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LITURGIA DEL VATICANO II

Domingo 24 del Tiempo Ordinario (12.9.20219 - Ciclo B

NO HAY CRISTIANISMO SIN CRUZ

“Tú no piensas como Dios”

*** Estamos en Cesarea, la ciudad que Herodes construyó sesenta kilómetros al norte de Cafarnaún en honor de César Augusto y entregó a su hijo Filipo. Jesús ha venido aquí acompañado de sus discípulos para tomar el camino marítimo camino de Jerusalén. Será su última subida hacia la ciudad santa. Al comienzo del viaje les hace una encuesta sobre cuál es la opinión que tiene la gente de él. Ellos le dan esta respuesta: para unos eres Juan el Bautista, para otros el gran profeta Elías, para otros un profeta. Tras escucharlo, les formula la pregunta de modo directo y personal: “Y vosotros ¿quién decís que soy Yo?” Pedro no duda un momento y responde: “El Mesías”.  Gran respuesta. Pero Pedro tiene una visión muy sesgada. De hecho, cuando a renglón seguido Jesús anuncia claramente y por primera vez que es un Mesías no glorioso sino sufriente, porque “tiene que padecer mucho, ser condenado y ejecutado y resucitar al tercer día”, Pedro lo toma a parte y le hace esta severa recriminación: “Imposible, esto no puede ser” Pedro quiere hacer comprender a Jesús que el camino anunciado es absurdo y no puede seguir pensando así. A pesar de su buena voluntad se convirtió de hecho en un tentador, pues quería apartar a Jesús del proyecto que el Padre le había trazado. Por eso Jesús le contestó con las palabras más duras del evangelio: “¡Apártate de mí, Satanás! Tú piensas como los hombres, no como Dios” Señor, si tuvieras que responderme a mí, tras escuchar lo que pienso de seguirte con la cruz de cada día, ¿tus palabras serían muy distintas a las de Pedro?  

Domingo 23 del Tiempo Ordinario (5.9.2021) - Ciclo B

NUESTRO MUNDO NECESITA A DIOS

Y comenzó a oír y hablar.

Estamos en la Decàpolis, esa región comprendida entre el litoral de Tiro y Sidón y Galilea. Aunque no es tierra judía, hasta aquí ha llegado la fama milagrera de Jesús. Por eso le presentan un sordomudo para que le cure. Jesús acoge con cariño a ese hombre.  le pone saliva en sus oídos y en su boca, dice que se abran y hace que vuelve a la vida. Porque no oír y no hablar aislaba mucho entonces y hoy. Ahora, ciertamente, los audífonos y la cirugía hacen milagros en muchos casos, pero entonces no había esos instrumentos ni esa técnica. Lo que hoy no tenemos y necesitamos es otro tipo de audífonos y  otra cirugía. Porque se han prodigado los sordos y los mudos del alma. Muchos no oyen ya la voz de Dios ni, en consecuencia, pueden hablar de él. Son los sordomudos de esta sociedad que no escucha los gritos silenciosos del niño que pide a sus padres el bautismo y que le trasmitan la fe, ni la conciencia del alumno que, además de conocimientos técnicos, necesita saber de dónde viene y hacia dónde va su vida. No oyen tampoco la voz suplicante del anciano solo y débil que pide un poco de compañía y de cariño, del parado que tiene que sacar adelante a su familia, del pobre que espera una más justa distribución de la riqueza.  Esa sociedad piensa que se basta a sí misma y no necesita a Dios para que el mundo funcione. ¿Pero es verdad que todo marcha igual cuando Dios está ausente de nuestra vida y de nuestra sociedad? Valdría la pena que nos atreviéramos a responder con sinceridad a esta pregunta. Cada uno de nosotros y la sociedad en conjunto. 

Domingo 22 del Tiempo Ordinario (29.8.2021) - Ciclo B

HONRAR A DIOS DE BOQUILLA

“Lo que sale del corazón es lo que hace impuros”

