año nuevo y segundo de Navidad. El apóstol y discípulo predilecto de Jesús, al describir la acogida que tuvo ese Hijo cuando vino a este mundo, constata: “Vino a los suyos y los suyos no le recibieron”. Pero añade: “A quienes le recibieron, les hizo posible ser hijos de Dios, nacidos no de sangre ni de deseo de carne ni de varón  sino de Dios”. Esta filiación divina es la roca sobre la que construir una existencia con cimientos firmes y el rompeolas de todas las tempestades de la vida. Ella es la que hace posible que el año nuevo 2022 pueda ser un año “bueno y venturoso”, aunque el Covid-19 siga haciendo de las suyas y el panorama económico, social y político venga cargado de nubarrones. Un niño nunca tiene miedo si va en los brazos de su madre. Los mayores, que ya no vamos en ellos, tenemos muchos miedos. ¿Será que hemos dejado de sentirnos hijos pequeños de los que cuida Dios como padre amoroso?     .        

Domingo de la S. Familia (26.12.2021) - Ciclo C

AMEMOS Y DEFENDAMOS NUESTRA FAMILIA

“Subió con ellos a Nazaret y les estaba sujeto”

Ayer celebramos el nacimiento que ha cambiado el curso de la historia: Navidad. Dios entró en nuestra historia en medio de la más extrema pobreza. Sin embargo, no quiso prescindir del amor de una madre y de quien hacía las veces de padre: María y José. Ese núcleo es lo que celebramos hoy, domingo de la Sagrada Familia, que la Iglesia nos propone como modelo de la familia cristiana. El evangelio no tiene grandes discursos sobre ella, pero ofrece un acontecimiento que vale más que mil palabras: Dios quiso nacer y crecer en una familia humana. Allí fue cuidado y educado en las costumbres y religión del pueblo judío, allí aprendió a trabajar, a observar la naturaleza y las  labores domésticas y agrícolas, de las que extraería muchas parábolas y ejemplos para su predicación. Nosotros también hemos nacido y crecido en una familia. De ella hemos recibido la vida, la fe, el amor. En ella hemos aprendido el valor del trabajo, del esfuerzo, de la solidaridad, de la verdad, de la justicia, del compartir, en una palabra: lo que han sido el fundamento e ideas-madre con que afrontar la vida. Hoy existe un programa organizado y financiado para destruir radicalmente esta gran institución.  Por eso, “uno de los mayores servicios que los cristianos podemos presentar a nuestros semejantes es ofrecerles nuestro testimonio sereno y firme de una familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer… que es la mejor escuela donde se aprenden los valores que dignifican a la persona y hacen grandes a los pueblos” (Benedicto XVI),        

Domingo 4 de Adviento (19.12.2021) - Ciclo C

UN ENCUENTRO QUE ES MÁS QUE UN ENCUENTRO

“Bendita tú que has creído”

Estamos en un pueblecito de la montaña de Judea. Hasta aquí ha venido María, tras recorrer cerca de ciento cuarenta kilómetros por un camino pedregoso y empinado. Le ha faltado tiempo para ponerse en ruta, porque el ángel de la Anunciación le ha dicho que su pariente Isabel está en el sexto mes de su embarazo. Dios ha hecho fértil a una estéril y anciana. Nunca se han encontrado ni volverán a encontrarse dos mujeres como ellas. Las dos son madres, pero son mucho más. Son el encuentro del Antiguo Testamento y del Nuevo, del que espera y del Esperado. Es el cumplimiento de la promesa hecha a David hace mil años. Juan, aunque todavía está en el seno de su madre Isabel, se ha percatado de ello y da un salto de alegría y de gozo, por ser testigo privilegiado de tan gran noticia. Su madre le hace eco y le grita entusiasmada a su prima María: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. ¿Quién soy yo para que me visite la Madre de mi Señor?” El próximo sábado celebraremos la Navidad. La visita de María a su prima Isabel nos pone en pista para que nosotros seamos portadores de Cristo con nuestra visita a personas que están solas, a los enfermos, a los ancianos... Si estos días recorremos el camino de una buena confesión, si quitamos parte de la cesta de la compra para dar de comer a un pobre, si optamos por una Navidad austera y en la que no gastemos en lujos y frivolidades lo que otros necesitan para vivir, la Visitación de la Virgen de este cuarto domingo de Adviento será algo más que un mero sentimiento.  

