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LITURGIA DEL VATICANO II

Homilía del domingo por ciclos

Domingo 1 de Cuaresma (26.2.2023) - Ciclo A

 

 

LA APOSTASÍA,  NUESTRO GRAN PECADO

“A él sólo servirás y darás culto”

Desde el primer momento la Cuaresma deja constancia de ser un “tiempo fuerte”. Han pasado sólo cuatro días desde que comenzó0 el pasado Miércoles de Ceniza, y ya nos sitúa frente al personaje más siniestro de la historia. Quiso apartar al mismo Dios-Hombre, Jesucristo, de ser un Mesías pobre, humilde y servidor incondicional y convertirle en un Mesías rico, soberbio y poderoso: “Te daré todo esto –el mundo entero-, si me adoras”. En el Paraíso le dio un resultado óptimo su estrategia, que es siempre la mentira y ofrecer lo que no puede dar. Prometió a Adán y Eva ser como Dios, y lo que les dio fue el dolor y la muerte física y espiritual. Con Jesucristo las cosas le fueron peor. Perdió estrepitosamente los tres asaltos del desierto. Pero no se dio por vencido, y volvió con el mismo objetivo  y la misma táctica en el momento supremo: ”Baja de la Cruz” y todos creerán en ti. Jesucristo no bajó y allí le arrebató las llaves de la muerte y del infierno y las cambió en llaves de perdón y vida eterna. Como era de esperar, sigue empeñado en vencer a los discípulos de Jesús. Ha conseguido grandes victorias. La mayor de los tiempos modernos ha sido la apostasía masiva, el alejamiento general de Dios, el vivir como si Dios no existiera.  La lujuria y la soberbia de creernos dioses omnipotentes son ahora dos de sus grandes recursos. Urge que nos rebelemos contra él y coloquemos nuevamente a Dios en el centro de nuestra vida. Porque Dios es lo único esencial.  El dinero, el placer, el poder, la fama, la belleza física son puro vacío al margen de Dios      

Domingo 6 del Tiempo ordinario (12.2.2023) - Ciclo A

TRES ASUNTOS GRAVES Y ACTUALES

“No matarás

El evangelio de este domingo afronta tres cuestiones de suma gravedad y actualidad: los conflictos con el prójimo, las relaciones con la propia mujer y nuestra actitud con la verdad. Los conflictos humanos no pueden resolverse con la medida extrema de la eliminación del otro. Por eso, el Antiguo Testamento sentenciaba ya: “No matarás”. Jesús va mucho más lejos. Al prójimo no sólo hay que respetarle la vida sino tratarle sin cólera, rencor, violencia física o verbal. El camino que Jesús indica para superar los conflictos  es el del amor y la reconciliación. El trato del hombre con su mujer no puede ser el de un objeto. El matrimonio establece entre el varón y la mujer una comunidad de vida plena, exclusiva y hasta la muerte. Por eso, frente a la práctica generalizada en su tiempo respecto al divorcio, él dice: “El que se divorcia de su mujer, la induce al adulterio  y el que se casa con la divorciada, comete adulterio”. Finalmente, sobre nuestra relación con la verdad, Jesús es muy claro: nuestras palabras han de ser verdaderos. Hoy se habla de postverdad y hasta se justifica. Mentir se ha hecho normal a todos los niveles. Es una muestra más de esta sociedad líquida en que nos encontramos. El asunto es de extrema gravedad, porque si los hombres no podemos ya fiarnos los unos de los otros, se destruye la raíz misma de la convivencia y se abren de par en par las puertas del individualismo más atroz. Urge recuperar la clásica honradez castellana, de modo que nuestra palabra valga más que la firma de cien notarios. “Que vuestro sí sea sí y vuestro no sea no”, dice Jesús.  

Domingo 5 de Tiempo Ordinario (5.2.2023) - Ciclo A

CRISTIANOS EN EL MUNDO DE HOY

“Vosotros sois la sal y la luz del mundo”