*** El evangelio de este domingo plantea una cuestión que puede parecernos casi ridícula. A saber, si es necesario o no lavarse las manos para comer. Esa fue la pregunta maliciosa y acusatoria que unos fariseos lanzaron a Jesús, al ver que sus discípulos comían sin lavarse antes las manos, contraviniendo la tradición de sus mayores. Sin embargo, la cuestión de fondo es muy otra, pues lo que plantea es algo absolutamente fundamental: ¿cuál es la base que nos permite juzgar nuestro comportamiento? En otros términos: ¿qué es lo que tiene un peso determinante para que nuestra conducta sea buena ante Dios?  Frente a la posición de los fariseos y letrados que lo ponían en la observancia externa de unas tradiciones humanas, Jesús responde: lo que cuenta de verdad es hacer lo que Dios quiere que hagamos y no dejar de lado “el mandamiento de Dios” A lo largo de su vida, dejaría muy claro cuál es ese “mandamiento”: amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo como él nos ha amado. Esto es lo decisivo, lo que realmente cuenta. No se trata de cumplir exteriormente una serie de prescripciones sino de adherirnos desde el corazón a lo que Dios nos pide en cada momento. No honrar a Dios “con los labios”  y tener lejos de él “el corazón” sino prestar nuestra adhesión completa e incondicional a lo que Dios quiere. Ahora que vamos a comenzar un nuevo curso, vale la pena preguntarse y responderse con sinceridad: ¿estoy viviendo como Dios quiere en mi familia, en mi trabajo, en mis relaciones sociales, en mi vida personal, o debo cambiar?  

Domingo 21 del Tiempo Ordinario (22.b.2021) - Ciclo B

EL PRECIO DE LA VERDAD

“Tú tienes palabras de vida eterna”

*** “Quien dice las verdades, pierde las amistades”, reza el refranero. Jesucristo mismo pudo experimentarlo. Acababa de saciar a una multitud  hambrienta con un milagro prodigioso. Luego les había dado una larga catequesis sobre el Pan de Vida, en la que había prometido la eucaristía: “Os daré a comer mi carne. Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, quien no come ni bebe mi sangre no tiene vida eterna”. Al oírlo, muchos discípulos dijeron: Este modo de hablar es una locura, “¿quién puede hacerle caso?” Quedaron completamente decepcionados. Tanto, que san Juan, testigo ocular de los hechos, anota: “Desde aquel día muchos discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con él”. Jesús no rectificó lo que había dicho ni hizo ninguna matización. Lo que había dicho, dicho estaba, porque era verdad: un día daría a comer y beber su carne y sangre, se daría a comer y beber él mismo. Pero no en un sentido material y antropófago sino bajo las especies de pan y vino. Sería una comida y bebida verdadera de su cuerpo verdadero y de su sangre verdadera. Pero sería una comida sacramental. La que hacemos nosotros cuando comulgamos. La eucaristía sigue siendo escándalo para muchos, que sólo admiten una comunión simbólica o dinámica de Cristo: comer a Cristo como “come” a besos una madre a su hijo pequeño, o recibiendo su fuerza, pero no comulgándole a él como Dios y Hombre. Sigamos el ejemplo de los apóstoles, cuando Jesús les preguntó si también ellos se iban a marchar: “¿A quién vamos a acudir? Sólo tú tienes palabras de vida eterna”.          

Asunción de María al Cielo (15.8.2021)

LA GRAN FIESTA DE LA ESPERANZA

“Me felicitarán todas las generaciones”

*** El uno de noviembre de mil novecientos cincuenta Pío XII declaró con la autoridad de Pastor de toda la Iglesia que la “Bienaventurada Virgen María terminado el curso de su vida terrestre, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. Rubricaba así una verdad de fe conocida por la Tradición, afirmada por los Padres de la Iglesia y celebrada en el culto cristiano de todos los tiempos. Se sancionó como dogma de fe lo que había celebrado el culto y la devoción del pueblo de Dios  ¿Qué significa exactamente la Asunción de María al Cielo? Significa que la Santísima Virgen ya está en el Cielo con su cuerpo glorificado, sin necesidad de esperar a la resurrección de la carne al final de los tiempos. Ya ahora está con Dios con su alma y con su cuerpo. Tenía que ser así, porque Dios no podía permitir que “conociera la corrupción del sepulcro la mujer que, por obra del Espíritu Santo, concibió en su seno al autor de la vida, Jesucristo” (Prefacio). La Asunción de María es una derivación de su Maternidad divina: porque fue la Madre de Dios fue glorificada inmediata y plenamente por Dios. Esta glorificación es una primicia. Porque lo que en Ella ya ha tenido lugar, también se realizará en nosotros, la Iglesia peregrina en la tierra. La Asunción es, pues, como participación y derivación de la Resurrección  de Cristo, la fiesta por antonomasia de la esperanza cristiana: la última palabra no lo tiene el Coronavirus, la muerte y el odio. La tiene Dios y con él la vida y el amor. ¡ Sólo por esto vale la pena ser cristiano!         

