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LITURGIA DEL VATICANO II

Domingo 1 de enero (1.1.20223) - Ciclo A

FAMILIA, SOCIEDAD Y PAZ

“Encontraron a José, a María y al Niño”

 Acabamos de entrar en un nuevo año acompañados de tres damas muy conocidas: la familia, la paz y la Virgen María. De hecho, ayer, día primero del año, el evangelio giraba en torno a la familia de José, María y Jesús y la Iglesia celebraba la Maternidad divina de María y la Jornada mundial de la Paz. Tres realidades que pueden convertirse en punto de mira para todo el 2023. La familia es el ámbito en el que todos hemos aprendido las cosas fundamentales de la vida: comer, hablar, andar, amar, rezar, compartir, trabajar, gozar, disculpar, convivir, perdonar y un largo etcétera. No en vano la familia es el fundamento de la sociedad y de la Iglesia. O lo que es lo mismo, sin familia no hay sociedad ni Iglesia. De ahí que apoyar y robustecer la familia es fortalecer a la sociedad y, a la inversa, atacarla, dificultarla, destruirla –aunque sea inconscientemente- es minar las bases de la sociedad. Todos tenemos la experiencia de que una familia unida es indestructible y supera todas las dificultades, mientras que una familia enfrentada y dividida arruina los patrimonios acumulados durante siglos. Por eso, la paz familiar y personal, es el cemento que ahorma la sociedad. Por otra parte, nuestra experiencia confirma que la mayor alegría de una madre es que sus hijos se quieran y estén unidos. La Virgen María, que es la más Madre de todas las madres, no es excepción. En ningún hogar cristiano debería faltar una imagen suya y, sobre todo, ninguna familia cristiana debería olvidar acudir a Ella en las alegrías y en las penas. ¡Feliz y santo 2023!            

Domingo 1 de enero (1.1.20223) - Ciclo A

FAMILIA, SOCIEDAD Y PAZ

“Encontraron a José, a María y al Niño”

 Acabamos de entrar en un nuevo año acompañados de tres damas muy conocidas: la familia, la paz y la Virgen María. De hecho, ayer, día primero del año, el evangelio giraba en torno a la familia de José, María y Jesús y la Iglesia celebraba la Maternidad divina de María y la Jornada mundial de la Paz. Tres realidades que pueden convertirse en punto de mira para todo el 2023. La familia es el ámbito en el que todos hemos aprendido las cosas fundamentales de la vida: comer, hablar, andar, amar, rezar, compartir, trabajar, gozar, disculpar, convivir, perdonar y un largo etcétera. No en vano la familia es el fundamento de la sociedad y de la Iglesia. O lo que es lo mismo, sin familia no hay sociedad ni Iglesia. De ahí que apoyar y robustecer la familia es fortalecer a la sociedad y, a la inversa, atacarla, dificultarla, destruirla –aunque sea inconscientemente- es minar las bases de la sociedad. Todos tenemos la experiencia de que una familia unida es indestructible y supera todas las dificultades, mientras que una familia enfrentada y dividida arruina los patrimonios acumulados durante siglos. Por eso, la paz familiar y personal, es el cemento que ahorma la sociedad. Por otra parte, nuestra experiencia confirma que la mayor alegría de una madre es que sus hijos se quieran y estén unidos. La Virgen María, que es la más Madre de todas las madres, no es excepción. En ningún hogar cristiano debería faltar una imagen suya y, sobre todo, ninguna familia cristiana debería olvidar acudir a Ella en las alegrías y en las penas. ¡Feliz y santo 2023!            

Domingo 4 de Adviento (18.12. 2022)- Ciclo A

EL AMOR A MARÍA ES UNA NECESIDAD

“La creatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”

