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LITURGIA DEL VATICANO II

ASCENSIÓN DEL SEÑOR (21.5.2023) - cICLO a

NUESTRO DESTINO ES EL CIELO

“Yo estaré con vosotros todos los días”.

“No se ha ido para desentenderse de este mundo sino que ha querido precedernos como Cabeza nuestra. Para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su reino”. Estas palabras del prefacio de la misa son un comentario excelente del misterio que hoy celebramos: la Ascensión del Señor al Cielo. De allí había descendido por nosotros y allí asciende de nuevo por nosotros. Bajó como Dios, pero vuelve como Dios-Hombre. Bajó él sólo, pero vuelve convertido en Cabeza de un Pueblo de incontables hombres y mujeres de toda raza, lengua y nación. Por eso, en él subimos todos. Mejor, subiremos todos los que queramos ser ahora sus discípulos y acompañarle luego en la gloria. El Cielo, la gloria eterna es nuestro destino, nuestra patria definitiva. No es una promesa de elecciones ni de engañabobos. Es la herencia que nos ha ganado Jesucristo y nos certifica la fe. Si bajó del Cielo fue para trazarnos el camino que a él conduce y abrirnos sus puertas de par en par. Su muerte y resurrección perderían para nosotros su valor si, de hecho, esta tierra fuera nuestro cielo, nuestra meta definitiva. No es así. Esta tierra es una posada para pasar, como diría Teresa de Jesús, una mala noche y despertarnos en el Cielo. Hoy es, por tanto, un día de alegría y de esperanza. Jesús, como buen pastor, va delante de quienes somos sus ovejas, para llevarnos hasta la eterna majada de la gloria. No lo olvidemos: allí ya no  habrá llanto ni dolor, porque este mundo habrá y habremos entrado en la posesión y felicidad eterna de Dios.   

Domingo 6 de Pascua ( 14.5.202023) -- Ciclo A

NO ESTAMOS HUÉRFANOS

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos

Seguimos en la última Cena. Jesús se está despidiendo de sus discípulos. .Éstos sienten el desgarro de la separación y se preguntan qué será de ellos a partir de ahora sin la presencia física y la protección del Maestro. Jesús les consuela: “No os dejaré huérfanos”. Y les asegura: “Volveré”. Mientras tanto, pediré al Padre que os envíe otro defensor: el Espíritu Santo. Pero les hace esta gran encomienda: “Permaneced en mi amor”. Y les entrega la clave para saber si le aman o no: “Si me amáis, guidaréis mis mandamientos”. Guardar los mandamientos de Jesús es aceptar no sólo lo que les agrada o se compagina con su modo de ver las cosas, sino acoger todo su mensaje y dejarse guiar por él todos los días y en todas las situaciones y circunstancias en que se encuentren. No es cuestión de mero sentimiento o de escueta afectividad sino de escuchar sus Palabras y tratar de seguirlas. No basta contentarse con ir a misa el  domingo para cumplir sino ir a misa para encontrarnos con Jesús, escuchar su Palabra, acogerla en nuestro corazón y, al salir, llevarla a nuestra vida personal, familiar, profesional y social. Ser discípulo de Jesús es también mucho más que nuevas estrategias, nuevos planes, nuevos proyectos, nuevos horizontes. Todo esto viene “después”. Lo primero es amar, pues el que ama es muy creativo y sabe buscar y encontrar los modos de trasmitir el mensaje. “Jesús es el futuro”, decía recientemente el papa Francisco. Ese es el horizonte, la meta, el verdadero objetivo hacia el que dirigirse. ¡Él es el mensaje que hemos de vivir y trasmitir!!   

Domingo 5 de Pascua (7.5.2023) - Ciclo A

LA CUNA DEL AMOR

“Yo soy el camino, la verdad y la vida”

