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LITURGIA DEL VATICANO II

Domingo 15 del Tiempo Ordinario (10. 7. 2022) - Ciclo C

¿SABES QUIÉN ES TU PRÓJIMO?

“Vete y haz tú lo mismo”

Estamos en el camino que baja de Jerusalén a Jericó. Es desértico y peligroso, y abundan los bandoleros que asaltan a los viajeros para robarles y matarles, si es el caso. Hoy ha ocurrido esto. Un hombre fue asaltado por un grupo de ellos, le apalearon, robaron y dejaron medio muerto. Al poco tiempo, pasaron cerca dos trabajadores del Templo de Jerusalén: un sacerdote y un levita. Pero, en vez de auxiliarle, siguieron su camino. Tenían prisa por llegar a casa y como auxiliar al herido entorpecía sus planes, prefirieron mirar para otro lado. Finamente pasó un samaritano. Al verle, se apeó de su cabalgadura, le hizo una cura de urgencia y luego lo llevó a una posada, dando un adelanto al posadero y asegurándole que gastara lo necesario con el herido, porque los gastos corrían por su cuenta. ¿Quién de los tres hizo lo que debía? Nuestra respuesta sería, probablemente, la que dio un doctor de la ley, cuando Jesucristo le propuso esta parábola del Buen Samaritano, precisamente para responderle quién era su prójimo. Lo que es indudable es que Jesucristo nos diría a nosotros lo que le dijo a él: “Pues vete y haz tú lo mismo”. En el camino de nuestra vida hay muchos malheridos. Están en nuestra familia, entre nuestros amigos y colegas de trabajo, en nuestras plazas y calles. ¿Somos buenos samaritanos o preferimos pasar de largo? Para reconstruir este mundo que nos duele, no hay más salida que compadecerse del dolor del hombre herido. La indiferencia ante los problemas de los demás es una lacra de nuestro tiempo. Dios nos libre del “desprecio de no hacer aprecio”.    

Domingo 14 del Tiempo Ordinario (3. 7. 2022) - Ciclo C

HAY TAJO PARA TODOS

“Os envío como ovejas entre lobos”

“Evangelio de la misión”. Así es calificado el de este domingo. Se debe a que san Lucas trasmite que Jesús, además de encargar a los Doce Apóstoles la misión de anunciar el evangelio, asoció a esa tarea a otros setenta y dos. Además, no se limitó a enviarlos como misioneros sino que les dio unas reglas de comportamiento claras y concretas: debían vivir de la Providencia y comportarse siempre como ministros de paz. Estos setenta y dos representan a todos los bautizados. El Bautismo, en efecto, capacita y urge para ser misioneros del evangelio con la vida y la palabra. Ser misionero, en el fondo, no es otra cosa que escuchar que “la mies es mucha y los obreros pocos” e implicarse en la evangelización allí donde estemos. Así resulta que son misioneros la madre que enseña las primeras oraciones a sus hijos pequeños, el padre que invita a su hijo a visitar al abuelo en la Residencia de mayores, el médico que trata a sus enfermos viendo en ellos a Jesucristo,, el empresario que crea puestos de trabajo para que las familias tengan el pan de cada día, el profesor que, además de su ciencia, trasmite libertad y convivencia a sus alumnos, la catequista que enseña el catecismo a los niños de Primera Comunión, el político que se preocupa del bien común y no del propio interés, la empleada del hogar que crea un clima de familia en aquella casa, en una palabra: todos, estemos donde estemos. ¡Qué triste que haya tantos bautizados que no muevan ni  un dedo para trasmitir el evangelio! En cambio, ¡cómo estimulan quienes se sienten gozosos de anunciar a Jesucristo!   

Domingo XIII del Tiempo Ordinario (26. 6. 2022) - Ciclo C

Evangelio

José-Antonio Abad

JESÚS NO ADMITE CONDICIONES

“Te seguiré a donde quiera que vayas”