Domingo 19 del Tiempo Ordinario (8.8.2021) - Ciclo B

BUSCAR EL SENTIDO DE LA VIDA

“Yo soy el pan de la vida”

*** Seguimos por tercer domingo consecutivo con el capítulo sexto del evangelio de san Juan. Los dos anteriores ya nos han preparado para el desenlace al que conducían la multiplicación de los panes y los peces y la primera parte del discurso sobre el pan de vida: la promesa de la Eucaristía. Hoy continuamos esa preparación en espera del domingo próximo. Los judíos sabían que sus antepasados habían sido alimentados eon el maná en su travesía por el desierto hacia la tierra prometida. Sabían también que, a pesar de ello, habían muerto, porque el maná y cualquier otro alimento conservan la vida durante más o menos años, pero contados. Jesús se lo recuerda: “Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron”. Pero no lo hace para restregarles con esa triste realidad sino para hacerles esta gran revelación:”Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre”. Comer ese pan vivo significa creer en él. Pero aquellos oyentes tenían enferma la boca del corazón y no tenían hambre, no querían creer en Jesús, no querían aceptarle como el enviado del Padre y el Mesías Salvador. Y nosotros, ¿tenemos hambre de creer en Jesús, de encontrarnos personalmente con él? ¿Tenemos el hambre de conocer el sentido que tiene nuestra vida y asumir que Jesús es el único que tiene esa clave? Sólo quien se encuentra con Jesús, se encuentra con un horizonte capaz de dar satisfacción a sus ansias de felicidad y razones verdaderas para luchar por la justicia, la paz y el amor a todos sin distinción. ¿Por qué no acoger este mensaje y probar?

Domingo 18 del Tiempo ordinario (1.8.2021) - Ciclo B

MÁS ALLÁ DEL PAN MATERIAL

¿Qué tenemos que hacer?”

*** Estamos en la sinagoga de Cafarnaún. Jesús realizó ayer un prodigioso milagro, al saciar el hambre de una muchedumbre de cinco mil hombres más las mujeres y los niños con unos pocos panes y peces. La gente le busca porque quiere más. Quiere que el milagro continúe. Se queda a medio camino, pensando que lo verdaderamente decisivo es el pan material. Jesús desea que se abran a un horizonte de vida mucho más allá de las preocupaciones diarias de comer, vestir y resolver los problemas materiales. Y se lo dice claramente: “Trabajad no por el alimento que perece sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, trabajad para realizar las obras de Dios”. Ellos cogen el guante y le preguntan: ¿Qué tenemos que hacer para realizar esas obras y “alcanzar la vida eterna?” Su respuesta es la clave de bóveda: “Creed en Mí”.  La fe es lo fundamental. Pero una fe verdadera, es decir, una fe que no es seguir una idea, un proyecto, cumplir unas normas. La fe verdadera es encontrarse con Jesús como Persona viva, dejarse conquistar totalmente por El y su Evangelio.  Nosotros tenemos que preguntarnos hoy: ¿mi fe es así, me he encontrado con Jesús como Persona viva, como alguien que da sentido pleno a mi vida y la modula según sus criterios? Una pregunta que vale también para este tiempo en que muchos reponen fuerzas con las vacaciones. Esto no es malo. Pero es insuficiente. Lo más importante es que crezca nuestra relación personal con Jesús, ir más allá de “una idea sobre Él” y descubrirle como Alguien con el que me relaciono.  

Santiago, apóstol (25.7.2021) - Ciclo B

DE LA AMBICIÓN AL SERVICIO

“Mi cáliz lo beberéis”

En España celebramos hoy la solemnidad de Santiago, apóstol. Porque una tradición que se remonta, cuando menos, hasta san Isidoro de Sevilla, atestigua que vino a España a sembrar el evangelio; y una segunda tradición sostiene que su cuerpo fue trasladado a Santiago de Compostela, donde está su sepulcro. Santiago era hermano de Juan e hijo del Cebedeo, que era un pequeño empresario pesquero, pues tenía más de una barca y jornaleros. Santiago, por tanto, tenía resuelto el futuro. Pero Jesús se cruzó en su vida y le invitó a seguirle. Y Santiago, dejando las redes y a su padre, se fue inmediatamente con él. Jesús le distinguió entre el grupo de tres que presenciaron dos momentos cumbre de su vida: el de su exaltación en el Tabor durante la Trasfiguración, y el de su profunda humillación en el Huerto de los Olivos. Al principio era muy ambicioso, pues se atrevió  a pedir a Jesús que a él y a su hermano Juan les hiciera algo así como Presidente y Vicepresidente del reino que él malinterpretaba en sentido terreno y material. Pero la gracia de Dios hace milagros y, tras recibir el Espíritu Santo el día de Pentecostés, predicó abiertamente  y con valentía que Jesucristo era el Salvador y no dudó beber el cáliz de dar la vida, cuando el rey Herodes mandó matarle. España no se encuentra hoy en la misma situación que cuando él vino a evangelizarla por primera vez. Pero necesita una nueva y profunda evangelización en casi todos sus ámbitos. Ojalá que Santiago nos alcance la gracia de colaborar en ella con la  misma fortaleza y decisión  qué él mostró en la primera.  