Mucho antes que santa Teresa dijera que “Dios también anda entre los pucheros”, el mismo Dios lo demostró. El evangelio de este domingo es un ejemplo elocuente. Jesús, que era verdadero hombre pero, a la vez, Dios, anduvo entre pucheros y recurrió a ellos nada menos que para explicar a sus discípulos cuál era su misión en el mundo. Recurrió al candil que cada atardecer había visto encender a su madre y colocarlo en un recipiente para seguir viendo al llegar la noche. Recurrió también a la sal que su madre y otras personas de su pueblo y alrededores usaban para dar sabor a los alimentos o evitar la corrupción de la carne y el pescado. “Vosotros, les dijo a los apóstoles -y en su persona a todos los que seríamos discípulos suyos- que nuestra misión es la de iluminar y dar sabor al mundo, mediante nuestro testimonio de vida y nuestra palabra. ¿Qué sería la civilización actual si los cristianos nos plegamos a lo que piensa, dice y vive el ambiente pagano en el que nos toca vivir y dejamos de ser sal y luz?. Ese mundo, en efecto, necesita que el sentido común, potenciado por la fe, recupere verdades tan fundamentales como que el hombre y la mujer nacen, no se hacen, aunque se desarrollan; que el hombre ha de ser medido no por su salud, cualidades y rendimiento sino por lo que es; que los hijos son la joya de la corona del matrimonio, que el hombre es siempre superior a los animales. No apaguemos la luz ni la escondamos. Tampoco es necesario alardear de ella. Basta que nuestra vida y nuestra palabra brillen con la luz de la verdad y el sabor del amor..  

Domingo 3 del Tiempo Ordinario (22.1.2023) - Ciclo A

UN LUGAR DE LA PERIFERIA

“Convertíos, pues el reino de Dios está cerca”

Estamos en Galilea, una zona de la “periferia”, muy lejos de Judea y su capital Jerusalén.  Nos ha traído el evangelista san Mateo, que será nuestro acompañante a lo largo del año nuevo litúrgico que casi acabamos de iniciar. Él procede de esta tierra, lo mismo que Jesús, Quiere que veamos qué hace y qué dice su Maestro en el mismo comienzo de su ministerio. Metido toda la vida entre números y cuantas hasta que fue elegido como uno de los primeros discípulos, quiere que tengamos las cosas claras y conozcamos de primera mano cómo se comporta Jesús: qué hace, qué dice y cómo trata a la gente y desde ahí deduzcamos quién es. En una secuencia global de lugares, palabras y gestos de Jesús, que iremos conociendo con detalle en días sucesivos, encontramos hoy la síntesis: “Convertíos, porque está cerca el Reno de Reino de Dios”, dice una y otra vez en las sinagogas, en las plazas y ante las multitudes que le siguen. entusiasmadas por sus milagros. Ese Reino está tan cerca que está junto a nosotros. Ese Reino no está localizado en un determinado espacio de la tierra ni gobernado por un rey como los que cocemos, El Reino que él anuncia y realiza es él mismo. Sus palabras y sus milagrosas curaciones manifiestan que Dios es cercano, lleno de misericordia con cada ser humano, dador de la vida, vencedor de la enfermedad y de la muerte, portador de una  luz que trae la verdad y disipa las tinieblas de la ignorancia y la mentir. En una palabra: un Dios que realiza la curación integral del hombre. ¿No valdrá la pena acoger a este Dios y a su mensaje?  

Domingo 2 del Tiempo Ordinario (15.1.2023) - ciclo A

UN HORIZONTE ESPERANZADO Y OPTIMISTA

“Este es el que quita el pecado del mundo”

Todos somos pecadores. Los que viven en pisos de lujo y en la calle, los jóvenes y los ancianos, los curas y los seglares, los hombres y las mujeres, incluso los cardenales y el Papa. Todos tenemos la experiencia de habernos propuesto no hablar mal de nadie y a renglón seguido hemos criticado a compañeros y familiares. O hemos decidido levantarnos sin pereza y hacer lo que hay que hacer y, luego, nos ha vencido el calor de las sábanas y el lo haré “luego”, “más tarde”, que tantas veces son sinónimos de “nunca”. Quienes peinan canas quizás pueden añadir que ellos han pasado la vida queriendo ayudar a los pobres y echar una mano a quien la necesitara y han de reconocer que han pasado de largo ante un pobre concreto o ante un necesitado que requería su tiempo. La vida sería inaguantable si no tuviera otro horizonte que nuestros pecados, derrotas y debilidades. Para nuestra fortuna no es así. Jesucristo nos abre a una vida esperanzada y apetecible. Porque, frente a nuestros recurrentes pecados y debilidades, siempre nos ofrece la sonrisa de su misericordia y el abrazo de su paz. El evangelio de hoy lo proclama con reiteración. Él es “el cordero de Dios que quita el pecado mundo”, Él es el que ha cargado con los pecados de todos  y los ha destruido con el amor infinito de su entrega hasta la muerte. A nosotros nos resta presentarle nuestros pecados y pedirle que los destruya y olvide con su amor misericordioso. ¡Qué grande es el sacramento de la penitencia, que es el quirófano en el que Jesucristo mismo realiza esta operación! 