Domingo 3 de Adviento (12.12.2021) - Ciclo C

RESPUESTAS PERTINENTES A PREGUNTAS SINCERAS

“El que tiene dos túnicas, que comparta”

¿Qué tenemos que hacer? Es la pregunta que ante su punzante invitación a preparar la venida del Mesías  dirigen al Bautista la gente corriente, los publicanos y los soldados.  Juan no se anda por las ramas y contesta a los primeros: el que tiene dos túnicas y comida que comparta con quien no tiene. No robéis, les dice a los publicanos que recaudaban los impuestos. No abuséis de los demás, responde a los soldados. En el primer caso hay una llamada a superar el desequilibrio entre quien tiene lo superfluo y el que carece de lo necesario. Es un criterio de justicia, pero que no excluye el de caridad, porque siempre habrá pobres. En el caso de los publicanos recuerda que el primer paso para ir al Cielo es guardar los mandamientos. Lo que dice a los soldados apunta a que la conversión comienza por la honestidad y el respeto a los demás. Hay un grupo que no hace ninguna pregunta ni obtiene ninguna respuesta: el de los fariseos. Pensaban que no necesitaban conversión. Pero la necesitaban más que nadie. Las respuestas de Juan obligan a preguntarnos: ¿Hago gastos superfluos mientras otros carecen de lo necesario? ¿Guardo los mandamientos, también el séptimo? ¿Soy prepotente en el ejercicio de mi autoridad? ¿Necesito cambiar de vida, por más que esconda la cabeza bajo el ala, para no querer verlo? Navidad está cada vez más cerca. Si miramos a quien “siendo rico se hizo pobre por nosotros” y siendo todopoderosos se hizo “servidor de todos”, es posible que tomemos alguna resolución. No dejemos pasar esta gracia.  

Domingo 1 de adviento (28.11.2021) - Ciclo C

HOY ES AÑO NUEVO PARA LOS CRISTIANOS

“Se acerca vuestra liberación”

Hay tres baremos para medir el tiempo: el reloj, la naturaleza y los grandes acontecimientos. El reloj marca las horas y los días; la naturaleza indica el despertar de la vida, su eclosión, su madurez y su declive y muerte; los grandes acontecimientos nos llevan al tiempo de los romanos o de la reconquista. Los cristianos compartimos estas medidas con los que no lo son, pero tenemos una propia y  exclusiva: la intervención salvadora de Dios en la historia por medo de de su Hijo único, el cual nos reconcilió con él con su muerte y resurrección y vendrá al final de los tiempos para instaurar un cielo nuevo y una tierra nueva. Por eso, para nosotros los acontecimientos no son meros acontecimientos sino manifestaciones y llamadas del amor salvador de Dios y contamos el tiempo a partir de la venida de Cristo, de su resurrección y de su espera al final de los tiempos. A partir de ahora nos disponemos a celebrar la primera y última venida. Ahora en humildad y, al final, en gloria. Esto es el Adviento que hoy comenzamos y hoy es el primer día del año cristiano. Tiempo, pues, de esperanza, de alegre esperanza, llega nuestro Salvador. No necesitamos fingir “como si” no hubiese venido hace dos mil años. Sí, ha venido. Pero ¿no es verdad que no mentimos al gritar “Ven, pronto Señor, ven Salvador”?. ¡Resta tanto por salvar: en nosotros, en el mundo y en la misma Iglesia! Se lo recordaremos a la Virgen cuando celebremos la novena de la Inmaculada y le pediremos que Jesús Salvador venga y renueve su Iglesia con el sínodo.