La Pascua de la familia. Es lo que celebramos este domingo en nuestra diócesis, porque nuestro arzobispo, don Mario, así lo quiere. No es un capricho, pues la familia nació en las manos de Dios en el mismo momento en que creó al hombre y a la mujer y les dio el encargo, la misión y el honor de ser colaboradores suyos en la trasmisión y educación de la vida. Podemos hacerlo de este modo: con agradecimiento, oración y optimismo comprometido. Ante todo hemos de dar gracias a Dios por haber querido que el amor de un hombre y una mujer, unidos en matrimonio, nos hayan dado el inigualable regalo de la vida y que las manos tiernas de un padre y una madre hayan sido la cuna en la que hemos experimentado y aprendido el amor verdadero. Precisamente porque se trata de un bien tan grande, es preciso que recemos todos –sacerdotes, religiosos, esposos, abuelos e hijos- para que sea Dios el que siga custodiando y defendiendo este tesoro  Finalmente, con un gran optimismo. La familia está pasando no pocas ni pequeñas dificultades. Si miramos las cosas sin tener en cuenta que Cristo ha vencido al mal y es el Señor de la historia, podemos hundirnos en un derrotista y estéril pesimismo. Pero la Pascua es el triunfo definitivo del bien y la derrota, también definitiva, del mal. No caeremos en la superficialidad de cruzamos de brazos o adoptar una actitud neutra. Dios necesita que pongamos en sus manos cinco panes y dos peces para que pueda realizar el gran miagro. Poco, pero imprescindible. ¿Qué puedo hacer yo? ¿Qué espera Dios que haga yo? Dos preguntas ineludibles.

Domingo 4 de Pascua (30.4.2023) - Ciclo A

LA SOLDADA DEL PASTOR

“Yo soy el Buen Pastor”

“Mil veces que naciera, mil vecs volvería a ser sacerdote”, me confidenció un día uno de mis mejores amigos. Y, sin que me diwra tiempo para preguntarle por qué, añadió: “He sido inmensamente feliz”. Le dije que yo pensaba lo mismo. Después recordamos nuestros primeros años en el seminario de León, donde combatíamos el frío corriendo alrededor del claustro y metiendo los pies calientes en el “fole”, un pellejo de cordero tan rudimentario como eficaz. Le recordé la “limosna” semanal que me daba cuando yo terminaba la hogaza que nos hacía la Panificadora Leonesa. También recordamos su Vespa y mi Guzzi, con las que recorríamos nuestros pueblos. La preparación y celebración de las primeras comuniones, las visitas frecuentes a los enfermos y  a las escuelas, las catequesis de niños y tantas cosas que componen el “día a día” de alguien que quiere a su gente, saluda, sonríe, echa una mano, confiesa, reza el rosario en el mes de mayo, da mil sencillos pero eficaces consejos, celebra la misa cada día y prepara bien la homilía del domingo. Me gusta recordar estas cosas cuando llega el presnte domingo del “Buen Pastor”. En el fondo, eso es un sacerdote: alguien que intenta cuidar a sus ovejas. Con limitaciones, defectos y pecados, pero con la ilusión de entregarles su vida y así ser feliz. Pidamos hoy al Señor que nos envíe muchos y santos sacerdotes, algo que está al alcance de todos. Y, vosotros, jóvenes, si oís la llamada del Buen Pastor, seguidle. Nunca os arrepentiréis. Un día comprobaréis en vuestra vida la verad de lo que decía mi amigo: He sido inmensamente feliz.

Domingo 3 de Pascua (23.4.2023) - Ciclo A

LA TABLA DE SALVACIÓN

“Le reconocieron al partir el pan!

Hundidos y decepcionados. Así se encontraban dos caminantes que se dirigían a Emaús la tarde del primer domingo de la historia. Jesús de Nazaret se había manifestado poderoso en obras y palabras pero había sido crucificado por sus enemigos. Su fe en él se había derrumbado. Mientras rumiaban su desilusión, el Resucitado sale a su encuentro aunque no le reconocen. Les explica con entusiasmo que eso estaba anunciado por los profetas y los salmos. Al escuchar su palabra, su corazón se reaviva. Cuando entra a cenar con ellos, se da a conocer. Renace la alegría de vivir. Desandan, ahora cuesta arriba y de noche, los once kilómetros que les separa de Jerusalén porqae tienen necesidad de comunicárselo a los apóstoles. Estos dos caminantes son el espejo de muchos cristianos de hoy, especialmente de cierta edad. Ante la nueva situación del matrimonio y de la familia, de las leyes contrarias a la vida, de los que ya no se casan o descasan, de los que no piden el bautismo para sus hijos, de las terribles injusticias que persisten, del relativismo intelectual y moral tienen la sensación de que Jesucristo y la Iglesia no caben en este mundo y se cuestionan si tiene sentido ser cristiano. Jesús sale también ahora a su encuentro con la Palabra que les dirige cuando participan en la eucaristía de cada domingo. Esa reunión dominical con los que creen lo mismo que ellos, escuchar la Palabra de Jesús y sentarse a su mesa ss su tabla de salvación. Si perseveran, seguirán como discípulos de Jesús. ¡Él está vivo y vive entre nosotros, aunque, a veces, no lo reconozcamos!    