El Bautismo del Señor (8.1.2023) - Ciclo A

EL MAYOR SOLIDARIO DEL MUNDO

“Este es mi hijo en quien me complazco”

Estamos en el río Jordán donde Juan se dedica a bautizar. Jesús ha venido desde Galilea  y se ha puesto en la cola de los que desean bautizare como signo de que están arrepentidos de sus pecados y quieren cambiar de vida. Cuando Jesús está ante Juan, éste le apostrofa: “Soy yo el que necesito que tu me bautices ¿y tú acudes a mí?” Tiene razón Juan, porque Jesús no es un pecador. Se ha hecho igual a nosotros en todo, menos en el pecado. Pero Jesús le corrige y le dice:”Déjalo estar. Conviene que cumplamos toda justicia” Y Juan le bautiza, sin entender el misterio. Juan tenía razón pero Jesús tampoco se equivocaba queriendo presentarse como un pecador. Un día consentiría en ser condenado a muerte y morir en una cruz como “el pecador” que cargaba con todos los pecados del mundo. Era inocente pero asumía, en un acto de suprema solidaridad, que se responsabilizaba de los pecados del mundo para librarlo de esos pecados. Ahora, con su bautismo en el Jordán, hacía una profecía y un adelanto de ese misterio de solidaridad con la humanidad pecadora. El Padre estaba de acuerdo en lo que hacía Jesús: “Este es mi hijo amado en quien me complazco”. Porque él le había enviado al mundo para que, muriendo por los hombres pecadores de todos los tiempos, les devolviese la herencia que les había arrebatado el pecado de Adán y les convirtiera nuevamente en hijos suyos. Todos nosotros somos deudores de ese inmenso don, que se nos concedió el día de nuestro bautismo. Ese día, Jesús, con las aguas del nuevo Jordán de su bautismo, nos convirtió en hijos de Dios.

Domingo 1 de enero (1.1.20223) - Ciclo A

FAMILIA, SOCIEDAD Y PAZ

“Encontraron a José, a María y al Niño”

 Acabamos de entrar en un nuevo año acompañados de tres damas muy conocidas: la familia, la paz y la Virgen María. De hecho, ayer, día primero del año, el evangelio giraba en torno a la familia de José, María y Jesús y la Iglesia celebraba la Maternidad divina de María y la Jornada mundial de la Paz. Tres realidades que pueden convertirse en punto de mira para todo el 2023. La familia es el ámbito en el que todos hemos aprendido las cosas fundamentales de la vida: comer, hablar, andar, amar, rezar, compartir, trabajar, gozar, disculpar, convivir, perdonar y un largo etcétera. No en vano la familia es el fundamento de la sociedad y de la Iglesia. O lo que es lo mismo, sin familia no hay sociedad ni Iglesia. De ahí que apoyar y robustecer la familia es fortalecer a la sociedad y, a la inversa, atacarla, dificultarla, destruirla –aunque sea inconscientemente- es minar las bases de la sociedad. Todos tenemos la experiencia de que una familia unida es indestructible y supera todas las dificultades, mientras que una familia enfrentada y dividida arruina los patrimonios acumulados durante siglos. Por eso, la paz familiar y personal, es el cemento que ahorma la sociedad. Por otra parte, nuestra experiencia confirma que la mayor alegría de una madre es que sus hijos se quieran y estén unidos. La Virgen María, que es la más Madre de todas las madres, no es excepción. En ningún hogar cristiano debería faltar una imagen suya y, sobre todo, ninguna familia cristiana debería olvidar acudir a Ella en las alegrías y en las penas. ¡Feliz y santo 2023!            

Domingo 1 de enero (1.1.20223) - Ciclo A

FAMILIA, SOCIEDAD Y PAZ

“Encontraron a José, a María y al Niño”