Hoy, cuarto domingo de Adviento, es la antesala del momento en el que la Santísima Virgen nos entregará al Hijo que lleva en sus entrañas. Eso explica que todas las liturgias occidentales de la Iglesia, a medida que se acercaba Navidad, intensificasen la presencia de María. La liturgia romana, por ejemplo, asignó los evangelios de la Anunciación y de la Visitación al miércoles y viernes anteriores al ayuno de la Navidad. La ambrosiana dedicó el cuatro domingo a la Expectación del parto. Esta parece que era también la costumbre de la antigua liturgia española. Dado que ese domingo podía caer el 18, el 19 o el 20 de diciembre, esa fiesta mariana carecía de un día fijo para su celebración. Cuando el 1 de diciembre del 656 se convocó el X Concilio de Toledo, los obispos españoles pensaron que había llegado el momento de fijar ese día y darle el mismo rango que a la Navidad. Apoyados por la presencia y prestigio de san Ildefonso, quien todavía no era obispo, los padres conciliares establecieron que “el día octavo antes de Navidad del Señor se convierta en un día solemne y glorioso dedicado a su Madre. Tendrá la misma dignidad que la fiesta de la Natividad del Hijo. Porque ¿qué es la fiesta de la Madre sino la Encarnación del Verbo? La una, pues, tiene que ser tan solemne como la otra”. Impecable argumentación. Así comenzó a celebrarse en España el 18 de diciembre la fiesta que el pueblo llama “La Virgen de la O”, y que es la Expectación del parto. Por María nos llegó el Salvador. Amarla es, pues, una ineludible necesidad

Domingo 2 de Adviento (4.12.2022) - Ciclo A

UN MENSAJE SIEMPRE ACTUAL

“Detrás viene otro que es más que yo”

Estamos en el desierto, próximos a Jerusalén y al Jordán. Una voz resuena como un trueno y atrae como un gran imán. Viste como un pastor paupérrimo y se alimenta con saltamontes y miel silvestre. Se llama Juan. Su mensaje es un grito: “Preparad el camino del Señor” y “confesad vuestros pecados”. Son incontables los que se arrepienten y reciben un bautismo de agua en el Jordán, como signo de penitencia. Vienen incluso fariseos y saduceos, las dos clases religiosas más influyentes. A Juan no le tiembla la voz: “¡Raza de víboras, dad frutos dignos de penitencia”, cambiad vuestro corazón.  Esa misma voz resuena hoy una vez más. No en las orillas del Jordán sino en nuestras casas, en nuestros lugares de trabajo y de diversión, en nuestras idas y venidas de un lugar a otro. Cambian el lugar y las personas pero su mensaje es el mismo: “Preparad el camino del Señor” que llegará en la ya próxima Navidad. Pero preparadlo de verdad, adentrándoos en vuestro corazón. Porque es ahí donde residen los deseos más hondos, las aspiraciones más profundas, las decisiones más importantes, las opciones más radicales. Que no os engañen los demonios de la hipocresía, de la superficialidad, del egoísmo, de la lujuria o de la pereza. Es muy probable que todos nos sintamos interpelados y que debamos acoger su mensaje: “Dad frutos de penitencia”, confesad vuestros pecados en el sacramento de la penitencia y abrid vuestros corazones a Cristo. Es en él, y sólo en él, donde encontraréis la verdadera paz, la auténtica alegría, el ansia de ser amados, en una palabra: la felicidad.         

Domingo 1 de Adviento (27.11.2022) - Ciclo A

TIEMPO DE RELOJ Y TIEMPO CRISTIANO

“Estad vigilantes”

Vino, vendrá, viene. Estos tres tiempos del mismo verbo expresan el meollo del nuevo tiempo litúrgico que hoy comenzamos: adviento. Jesucristo, en efecto, ya vino en la humildad de nuestra carne, como recordaremos en Navidad. Vendrá, además, al final de los tiempos. Entre la una y la otra viene continuamente a nuestro encuentro en los acontecimientos de la vida, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad, en el trabajo y en el descanso, en la familia y en los amigos, en los migrantes y en los nativos, en los pobres y en los necesitados, en la misa dominical y en la oración, en una palabra: en esa trama de personas, acontecimientos y realidades que conforman nuestra vida. Ahí viene y ahí hemos de encontrarle. Porque –como decía san Josemaría- “o lo encontramos ahí o no lo encontremos nunca”. Por eso insistía en que “hay algo divino” detrás de todas las realidades buenas y nobles que “es preciso descubrir”. El trabajo, la familia, los amigos, el deporte, visitar a un enfermo, ser generoso en la limosna para ayudar a los que no llegan o llegan con grandes apuros a fin de mes, todo eso es ocasión para encontrar a Jesucristo. Este es el tajo donde hemos de emplearnos a fondo en este tiempo de adviento. Más aun, durante todo el año litúrgico. Porque el año de los cristiano no es un mero paso del tiempo que mide nuestro reloj, sino presencia y acción de Dios que viene a nuestro encuentro pasa salvarnos. Que la Virgen Inmaculada, la primera gran protagonista del adviento, abra nuestros ojos para que descubramos a su Jesús en la vida de cada día.       