Estamos en el camino que va de Galilea a Jerusalén. Jesús está acompañado de sus discípulos. Sabe que en Jerusalén le espera la persecución y la muerte, pero decide resueltamente jugarse la vida para cumplir la voluntad del Padre. Mientras camina, se encuentra con cuadro actitudes y respuestas. La primera es un rechazo frontal al entrar en un pueblo de samaritanos que advierten su intensión y les niegan hospedaje. Él no reacciona con violencia, como hacen algunos de sus discípulos, sino que pone en práctica el consejo que en otra ocasión les había dado: “Si en una ciudad no os reciben, id a otra”. Sabe que la violencia no resuelve los conflictos sino que los agrava. Luego se encuentra con un joven que quiere hacerse discípulo suyo. Le habla claramente: “Las aves tienen nido y las zorras madriguera, pero yo no tengo donde reclinar la cabeza”, es decir, no tengo nada. Seguidamente encuentra a otro y le pide que le siga de inmediato. Cuando éste le replica que lo hará después que hayan muerto sus padres, le responde: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú sígueme”. Algo parecido le ocurre con otro, que también quiere poner condiciones y le responde: “El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no puede ser discípulo mío”. Que es tanto como decirle: el que me sigue, debe olvidarse por completo de lo que ha dejado atrás. Jesús sigue llamando hoy. Quizás te llame a ti, mientras me lees. Piensa si te llama al matrimonio, que es la vocación de la mayoría, o a ser sacerdote. Síguele sin poner condiciones y no te arrepentirás.

Corpus Cristi (19.6.2022) - Ciclo C

EL CORPUS, FIESTA DEL PUEBLO CRISTIANO

“Comieron todos hasta saciarse”

Jesucristo no fue un ermitaño. Vivió siempre con los hombres. Los treinta años de “vida oculta” no fueron años de encerrarse en casa sino de vivir como uno más de Nazaret. Primero fue a la escuela de la sinagoga, después acudía a las casas para resolver los mil pequeños desperfectos del cada día de un pueblo de labradores y pastores. Cuando salió a predicar, recorría pueblos y aldeas hablando y enseñando a la gente. Resucitó a la hija de Jairo, curó al criado del centurión romano de Cafarnaúm, dio vista a los ciegos y salud a los leprosos. Comía con los pecadores, como Zaqueo, y bendecía a los niños. A las orillas del lago de Genesaret predicó muchas veces a grandes muchedumbres. Ese Jesús, tan humano y tan divino, sigue vivo y presente en nuestras eucaristías y sagrarios. Hoy, fiesta del Corpus Christi, sale a pisar nuestras calles y plazas, símbolos de lo que es nuestra vida: ir y volver al trabajo, estar en casa con la familia, entrar en un bar para tomar un refresco, sentarnos en un banco contemplando la Catedral. La fiesta del Corpus fue creada para que el pueblo cristiano reafirmara su fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Pero no podemos olvidar que Corpus Christi designa en la tradición de la Iglesia el Cuerpo que nació de la Virgen María, el Cuerpo eucarístico y el Cuerpo eclesial. Todo va unido. Por eso, hoy, cuando saquemos al Cristo eucarístico a nuestras calles, reavivaremos el compromiso de ayudar a tantos y tantos que se encuentran necesitados de nuestro tiempo, de nuestro cariño, de nuestro dinero.

Pentecostés (5.6.2022) - Ciclo C

BURGOS VIVE HOY UN NUEVO PENTECOSTÉSDomingo de

“Recibid el Espíritu Santo”

Hoy es Pentecostés. Concluimos la Cincuentena Pascual y celebramos aquella venida especial del Espíritu Santo sobre la Iglesia, en Jerusalén. Gracias a esa venida, se  presentó ante el mundo hablando todas las lenguas y culturas. El acontecimiento fue  tan extraordinario, que hay un antes y un después. Los apóstoles, hasta entonces miedosos y cobardes, llevan a Jesucristo a todos los rincones del mundo. Sin embargo Pentecostés no es un acontecimiento del pasado. La  Iglesia vive en un permanente Pentecostés. Basta acercarse, por ejemplo, a una celebración de Confirmaciones para percibirlo: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”, dice el obispo a cada confirmado. Hay momentos en los que su presencia es más  perceptible. El Vaticano II fue uno de ellos. Como lo fue la  reunión de más de dos millones de jóvenes en Roma en torno a Juan Pablo II. Nuestra diócesis, la Iglesia que camina en Burgos, será protagonista y testigo a las 7,30 de esta tarde de una manifestación de ese género. Hoy, en efecto, el obispo cerrará la Puerta Santa de la Catedral y clausurará el Año Jubilar, acompañado de un grupo de obispos y de una notable presencia de sacerdotes y fieles. También firmará el documento final de la Asamblea diocesana que hemos celebrado estos años. Y nos lo entregará para comenzar un nuevo modo de ser y vivir como cristianos bajo la presencia y acción del Espíritu Santo. Y, por ello, misioneros gozosos y alegres de Jesús. ¡Que Santa María la Mayor interceda ante su Hijo para que nos envíe su Espíritu y con  él renovar nuestra Iglesia!