 Acabamos de entrar en un nuevo año acompañados de tres damas muy conocidas: la familia, la paz y la Virgen María. De hecho, ayer, día primero del año, el evangelio giraba en torno a la familia de José, María y Jesús y la Iglesia celebraba la Maternidad divina de María y la Jornada mundial de la Paz. Tres realidades que pueden convertirse en punto de mira para todo el 2023. La familia es el ámbito en el que todos hemos aprendido las cosas fundamentales de la vida: comer, hablar, andar, amar, rezar, compartir, trabajar, gozar, disculpar, convivir, perdonar y un largo etcétera. No en vano la familia es el fundamento de la sociedad y de la Iglesia. O lo que es lo mismo, sin familia no hay sociedad ni Iglesia. De ahí que apoyar y robustecer la familia es fortalecer a la sociedad y, a la inversa, atacarla, dificultarla, destruirla –aunque sea inconscientemente- es minar las bases de la sociedad. Todos tenemos la experiencia de que una familia unida es indestructible y supera todas las dificultades, mientras que una familia enfrentada y dividida arruina los patrimonios acumulados durante siglos. Por eso, la paz familiar y personal, es el cemento que ahorma la sociedad. Por otra parte, nuestra experiencia confirma que la mayor alegría de una madre es que sus hijos se quieran y estén unidos. La Virgen María, que es la más Madre de todas las madres, no es excepción. En ningún hogar cristiano debería faltar una imagen suya y, sobre todo, ninguna familia cristiana debería olvidar acudir a Ella en las alegrías y en las penas. ¡Feliz y santo 2023!            

Domingo 4 de Adviento (18.12. 2022)- Ciclo A

EL AMOR A MARÍA ES UNA NECESIDAD

“La creatura que hay en ella viene del Espíritu Santo”

Hoy, cuarto domingo de Adviento, es la antesala del momento en el que la Santísima Virgen nos entregará al Hijo que lleva en sus entrañas. Eso explica que todas las liturgias occidentales de la Iglesia, a medida que se acercaba Navidad, intensificasen la presencia de María. La liturgia romana, por ejemplo, asignó los evangelios de la Anunciación y de la Visitación al miércoles y viernes anteriores al ayuno de la Navidad. La ambrosiana dedicó el cuatro domingo a la Expectación del parto. Esta parece que era también la costumbre de la antigua liturgia española. Dado que ese domingo podía caer el 18, el 19 o el 20 de diciembre, esa fiesta mariana carecía de un día fijo para su celebración. Cuando el 1 de diciembre del 656 se convocó el X Concilio de Toledo, los obispos españoles pensaron que había llegado el momento de fijar ese día y darle el mismo rango que a la Navidad. Apoyados por la presencia y prestigio de san Ildefonso, quien todavía no era obispo, los padres conciliares establecieron que “el día octavo antes de Navidad del Señor se convierta en un día solemne y glorioso dedicado a su Madre. Tendrá la misma dignidad que la fiesta de la Natividad del Hijo. Porque ¿qué es la fiesta de la Madre sino la Encarnación del Verbo? La una, pues, tiene que ser tan solemne como la otra”. Impecable argumentación. Así comenzó a celebrarse en España el 18 de diciembre la fiesta que el pueblo llama “La Virgen de la O”, y que es la Expectación del parto. Por María nos llegó el Salvador. Amarla es, pues, una ineludible necesidad

Domingo 2 de Adviento (4.12.2022) - Ciclo A

UN MENSAJE SIEMPRE ACTUAL

“Detrás viene otro que es más que yo”

Estamos en el desierto, próximos a Jerusalén y al Jordán. Una voz resuena como un trueno y atrae como un gran imán. Viste como un pastor paupérrimo y se alimenta con saltamontes y miel silvestre. Se llama Juan. Su mensaje es un grito: “Preparad el camino del Señor” y “confesad vuestros pecados”. Son incontables los que se arrepienten y reciben un bautismo de agua en el Jordán, como signo de penitencia. Vienen incluso fariseos y saduceos, las dos clases religiosas más influyentes. A Juan no le tiembla la voz: “¡Raza de víboras, dad frutos dignos de penitencia”, cambiad vuestro corazón.  Esa misma voz resuena hoy una vez más. No en las orillas del Jordán sino en nuestras casas, en nuestros lugares de trabajo y de diversión, en nuestras idas y venidas de un lugar a otro. Cambian el lugar y las personas pero su mensaje es el mismo: “Preparad el camino del Señor” que llegará en la ya próxima Navidad. Pero preparadlo de verdad, adentrándoos en vuestro corazón. Porque es ahí donde residen los deseos más hondos, las aspiraciones más profundas, las decisiones más importantes, las opciones más radicales. Que no os engañen los demonios de la hipocresía, de la superficialidad, del egoísmo, de la lujuria o de la pereza. Es muy probable que todos nos sintamos interpelados y que debamos acoger su mensaje: “Dad frutos de penitencia”, confesad vuestros pecados en el sacramento de la penitencia y abrid vuestros corazones a Cristo. Es en él, y sólo en él, donde encontraréis la verdadera paz, la auténtica alegría, el ansia de ser amados, en una palabra: la felicidad.         