Domingo 34 del Tiempo Ordinario. Jesucristo Rey del Universo (20.11.2022) - Ciclo C

UN REY Y UN REINO MUY EXTRAÑOS

“Acuérdate de mí, cuando estés en tu reino”

“Jesús Nazareno,, el Rey de los judíos”. Asi lo proclama el título de la condena que Pilato ha ordenado escribir en hebreo, latín y griego para que todos sepan quién es el que esta crucificado entre esos dos malhechores. Sí, es rey, porque él se lo ha dicho a Pilato, mientras le aseguraba que daba “testimonio de la verdad” ¡Entraño rey!  Porque está ahí por el grito condenatorio de una notable multitud de los incluidos en el título de su condena, que han preferido al asesino y ladrón Barrabás y para él vociferaron “crucifícalo, crucifícalo”. Todavía en este momento se mofan de él y le desafían a que baje de la cruz si es el Hijo de Dios, como  se ha proclamado. Lo mismo hacen los soldados que le han clavado e incluso uno de los bandidos que están a su lado. Sin embargo, por extraño que parezca, es precisamente ahora, al permanecer en la cruz y entregar voluntariamente su vida, cuando alcanza la cumbre de su realeza. Porque es ahora, mientras entrega su vida por amor, sin excluir a nada ni a nadie, cuando libera del pecado y de la muerte a todos y a todo. Y puede entregar a su Padre “un reino eterno y universal, un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de amor y de paz”. Es ahora cuando se convierte en el Señor de todos y de todo. También de nosotros. Gracias a ello, todos podemos hacer propia la oración del buen ladrón:”Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” y tener la posibilidad de escuchar un día de sus labios misericordiosos: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. ¡Qué dicha pertenecer a este rey y a este reino!.     

Domingo 32 del Tiempo Ordinario (6.11.2022) - ciclo C

EL MENSAJE ESPECÍFICO DE LOS CRISTIANOS

“No es Dios de muertos sino de vivos”

Pablo ha llegado a Atenas. la ciudad de la sabiduría. Tiene ansias de dar a conocer a Jesucristo. Hoy irá al Areópago con esta finalidad. Ha preparado a conciencia su discurso. Consciente de que habla a paganos y no a judíos, el punto de arranque no es la Sagrada Escritura sino lo que sus oyentes conocen por su razón y cultura. Durante unos minutos los miembros del Areópago le escuchan con verdadero interés. Cuando piensa que ha logrado la captatio benevolentiae, el interés de sus oyentes, desvela su mensaje:. “la muerte no tiene la última palabra, la última palabra la tiene la vida”. El menaje no puede ser más positivo y atrayente, pero los areopagitas quedan profundamente decepcionados No es el mensaje de un sabio sino el de un charlatán de feria, piensan. Y le apostrofan: “de esto te escucharemos en otro momento”. Pensaban lo mismo que los saduceos del evangelio de este domingo y lo mismo que mucha gente de hoy. después de la muerte no habrá nada. Pero Jesús desbarató su posición con un tajante “estáis muy equivocados” y esta poderosa razón: “Dios no es un Dios de muertos sino de vivos”. Pablo sufrió  un fuerte desengaño, pero, lejos de desanimarse, se prometió: “En adelante predicaré únicamente a Jesucristo muerto y resucitado”. Y cumplió su palabra. Su mensaje sería insistente: “Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe, vana es nuestra predicación. Pero Cristo ha resucitado. Y nosotros resucitaremos con Él”. Este es el gran mensaje de los cristianos. Más aún, nuestro mensaje propio y específico. El que nos distingue de todos.

Domingo 31 del Tiempo Ordinario (30.10.2022) - Ciclo C

LA FUERZA DEL AMOR MISERICORDIOSO

“Hoy ha sido la salvación de esta casa”