Ascensión del Señor (29.5.2022) - Ciclo C

NUESTRA META ES EL CIELO

“Yo estoy con vosotros todos los días”

“Jesús, el Señor, hoy ha ascendido al Cielo. No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como Cabeza nuestra, para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino” Estas palabras del prefacio de la misa de hoy son un comentario excelente de la fiesta que celebramos: la Ascensión de Jesucristo al Cielo. Efectivamente, la tierra no es nuestra meta sino una etapa previa. Nuestra meta es el Cielo, es estar con Dios. Sería triste que un caminante de Santiago se entusiasmara con la hermosura de alguna etapa y se olvidara de que camina hacia el Pórtico de la Gloria. Además de no llegar a Santiago sufriría una terrible decepción. Nosotros podemos tener esta tentación, olvidar que estamos de paso en este mudo y que caminamos hacia el encuentro definitivo del Señor. Esto no es un engañabobos o una droga que se han inventado los curas, como pretenden quienes se mueven en parámetros marxistas. A estas alturas de la historia ya sabemos todos cuáles son las drogas que adormecen las conciencias e incapacitan para vivir en libertad, paz y fraternidad. El Cielo sería un engañabobos si conllevara desentenderse de las realidades nobles y buenas de este mundo y ser indiferentes ante los sufrimientos y las alegrías  de los demás hombres. Pero llegar a la meta implica recorrer la etapa de la vida siguiendo las huellas de Jesús, es decir, haciendo siempre el bien. En esta perspectiva, el sufrimiento, la entrega, el amor al prójimo tienen sentido. Son hitos que nos guían en el camino hacia el Cielo.

 

 

 

Domingo 6 de Pascua 22.5.2022) - ciclo C

UN OCULISTA  ESPECIAL

“El Espíritu Santo os lo enseñará todo”

“¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?” Estas palabras son la prueba del siete sobre la cerrazón de los apóstoles para entender el mensaje y la obra de Jesús. Porque las dijeron un momento antes de su Ascensión a los Cielos. ¿Cómo podrían ellos cumplir la misión que él les había encomendado: ser los testigos de su muerte y resurrección en todo el mundo? El evangelio de hoy nos entrega la clave: “El Espíritu Santo que os enviara el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que yo os he dicho”, les anunció Jesús.  La Iglesia –también la que camina en Burgos- se parece no poco a los apóstoles de la Ascensión: tenemos unas cataratas de siglos que nos impiden ver que en ella se entra no cuando a uno le hacen obispo o presbítero sino cuando recibe el bautismo. Y, por eso, que la  Iglesia no es asunto exclusivo de obispos y curas sino de todos los bautizados. Que son en su inmensa mayoría fieles laicos, con un alto porcentaje de padres y madres de familia. Mientras el Espíritu Santo no opere estas cataratas, la Iglesia no dará el paso que debe dar: ser testigo de Jesús en todas las encrucijadas de los hombres, no sólo en las iglesias y aledaños. Dentro de quince días, el obispo de la diócesis promulgará el documento final y oficial de la Asamblea Diocesana cuyo argumento básico es que todos los bautizados de Burgos somos esta Iglesia local, Y, por tanto, que todos estamos implicados en llevarlo a la práctica para ser testigos gozosos de Jesús. Dios cuenta con todos para realizar la salvación del mundo.      

Domingo 5 de Pascua (15.5.2022) - Ciclo C

LA REVOLUIÓN PENDIENTE

“Os doy un mandamiento nuevo”