Domingo 1 de Adviento (27.11.2022) - Ciclo A

TIEMPO DE RELOJ Y TIEMPO CRISTIANO

“Estad vigilantes”

Vino, vendrá, viene. Estos tres tiempos del mismo verbo expresan el meollo del nuevo tiempo litúrgico que hoy comenzamos: adviento. Jesucristo, en efecto, ya vino en la humildad de nuestra carne, como recordaremos en Navidad. Vendrá, además, al final de los tiempos. Entre la una y la otra viene continuamente a nuestro encuentro en los acontecimientos de la vida, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad, en el trabajo y en el descanso, en la familia y en los amigos, en los migrantes y en los nativos, en los pobres y en los necesitados, en la misa dominical y en la oración, en una palabra: en esa trama de personas, acontecimientos y realidades que conforman nuestra vida. Ahí viene y ahí hemos de encontrarle. Porque –como decía san Josemaría- “o lo encontramos ahí o no lo encontremos nunca”. Por eso insistía en que “hay algo divino” detrás de todas las realidades buenas y nobles que “es preciso descubrir”. El trabajo, la familia, los amigos, el deporte, visitar a un enfermo, ser generoso en la limosna para ayudar a los que no llegan o llegan con grandes apuros a fin de mes, todo eso es ocasión para encontrar a Jesucristo. Este es el tajo donde hemos de emplearnos a fondo en este tiempo de adviento. Más aun, durante todo el año litúrgico. Porque el año de los cristiano no es un mero paso del tiempo que mide nuestro reloj, sino presencia y acción de Dios que viene a nuestro encuentro pasa salvarnos. Que la Virgen Inmaculada, la primera gran protagonista del adviento, abra nuestros ojos para que descubramos a su Jesús en la vida de cada día.       

Domingo 34 del Tiempo Ordinario. Jesucristo Rey del Universo (20.11.2022) - Ciclo C

UN REY Y UN REINO MUY EXTRAÑOS

“Acuérdate de mí, cuando estés en tu reino”

“Jesús Nazareno,, el Rey de los judíos”. Asi lo proclama el título de la condena que Pilato ha ordenado escribir en hebreo, latín y griego para que todos sepan quién es el que esta crucificado entre esos dos malhechores. Sí, es rey, porque él se lo ha dicho a Pilato, mientras le aseguraba que daba “testimonio de la verdad” ¡Entraño rey!  Porque está ahí por el grito condenatorio de una notable multitud de los incluidos en el título de su condena, que han preferido al asesino y ladrón Barrabás y para él vociferaron “crucifícalo, crucifícalo”. Todavía en este momento se mofan de él y le desafían a que baje de la cruz si es el Hijo de Dios, como  se ha proclamado. Lo mismo hacen los soldados que le han clavado e incluso uno de los bandidos que están a su lado. Sin embargo, por extraño que parezca, es precisamente ahora, al permanecer en la cruz y entregar voluntariamente su vida, cuando alcanza la cumbre de su realeza. Porque es ahora, mientras entrega su vida por amor, sin excluir a nada ni a nadie, cuando libera del pecado y de la muerte a todos y a todo. Y puede entregar a su Padre “un reino eterno y universal, un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de amor y de paz”. Es ahora cuando se convierte en el Señor de todos y de todo. También de nosotros. Gracias a ello, todos podemos hacer propia la oración del buen ladrón:”Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino” y tener la posibilidad de escuchar un día de sus labios misericordiosos: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”. ¡Qué dicha pertenecer a este rey y a este reino!.     

Domingo 32 del Tiempo Ordinario (6.11.2022) - ciclo C

EL MENSAJE ESPECÍFICO DE LOS CRISTIANOS

“No es Dios de muertos sino de vivos”

Pablo ha llegado a Atenas. la ciudad de la sabiduría. Tiene ansias de dar a conocer a Jesucristo. Hoy irá al Areópago con esta finalidad. Ha preparado a conciencia su discurso. Consciente de que habla a paganos y no a judíos, el punto de arranque no es la Sagrada Escritura sino lo que sus oyentes conocen por su razón y cultura. Durante unos minutos los miembros del Areópago le escuchan con verdadero interés. Cuando piensa que ha logrado la captatio benevolentiae, el interés de sus oyentes, desvela su mensaje:. “la muerte no tiene la última palabra, la última palabra la tiene la vida”. El menaje no puede ser más positivo y atrayente, pero los areopagitas quedan profundamente decepcionados No es el mensaje de un sabio sino el de un charlatán de feria, piensan. Y le apostrofan: “de esto te escucharemos en otro momento”. Pensaban lo mismo que los saduceos del evangelio de este domingo y lo mismo que mucha gente de hoy. después de la muerte no habrá nada. Pero Jesús desbarató su posición con un tajante “estáis muy equivocados” y esta poderosa razón: “Dios no es un Dios de muertos sino de vivos”. Pablo sufrió  un fuerte desengaño, pero, lejos de desanimarse, se prometió: “En adelante predicaré únicamente a Jesucristo muerto y resucitado”. Y cumplió su palabra. Su mensaje sería insistente: “Si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe, vana es nuestra predicación. Pero Cristo ha resucitado. Y nosotros resucitaremos con Él”. Este es el gran mensaje de los cristianos. Más aún, nuestro mensaje propio y específico. El que nos distingue de todos.