Domingo 2 de adviento (5.12.2021)- Ciclo C

RELLENAR VALLES Y ABAJAR MONTAÑAS

“Preparad el camino al Señor”

Cuando san Lucas quiere señalar la relevancia especial de un hecho o de una persona, marca perfectamente la geografía, la política y la religión. Es lo que hace en el evangelio de este segundo domingo de adviento en el que presenta al heraldo que anuncia la llegada del Redentor. Como Palestina era una colonia de Roma, señala que Tiberio era el emperador, Pilatos su máximo representante en Judea y Herodes tetrarca de Galilea. Anás y Caifás eran los sumos sacerdotes y Juan Bautista era hijo de Zacarías, sacerdote del Templo. En este maro resuena la predicación de Juan: “Preparad el camino del Señor”, pues está llegando. Esto conlleva “rellenar los valles” y “abajar las montañas”. Son palabras proféticas, tomadas del gran Isaías. “Rellenar” remite a vacíos y carencias. ¿De qué vacíos y carencias se trata? Ante todo, de la carencia de Dios, de vivir como si Dios no existiera, de la frialdad y la indiferencia ante las necesidades del prójimo.. Si no nos acordamos nunca de Dios a lo largo de los días y de las semanas, si nos da igual que haya niños que se mueren de frío y pasen hambre en la frontera de Bielorrusia, o que los cristianos  sean perseguidos en la India, o que un familiar o un amigo esté pasando un mal momento en su matrimonio, está claro que esos valles hay que rellenarlos. Además de rellenar valles hay que abajar montañas.  “Abajar” la soberbia y el orgullo. El orgullo de no perdonar o pedir perdón, la soberbia de creerse más que los demás, la altanería se creernos autosuficientes. ¿Nos reconocemos en alguno de estos valles y montes?     

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (21.11.2021) - Ciclo B

UN REINO DE AMOR Y DE PAZ 

“Sí, soy rey”

Siempre me han llamado la atención las vestiduras del Viernes Santo. Cabría esperar que el sacerdote y demás ministros emplearan ornamentos de color morado, pues van a presidir la celebración de la Muerte del Señor. Sin embargo, visten ornamentos rojos. El rojo es el color de la sangre y de la realeza. Parece una locura y hasta una blasfemia usar ese color para recordar a Cristo clavado en una cruz por sus enemigos y muriendo en ella. Sin embargo, no es locura ni blasfemia. Es una confesión de fe, la proclamación de que Jesucristo ahí es Rey. Porque Jesucristo, derramando su sangre hasta la última gota y muriendo voluntariamente por nosotros, manifiesta que es rey. Si el patrón de la realeza de Cristo fuese el de los reyes y reyezuelos del poder político, del dinero, de la fama y del prestigio social, su muerte en cruz habría sido un ruidoso fracaso. Pero él puso su reinado en el amor. Y, como “no hay mayor amor que dar la vida por los amigos”, la entrega de la vida por los pecados de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos –también de los míos y de los tuyos- es la muestra más palmaria de su realeza sobre todos y sobre todo. También sobre ti y sobre mí. Ahora nos toca a mí, a ti y  a todos los demás acoger ese reino en nuestra vida e intentar plasmarlo en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones laborales y sociales, en nuestra convivencia política, en la economía, en la cultura. Inmenso panorama. ¡Inmenso y apasionante! El camino está marcado. No hay que descubrir otro: dar la vida por amor y con afán de servir.    . 

Domingo 33 del Tiempo Ordinario (14.11.2021) - Ciclo B

¿CUÁNDO VENDRÁ EL FIN DEL MUNDO?

“Mis palabras no pasarán”

Los hombres han tenido siempre la curiosidad de conocer cuándo ocurrirá el fin del mundo. Muchos cristianos, hombres y mujeres a la postre, también han caído en esa trampa más de una vez. Para que nosotros no caigamos ahora en ella, Jesús nos dio esta enseñanza clara y contundente: “El día y la hora no lo conocen ni los ángeles del cielo, sólo el Padre”. No hay, por tanto, horóscopos ni adivinos, echadores de cartas o lectoras de bolas de cristal, no hay videntes ni profetas. Es un secreto que Dios ha querido reservarse en exclusiva. Lo demás son imposturas. De todos modos, lo más importante no es la fecha en que ocurrirá el fin del mundo. Lo decisivo es que sucederá y traerá consigo unas consecuencias que permanecerán para siempre. Jesús quiso que esto lo conociéramos con toda certeza. Lo que ocurrirá es que “pasarán el cielo y la tierra”, pasará todo lo creado, pasarán los imperios y las culturas, pasará también el relativismo actual con su séquito de poder económico, mediático y político. Con ellos pasará toda la escoria de mentira, engaño, injusticia, odios, guerras y desamores. Cuando eso suceda, “vendrá el Hijo del Hombre con gran poder y gloria  y reunirá a sus elegidos desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo”. ¿Estaremos nosotros entre los elegidos? Esta es la gran pregunta. Estaremos con una condición: si mientras vivimos, tratamos de sembrar nuestra vida de bien, verdad y amor. Poco importa que ahora haya que sufrir lo que lleva consigo esa sementera. Lo que importa es que ella sea lo más generosa posible.     