“Me queda poco de estar con vosotros”. Es el primer aviso que nos da la liturgia para anunciarnos la proximidad de la Ascensión, momento en el que Jesús dejará de presentarse de modo visible a sus Apóstoles. Pero la liturgia de hoy toma esa expresión de otra despedida: la de la última cena, horas antes de morir crucificado. Por eso, no nos extraña que Jesús concentre sus más íntimos sentimientos y deseos al dejarles su  testamento: “Os doy una mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como Yo os he amado”. Amarse unos a otros era un mandamiento “viejo”, pues venía urgido desde hacía muchos siglos en la ley de Moisés. Lo que es radicalmente “nuevo” es el modelo y la medida: “Como Yo os he amado”.  Jesús amó de modo total y sin límite, pues se entregó a la muerte. Nadie quedó excluido. Ni siquiera sus enemigos: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”, diría en la Cruz para implorar misericordia por quienes le estaban crucificando. “Amigo”, llamó también a Judas, cuando le estaba traicionando”. ¡Qué difícil es amar así! Mejor sería decir: “Amar así es imposible”. Efectivamente, es imposible amar de ese modo con nuestras fuerzas. Pero es posible con la ayuda que Dios nos da con su Palabra, con la Eucaristía, con la petición confiada, con la confesión.. Así amaron los mártires. Así amó san Juan Pablo II a su asesino Ali Agca, cuando fue a verle a la cárcel. Hay que suplicar al Señor que nos lo conceda. Porque nos toca vivir en un mundo de guerras, de violencias, de insultos y enfrentamientos entre personas y clases, Incluso en la misma familia.

Domingo 4 de Pascua (8.5.2022) - Ciclo C

EL SACERDOTE ES IMPRESCINDILE 

“Mis ovejas escuchan mi voz”.

Predicar la Palabra de Dios en nombre y con la autoridad de Cristo, celebrar la Eucaristía y perdonar los pecados en el sacramento de la Penitencia son tareas que sólo puede realizar el sacerdote. Sin ellas no existen comunidades cristianas capaces de ser fermento en todos los ambientes: la familia, el inmenso y variadísimo campo del trabajo, la política, el deporte... Los sacerdotes, por tanto, son necesarios, más aún, imprescindibles. Ciertamente todos los bautizados forman parte del Pueblo de Dios y están implicados en la misión de Jesucristo. Pero el mismo Jesucristo ha querido que sólo algunos de ese Pueblo sacerdotal reciban el sacerdocio ministerial y puedan celebrar la Eucaristía y perdonar los pecados. Desde hace unos años se ha iniciado una bajada llamativa en las vocaciones. No se trata de elegir la carrera del saeerdocio, como se elige ser médico, ingeniero o informático. Para ser sacerdote hay que ser llamado por Dios. Porque es un don, un regalo que nadie merece ni al que nadie tiene derecho. Pero el que haya pocas vocaciones no se debe a que Dios ahora llame menos o sea menos generoso que en otras épocas. Dios sigue llamando a muchos. Quizás a ti, que me estás leyendo. Pero hay demasiado ruido en nuestro mundo. Sin el silencio de la oración, de la entrega generosa, de la devoción a la Santísima Virgen es imposible oír, acoger y seguir la voz de Dios. Por eso, hoy, Jornada de oración por las vocaciones, es día de pedir por la fidelidad y santidad de los que ya son sacerdotes y porque los jóvenes y adultos respondan cuando Dios les llama.

Domingo 3 de Pascua (1.5.2022) - ciclo C

REDES VACÍAS Y REDES REPLETAS

“Echad la red a la derecha”

Amanece en el lago de Genesaret. Pedro, Juan y otros cinco discípulos vienen a puerto cansados y malhumorados. Han pescado toda la noche y no han cogido nada. Cuando apenas faltan cien metros para atracar, alguien les grita desde la orilla: “Echad las redes a la derecha de la barca y encontraréis”. Ellos, pescadores de oficio, saben que éstas no son horas para pescar, pero echan las redes. Y el resultado es fabuloso: entran tantos peces, que casi no pueden arrastrarlos hasta la playa. Juan advierte de inmediato el porqué. “¡Es el Señor!”, le dice a Pedro. Efectivamente, había sido el Señor quien había llenado sus redes en unas circunstancias tan adversas. Era un adelanto de lo que les sucedería cuando echasen las redes del Evangelio para pescar hombres. A veces, después de muchos trabajos, sus redes apostólicas estarían vacías. Otras, en cambio, reventarían de frutos. Ahora sacerdotes, padres y educadores repetimos con frecuencia: tanto esfuerzo para nada. Cuando he pensado la desproporción entre nuestros esfuerzos y los frutos, más de una vez me he preguntado si, quizás, no hayamos puesto mucho empeño en nuestros proyectos y programas y dejado en un muy segundo lugar aquello de “sin Mí no  podéis hacer nada”. La historia atestigua que los sacerdotes santos y las almas verdaderamente comprometidas en el apostado han pasado muchas horas ante el Señor en la Eucaristía, han rezado muchos rosarios, han gritado: ¡Señor ayúdanos!. La Iglesia y la diócesis están embarcadas ahora en una nueva evangelización. ¡Ojalá no olvidemos que quien llena las redes es el Señor! .