Domingo 31 del Tiempo Ordinario (30.10.2022) - Ciclo C

LA FUERZA DEL AMOR MISERICORDIOSO

“Hoy ha sido la salvación de esta casa”

Estamos en Jericó, ciudad cosmopolita, multiétnica y rica en dinero y vicios. Aquí vive Zaqueo. Es “publicano”, es decir, recaudador de impuestos. Es muy rico, porque es el “jefe” de todos los de su oficio que hay en la ciudad. Todo el mundo le conoce y considera “pecador público”, pues cobra los impuestos para el poder invasor: Roma. Con todo, no es una manzana completamente podrida. En el hondón de su alma hay una cierta nostalgia de Dios, una cierta nostalgia del bien. Por eso, al oír que Jesús se encentra en la ciudad para subir a Jerusalén, corre a subirse a un árbol para verle, porque es muy pequeño de estatura.  Cuando llega Jesús, se detiene y le dice: “Zaqueo, baja enseguida porque quiero comer contigo en tu casa”. El escándalo que se monta es más que mayúsculo. Jesús lo sabe, pero arriesga. Y gana la partida. Ya en casa, en un momento del convite, Zaqueo se pone en pie y dice a Jesús: “Mira, si a alguno he robado, le devolveré el doble y al que haya estafado, le devolveré cuatro veces más”. El amor de Dios, hecho misericordia sincera, ha derretido la miseria de Zaqueo. Jesús apostilla: “Hoy ha sido la salvación de esta casa. También éste es hijo de Abrahán”. Todos somos un poco o un mucho Zaqueo, aunque no seamos  ricos ni recaudadores de impuestos. Todos, también, llevamos en el fondo del alma la nostalgia de Dios, la nostalgia de una vida recta, de una existencia que valga la pena. Hoy pasa Jesús junto a nosotros y nos ofrece su amor misericordioso. ¡Ojalá lo acojamos con el mismo gozo y sinceridad que el Zaqueo de Jericó!

Domingo 30 del Tiempo Ordinario (23.10.20222) - Ciclo C

¿MISIONEROS EN BURGOS?

“El que se ensalza será humillado”

Oración humilde y misión. Estas palabras resumen el contenido de este domingo. De la oración humilde habla el evangelio, de la misión, la efeméride que celebramos hoy: el DOMUND. Durante varios domingos Jesús nos ha hablado de la oración. Sin ir más lejos, el último nos decía que nuestra oración ha de ser perseverante, santamente tozuda. Hoy nos invita a que no recemos como un fariseo, que se jactaba ante Dios de ser mejor que los demás, sino como un publicano, que suplicaba: “Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador”. El fariseo, cuya actitud es repelente incluso desde el punto de vista humano, salió del Templo peor que había entrado, mientras que el publicano salió reconciliado con Dios. Nos interesa mucho tener esta actitud para que el Señor nos conceda la gracia de convertirnos en misioneros y así celebrar adecuadamente el DOMUND. Si hasta hace pocos años “misionero” se identificaba con el sacerdote, religioso o religiosa que marchaban a Oceanía, Asia o África para anunciar que Jesucristo es el único Salvador, hoy, gracias a Dios, está más o menos asumido que todo bautizado es un misionero y que los países otrora cristianos hoy son, en gran medida, tierra de misión. Nuestro arzobispo -en su primera y reciente carta pastoral dirigida a los sacerdotes, religiosos y fieles laicos- informa que en nuestra diócesis se bautiza el 53% de los que nacen y casi un 40% de los adultos de menos de 45 años se declaran ateos, agnósticos o increyentes..Por eso urge a convertirnos en “Iglesia en estado de misión” efectivo. ¡Dios quiera trocarlo en realidad!