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA (16.4.2023) - Ciclo A

LA FUENTE DE LA ESPERANZA DEL HOMBRE

“Les quedan perdonados”

Dominica in albis. Segundo domingo de Pascua. Domingo de la Divina Misericordia. Así ha sido designado la Iglesia este domingo de la octava pascual. En él los adultos bautizados en la última Vigilia Pascual dejaban de llevar el vestido blanco que habían recibido en el bautismo. Cuando desapareció esta práctica, comenzó a llamarse segundo domingo después de Pascua. La reforma litúrgica del Vaticano II le designó más correctamente como “segundo domingo de –no después de- pascua”. Finalmente, san Juan Pablo II estableció, con motivo del Jubileo del 2000 y el día en que canonizó a la gran mensajera moderna de la misericordia, Santa Faustina, que se llamase “Domingo de la Divina Misericordia”. Este Papa, tan extraordinario, murió precisamente en las primeras vísperas de ese domingo y fue beatificado en él. Juan Pablo II estaba persuadido de que el núcleo del mensaje cristiano es la misericordia de Dios y que “fuera de la misericordia de Dios no existe otra fuente de esperanza para el hombre”, ¡Tantos y tan grandes son los pecados del mundo! De hecho Jesucristo es la suprema revelación y realización de esa misericordia, pues entregó su vida por nosotros cuando éramos “enemigos de Dios”, “murió por nuestros pecados”. La Iglesia es portadora y realizadora de este mensaje a través de su acción salvadora, en especial. mediante el sacramento de la Penitencia, con el que perdona todos nuestros pecados, pacifica los corazones y hace brotar la paz en el mundo, la paz entre las naciones, la paz entre las culturas y religiones. ¡Ojalá acojamos esta misericordia!    

DOMINGO DE LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (9.4.2023) - Ciclo A

UNA OFERTA EN EXCLUSIVA

“Resucitó, no está aquí”

Nadie lo había hecho antes. Nadie lo hace ahora. Nadie lo hará en el futuro. Jesucristo es el único que ha vencido a la muerte. Murió, sí, y fue sepultado, porque era hombre verdadero. Pero con la misma certeza puede demostrar que su cuerpo sepultado volvió a la vida. Más aún, a una vida que ya no podrá  perder de nuevo, porque ha entrado en el más allá del tiempo y del espacio. Este es el trofeo que le corresponde en exclusiva y a perpetuidad. Él no vino a la tierra para construir casas, hospitales y universidades aunque, ciertamente, lo harían sus discípulos. Vino a realizar algo incomparablemente más grande: establecer una ciudad nueva y eterna sin casas, universidades y hospitales, porque en ella  no existirá ya llanto ni dolor sino alegría, paz y amor para siempre. El triunfo de Jesucristo ha sido tan rotundo, que con él y por él hemos resucitado todos los que queramos incorporarnos a él por el bautismo. Los cristianos también resucitaremos. Lo proclamamos hasta con el nombre del lugar donde enterramos: cementerio, que se traduce por dormitorio. Lo profesamos cuando cantamos con fe: ¡Acuérdate de Jesucristo Resucitado de entre los muertos, él es  nuestro gozo, él es la esperanza, él es la salvación! Esta es y sería siempre nuestra oferta. Nadie más puede hacerla con garantía de éxito. Por eso vale la pena ser cristiano. Por eso vale la pena recibir el bautismo. Por eso vale la pena ir detrás de Jesucristo mientras recorremos esta vida. Alegrémonos, por tanto, en este día maravilloso de la Resurrección de Jesucristo y de la resurrección futura que nos aguarda.

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (2 de abirl de 2023) - Ciclo A

¿SEMANA CRISTIANA O DE APARIENCIAS?

“Bendito el que viene en nombre del ´Señor”