Domingo de la Resurrección del Señor (17.4.2022)- Ciclo C

EL FUNDAMENTO DEL CRISTIANISMO

“Antes del amanecer, la Magdalena fue al sepulcro”

¡Jesucristo está vivo. Ha resucitado! Éste letrero debería aparecer hoy en todas las iglesias católicas del mundo. Y con letras tan grandes, que pudieran leerlo incluso los miopes de vista. Porque los cristianos no terminamos la Semana Santa con la procesión del Santo Entierro. No. La terminamos en la mañana del Domingo de Pascua. No somos discípulos de un muerto sino de quien fue crucificado, muerto y sepultado, pero volvió a la vida al tercer día. No seguimos a un derrotado sino al supremo vencedor. Porque no sólo venció su muerte sino también la nuestra. Nosotros moriremos un día. Pero también volveremos a la vida para nunca más volver a morir. Es tan central esta verdad, que si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es una tontería, más aún: una impostura. Los cristianos seríamos los más dignos de lástima de todos. Pero Cristo ha resucitado. María Magdalena fue hoy muy de mañana al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús que no había quedado a su gusto la tarde del viernes santo. Su sorpresa no pudo ser mayor: el sepulcro estaba vacío. Luego vendrían Pedro y Juan, avisados por ella, y certificaron lo mismo. Entonces entendieron lo que tantas veces les había dicho esas y ellos no acababan de comprender: que debía padecer y morir en una cruz, pero que al tercer día resucitaría. ¡Qué pena que muchos cristianos, incluso que van a misa habitualmente, no terminen de creer del todo en la Resurrección! Se ha visto durante la pandemia y ahora mismo. ¡Qué terror a la muerte! Pidamos al Resucitado que aumente nuestra fe en su Resurrección.

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (10.4.2022) - Ciclo C

EL PÓRTIGO DE SEANA SANTA

“Hosanna en lo alto del cielo”

Semana Santa o Semana Mayor, en oriente. Así designamos la semana que precede a la celebración de la Pascua del Señor. Desde la misma era apostólica, la Iglesia tuvo sumo interés en celebrar todos los años los más grandes misterios de nuestra redención: la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor. Al principio los momentos capitales de estos misterios se celebraban con un triduo denominado “De Cristo crucificado, sepultado y resucitado”. Muy pronto se añadió la memoria solemne de la sagrada Eucaristía. Finalmente, en el domingo que precede a la Pasión se introdujo la celebración litúrgica de la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Hoy celebramos esta entrada con una solemne procesión. La designado popularmente como de “La Borriquilla”, pero conscientes de que los reyes de Israel entraban sentados en un borrico el día de su coronación. Esa procesión concluye con la misa, de la que forma parte, ya que corresponde a los ritos introductorios de la misa. En ella se esclarece el sentido pleno de la entrada: Jesús entra como el Salvador y Redentor del mundo para dar su vida por nosotros. ¿Es posible celebrar la Semana Santa sin acercarse al sacramento del perdón, sin recibir la salvación del que dio la vida por cada uno, para que podamos salvarnos? No es una recriminación. Es una invitación, una réplica del “amor con amor con amor se paga”. No en vano la Iglesia desea que la Cuaresma –que termina inmediatamente antes de la Misa vespertina del Jueves Santo- concluya con alguna celebración penitencial. (Carta Circular sobe las Fiestas Pascuales) 

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (10.4.2022) - Ciclo C

EL PÓRTIGO DE SEANA SANTA

“Hosanna en lo alto del cielo”

Semana Santa o Semana Mayor, en oriente. Así designamos la semana que precede a la celebración de la Pascua del Señor. Desde la misma era apostólica, la Iglesia tuvo sumo interés en celebrar todos los años los más grandes misterios de nuestra redención: la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor. Al principio los momentos capitales de estos misterios se celebraban con un triduo denominado “De Cristo crucificado, sepultado y resucitado”. Muy pronto se añadió la memoria solemne de la sagrada Eucaristía. Finalmente, en el domingo que precede a la Pasión se introdujo la celebración litúrgica de la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Hoy celebramos esta entrada con una solemne procesión. La designado popularmente como de “La Borriquilla”, pero conscientes de que los reyes de Israel entraban sentados en un borrico el día de su coronación. Esa procesión concluye con la misa, de la que forma parte, ya que corresponde a los ritos introductorios de la misa. En ella se esclarece el sentido pleno de la entrada: Jesús entra como el Salvador y Redentor del mundo para dar su vida por nosotros. ¿Es posible celebrar la Semana Santa sin acercarse al sacramento del perdón, sin recibir la salvación del que dio la vida por cada uno, para que podamos salvarnos? No es una recriminación. Es una invitación, una réplica del “amor con amor con amor se paga”. No en vano la Iglesia desea que la Cuaresma –que termina inmediatamente antes de la Misa vespertina del Jueves Santo- concluya con alguna celebración penitencial. (Carta Circular sobe las Fiestas Pascuales) 