Domingo 29 del Tiempo Ordinario (16.10.2022) - Ciclo C

SANTAMENTE TOZUDOS

“Os digo que hará justicia sin tardar”

Respiración del alma. Fuerza de los débiles. Riqueza de los pobres. Éstas y muchas cosas más se han dicho y escrito de la oración cristiana. El evangelio se une a ese coro de ponderación y expone sus cualidades. El de este domingo es un ejemplo concreto. Jesús se refiere a una que considera indispensable: la perseverancia. La oración de sus discípulos ha de ser tan santamente tozuda como fue una viuda con un juez corrupto, que se negaba a hacerla justicia. Como punto de partida llevaba todas las de perder. Porque el juez no temía a Dios ni sentía respeto por nadie. Frente a ese poder altanero, ella que, con los huérfanos, representa en la Biblia la categoría más necesitada y pobre. Sus posibilidades de ser atendida son nulas. Sin embargo, insiste una y otra vez y logra que aquel juez sin conciencia termine haciéndole caso para que deje de importunarlo. Concluye Jesús: Dios, que es la bondad y misericordia personificada, que es nuestro Padre y no desea más que nuestro bien, ¿cómo dejará de escucharnos? Pero Jesús exige que no nos cansemos de pedir, que insistamos un día y otro y que lo hagamos con plena confianza en que Dios nos escuchará. Es un mensaje de esperanza y consuelo para tantas madres, para los sacerdotes, los que están pasando un momento muy duro,  los que no tienen nada ni nadie al que agarrarse, los que quieren cambiar el mundo de verdad y sin violencia y se sienten desbordados por los problemas reales y angustiosos,  los que aspiran a ser santos de verdad. Pero ¿tendremos la fe-confianza que pide Jesús?  ¿Nos fiaremos incondicionalmente de Dios?.

Domingo 28 del Tiempo Ordinario (9.10.2022) - Ciclo C

LEPRA CORPORAL Y DEL CORAZÓN

“Tu fe te ha salvado”

Contagiosa e incurable. Eso era la lepra en tiempos de Jesús. Por eso los leprosos eran apartados de la familia y del pueblo, y debían vivir en el campo. Cuando alguno tenía la suerte de curarse, debía acercarse a los sacerdotes para que le liberaran de una última cadena: “la impureza ritual”. Un día, mientras Jesús entraba en una aldea, diez leprosos le pidieron a gritos que les curara. Jesús se compadeció y les dijo: “Id a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, uno advirtió que estaba curado y no se pudo resistir: volvió sobre sus pasos y vino hasta Jesús para darle gracias. No era judío sino extranjero. Jesús sintió el desagradecimiento de los otros nueve y preguntó: “¿los otros dónde están? Y, dirigiéndose al leproso curado, le dijo: “Vete, tu fe te ha curado”. Hoy la lepra del cuerpo, afortunadamente, es una enfermedad vencida. En cambio hay otra lepra todavía incurable y sumamente contagiosa: es la  lepra del pecado. Esa lepra, que corroe el corazón de las personas, de las familias y de la sociedad, y deforma su rostro humano y espiritual es la lepra del orgullo y del egoísmo que engendran la indiferencia, el odio y la violencia. Está tan extendida, que muchas personas, familias y sociedades son apenas reconocibles. Jesús puede curarla. Sólo su amor misericordioso puede hacerlo. Puede y quiere. Sigue con las mismas buenas disposiciones y deseos que en el caso de los diez leprosos del evangelio de hoy. ¿Tendremos nosotros las mismas ansias de curación que tuvieron ellos? ¿Nos atreveremos a gritarle con el corazón: “Jesús, ten piedad de nosotros?     

Domingo 27 del Tiempo Ordinario (2.10.22) - Ciclo C

HACER POSIBLE LO IMPOSIBLE

“Auméntanos la fe”