 

Domingo 16 del Tiempo Ordinario (18.7.2021) - Ciclo B

UN PLAN DE DESCANSO FRUSTRADO

“Se puso a enseñarles con calma”

“Eran tantos los que iban y venían, que no tenían tiempo ni para comer”. Así era la entrega de Jesús a la gente: absoluta y  mucho más allá de lo estrictamente obligatorio. Pero él y sus apóstoles, al ser hombres –porque Jesús era Dios y hombre perfecto- como cualquiera de nosotros, necesitan descansar. Preparan un plan: “Vamos a la otra orilla” para librarnos de este ajetreo, dice Jesús. Efectivamente, cruzan el lago en la barca y llegan a la otra orilla. Pero se encontraron con algo inesperado: una gran muchedumbre. Adiós plan. Prevaleció el amor y la compasión de Jesús sobre su proyectado descanso. San Marcos puntualiza con su habitual concreción y concisión: “Se puso a enseñarles con calma”. No para cumplir el expediente sino volcándose sobre aquellas gentes “que estaban como ovejas sin pastor”. Julio y agosto son los meses de las vacaciones. Bienvenidas sean, porque Dios quiere que, además de trabajar mucho y a conciencia, repongamos fuerzas síquicas, físicas y espirituales para no romper nuestra salud física o mental. Pero descansar no es ir de acá para allá sin parar. Ni estar un día y otro hasta las tantas sin apenas horas de sueño. Ni meterse en planes que destrozan el matrimonio y la familia. Eso explica que muchos vuelven de vacaciones más cansados que cuando las iniciaron. Por lo demás, si el coronavirus o cualquiera otra eventualidad nos obligan a renunciar a lo que teníamos previsto merecidamente, miremos a Jesús y actuemos en consecuencia. Que también en nosotros prevalezca la ayuda a los demás sobre nuestros planes.  

 


 

Domingo 15 del Tiempo Ordinario (11.7.2021) - Ciclo B

DISCÍPULOS MISIONEROS

“No llevéis nada para el camino”

*** Jesús pudo realizar él solo su misión y su obra. Porque le sobraba poder, sabiduría y bondad. Sin embargo, quiso asociarse un grupo de hombres como nosotros. Lo que  conocemos como “Los doce apóstoles” o “Los Doce”. Desde el primer momento dejaron “sus cosas” y se fueron a vivir con Jesús. Fue muna experiencia previa y decisiva. Porque ellos eran un don nadie por sí mismos. En un momento determinado Jesús les envía como misioneros. De ello habla el evangelio de hoy. Les envía con lo puesto, con lo que necesita un caminante: un bastón, una túnica y unas sandalias. Pero les envía –y esto es lo verdaderamente importante- con este bagaje: su mensaje, su poder y su representación. Han de predicar y demostrar que Dios ha entrado ya en la historia como salvador del hombre. Por eso predican “el Reino de Dios ha llegado”, curan a los enfermos y echan a los demonios. Obedientes al mandato, fueron, hicieron lo que les había mandado y regresaron contando las maravillas que habían salido de sus manos. Ese envío continúa en los bautizados. Cada bautizado es un misionero y no es buen bautizado el que no es misionero. No hace faltar ir a Oceanía o África. El tajo de la misión está mucho más a mano: son tus hijos, tus compañeros de profesión, tus amigos, todos cuantos se entrecruzan en el sendero de tu vida. Si cuando vas a la universidad o al colegio, al hospital, a la fábrica, al banco, al bar, al comercio te sientes y eres misionero, además de ser un cristiano responsable, te sentirás enormemente contento. Porque también Jesús obrará maravillas por tu medio.       