Hoy, “domingo de Ramos”, los cristianos  celebramos desde siempre la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Con él damos comienzo a nuestra Semana Mayor, como la califica justamente la liturgia; porque en ella “se celebran los más grandes misterios de nuestra redención”: la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor. La semana, por tonto, más cristiana de todo el año. Mientras escribo estas cosas, le ha faltado tiempo a mi corazón para encararse con mi mente: ¿Los cristianos de hoy celebráis esta semana como cristianos o como paganos? ¿Vuestras procesiones y ritos son manifestaciones transidas de fe o manifestaciones culturales, en el mejor de los supuestos? ¿Los paganos y ateos que os observen durante estos días, se sentirán atraídos hacia vuestra fe o se confirmarán en su indiferencia y escepticismo religioso? Son preguntas que me martillean y cuestionan desde hace tiempo. No seré yo quien postule la desaparición  de la Semana Santa, de sus procesiones, de sus ritos. Pero hay que tener valentía suficiente para preguntarnos con sinceridad si esperamos estos días para divertirnos más o para disponer de más tiempo y posibilidades de acompañar al Señor en la misa del Jueves Santo, en el Monumento, en la celebración de la Pasión del Viernes Santo y en la gran solemnidad de la Vigilia Pascual. Cuánto me agradaría que quien ahora me lea, pueda decirme el próximo domingo: he celebrado santamente la semana santa: la inicie sin estar a  bien con Dios y hoy gozo de su amistad. Me he confesado y comulgado. He resucitado a una vida nueva.

Domingo 5 de Cuaresma (26. 3. 2023) - Ciclo A

TODOS SOMOS LÁZAROS

“Tú hermano resucitará”

Estamos llegando a la cumbre de la Cuaresma. Dentro de ocho días entraremos en la Semana Santa y, al final, celebraremos la Resurrección del Señor. Hoy nos topamos ya con su profecía, en el impresionante relato de la resurrección de Lázaro. Cuando llegó Jesús a Betania, donde tantas veces había estado hospedado en casa de los hermanos Marta, María y Lázaro, se encuentra con que éste lleva ya cuatro días enterrado. Como era un verdadero amigo, reacciona como los buenos amigos: se echa a llorar. Al verle llorar, Marta se atreve a decirle: “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermanos”. Jesús le responde: “Tu hermano resucitar´” Pide que le lleven a la cueva donde está el muerto y manda quitar la losa que lo cubre. Marta, siempre tan preocu0pada por todo, hace una nueva indicación:,“Ya huele”, Pero Jesús puede más que la muerte y grita: “Lázaro, sal fuera”. Y Lázaro, salió vivo. Lázaro muerto y resucitado es un símbolo muy nuestro. Cuando fuimos bautizados, estábamos muertos por el pecado original, pero Jesús –que es quien bautiza por el ministro- nos devolvió la vida que nos habían arrebatado nuestros primeros padres.  Lo mismo ha ocurrido siempre que hemos recibido el segundo bautismo, que eso es el sacramento de la penitencia. Si estábamos muertos por los pecados mortales, tras confesarlos y arrepentirnos, el mismo Jesucristo -por medio del sacerdote- nos dice: “Yo te absuelvo de tus pecados”, y nos devuelve la vida de amistad con Dios. Alejada de Dios, la vida “huele mal”, es muy triste y pesada. Vale la pena recuperar la alegría del perdón con la confesión.   

Domingo 4 de cuaresma (19. 3. 2023) - Ciclo A

¿SIGUE ENCENDIDA NUESTRA LÁMPARA?

“ Fui, me lavé y recobré la vista”

Agua, luz, vida. Estas son las tres últimas etapas del itinerario bautismal que recorremos al final de la Cuaresma. El agua la encontramos el domingo pasado con la Samaritana. La vida la encontraremos el próximo. La luz la encontramos hoy en el evangelio del ciego de nacimiento. Los tres están tomados del llamado “Libro de los signos”, del evangelio de san Juan, libro al que es preciso acercarse siempre con una doble mirada. La histórica, que deja constncia de los hechos, y la teológica, que descubre lo que está detrás de esos hechos. La Iglesia actual acentúa las dos. Por eso, en el evangelio de hoy ve un milagro prodigioso: un ciego de nacimiento, al que Jesús unta sus ojos con barro, le manda lavarse con el agua de la piscina de Siloé y obtiene la vista. A la vez, descubre que el ciego es una persona no bautizada, el agua de la piscina es el agua del bautismo, y quien le manda lavar y le da la luz de la fe es Cristo, ¡Qué bien lo entenderán los adultos de la diócesis que recibirán el bautismo, la confirmación y la eucaristía durante la próxima Vigilia Pascual, cuando el obispo les diga, al entregarles un cirio encendido en el Cirio Pascual: “Habéis sido trasformados en luz de Cristo. Caminad siempreo como hijos de la luz, para que, perseverando en la fe, podáis salir con todos los santos al encuentro del Señor” A nosotros nos las dijeron, a través de nuestros padres y padrinos, cuando nos bautizaron. Preciosas palabras para un sincero examen de conciencia y un no menos sincero propósito de avivar esa luz de la fe  y comunicársela a otros  .