Estamos en Jericó, ciudad cosmopolita, multiétnica y rica en dinero y vicios. Aquí vive Zaqueo. Es “publicano”, es decir, recaudador de impuestos. Es muy rico, porque es el “jefe” de todos los de su oficio que hay en la ciudad. Todo el mundo le conoce y considera “pecador público”, pues cobra los impuestos para el poder invasor: Roma. Con todo, no es una manzana completamente podrida. En el hondón de su alma hay una cierta nostalgia de Dios, una cierta nostalgia del bien. Por eso, al oír que Jesús se encentra en la ciudad para subir a Jerusalén, corre a subirse a un árbol para verle, porque es muy pequeño de estatura.  Cuando llega Jesús, se detiene y le dice: “Zaqueo, baja enseguida porque quiero comer contigo en tu casa”. El escándalo que se monta es más que mayúsculo. Jesús lo sabe, pero arriesga. Y gana la partida. Ya en casa, en un momento del convite, Zaqueo se pone en pie y dice a Jesús: “Mira, si a alguno he robado, le devolveré el doble y al que haya estafado, le devolveré cuatro veces más”. El amor de Dios, hecho misericordia sincera, ha derretido la miseria de Zaqueo. Jesús apostilla: “Hoy ha sido la salvación de esta casa. También éste es hijo de Abrahán”. Todos somos un poco o un mucho Zaqueo, aunque no seamos  ricos ni recaudadores de impuestos. Todos, también, llevamos en el fondo del alma la nostalgia de Dios, la nostalgia de una vida recta, de una existencia que valga la pena. Hoy pasa Jesús junto a nosotros y nos ofrece su amor misericordioso. ¡Ojalá lo acojamos con el mismo gozo y sinceridad que el Zaqueo de Jericó!

Domingo 30 del Tiempo Ordinario (23.10.20222) - Ciclo C

¿MISIONEROS EN BURGOS?

“El que se ensalza será humillado”

Oración humilde y misión. Estas palabras resumen el contenido de este domingo. De la oración humilde habla el evangelio, de la misión, la efeméride que celebramos hoy: el DOMUND. Durante varios domingos Jesús nos ha hablado de la oración. Sin ir más lejos, el último nos decía que nuestra oración ha de ser perseverante, santamente tozuda. Hoy nos invita a que no recemos como un fariseo, que se jactaba ante Dios de ser mejor que los demás, sino como un publicano, que suplicaba: “Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador”. El fariseo, cuya actitud es repelente incluso desde el punto de vista humano, salió del Templo peor que había entrado, mientras que el publicano salió reconciliado con Dios. Nos interesa mucho tener esta actitud para que el Señor nos conceda la gracia de convertirnos en misioneros y así celebrar adecuadamente el DOMUND. Si hasta hace pocos años “misionero” se identificaba con el sacerdote, religioso o religiosa que marchaban a Oceanía, Asia o África para anunciar que Jesucristo es el único Salvador, hoy, gracias a Dios, está más o menos asumido que todo bautizado es un misionero y que los países otrora cristianos hoy son, en gran medida, tierra de misión. Nuestro arzobispo -en su primera y reciente carta pastoral dirigida a los sacerdotes, religiosos y fieles laicos- informa que en nuestra diócesis se bautiza el 53% de los que nacen y casi un 40% de los adultos de menos de 45 años se declaran ateos, agnósticos o increyentes..Por eso urge a convertirnos en “Iglesia en estado de misión” efectivo. ¡Dios quiera trocarlo en realidad!

Domingo 29 del Tiempo Ordinario (16.10.2022) - Ciclo C

SANTAMENTE TOZUDOS

“Os digo que hará justicia sin tardar”

Respiración del alma. Fuerza de los débiles. Riqueza de los pobres. Éstas y muchas cosas más se han dicho y escrito de la oración cristiana. El evangelio se une a ese coro de ponderación y expone sus cualidades. El de este domingo es un ejemplo concreto. Jesús se refiere a una que considera indispensable: la perseverancia. La oración de sus discípulos ha de ser tan santamente tozuda como fue una viuda con un juez corrupto, que se negaba a hacerla justicia. Como punto de partida llevaba todas las de perder. Porque el juez no temía a Dios ni sentía respeto por nadie. Frente a ese poder altanero, ella que, con los huérfanos, representa en la Biblia la categoría más necesitada y pobre. Sus posibilidades de ser atendida son nulas. Sin embargo, insiste una y otra vez y logra que aquel juez sin conciencia termine haciéndole caso para que deje de importunarlo. Concluye Jesús: Dios, que es la bondad y misericordia personificada, que es nuestro Padre y no desea más que nuestro bien, ¿cómo dejará de escucharnos? Pero Jesús exige que no nos cansemos de pedir, que insistamos un día y otro y que lo hagamos con plena confianza en que Dios nos escuchará. Es un mensaje de esperanza y consuelo para tantas madres, para los sacerdotes, los que están pasando un momento muy duro,  los que no tienen nada ni nadie al que agarrarse, los que quieren cambiar el mundo de verdad y sin violencia y se sienten desbordados por los problemas reales y angustiosos,  los que aspiran a ser santos de verdad. Pero ¿tendremos la fe-confianza que pide Jesús?  ¿Nos fiaremos incondicionalmente de Dios?.