Domingo 14 del Tiempo Ordinario (4.7.2021) - Ciclo B

ATAR LAS MANOS PODEROSAS DE JESÚS

“No pudo hacer allí milagros”

***Estamos en Nazaret. Jesús ha venido con sus discípulos después de un tiempo de ausencia. Llega aureolado con la fama de su predicación y milagros en toda la comarca de la Galilea. El sábado va a la sinagoga que había frecuentado durante más de veinte años. Pero hoy no viene como oyente sino como maestro. El archisingogo le invita a proclamar y explicar la Palabra de Dios. No defrauda a su gente. Al contrario, les deja boquiabiertos. Todos se preguntan: ¿Dónde ha aprendido todo esto?, porque es el hijo de María y el carpintero que todos conocemos. Lo lógico sería acoger el mensaje que les ha propuesto, pero no están dispuestos a aceptar que sea un  mensajero de Dios aquel que ha vivido como ellos hasta hace unos meses. Contra toda lógica, le rechazan: “Se escandalizaban de él”, dice el evangelio. La consecuencia fue muy dolorosa, porque “no pudo hacer allí milagros”. No le fue fácil a Jesús abrirse paso como enviado de Dios y Salvador. Al escándalo de la sinagoga de su pueblo seguiría el de muchos discípulos cuando predicó en otra sinagoga, la de Cafarnaum, el discurso de la Eucaristía. Después vendría el de las autoridades, del pueblo y de los mismos apóstoles. A la Iglesia le pasa otro tanto y también a cada cristiano que quiera seguir de cerca a Jesús. Se les pide realizar cosas espectaculares y se rechaza su mensaje salvador porque va envuelto en debilidades y pecados de sus miembros. Lo trágico sería que la Iglesia, en vez de seguir el ejemplo de Jesús, pretendiera contentar al mundo con un mensaje de gloria y ostentación. 

Domingo 13 del Tiempo Oredinario (27.6..2021) - Ciclo B

LA FE QUE FUERZA LOS MILAGROS

“Basta que tengas fe”

*** El evangelio de este domingo relata dos milagros de Jesús a dos mujeres: una niña de doce años resucitada y una persona mayor curada de una enfermedad incurable. La niña obtiene la salvación por medio de su padre, la otra por su propia actuación. Ninguno de los dos eran discípulos de Jesús, pero ambos tenían fe en aquel hombre. La mujer, una fe inquebrantable: “Con sólo tocar su manto –se decía- me curaré, el padre de la niña una fe titubeante. La niña estaba muriéndose y su padre sólo tenía un remedio: ir a pedir un milagro a Jesús. Cuando Jesús venia a su casa, le comunicaron la muerte de la niña. Y se derrumbó. Jesús lo advirtió y le dijo: “Basta que tengas fe”. La tuvo y Jesús le devolvió viva a su hija. La mujer, en cambio, tenía una fe tan gigante que a pesar de haber gastado inútilmente su hacienda en médicos, creía a pies juntillas que bastaba tocar a Jesús para curarse. Lo hizo, y, efectivamente, se curó. La fe es la que hace los milagros. Nosotros necesitamos milagros. Y con frecuencia se los pedimos a Jesús: la curación de un cáncer, no perder el trabajo, que no quiebre el negocio, y mil cosas más. Está bien que lo  hagamos y a Jesús le agrada y está dispuesto a echarnos una mano si nos conviene. En cambio, pedimos menos o, simplemente, no pedimos cosas de más importancia: que nos aumente la fe y el amor, que sepamos perdonar y olvidar, que regresen a la Iglesia el hijo y la hija que se han alejado de ella, que no quiebre nuestro matrimonio. ¡Ojalá no dejemos de acudir nunca Jesús a pedirle esos y otros milagros!              

Domingo 12 dl Tiempo Ordinario (20.6.2021) - Ciclo B

PERMANECER EN LA BARCA

“Sálvanos, que perecemos”