Domingo 4 de Cuaresma (27.3.2022) - Ciclo C

DIOS NOS INVITA A RECOMENZAR

Su padre le comía a besos”

¿Cuántos jornaleros en casa de mi padre se hartan de pan y yo aquí me estoy muriendo de hambre! Fue el grito de angustia de aquel muchacho que pensó encontrar la felicidad fuera de la casa de su padre, viviendo sin ningún límite y disfrutando a tope de la vida. Después de unos meses en los que había gastado y malgastado la herencia que había reclamado por anticipado, se encontró con la dura realidad de la vida: sin trabajo, sin dinero, sin amigos y en un nivel de vida inferior al de los cerdos. Para su fortuna, reconoció que se había equivocado y que su lugar estaba en la casa paterna. En un arranque de sensatez se dijo: “Iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el celo y contra ti, no merezco que me trates como hijo, pero acógeme como un criado tuyo”.  Cuando estaba cerca de su casa, descubrió lo que hasta entonces no había visto: que su padre era tan padrazo, que, al verle, corrió hacia él, se le echó al cuello y le comía a besos. Más aún, mandó preparar un gran banquete porque  había vuelto a casa. Este es el Dios que nos ha revelado Jesucristo: un padrazo que sólo espera nuestro arrepentimiento para darnos su perdón e invitarnos al banquete de la Eucaristía. Estamos en Cuaresma, tiempo de conversión, tiempo de perdón y, por eso, tiempo de alegría verdadera. Nuestros errores y pecados pueden ser grandes y numerosos. Aunque así sea, esos pecados y errores no han menoscabado el amor que Dios nos tiene. Tengamos la cordura y la sensatez del hijo pródigo y recomencemos una nueva vida.  Una buena confesión y... vuelta a empezar.

Domingo 3 de Cuaresma (20.3.2022) - Ciclo C

TIEMPO DE VOLVER A CASA

“Déjala todavía un año, luego córtala”

El evangelio de hoy parece un relato de crónica negra: narra el asesinato en el Templo de Jerusalén de un grupo de galileos y la muerte de otro grupo importante por el derrumbamiento imprevisto de una torre. Cuenta también cómo lo interpretaban quienes escuchaban a Jesús. Según ellos, eran un castigo divino por los pecados que habían cometido quienes habían sufrido esas desgracias. Jesús hace una lectura distinta y los sitúa en un contexto de conversión: las desgracias no deben llevarnos a buscar presuntos culpables sino a reflexionar sobre cuál es nuestro posicionamiento ante Dios. También nosotros estamos viviendo dos sucesos de crónica negra: la pandemia y la posibilidad de una guerra de consecuencias impredecibles. He leído que estos días muchos ucranianos se han acercado a la Iglesia de la que se habían alejado, otros han pedido confesión después de muchos años y algunos adultos incluso han pedido el bautismo. Pienso que es una reacción sensata. La pandemia nos ha situado a todos frente a lo que somos: podemos mucho menos de lo que pensábamos y nuestra existencia es muy precaria. Si un loco apretara el botón nuclear ¿qué podríamos hacer? Estamos en Cuaresma. Tiempo de volver a Dios, tiempo de reconciliarnos con él. Hagámonos estas tres preguntas: ¿Vivo de espaldas a Dios? ¿Cuánto tiempo hace que no piso una iglesia? ¿Cuándo me confesé la última vez?  El próximo sábado a las 19,30 comienzan las 24 horas para el Señor, en las que de día y de noche hasta el domingo a las 19,30 habrá confesores en la catedral. Dios te da una nueva oportunidad.  