Domingo 28 del Tiempo Ordinario (9.10.2022) - Ciclo C

LEPRA CORPORAL Y DEL CORAZÓN

“Tu fe te ha salvado”

Contagiosa e incurable. Eso era la lepra en tiempos de Jesús. Por eso los leprosos eran apartados de la familia y del pueblo, y debían vivir en el campo. Cuando alguno tenía la suerte de curarse, debía acercarse a los sacerdotes para que le liberaran de una última cadena: “la impureza ritual”. Un día, mientras Jesús entraba en una aldea, diez leprosos le pidieron a gritos que les curara. Jesús se compadeció y les dijo: “Id a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, uno advirtió que estaba curado y no se pudo resistir: volvió sobre sus pasos y vino hasta Jesús para darle gracias. No era judío sino extranjero. Jesús sintió el desagradecimiento de los otros nueve y preguntó: “¿los otros dónde están? Y, dirigiéndose al leproso curado, le dijo: “Vete, tu fe te ha curado”. Hoy la lepra del cuerpo, afortunadamente, es una enfermedad vencida. En cambio hay otra lepra todavía incurable y sumamente contagiosa: es la  lepra del pecado. Esa lepra, que corroe el corazón de las personas, de las familias y de la sociedad, y deforma su rostro humano y espiritual es la lepra del orgullo y del egoísmo que engendran la indiferencia, el odio y la violencia. Está tan extendida, que muchas personas, familias y sociedades son apenas reconocibles. Jesús puede curarla. Sólo su amor misericordioso puede hacerlo. Puede y quiere. Sigue con las mismas buenas disposiciones y deseos que en el caso de los diez leprosos del evangelio de hoy. ¿Tendremos nosotros las mismas ansias de curación que tuvieron ellos? ¿Nos atreveremos a gritarle con el corazón: “Jesús, ten piedad de nosotros?     

Domingo 27 del Tiempo Ordinario (2.10.22) - Ciclo C

HACER POSIBLE LO IMPOSIBLE

“Auméntanos la fe”

Fe y humildad. Para ser más precisos: eficacia de la fe y necesidad de la humildad. Estas son las dos enseñanzas del evangelio de hoy. La eficacia de la fe es tan grande, que  hace posible lo imposible. Un  hombre no puede trasladar un árbol porque diga: “Arráncate y plántate en el mar”. Sin embargo, en el evangelio de hoy dice Jesús a sus discípulos: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería” No son palabras absurdas ni falsas. La vida de los santos está llena de “imposibles hechos posibles” por su fe ciega en el amor y el poder de Jesús. La fe de la que el Señor habla hoy es precisamente ésta: fiarse de él, acogerlo, seguirlo sin reservas, dejar que nos trasforme. Abrahán era muy viejo y estaba casado con una mujer estéril cuando Dios le promete darle una gran descendencia. Se fió y se la dio. A la Santísima Virgen el ángel Gabriel le anunció que sería madre sin dejar de ser virgen. Se fió y el Espíritu Santo la fecundó sin mancillar su virginidad y se convirtió en verdadera Madre de Dios. Quizás comprendemos la enseñanza de Jesús observando lo que hacen las madres. Si un hijo está desesperado por sus deudas y acude a su madre, sabe que ella le sacará del atolladero si está en su mano. No duda que hará posible lo que para él es imposible. Los apóstoles habían visto muchos imposibles hechos realidad por esa fe ciega que tanta gente tenía en Jesús. Por eso, le dicen hoy: “auméntanos la fe”. Bonita jaculatoria para que tú y yo la repitamos muchas veces...Sobre todo si estamos apurados..