Domingo 3 de Cuaresma (12-3-2023) - Ciclo A

LA SED QUE SÓLO DIOS SACIA

¡Si supieras quién te pide de beber!

Jesús está sentado en el brocal del pozo de Jacob. Está cansado y sediento tras una larga caminata  a pleno sol. Llega una mujer para sacar agua. Jesús le dice: “Dame de beber”. Inicia así el diálogo, a pesar de estar mal visto que un hombre hable a solas con una mujer que, además, es de un pueblo con el que los judíos no se tratan y ha tenido cinco maridos y ahora convive con otro que tampoco lo es. Pero Jesús desconoce fronteras de raza, geografía o religión, pues ha venido a salvar a todos. La mujer se sorprende y le responde: “¿Cómo, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” Ya se ha roto el hielo. Jesús introduce un registro muy femenino y le responde intrigándola: “Si supieras quién es el que te pide beber, tú le pedirías de beber y él te daría agua viva”. Picada en su curiosidad, le replica: Si no tienes cubo para sacarla y el pozo es hondo, ¿cómo puedes hacer eso? Jesús sigue intrigándola: El que bebe el agua de este pozo, vuelve a tener sed. Pero el que beba el agua que yo le daré, no volverá a tener sed. Ya se ha creado el clima adecuado:: “Dame esa agua”. dice la mujer. Efectivamente, Jesús -que no defrauda nunca- le da el agua de la fe, la única que puede saciar la sed espiritual de Dios que tenemos todos. Es la fe que recibirán los catecúmenos en el bautismo de la próxima Vigilia Pascual y que hemos recibido los ya bautizados. Esa fe que debemos renovar o recuperar durante la cuaresma. Luego la llevaremos a quienes nunca la han tenido o la han perdido  Porque los dones de Dios no se pueden guardar por egoísmo o por miedo..

Domingo 2 de Cuaresma (5.3.2023) - Ciclo A

GRAN PRUEBA PARA EL CRISTIANO ACTUAL

“Este es mi Hijo”

Estamos en el monte Tabor. Jesús  ha subido con sus discípulos predilectos: Pedro, Santiago y Juan. Pero no para una excursión sino para darles una lección muy difícil de entender y más todavía de asimilar. La enseñanza es ésta: Él será un día despreciado, aparentemente vencido por sus enemigos y muerto por ellos en una cruz. Tras esta primera secuencia de derrota y de cruz, vendrá otra de exaltación y de gloria. Ellos las van a contemplar al revés: primero le verán morir en la cruz mientras sus enemigos se burlan y desafían a bajar. Después, le verán triunfador de la muerte. Pero sólo después. Para ese trance tan duro, quiere prepararles hoy, dándoles una prueba anticipada: sin despojarse de ser hombre, les muestra que es Dios. Por eso su rostro, sus vestiduras, Moisés y Elías, la voz del Padre, que le llama Hijo Predilecto, no son de este mundo. Una vez impartida la lección, bajan al llano, pero con el encargo de guardar secreto hasta que tengan lugar los acontecimientos. Los cristianos de este momento necesitamos asimilar esta lección. Hoy nos toca ver despreciada, vilipendiada y perseguida nuestra fe. Sin contar los escándalos que nos han causado quienes menos cabía esperar. Todo nos invita a la huida y al abandono. Pero es más necesario que nunca ser hombres y mujeres fieles y de esperanza. Después de esto surgirá una Iglesia más auténtica, más de Cristo y tan atractiva que a ella vendrán a cobijarse tantos y tantas hastiados de falsas promesas de felicidad y ahítos de soledad y tristeza. Avivemos la esperanza y la fe: tras la cruz viene la gloria.

Domingo 1 de Cuaresma (26.2.2023) - Ciclo A

 

 

LA APOSTASÍA,  NUESTRO GRAN PECADO

“A él sólo servirás y darás culto”