Domingo 32 del Tiempo Ordinario (7.11.2021) - Ciclo B

CUANDO LO POCO VALE MUCHO

“Ha echado todo lo que tenía”

**** Estamos en el Templo de Jerusalén, lugar del culto de los judíos, meta de sus peregrinaciones y espacio donde los escribas exponen y discuten sus doctrinas. Jesús ha venido con sus discípulos y se encuentra cerca del lugar donde se depositan las ofrendas y las limosnas. Ha observado que muchos pudientes han dado limosnas muy generosas, mientras que una viuda ha echado unos céntimos. Pero él, no juzga las apariencias ni mide las cantidades sino los corazones. Por eso hace observar a sus discípulos que no son los ricos los que más han echado en el cepillo sino aquella pobre viuda. Los primeros habían echado “parte” y, además, “de lo que les sobra”, mientras que la viuda ha echado “todo” lo que tiene y necesita para vivir. Seguramente que muchos de nosotros no podemos dar limosnas muy generosas, porque andamos justitos para llegar a fin de mes, si es que llegamos. Con todo, nadie es tan pobre que no pueda dar algo. Quizás tenga que hacer como la viuda, dar de lo que necesita porque hay otros que están mucho más necesitados que él; quizás puede dar parte de su tiempo para visitar a un enfermo o acompañar a una persona que está sola; quizás tiene habilidades profesionales para ofrecer a la Caritas parroquial; quizás puede dar catequesis a los niños; quizás posee una especial capacidad de escucha para atender a quien necesita manifestar sus problemas o pedir un poco de consuelo. Todos podemos hacer mucho más de lo que hacemos: en nuestra casa, en nuestro lugar de trabajo, en la asociación de amigos. ¡Ojalá no nos falte la generosidad de la viuda del evangelio!

Domingo 31 del Tiempo Ordinario (31.10.2021) - Ciclo B

¿QUÉ ES LO MÁS IMPORTANTE PARA DIOS?

“Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas”

**** Más de quinientas eran las prescripciones y prohibiciones de la casuística religiosa judía en tiempos de Jesús. Difícil, por no decir imposible, aclararse. Eso explica que un doctor de ley, deseoso de saber a qué atenerse para enseñárselo a los demás, formulase a Jesús esta pregunta: “¿Cuál es el primer mandamiento?” Es decir, ¿qué es lo más importante para Dios siempre y en cualquier circunstancia? Jesús le respondió: “El primer mandamiento es éste: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo”. Jesús no se inventa ninguno de los dos mandamientos. Lo que propiamente revela es que los dos son, en realidad, uno solo, con dos vertientes inseparables: Dios y el prójimo. La respuesta de Jesús es válida para todos nosotros. Por tanto, lo que Dios quiere de mí y de ti,  es que le amemos incondicionalmente a él y amemos a todas las personas con las que convivimos o nos encontramos ocasionalmente, sin mirar nacionalidades, situaciones sociales, circunstancias personales. ¿Hay alguien que ame así? Sí, así aman los santos. De tejas abajo, así aman las madres. ¿Qué hacen las madres? Siempre están cercanas, disponibles, dispuestas a echar una mano antes de pedírsela, dándose sin tasa ni medida, no tratando mal a ninguno de sus hijos ni aireando sus defectos por evidentes que sean, desviviéndose especialmente con los que están enfermos y con los más débiles. Si amamos a Dios y al prójimo como aman las madres a sus hijos, no estaremos lejos de hacer lo que indicó Jesús al doctor de la ley.  