Domingo 26 del Tiempo Ordinario (25.9.2022) - Ciclo C

LUJO Y MISERIA

“Que escuchen la Ley y los Profetas”

¿Qué le sucede, después de morir, a un rico que vive en el lujo y a un pobre que no tiene dónde caerse muerto? Esta es la gran cuestión que afronta el evangelio de este domingo. La respuesta es tajante: “Murió el pobre y fue llevado al seno de Abrahán”, es decir, al Cielo, “murió también el rico y fue sepultado en el infierno, en et tormento”. Esta gran cuestión se agudiza porque es irreversible, no tiene posibilidad de enmienda. Lo dice también el evangelio. Cuando el rico pide a Lázaro que le saque de allí o, al menos, que alivie sus dolores, Lázaro le responde:”es imposible”, porque no se puede pasar de aquí a donde tú estás ni tú puedes salir de ahí. Por si fuera poco, todavía hay una tercera aclaración. Cuando el rico pide que envíe a alguien que avise a sus cinco hermanos para que eviten su suerte, se le responde: “que escuchen la Ley y los Profetas”, porque si a éstos no les hacen caso, tampoco se lo harían a un muerto que resucitase para decírselo.  En nuestra sociedad de consumo desenfrenado y, a la vez, de gran pobreza, quizás valga la pena responderse con sinceridad a esta pregunta: Desde el uno de junio hasta el uno de septiembre de este año, ¿cuánto he gastado en bares, comidas extras, bebidas caras, salas de fiesta, viajes de mero placer, y cuánto he dado a Cáritas o a la parroquia para hacer frente a las necesidades de tantos? El evangelio siempre nos lleva al fondo de las cosas. Hoy son incontables los que no se preguntan “qué hay después de la muerte y cuál es el sentido de la vida”. Pero son cuestiones eternas y que nos afectan a todos. Queramos o no.

Domingo 24 del Tiempo Ordinario (11.9.2022) - Ciclo C

LA ALEGRÍA DE VOLVER A CASA

“Alegraos conmigo”

El evangelio de este domingo es un canto a la misericordia de Dios con nosotros y una puerta abierta a la esperanza. No en vano contiene tres parábolas que muestran la actitud amorosa de Dios cuando nos alejamos de él. Él actúa como un pastor que tiene cien ovejas  y una se descarría. No se queda indiferente ni la recrimina en sus adentros. Va en su busca y, cuando la encuentra, no la golpea con la cachava sino que la carga sobre sus hombros y se alegra con sus amigos por haberla encontrado. Él es también un padre con dos hijos, uno de los cuales se va de casa, malgasta su hacienda, se hunde en la miseria física y moral, pero un día recapacita y vuelve a casa. Su padre no le cierra la puerta. Tan pronto como lo ve, sale a su encuentro, se le cuelga del cuello, le come a besos, siente pena al ver su calzado y su ropa, le calza y le viste y manda preparar una grana gran fiesta, porque su hijo ha vuelto a casa. No es difícil verse retratado en la oveja perdida y en el hijo que se ha marchado de casa. Quien más quien menos, todos nos hemos alejado,, de la casa paterna de Dios y  le hemos dado muchos disgustos con nuestro comportamiento. Pero él no se ha cansado de ser nuestro Padre y de sentir una inmensa alegría si volvemos a su casa, que es la única donde se puede vivir y morir a gusto. Ahora que recomenzamos una nueva etapa y el trabajo de cada día, Volvamos a la casa de Dios. volvamos a la misa del domingo, volvamos, sobre todo, a la confesión. Ahí nos espera el Padre para darnos el abrazo del perdón y luego invitarnos al banquete de la Eucaristía. 

Domingo 23 del Tiempo Ordinario (4.9.2022) - Ciclo C

LA PAGA DE LA ENTREGA TOTAL

“El que no renuncia a todo, no puede ser discípulo mío”

El evangelio de este domingo comienza con unas palabras que pueden asustarnos: “Si alguno viene a Mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”. Son palabras muy exigentes. Quedan un poco rebajadas al estar dirigidas no a la muchedumbre sino a los Doce Apóstoles. A ellos les exigió dejar mujer, hijos, tierras, en una palabra: todo para pertenecer al grupo que debería llevar el evangelio hasta el último rincón de la tierra. Es lo que ha exigido a otras personas a lo  largo de los siglos y lo sigue exigiendo hoy. Yo conozco más de uno al que Jesús le ha dicho: Deja tu carrera, deja tu novia, deja tu ilusión de formar una familia numerosa y entra en el seminario, porque quiero que seas sacerdote. También conozco a chicos y chicas a quienes ha pedido algo semejante para vivir el celibato apostólico en medio del mundo. Sin embargo, tergiversaríamos el mensaje del evangelio si restringimos la exigencia radical del seguimiento de Cristo a unos pocos. Todos estamos implicados e incluidos en estas palabras: “Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por Mí, la salvará. Pues de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?” Ser discípulo de Jesucristo es exigente. Pero merece la pena, porque es lo  único que colma nuestros anhelos y apetencias de ser verdaderamente libres y felices. La alegría y la felicidad son “la paga” del que sigue al que salvó al mundo con la entrega de su vida.