**** Una barca que se llena de agua y es zarandeada por el viento como una nuez. Un grupo de pescadores de oficio que temen por su vida. Jesús que duerme en la popa sin enterarse de nada. De pronto, alguien que tira de una túnica y da un grito: ¿”No te importa que nos hundamos?”. ¡Vaya si le importa! Tanto, que da esta orden tajante al y al mar: “Cállate” Y viene la calma. Este es el episodio del evangelio de este domingo. Pero falta el rapapolvo de Jesús a sus apóstoles: “Hombres de poca fe ¿por qué habéis dudado?” Quizás más de un cristiano actual vea en este relato un retrato de lo que ocurre ahora en la Iglesia y en el mundo. Las aguas sucias parece que van a acabar con los discípulos de Jesús mientras él duerme como si no pasase nada. No es la primera vez que esto ocurre ni será la última. Porque la Iglesia navega siempre en la historia en medio de dificultades y persecuciones, y el mundo dando la  impresión de que puede más que Dios. ¿Qué hacer? Ante todo, quedarse en la barca. Esto es lo decisivo, porque la barca no es nuestra ni, por  supuesto, de los poderes de este mundo. La barca es de Cristo y Cristo cuida de ella y la defiende, aunque a nosotros nos parezca que duerme. Para permanecer en la barca de la Iglesia es imprescindible seguir rezando el Credo, tener los mandamientos como guía y los sacramentos como ayudas necesarias, recurrir con fe y constancia a la oración, amar a Dios y al prójimo y confiar en Jesús, para que no le obliguemos a que tenga que decirnos como a los apóstoles: “Hombres de poca fe, ¿por qué habéis dudado?”  

Domingo 11 del Tiempo Ordinario (13.6.2021) - Ciclo B

DIOS PUEDE LO QUE NOSOTROS NO PODEMOS

“Llega a ser la más grande entre las hortalizas”

*** La primera vez que vi una semilla de mostaza, quedé muy sorprendido. Pensaba que era pequeña, pero no me imaginaba que para verla casi necesitaba un microscopio. Hace unos días, volvió a sorprenderme. Un compañero me aseguró que él ha sembrado un grano de mostaza en una jardinera y, a pesar de estar en el interior de la vivienda, el vástago mide ya algo más de dos metros. Estos dos datos quizás nos ayuden a entender el evangelio de este domingo. Usando su lenguaje favorito, una parábola, Jesús recurre a la capacidad de desarrollo que posee la semilla de mostaza para explicar el que tiene el Reino que él predicaba. La mostaza es capaz de gran desarrollo a pesar de su pequeñez. Lo mismo sucede con el Reino de Dios. Está formado por personas que no cuentan para el mundo o son tenidos por muy poquita cosa, pero ellas ponen su confianza en la fuerza de Dios, no en sus capacidades. Dios se sirve de ellas para cambiar lo que el mundo considera sus poderes y sus fortalezas. Ciertamente el Reino de Dios requiere nuestra colaboración. Pero la desproporción entre lo que es necesario realizar y nuestra pequeñez es tan grande, que el remedio sólo puede venir de Dios. Dios viene en nuestro auxilio si contamos con él. De este modo, nuestra aparente impotencia tiene asegurado el éxito y sobrepasará todos los obstáculos. Por eso somos optimistas. Dios puede lo que nosotros no podemos. Nuestras capacidades dan una suma insignificante: dos más dos. Pero si añadimos el sumando Dios, el resultado no es cuatro sino el infinito.

Corpus Christi (6.6.2021) - Ciclo B

SIN EUCARISTÍA NO HAY  IGLESIA

“Esto es mi Cuerpo”

“Yo le miro y él mira”, contestó el campesino Juan al cura de Ars, que, intrigado, le preguntó qué hacía en la iglesia, pues nunca le veía mover los labios, cuando entraba al volver de su trabajo. ¡Qué sencillez y qué hondura!: “Yo le miro y él me mira”. Esta es la fe, sencilla pero recia, que mueve las montañas. “Yo le miro y él me mira”, porque él está ahí de verdad. No miro su fotografía ni una imagen como las muchas del Corazón de Jesús que hay en nuestras iglesias. Yo miro al mismo que miraron los apóstoles una vez resucitado. Me mira el mismo que les miró a ellos, el mismo que acompañó a los derrotados discípulos de Emaús, él mismo que veremos cuando vayamos al Cielo. Sabía mejor que nosotros que estamos enfermos, que somos débiles, que planeamos una cosa y hacemos otra, que necesitamos un pañuelo para nuestras lágrimas, una medicina para  nuestras heridas, un alimento para el amino de la vida y un amigo para que nos aconseje y corrija. “Venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor”. Venid, sí, “no le dejéis abandonado” (san Manuel González). Venid, porque nuestra Iglesia tiene que ser mucho más eucarística por parte de pastores y fieles. Venid, porque la gran reforma que planteó el Vaticano II y que tanto necesitamos sólo se hará si nos metemos en el horno de amor de la Eucaristía, para que queme nuestros muchos pecados y nuestra falta de vibración misionera. Hoy, día del Corpus, es una oportunidad de oro para recordar que la Eucaristía es la fuente de donde mana la caridad de la Iglesia y que si esa fuente está seca, la caridad será imposible.    