Domingo 2 de Cuaresma (13.3.2022) - Ciclo C

UN ANTICIPO DE LA PASCUA

“Este es mi Hijo: escuchadle”

Oración, trasfiguración, revelación. Estas tres palabras resumen el mensaje de este domingo. Muchas veces se retiraba Jesús al monte, él solo, para orar y pasar allí largas horas dialogando con su Padre. Hoy también ha subido al monte para orar, pero ha querido que le acompañen sus tres preferidos: Pedro, Santiago y Juan. Desea que sean testigos de un suceso extraordinario: su trasfiguración. Es decir, quién es realmente: no  un hombre cualquiera sino el Hijo de Dios. Ha renunciado de momento a la gloria de su cuerpo, pero tras la resurrección este cuerpo será glorioso, resplandeciente. Luego, cuando su cuerpo se ha trasfigurado, llega la revelación, en tres actos, de quién es. La presencia de Moisés y Elías, resumen de toda la Ley y los Profetas, declara que todo el Antiguo Testamento habla de Jesús.  El Padre va todavía más lejos: Éste es mi Hijo amado, escuchadle. Sólo él es el salvador del mundo. Los demás, no son salvadores. Lo que han visto es tan maravilloso, que los tres afortunados querrían contárselo de inmediato a todo el mundo, sobre todo a los demás compañeros. Pero tienen que esperar. Primero ha de morir; luego, resucitará glorioso. Oración, trasfiguración, revelación son un buen programa para la cuaresma. Oración: porque sin ella no se posible aceptar en nuestra vida la voluntad de Dios, que es requisito imprescindible para que esa vida no sea apariencia y hojarasca. Trasfiguración: porque el cuerpo que sembramos corruptible en el sepulcro, al final de los tiempos resucitará glorioso. Mientras esto sucede, nos toca vivirlo en el silencio de la fe. 

Domingo 1 de Cuaresma (6.3.2022) Ciclo C

LAS ARMAS DE LA VICTORIA

“No sólo de pan vive el hombre”

Domingo de las tentaciones. Así podemos calificar este primer domingo de cuaresma, cuyo evangelio presenta a Jesús tentado por el demonio en el desierto tres veces. La primera, para que use en su provecho el poder milagroso que tiene que emplear para los demás: “Di que estas piedras se conviertan en pan”. La segunda es de ambición:”Todo esto –el mundo entero y su poder- te daré si me adoras”. La tercera, la más sutil, es  tentar a Dios mediante un recurso torticero a su Palabra. Jesús no se anda en contemplaciones y contesta con un “no” rotundo a estas propuestas. ¿Qué armas empleó para esta triple victoria? La oración y el ayuno realizado durante cuarenta días, y la Palabra de Dios rectamente interpretada en los tres casos. Todos los hombres, incluidos los cristianos, somos tentados no tres sino trescientas mil veces a lo largo de la vida. El tentador sigue siendo el demonio, bien de modo directo, bien indirectamente a través de terceros. Unas veces somos tentados de orgullo, otras de ambición, otras de pereza, otras de lujuria, otras de increencia y ateísmo. Ahora tienta a muchísimos con la idea de libertad y autonomía. “Ya hemos llegado –dice- a la edad de poner en práctica el ‘atrévete a pensar’ por tu cuenta. Ya ha pasado la época de contar con lo que dicen que Dios ha dicho y sigue diciéndonos por medio de la Iglesia”. Necesitamos recuperar las armas que hemos perdido o arrinconado: la lectura y meditación de la Palabra de Dios, la oración humilde y confiada, el ayuno de las ocasiones de pecar. Dios nos envía la oportunidad de una nueva cuaresma.        

Domingo 8 del Tiempo Ordinario (27.2.2022) - Ciclo C

LAS CAMPANAS DE ESTE DOMINGO

“La boca dice lo que  hay en el corazón”