Desde el primer momento la Cuaresma deja constancia de ser un “tiempo fuerte”. Han pasado sólo cuatro días desde que comenzó0 el pasado Miércoles de Ceniza, y ya nos sitúa frente al personaje más siniestro de la historia. Quiso apartar al mismo Dios-Hombre, Jesucristo, de ser un Mesías pobre, humilde y servidor incondicional y convertirle en un Mesías rico, soberbio y poderoso: “Te daré todo esto –el mundo entero-, si me adoras”. En el Paraíso le dio un resultado óptimo su estrategia, que es siempre la mentira y ofrecer lo que no puede dar. Prometió a Adán y Eva ser como Dios, y lo que les dio fue el dolor y la muerte física y espiritual. Con Jesucristo las cosas le fueron peor. Perdió estrepitosamente los tres asaltos del desierto. Pero no se dio por vencido, y volvió con el mismo objetivo  y la misma táctica en el momento supremo: ”Baja de la Cruz” y todos creerán en ti. Jesucristo no bajó y allí le arrebató las llaves de la muerte y del infierno y las cambió en llaves de perdón y vida eterna. Como era de esperar, sigue empeñado en vencer a los discípulos de Jesús. Ha conseguido grandes victorias. La mayor de los tiempos modernos ha sido la apostasía masiva, el alejamiento general de Dios, el vivir como si Dios no existiera.  La lujuria y la soberbia de creernos dioses omnipotentes son ahora dos de sus grandes recursos. Urge que nos rebelemos contra él y coloquemos nuevamente a Dios en el centro de nuestra vida. Porque Dios es lo único esencial.  El dinero, el placer, el poder, la fama, la belleza física son puro vacío al margen de Dios      

Domingo 7 del Tiempo Ordinario (19.2.2023) - Ciclo A

UN IMPOSIBLE HECHO POSIBLE

“Rezad por los que os persiguen”

“Imposible. Eso es imposible”. Así apostrofó un feligrés a su párroco, cuando comenzó su homilía diciendo: “Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”. El párroco replicó: “No lo digo yo. Lo dice el evangelio”. Efectivamente, esa expresión aparece en el evangelio de hoy, con el que cerramos  por ahora el Tiempo Ordinario y damos paso a la Cuaresma, que comienza el próximo veintidós, “Miércoles de Ceniza”. Son unas palabras muy exigentes y, juzgadas desde un punto de vista meramente humano, dan la razón al feligrés aludido. Jesucristo lo. sabía muy bien, porque sus oyentes tenían asumido que era necesario amar al prójimo, con tal que fuera de su raza. Los samaritanos, por ejemplo, estaban excluidos de la categoría de “prójimos” y eran considerados como enemigos, dignos de ser aborrecidos: “Judíos y samaritanos –constata el evangelista san Juan- no se tratan”. Por eso Jesús habla en estos términos: “Se os dijo: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen”. ¿Por qué? se preguntarían sus oyentes. Jesús lo razona recordándoles ´que Dios Padre hace salir el sol y manda la lluvia sobre quienes le aman y sobre quienes le desprecian y odian. Podría haber añadido que eso haría él. Pero prefirió esperar a decirlo desde la Cruz, cuando imploró por quienes le estaban matando: “Padre, perdónales, que no saben lo que hacen” Mirando a la cruz y escuchando al Crucificado asumiremos, aunque no entandamos, que los cristianos hemos de amar a los enemigos y rezar por ellos

Domingo 6 del Tiempo ordinario (12.2.2023) - Ciclo A

TRES ASUNTOS GRAVES Y ACTUALES

“No matarás

El evangelio de este domingo afronta tres cuestiones de suma gravedad y actualidad: los conflictos con el prójimo, las relaciones con la propia mujer y nuestra actitud con la verdad. Los conflictos humanos no pueden resolverse con la medida extrema de la eliminación del otro. Por eso, el Antiguo Testamento sentenciaba ya: “No matarás”. Jesús va mucho más lejos. Al prójimo no sólo hay que respetarle la vida sino tratarle sin cólera, rencor, violencia física o verbal. El camino que Jesús indica para superar los conflictos  es el del amor y la reconciliación. El trato del hombre con su mujer no puede ser el de un objeto. El matrimonio establece entre el varón y la mujer una comunidad de vida plena, exclusiva y hasta la muerte. Por eso, frente a la práctica generalizada en su tiempo respecto al divorcio, él dice: “El que se divorcia de su mujer, la induce al adulterio  y el que se casa con la divorciada, comete adulterio”. Finalmente, sobre nuestra relación con la verdad, Jesús es muy claro: nuestras palabras han de ser verdaderos. Hoy se habla de postverdad y hasta se justifica. Mentir se ha hecho normal a todos los niveles. Es una muestra más de esta sociedad líquida en que nos encontramos. El asunto es de extrema gravedad, porque si los hombres no podemos ya fiarnos los unos de los otros, se destruye la raíz misma de la convivencia y se abren de par en par las puertas del individualismo más atroz. Urge recuperar la clásica honradez castellana, de modo que nuestra palabra valga más que la firma de cien notarios. “Que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no”, dice Jesús.  