Domingo 22 del Tiempo Ordinario (28.8.2022) - Ciclo C

LA VERDADERA GRANDEZA

“El que se humilla será ensalzado”

Estamos en casa de uno de los principales fariseos que celebra un banquete. Jesús ha aceptado la invitación y observa que otros fariseos se van situando en los primeros puestos. Él, que no desaprovecha las ocasiones para hacer el bien, les pone una parábola sencilla y fácil de entender. Cuando te inviten, les dice, no elijas los primeros puestos, no sea que venga después uno de más categoría y, abochornado, debas dejarle el puesto. Haz lo contario: vete al último lugar, para que quien te invitó, te diga: “Sube más arriba”, y quedarás “muy bien ante todos los comensales. Porque el que se ensalza, será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Si los mensajes del evangelio suelen chocar con el ambiente actual, el de hoy choca estrepitosamente. Porque lo que hoy proponen los medios de comunicación social y de propaganda, y el clima social es exactamente lo contrario: hay que sobresalir, tener una gran posición social, ir a los hoteles más lujosos y un largo etcétera. Pero ese no es el estilo de Dios. La Virgen María, la más grande entre todas las mujeres, fue una muchachita sencilla de Nazaret. José, que haría las veces de padre de Jesús, era un carpintero del mismo pueblo. Y él, que era Dios, se hizo hombre y se presentaba como si fuera un cualquiera. Esta es la revolución verdadera. Para hacerla es necesario tener la valentía de ir contracorriente y vivir de modo sencillo, sin afán de dominio, entregado a hacer el bien y a servir a los demás. Llegará un día, el día en que juzgue nuestra vida, y Dios nos dirá: “Sube más arriba”, entra en el cielo.     

Domingo 21 del Tiempo Ordinario (21.8.2022) - Ciclo C

EL “PASAPORTE” DEL CIELO

“Entrad por la puerta estrecha”

Seguimos en el camino de los últimos domingos: el que sube de Galilea a Jerusalén, que Jesús está recorriendo con decisión, mientras predica en las ciudades y aldeas, hace milagros y responde a las preguntas que le hacen. Hoy le formulan una que nos afecta también a nosotros: “¿Son muchos los que se salvan”? Es decir, le preguntan por el futuro que nos espera tras la muerte y al que nos preparamos durante la vida. Jesús no  responde diciendo “cuántos” sino “quiénes” son los que se salvan. Y lo hace con tres grandes criterios. El primero es éste: se salvan los que entran por la “puerta estrecha”. La puerta es “estrecha” para todos, no para unos pocos. No obstante todos pueden flanquearla, porque todos estamos llamados a la salvación. Pero se requiere una condición: imitarle a él, vivir como vivió él. El segundo criterio es que no entrarán “los obradores de la iniquidad”. El último es que no habrá privilegiados de raza o de cultura, porque no valdrá decir entonces “hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestra plaza”, somos de tu pueblo. Porque él les dirá: “no sé de dónde sois. Apartaos de mí todos los que obráis iniquidad”. Son palabras serias, palabras que no gusta oír a un mundo donde todo vale igual, todos somos muy buenos, todos vivimos muy a gusto, disfrutando lo más que podemos, sin pensar mucho ni poco en lo que verdaderamente importa: vivir haciendo el bien, aunque cueste, ayudar a los demás, buscar la reconciliación y la convivencia pacífica, en una palabra: amar a Dios y a los demás. Sin embargo, éste es el “pasaporte” de la salvación.   