Domingo de la SS. Trinidad (30.5.2021) - Ciclo B

LA MAYOR DIGNIDAD DEL HOMBRE

“Bautizad y enseñad a todos los hombres”    

*** “Id y haced discípulos míos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu  Santo”. Así concluye el evangelio de este domingo en el que celebramos el misterio de la Santísima Trinidad. Estas palabras, que hasta hace muy poco podían resultarnos lejanas, cobran hoy suma actualidad para nosotros. Porque ya son muchos los niños y los jóvenes de Burgos que no han recibido el bautismo. Tampoco escasean los adultos no bautizados. Ayer mismo bautizaba don Mario en la Catedral a una persona que contraerá matrimonio en breve y hay varios jóvenes que se preparan para lo mismo en otro momento. La tarea que se abre ante nosotros es  apasionante, porque nada es comparable a comunicar a los hombres el misterio del amor de Dios e incorporarlos mediante el bautismo a la familia de Dios. Quien recibe el bautismo queda inmerso y plenamente insertado en el ámbito del poder, de la protección y de la vida del Dios trinitario. Pasamos a ser hijos de Dios. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo nos acogen como algo suyo, algo que les pertenece y han de defender. Con cuánta razón decía san León Magno:”Reconoce, cristiano, tu dignidad”. Nada es comparable con ella. San Agustín lo decía con su acostumbrada elocuencia: “Por vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano. Obispo, nombre de responsabilidad; cristiano, nombre de dignidad”. Los hijos traen siempre alegría a padres y abuelos porque son la continuidad. Los nuevos bautizados renuevan nuestras comunidades y son la continuidad de pastores y fieles.

Pentecostés (23.5.2021) - Ciclo B

UN NUEVO PENTECOSTÉS

“Recibid el Espíritu Santo”

Unos pobres hombres. Sin cultura, tardos para comprender, ambiciosos y cobardes. Eso eran los apóstoles hasta que se abrieron las puertas de Pentecostés y recibieron el Espíritu Santo. Desde ese momento, salen a la plaza pública, predican abiertamente que Jesús ha resucitado y es el Único Salvador, llaman a la conversión y a recibir el bautismo, desafían a las cárceles y a las autoridades que les meten en ellas y marchan por el mundo entonces conocido a proclamar este mensaje. Y, efectivamente, muchos les hacen caso y con ellos plantan la Iglesia en todo el mundo mediterráneo, de Jerusalén a Roma, pasando por Antioquía, Alejandría o Creta. Pentecostés no fue un suceso único que no ha vuelto a repetirse. La historia de la Iglesia atestigua incontables pentecostés. No sólo el que acontece en cada Bautismo y, especialmente, en cada Confirmación, sino a través de los múltiples carismas que el Espíritu ha ido suscitando y suscitará en el futuro. Un anciano era san Juan XXIII cuando convocó el concilio Vaticano II. Impenetrable parecía el bloque de la URSS y diez años después de llegar san Juan Pablo II caía el muro de Berlín y arrastraba las demás fichas del dominó. Hereje le llamaron a san Josemaria cuando predicaba que todos los bautizados podían y debían ser santos, y hoy es doctrina de la Iglesia. Ahora estamos embarcados en una nueva evangelización. A pesar de nuestra pretendida suficiencia, somos unos pobres hombres sin el Espíritu Santo y sólo produciremos hojarasca. ¡Cuánto necesitamos pedir que venga sobre nosotros, y que le sigamos!   

Ascensión del Señor (16.5.2021) - Ciclo B

LA OFERTA CRISTIANA Y LAS DEMÁS OFERTAS

“Id, predicad y bautizad”