Domingo 5 de Tiempo Ordinario (5.2.2023) - Ciclo A

CRISTIANOS EN EL MUNDO DE HOY

“Vosotros sois la sal y la luz del mundo”

Mucho antes que santa Teresa dijera que “Dios también anda entre los pucheros”, el mismo Dios lo demostró. El evangelio de este domingo es un ejemplo elocuente. Jesús, que era verdadero hombre pero, a la vez, Dios, anduvo entre pucheros y recurrió a ellos nada menos que para explicar a sus discípulos cuál era su misión en el mundo. Recurrió al candil que cada atardecer había visto encender a su madre y colocarlo en un recipiente para seguir viendo al llegar la noche. Recurrió también a la sal que su madre y otras personas de su pueblo y alrededores usaban para dar sabor a los alimentos o evitar la corrupción de la carne y el pescado. “Vosotros, les dijo a los apóstoles -y en su persona a todos los que seríamos discípulos suyos- que nuestra misión es la de iluminar y dar sabor al mundo, mediante nuestro testimonio de vida y nuestra palabra. ¿Qué sería la civilización actual si los cristianos nos plegamos a lo que piensa, dice y vive el ambiente pagano en el que nos toca vivir y dejamos de ser sal y luz?. Ese mundo, en efecto, necesita que el sentido común, potenciado por la fe, recupere verdades tan fundamentales como que el hombre y la mujer nacen, no se hacen, aunque se desarrollan; que el hombre ha de ser medido no por su salud, cualidades y rendimiento sino por lo que es; que los hijos son la joya de la corona del matrimonio, que el hombre es siempre superior a los animales. No apaguemos la luz ni la escondamos. Tampoco es necesario alardear de ella. Basta que nuestra vida y nuestra palabra brillen con la luz de la verdad y el sabor del amor..  

Dmingo 4 del Tiempo Ordinario (29.1.2023) - Ciclo A

EL EVANGELIO DE LAS PARADOJAS

Bienaventurados vosotros

Estamos en el Monte de las Bienaventuranzas, muy cerca del mar de Tiberiades. Jesús se ha sentado en lo alto para que le pueda ver y oír una gran multitud de gente que ya ha comenzado a preguntarse si no será un profeta. Desde ahora quiere marcar el terreno de juego. Conoce muy bien que quienes le escuchan están esperando un mesías glorioso, rico y poderoso, que convierta a Israel en el amo del mundo. Su mensaje choca frontalmente con esa mentalidad. Pero no tiene miedo en proponérselo a todos, no sólo a unos pocos privilegiados, porque ha venido a dar testimonio de la verdad. Cuando se hace silencio siguiendo el ademán de sus manos, comienza a hablar. “Bienaventurados los pobres de espíritu, los que lloran, los misericordiosos, los pacíficos, los que tienen hambre y sed de justicia, los limpios de corazón, los perseguidos por ser discípulos míos. No es un programa político ni populista. El suyo es un programa que viene a liberar al hombre de los falsos valores que le ofrece el mundo y abrirle, en cambio, a los verdaderos bienes. A veinte siglos de distancia, la historia no le ha desmentido: la felicidad y la verdadera alegría no están en el dinero, ni en pasarlo a lo grande, ni en el placer, ni en tener mucho poder, ni en lograr grandes éxitos. Está en las paradojas que ha presentado hoy Jesús. Pero para entenderlas, no hay que teorizar sobre ellas sino vivirlas siguiendo a Jesús. Que nos lo diga una monja de clausura, un misionero, un padre que gasta su vida por su familia, un médico o una enfermera que se entregan sin reservas. Hagamos nosotros la prueba.   . 

Domingo 3 del Tiempo Ordinario (22.1.2023) - Ciclo A

UN LUGAR DE LA PERIFERIA

“Convertíos, pues el reino de Dios está cerca”