Domingo 20 del Tiempo Ordinario (14.8.2022) - Ciclo C

EL PRECIO DE LA VERDAD

“No he venido a traer paz sino división”

El evangelio de este domingo es desconcertante. Porque pone en los labios del Jesús acogedor y pacífico que todos conocemos estas palabras: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y do contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el  hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”. ¿De qué división y de qué paz se trata? Jesús no ha venido a librar un combate contra hombres o poderes humanos sino contra el enemigo de Dios y del hombre. Su guerra es contra Satanás, contra el demonio. Quien quiera ser fiel a Dios y resistir al demonio, quien quiera ser fiel al bien y a la verdad, tendrá que afrontar necesariamente incomprensiones, persecuciones y, a veces, la muerte. Esto se dará  incluso en el seno de su familia y en el entorno de sus colegas y amigos. El mensaje no puede ser más actual. Estamos en un mundo donde impera el relativismo, lo `políticamente correcto, la autocensura, la mentira institucionalizada. Decir que existe la verdad y que lo que piensa, dice y hace la mayoría o legisla un ácrata no son, de suyo, criterio de verdad, provoca de inmediato menosprecio, burla y hasta insulto en muchos ambientes y personas. Sin embargo, la verdad existe, el hombre ha adquirido en su historia determinadas verdades, no todas las afirmaciones tienen el mismo valor. Pensarlo, decirlo y vivirlo tiene un alto precio. Pero vale la pena estar dispuesto a pagarlo.     

Domingo 17 del Tiempo Ordinario (24. 7. 2022) - Ciclo C

EL EJEMPLO DE LOS PADRES QUE REZAN

“Pedid y recibiréis”

Lo que se ve, se aprende, me enseñaron cuando era niño. El evangelio de hoy lo confirma. Dice así”: Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó uno de sus discípulos le dijo: - Señor, enséñanos a orar”. Los evangelios atestiguan que Jesús era un gran rezador y que, tras una jornada pastoral intensísima, no se retiraba a descansar sino al monte para orar. En su predicación habló con frecuencia de la oración. Nos dijo que hemos de rezar con humildad, perseverancia, confianza y el deseo de aceptar y cumplir la voluntad del Padre. Por eso, no llama la atención que a la pregunta del discípulo Jesús responda con gusto y le enseñe –y en él a todos los discípulos suyos- el Padre Nuestro. Esta oración es la oración de los hijos de Dios. Con esa disposición de Hijo rezaba él. “Te doy gracias, Padre, porque ocultaste estas cosas a los sabios y se las revelaste a los sencillos”, dirá en una ocasión. “Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz  pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”, dirá en el momento de morir, poco después de haber implorado por sus enemigos:“Padre, perdónales que no saben lo que hacen”.  Muchos hemos aprendido de niños y rezado incontables veces el Padre Nuestro. ¡Ojalá que los padres sigan enseñándoselo a sus hijos! Y, como “lo que se ve se aprende”, que éstos les vean bendecir la mesa antes de las comidas, hacer la señal de la Cruz al salir de casa y comenzar el trabajo, ir a misa los domingos, cantar la Salve a la Virgen. Son cosas menudas, pero apuntalan la fe.     

Domingo 16 del Tiempo Ordinario (17.7.2022) Ciclo C

LO QUE IMPORTA DE VERDAD

“Ha escogido lo mejor”

Estamos en Betania, un pueblo encantador para pasar un fin de semana. Jesús tiene aquí tres grandes amigos, que son hermanos: Marta, María y Lázaro. Su confianza con ellos es tan grande, que se ha presentado con sus discípulos sin avisar. Marta, que es la mayor, le ha recibido encantada y ha comenzado de inmediato a trajinar. Sentar a la mesa a quince comensales exige agilidad y empeño. María, en cambio, se ha sentado a escuchar a Jesús. En un momento dado, Marta pierde los nervios y se toma la libertad de criticar a Jesús: “¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola? Dile que me eche una mano”. Jesús le responde con cariño: “Marta, Marta, andas inquieta por muchas cosas,  sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor”. ¡Cuántas veces se ha cometido el error de identificar a María con las personas de vida contemplativa y a Marta con las de vida activa! Como si detrás de una reja no se pudiese vivir disipada y en plena contemplación mientras se trabaja con toda intensidad. Jesús, ciertamente, acoge con gusto la hospitalidad de Marta y su generoso interés en darle de comer a él y sus discípulos. Sin embargo, le dice que lo único verdaderamente importante es otra cosa: es Él y su Palabra. Estamos en plenas vacaciones. Unos ya están pasando unos días de merecido descanso y otros lo harán, más o menos pronto; aunque sean todavía muchos los que no puedan disfrutarlos. Jesús nos recuerda a cada uno lo que dijo a Marta: sólo una cosa es necesaria. No dejes la misa del domingo ni la lectura diaria del Evangelio. Otras muchas cosas son menos importante.