Domingo 30 del Tiempo Ordinario (24.X.2021) - Ciclo B

LOS BARTIMEO DELMUNDO ACTUAL

“Tu fe te ha salvado”

*** Estamos en Jericó, ciudad cosmopolita, adinerada y paso obligado para  subir a Jerusalén. Jesús la está atravesando acompañado de mucha gente. Bartimeo, que es ciego pero que tiene un oído especial, pregunta qué ocurre. Cuando le dicen que pasa el Nazareno, se pone a gritar: “Hijo de David, ten compasión de mí”. Jesús le llama y él viene de un brinco. Frente a frente Dios que cura y el hombre que necesita ser curado.  Y un puente, la fe del ciego, que une la omnipotencia y la miseria y logra el milagro. Bartimeo comienza  a ver y se une a la comitiva, pero como discípulo de Jesús. El Jericó de hoy es la civilización de occidente. Hay muchos bartimeos pero que no sólo ignoran que lo son sino que piensan que ven con luces especiales. Son ciegos porque no saben de dónde vienen, a dónde van, para qué están en este mundo, cuál es el sentido de su vida y de su actividad, que hay más allá de la muerte. Y se refugian en la vida cómoda, en el alcohol, la pornografía y en tantas baratijas que les hacen cada vez más infelices. Jesús está pasando con el mismo poder y la misma misericordia. Sólo necesita oír: “Señor, que vea” y repetirá el milagro. Como lo repetirá con los que en esta etapa de la nueva evangelización y de cambio de época buscan caminos nuevos e inéditos para ser levadura en el mundo que está naciendo. Ahora mismo estamos en esa búsqueda, tanto en la diócesis como en la Iglesia, con la asamblea sinodal. Demos espacio a Jesús, gritemos con la voz de la oración, insistamos y el milagro vendrá.  Jesús quiere hacerlo. Basta que tengamos fe ciega en él.

Domingo 29 del Tiempo Ordinario (17.10.2021) Ciclo B

LA LÓGICA DEL GRANO DE TRIGO

“El Hijo del hombre ha venido  a entregar su vida”

Seguimos en el camino de Galilea a Jerusalén. Jesús lo aprovecha para desvelar a sus discípulos la suerte que le espera en la Ciudad Santa. No le van a vitorear como a un vencedor ni le proclamarán rey. Todo lo contrario: será condenado y crucificado. Sube para entregar su vida y así salvar a todos los hombres y mujeres del pecado y de la muerte eterna. A ellos no les cabe en la cabeza. No son malos, pero tienen muy arraigada la idea de que el Mesías debe librar a Israel del dominio extranjero de los romanos e instaurar un reino donde reine la prosperidad material para todos. Por eso su conversación gira en torno a quién ocupará los primeros puestos en ese reino en que sueñan. A ninguno le pasa por la cabeza que ocuparán los primeros puestos, pero al precio de compartir la suerte de Jesús: bebiendo el cáliz de su pasión y metiéndose en la lógica del grano de trigo, que necesita sepultarse en tierra y morir para dar fruto. También a nosotros nos cuesta, y mucho, asumir esta lógica del don y de la entrega silenciosa pero verdadera. Tendemos al brillo humano, al triunfo, a las apariencias vistosas. No acaba de hacerse vida de nuestra vida que para ser cristiano hoy se necesita estar dispuestos a jugarse la vida por Jesús. Y cuando digo “la vida”, digo el puesto, la honra, el dinero, el no ir a favor de la corriente y de lo políticamente correcto, a saber convivir sin transigir en lo que no podemos mercadear, en una palabra, a poner de verdad en el centro de nuestra existencia un modo de vivir acorde y coherente con nuestra fe.      

Domingo 27 del Tiempo Ordinario (3.X.2021) Ciclo B

¿QUÉ ESPERA DIOS DEL MATRIMONIO?

“Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”

El evangelio de este domingo plantea una cuestión de la máxima actualidad e importancia: cuál es el proyecto originario del Creador sobe el matrimonio. Hace veinte siglos se la plantearon unos fariseos a Cristo para cazarle. Gracias a esa pregunta malvada sabemos que ese proyecto es éste: “Dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. El plan, pues, de Dios Creador es que el matrimonio se establece entre un hombre y una mujer que se unen para siempre y que ni ellos ni nadie puede separar porque la unidad es indivisible y el matrimonio los funde en unidad. No digo el sacramento, aunque la asume, sino la institución matrimonial. Este es el marco que Jesús recordó a sus interlocutores cuando le plantearon la cuestión de si se podían divorciar o no. Y Jesús respondió a ella no desde la moral que había introducido Moisés sino desde el proyecto de Dios Creador. Y este es el contexto en el que hay que plantearlo siempre, tanto en la Iglesia como en la sociedad. El contexto no es lo que dicen los Parlamentos. Ellos no están por encima de Dios. Y cuando lo intentan, pasa en la sociedad lo que ahora con el volcán de La Palma: sólo deja miseria y desolación y hay que rehacerlo de nuevo. No se trata de dejar abandonados a quienes han sufrido un accidente mortal en su matrimonio. Ayudemos a todos. También – y más, si cabe- a los que están en crisis o se han quebrado. Pero no seamos tan malos médicos que apliquen Paracetamol para curar un cáncer. Sin verdad no hay sanación.   