****Celebramos hoy la Ascensión del Señor. Poco importa que no podamos cantar ya “tres jueves hay en el año que relucen más que el sol”. El misterio es el mismo que celebrábamos entonces: la glorificación plena de la humanidad de Jesucristo. “El cielo no indica un lugar sobre las estrellas, sino algo mucho más osado y sublime: indica a Cristo mismo, la Persona divina que acoge plenamente y para siempre a la humanidad. Aquel en quien Dios y el hombre están inseparablemente unidos para siempre. Estar el hombre en Dios es el cielo” (Benedicto XVI). La Ascensión de Jesucristo al Cielo no es iniciar una ausencia para siempre sino inaugurar una forma nueva, definitiva y perenne de su presencia. Nosotros, al igual que los apóstoles, hemos de dar testimonio de esto y anunciar a todos que el mismo que nació, murió y resucitó  por nosotros, continúa entre nosotros para ayudarnos a ir a su encuentro, entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios. Lejos de desentenderse de nosotros, sigue activo junto a nosotros para que un día podamos estar para siempre con Él, glorificada nuestra humanidad. Porque no sólo será glorificada e inmortal nuestra alma. Lo será también nuestro cuerpo. Y así, alma y cuerpo, plenamente nosotros, compartiremos su amistad y su presencia, estaremos para siempre con Él. Esta es nuestra meta y nuestra esperanza. Aquí está lo que marca la diferencia con las demás religiones. ¿Cómo no alegrarnos y marchar por el mundo compartiendo este tesoro?   

Domingo 6 de Pascua (9.5.2021) - Ciclo B

AMAR CON AMOR DE MADRE

“Permaneced en mi amor”

*** Pocas palabras han sido peor tratadas que la de “amor”. A pesar de todo, la realidad es tozuda y proclama que amor es dar la vida, es darse. Es lo que dice el evangelio de este domingo, que es la segunda parte de la alegoría de la vid que encontrábamos el anterior. Si entonces Jesús decía que él es la vid y nosotros los sarmientos, y que es imprescindible estar unidos a él para dar uvas, hoy nos dice de qué tipo y calidad han de ser esas uvas. Él, la cepa, tiene una única actividad: amar al Padre y comunicar ese amor hasta dar su vida por nosotros, los sarmientos. Nadie ha hecho tanto. Esto es lo que hemos de recibir y comunicar sus discípulos. Recibir el amor y comunicar el amor, hasta jugarnos la vida. Hay que volver a descubrir el amor de las madres para saber qué es amar de verdad y en qué consiste el amor. Ellas acogen la vida, la cuidan en su seno con múltiples incomodidades, la dan a luz en el dolor, la miman hasta que es capaz de abrirse paso por sí misma, se vuelcan cuando sus hijos están enfermos, sufre cuando ellos sufren y se alegra cuando les ve contentos. Viven sólo para los hijos. Y, cuando son cristianas, les trasmiten la fe y les enseñan a rezar con la sencillez y eficacia con que una fuente dona su agua a quien se acerca. No sé si hay una traducción más fiel del amor de Dios. Sea como fuere, si queremos aprender a amar con obras,  no un día sino todos los días, y no en unas determinadas situaciones sino en todas, hay que mirar a las madres. ¿Cómo sería el mundo si los cristianos tuviéramos ese amor de madre para todos?      

Domingo 5 de Pascua (2.5.2021) - Ciclo B

 

NO ES CUESTIÓN DE ESTRATEGIAS O PROYECTOS

“El que permanece en Mí, da mucho fruto”

“Permaneced en Mí”. Hasta siete veces aparece el verbo “permanecer” en el evangelio de hoy. ¿Por qué esa insistencia de Jesús? Por una razón muy sencilla: porque él es “la vid” y nosotros “los sarmientos”. Y lo explica como lo haría un viticultor de la Ribera: “El sarmiento que no está unido a la vid, no da fruto”. Ni mucho ni poco. Nada. Y concluye: “El que no permanece en Mí, lo tiran fuera, como al sarmiento, y se seca”. El cristiano que quiere dar fruto en la Iglesia y en el mundo necesita estar unido a Jesucristo. Sin Él no vamos a ninguna parte, salvo a la esterilidad e ineficacia. Lo dice con gran fuerza el papa Francisco: amar a Dios y al prójimo “no es fruto de estrategias, no nace de solicitudes externas, de instancias sociales o ideológicas, sino del encuentro con Jesús y del permanecer en Jesús”. Algo similar decía Benedicto XVI: “El secreto de la fecundidad espiritual es la unión con Dios, unión que se realiza sobre todo en la Eucaristía, llamada con razón ‘comunión’”. Es la doctrina que confirma la historia de todos los santos. Lo hemos recordado el pasado jueves al celebrar la fiesta de santa Catalina de Siena, una humilde mujer, seglar y terciaria dominica, sin especiales dotes y sin apenas estudios. Sin embargo, fue capaz de cuadrar al Papa y traerle desde Aviñón a Roma. Es también la historia de los “santos de la puerta de al lado”, es decir, de los santos de la vida ordinaria. Pidamos a la Virgen, que bendiga a las madres en su día y  a todos nosotros en su mes, que eso es mayo.