Fe y humildad. Para ser más precisos: eficacia de la fe y necesidad de la humildad. Estas son las dos enseñanzas del evangelio de hoy. La eficacia de la fe es tan grande, que  hace posible lo imposible. Un  hombre no puede trasladar un árbol porque diga: “Arráncate y plántate en el mar”. Sin embargo, en el evangelio de hoy dice Jesús a sus discípulos: “Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: arráncate de raíz y plántate en el mar. Y os obedecería” No son palabras absurdas ni falsas. La vida de los santos está llena de “imposibles hechos posibles” por su fe ciega en el amor y el poder de Jesús. La fe de la que el Señor habla hoy es precisamente ésta: fiarse de él, acogerlo, seguirlo sin reservas, dejar que nos trasforme. Abrahán era muy viejo y estaba casado con una mujer estéril cuando Dios le promete darle una gran descendencia. Se fió y se la dio. A la Santísima Virgen el ángel Gabriel le anunció que sería madre sin dejar de ser virgen. Se fió y el Espíritu Santo la fecundó sin mancillar su virginidad y se convirtió en verdadera Madre de Dios. Quizás comprendemos la enseñanza de Jesús observando lo que hacen las madres. Si un hijo está desesperado por sus deudas y acude a su madre, sabe que ella le sacará del atolladero si está en su mano. No duda que hará posible lo que para él es imposible. Los apóstoles habían visto muchos imposibles hechos realidad por esa fe ciega que tanta gente tenía en Jesús. Por eso, le dicen hoy: “auméntanos la fe”. Bonita jaculatoria para que tú y yo la repitamos muchas veces...Sobre todo si estamos apurados..

Domingo 26 del Tiempo Ordinario (25.9.2022) - Ciclo C

LUJO Y MISERIA

“Que escuchen la Ley y los Profetas”

¿Qué le sucede, después de morir, a un rico que vive en el lujo y a un pobre que no tiene dónde caerse muerto? Esta es la gran cuestión que afronta el evangelio de este domingo. La respuesta es tajante: “Murió el pobre y fue llevado al seno de Abrahán”, es decir, al Cielo, “murió también el rico y fue sepultado en el infierno, en et tormento”. Esta gran cuestión se agudiza porque es irreversible, no tiene posibilidad de enmienda. Lo dice también el evangelio. Cuando el rico pide a Lázaro que le saque de allí o, al menos, que alivie sus dolores, Lázaro le responde:”es imposible”, porque no se puede pasar de aquí a donde tú estás ni tú puedes salir de ahí. Por si fuera poco, todavía hay una tercera aclaración. Cuando el rico pide que envíe a alguien que avise a sus cinco hermanos para que eviten su suerte, se le responde: “que escuchen la Ley y los Profetas”, porque si a éstos no les hacen caso, tampoco se lo harían a un muerto que resucitase para decírselo.  En nuestra sociedad de consumo desenfrenado y, a la vez, de gran pobreza, quizás valga la pena responderse con sinceridad a esta pregunta: Desde el uno de junio hasta el uno de septiembre de este año, ¿cuánto he gastado en bares, comidas extras, bebidas caras, salas de fiesta, viajes de mero placer, y cuánto he dado a Cáritas o a la parroquia para hacer frente a las necesidades de tantos? El evangelio siempre nos lleva al fondo de las cosas. Hoy son incontables los que no se preguntan “qué hay después de la muerte y cuál es el sentido de la vida”. Pero son cuestiones eternas y que nos afectan a todos. Queramos o no.

Domingo 24 del Tiempo Ordinario (11.9.2022) - Ciclo C

LA ALEGRÍA DE VOLVER A CASA

“Alegraos conmigo”

El evangelio de este domingo es un canto a la misericordia de Dios con nosotros y una puerta abierta a la esperanza. No en vano contiene tres parábolas que muestran la actitud amorosa de Dios cuando nos alejamos de él. Él actúa como un pastor que tiene cien ovejas  y una se descarría. No se queda indiferente ni la recrimina en sus adentros. Va en su busca y, cuando la encuentra, no la golpea con la cachava sino que la carga sobre sus hombros y se alegra con sus amigos por haberla encontrado. Él es también un padre con dos hijos, uno de los cuales se va de casa, malgasta su hacienda, se hunde en la miseria física y moral, pero un día recapacita y vuelve a casa. Su padre no le cierra la puerta. Tan pronto como lo ve, sale a su encuentro, se le cuelga del cuello, le come a besos, siente pena al ver su calzado y su ropa, le calza y le viste y manda preparar una grana gran fiesta, porque su hijo ha vuelto a casa. No es difícil verse retratado en la oveja perdida y en el hijo que se ha marchado de casa. Quien más quien menos, todos nos hemos alejado,, de la casa paterna de Dios y  le hemos dado muchos disgustos con nuestro comportamiento. Pero él no se ha cansado de ser nuestro Padre y de sentir una inmensa alegría si volvemos a su casa, que es la única donde se puede vivir y morir a gusto. Ahora que recomenzamos una nueva etapa y el trabajo de cada día, Volvamos a la casa de Dios. volvamos a la misa del domingo, volvamos, sobre todo, a la confesión. Ahí nos espera el Padre para darnos el abrazo del perdón y luego invitarnos al banquete de la Eucaristía.