Domngo 26 del Tiempo Ordinario (26.9.2121) - Ciclo B

UN EVANGELIO POLITICAMENTE INCORRECTO

“Si tu ojo te escandaliza, sácatelo”

*** El evangelio de este domingo es uno de esos relatos con los que Jesús aseguró que ir detrás de él no es un camino de rosas, algo dulzón y empalagoso. Hoy diríamos que lo puso el abrigo de lo políticamente correcto y del ir “donde va la gente”. Baste pensar que en él habla de colgarle a uno una rueda de molino y echarle al fondo del mar. De cortarse una mano  y un pie o sacarse un ojo, antes que alejarse de Dios. No es difícil adivinar que Jesús no quiere que tomemos esas expresiones en su sentido literal sino en su significado. Lo que quiere decirnos es que a veces podemos encontrarnos, y nos encontramos de hecho, con situaciones, personas o lugares que pueden resultarnos tan apreciados como un ojo, un pie o una mano. Pero que sabemos que nos apartan de Dios. El camino que nos propone es sencillo: cortar con eso. Cortar con ese programa de televisión que te incita al mal. Cortar con ese colegio que corrompe a tus hijos. Cortar con ese grupo que defiende como derecho que una madre pueda matar a sus hijos en su seno o un hijo matar a su madre demente. Cortar con esa persona que te incita a ofender a Dios. No se trata, ciertamente, de ir por el mundo rompiendo con todos y con todo sino de elegir lo que realmente nos hace bien. Como hacemos con la salud. Hay cosas que nos apetecen muchísimo pero que no podemos comer. Y no las comeos. Y cosas que no nos gusta hacer, pero que las hacemos. El mundo está lleno de personas estupendas, hay muchas escuelas y colegios sanos, existen muchos programas fantásticos. Elijamos siempre el bien.

Domingo 25 del Tiempo Ordinario (19.9.021) - Ciclo B

LA LÓGICA DE DIOS Y LA NUESTRA

“Quien quiera ser el primero, que se el último”

*** El evangelio de este domingo es uno de esos relatos que ponen de relieve la distinta longitud de onda que existía entre Jesús y sus apóstoles y entre nosotros y Jesús. Según nos cuenta san Marcos, Jesús acababa de manifestarles, por segunda vez y con toda claridad, que “el Hijo del Hombre –él- va a ser entregado en manos de los hombres y le matarán y después de muerto, a los tres días resucitará”. Y resulta que todo lo que se les ocurre a los apóstoles es pelearse entre sí sobre quién de ellos es el más grande. No han entendido cuál es la misión de su Maestro o sólo la han entendido de modo muy superficial. No sería la última vez que esto ocurriera. Porque cuando volvió a anunciarles, por tercer y última vez, que le matarían y resucitaría al tercer día, Juan y Santiago le piden ser el primero y el segundo ministro del reino que anunciaba. A nosotros nos puede pasar, y nos pasa, que no acabamos de entrar en la lógica de Dios, que es tan distinta a la nuestra. Él, se anonadó y rebajó hasta someterse incluso a la muerte de cruz. Y nosotros, que somos tan poquita cosa, queremos sobresalir y ser más que los demás. Deberíamos pensar en el testimonio de tantos cristianos que viven con sencillez y humildad entregando su vida al servicio de los demás por amor al Señor, y tratar de imitarles en nuestro trabajo, en nuestra familia, en nuestras relaciones sociales de todo tipo. Volvamos a los apóstoles: cuando recibieron el Espíritu Santo, entraron en la lógica del Maestro. Nosotros entraremos también si pedimos su ayuda.