Las campanas han sido durante muchos siglos la radio de pueblos y ciudades. Ellas comunicaban la muerte,  el rezo de ánimas, si había fuego o si era la hora de ir a misa. En mi pueblo, supongo que también en otros, al atardecer de la víspera de las grandes solemnidades tocaban a “mañana fiesta”. Las campanas de toda la cristiandad, incluso las que son obligadas a callar, tocan hoy a “miércoles de Ceniza”. El próximo miércoles, en efecto, comienza la Cuaresma para los cristianos. Según una nota oficial de la diócesis, este año se puede imponer la ceniza. Sólo que, en lugar de imponerla en la frente, se podrá echar con delicadeza en la cabeza. Es un signo muy acorde con nuestra realidad corpóreo-espiritual. No somos espíritus puros ni meros animales. Somos, a la vez, lo uno y lo otro: cuerpo y espíritu. Y el cuerpo tiene tanta importancia, que una simple gripe dificulta el estudio y la oración. Nuestro cuerpo necesita, por tanto, el rito de la ceniza. Ésta es el producto de algo que se ha quemado. Va asociada naturalmente a la destrucción, a la caducidad de la vida y a la misma muerte. Todo ello muy nuestro. Pero la Ceniza del miércoles próximo procede de los ramos de ese domingo del año pasado. Nos habla, por tanto, de una caducidad que es anuncio de victoria. Porque nuestra muerte es la puerta que da paso a la vida que no se acaba y en la que también participarán nuestros cuerpos. Ceniza inicia así nuestro camino cuaresmal para morir al hombre de pecado con los ojos puestos en el Cristo Glorioso de la Pascua. Morir y resucitar en y con Cristo.

Domingo 7 del Tiempo Ordinario (20.2.2022) - Ciclo C

LA MAYOR DE LAS REVOLUCIONES

“Amad  a vuestros enemigos”

Estamos en el Monte de las Bienaventuranzas. Jesús se encuentra rodeado de mucha gente, a pesar de estar casi al principio de su ministerio público. Hoy va a pronunciar un largo sermón. Nunca se ha predicado algo tan revolucionario. No va pedir a sus oyentes que se levanten en armas contra el poder invasor de Roma. Ni contra el poderoso Sanedrín. La suya va a ser una revolución impensable. Esta es su proclama: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por los que os calumnian”. Y esta su justificación: “Pues si amáis a los que os aman ¿qué mérito tenéis? También lo hacen los pecadores. Y si hacéis el bien sólo a los que os hacen el bien ¿qué mérito tenéis? También lo hacen los pecadores”. Al cabo de veinte siglos Jesús vuelve a predicar el mismo sermón. Sólo que ahora los destinatarios somos cada uno de nosotros. No lo rebaja un ápice, a pesar de que hoy sean muy distintas las situaciones sociales y políticas. No obliga a nadie a aceptarlo. Pero el que quiera ser discípulo suyo, tiene que asumirlo con la misma radicalidad que él lo propone. A pesar del lenguaje edulcorado de hoy y de la tendencia general a lo políticamente correcto, las palabras de Jesús nos emplazan a preguntarnos cómo andamos en odio y en malquerencias, si nos hablamos con todos o estamos enemistados incluso con alguno de nuestros hermanos por cuestiones ridículas de herencia, si rezamos por los que son “de los otros”, en una palabra, se estamos haciendo la revolución del amor o la del odio, el rencor y la violencia.

Domingo 6 del Tiempo Ordinario (13.2.2022) - Ciclo C

LA VERDADRA FELICIDAD

“Bienaventurados cuando os insulten”

El evangelio es siempre actual. Pero hay puntos que lo son de modo especial en un determinado momento. Eso ocurre con el que recoge hoy san Lucas, al hablar de las Bienaventuranzas. En una de ellas dice el Señor: llegará un día en que a mis discípulos “os odien, os excluyan, os insulten y proscriban vuestro nombre”. ¿Por qué digo que este punto es muy actual? Por una razón muy sencilla. Porque en el otrora Occidente cristiano y hoy poscristiano y tantas veces anticristiano está de moda tratar así a los cristianos. En ese medio ambiente no se lleva el tiro en la nuca. Lo que se lleva es la calumnia, la maledicencia, la sospecha, la burla, el desprecio de no hacer aprecio y tantas cosas semejantes. En una cultura como la nuestra, en la que “la imagen” se cuida más que la verdad y la honradez, la risita malintencionada, el que te consideren un pobre hombre o te cuelguen un sambenito tienen una enorme eficacia. Con el añadido que las víctimas no son mártires sino posibles apóstatas. De ahí que muchos opten  por lo políticamente correcto en los modos de hablar y de actuar y se autocensuren. Jesucristo, como siempre, nos da una respuesta desconcertante a la hora de proponernos cómo hemos de reaccionar: “Alegraos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”. Un cielo que se inicia ya en este mundo. Porque la felicidad no está en la fama, en el dinero, en que todo el mundo nos aprecie. No. La felicidad está en el amor, en la entrega generosa y desinteresada. Y el que no lo crea, que pregunte a una madre dónde está y en qué consiste su mayor felicidad.