Estamos en Galilea, una zona de la “periferia”, muy lejos de Judea y su capital Jerusalén.  Nos ha traído el evangelista san Mateo, que será nuestro acompañante a lo largo del año nuevo litúrgico que casi acabamos de iniciar. Él procede de esta tierra, lo mismo que Jesús, Quiere que veamos qué hace y qué dice su Maestro en el mismo comienzo de su ministerio. Metido toda la vida entre números y cuantas hasta que fue elegido como uno de los primeros discípulos, quiere que tengamos las cosas claras y conozcamos de primera mano cómo se comporta Jesús: qué hace, qué dice y cómo trata a la gente y desde ahí deduzcamos quién es. En una secuencia global de lugares, palabras y gestos de Jesús, que iremos conociendo con detalle en días sucesivos, encontramos hoy la síntesis: “Convertíos, porque está cerca el Reno de Reino de Dios”, dice una y otra vez en las sinagogas, en las plazas y ante las multitudes que le siguen. entusiasmadas por sus milagros. Ese Reino está tan cerca que está junto a nosotros. Ese Reino no está localizado en un determinado espacio de la tierra ni gobernado por un rey como los que cocemos, El Reino que él anuncia y realiza es él mismo. Sus palabras y sus milagrosas curaciones manifiestan que Dios es cercano, lleno de misericordia con cada ser humano, dador de la vida, vencedor de la enfermedad y de la muerte, portador de una  luz que trae la verdad y disipa las tinieblas de la ignorancia y la mentir. En una palabra: un Dios que realiza la curación integral del hombre. ¿No valdrá la pena acoger a este Dios y a su mensaje?  

Domingo 2 del Tiempo Ordinario (15.1.2023) - ciclo A

UN HORIZONTE ESPERANZADO Y OPTIMISTA

“Este es el que quita el pecado del mundo”

Todos somos pecadores. Los que viven en pisos de lujo y en la calle, los jóvenes y los ancianos, los curas y los seglares, los hombres y las mujeres, incluso los cardenales y el Papa. Todos tenemos la experiencia de habernos propuesto no hablar mal de nadie y a renglón seguido hemos criticado a compañeros y familiares. O hemos decidido levantarnos sin pereza y hacer lo que hay que hacer y, luego, nos ha vencido el calor de las sábanas y el lo haré “luego”, “más tarde”, que tantas veces son sinónimos de “nunca”. Quienes peinan canas quizás pueden añadir que ellos han pasado la vida queriendo ayudar a los pobres y echar una mano a quien la necesitara y han de reconocer que han pasado de largo ante un pobre concreto o ante un necesitado que requería su tiempo. La vida sería inaguantable si no tuviera otro horizonte que nuestros pecados, derrotas y debilidades. Para nuestra fortuna no es así. Jesucristo nos abre a una vida esperanzada y apetecible. Porque, frente a nuestros recurrentes pecados y debilidades, siempre nos ofrece la sonrisa de su misericordia y el abrazo de su paz. El evangelio de hoy lo proclama con reiteración. Él es “el cordero de Dios que quita el pecado mundo”, Él es el que ha cargado con los pecados de todos  y los ha destruido con el amor infinito de su entrega hasta la muerte. A nosotros nos resta presentarle nuestros pecados y pedirle que los destruya y olvide con su amor misericordioso. ¡Qué grande es el sacramento de la penitencia, que es el quirófano en el que Jesucristo mismo realiza esta operación! 

El Bautismo del Señor (8.1.2023) - Ciclo A

EL MAYOR SOLIDARIO DEL MUNDO

“Este es mi hijo en quien me complazco”

Estamos en el río Jordán donde Juan se dedica a bautizar. Jesús ha venido desde Galilea  y se ha puesto en la cola de los que desean bautizare como signo de que están arrepentidos de sus pecados y quieren cambiar de vida. Cuando Jesús está ante Juan, éste le apostrofa: “Soy yo el que necesito que tu me bautices ¿y tú acudes a mí?” Tiene razón Juan, porque Jesús no es un pecador. Se ha hecho igual a nosotros en todo, menos en el pecado. Pero Jesús le corrige y le dice:”Déjalo estar. Conviene que cumplamos toda justicia” Y Juan le bautiza, sin entender el misterio. Juan tenía razón pero Jesús tampoco se equivocaba queriendo presentarse como un pecador. Un día consentiría en ser condenado a muerte y morir en una cruz como “el pecador” que cargaba con todos los pecados del mundo. Era inocente pero asumía, en un acto de suprema solidaridad, que se responsabilizaba de los pecados del mundo para librarlo de esos pecados. Ahora, con su bautismo en el Jordán, hacía una profecía y un adelanto de ese misterio de solidaridad con la humanidad pecadora. El Padre estaba de acuerdo en lo que hacía Jesús: “Este es mi hijo amado en quien me complazco”. Porque él le había enviado al mundo para que, muriendo por los hombres pecadores de todos los tiempos, les devolviese la herencia que les había arrebatado el pecado de Adán y les convirtiera nuevamente en hijos suyos. Todos nosotros somos deudores de ese inmenso don, que se nos concedió el día de nuestro bautismo. Ese día, Jesús, con las aguas del nuevo Jordán de su bautismo, nos convirtió en hijos de Dios.