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LITURGIA DEL VATICANO II

Homilía del domingo por ciclos

Domingo 27 del Tiempo Ordinario (8.10, 2023) Ciclo A

¿PUEDE EUROPA CORTAR SUS RAÍCES CRISTIANAS?

“Se os quitará a vosotros el Reino de Dios”

La síntesis de la historia del primer Pueblo de Dios descrita bajo la forma de la parábola de una viña arrendada a unos labradores descrita en tres actos: el arriendo, la respuesta de los labradores respecto al cobro de la renta por los enviados del dueño y el juicio de éste sobre ellos. Eso es el evangelio de hoy. La viña fue Israel, a quien Dios eligió como Pueblo suyo esperando muchos y buenos frutos. Pero muchos de ese Pueblo quebrantaron reiteradamente el Decálogo. Dios no se canso de enviarles profetas y hombres santos invitándoles a la conversión. Incluso mandó a su propio hijo. Y a todos los rechazaron y al hijo lo mataron. Ante tanta ingratitud Dios eligió otro pueblo, la Iglesia, con judíos y gentiles de todos los tiempos. Parte importante de ese Pueblo es lo que hoy llámanos Occidente, del que Europa forma parte. Occidente acogió y respondió durante siglos, dentro de múltiples pecados, pero se arrepentía de ellos y Dios derramó abundantísimos bienes de todo tipo sobre ella. Pero la Europa de los últimos siglos se ha cansado de Dios y le ha  ido orillando cada vez más. Hoy le ha echado de las instituciones y de la vida pública de modo clamoroso. ¿Puede Europa correr la suerte de las florecientes comunidades cristianas del norte de África y Oriente medio hoy casi desaparecidas? Los profetas de Dios: el Papa, los obispos, tantos hombres sabios y santos que la llaman a volver a sus  caminos sin renunciar a todo lo bueno adquirido, son despreciados y perseguidos. ¿Meter la cabeza bajo el ala es lo más inteligente?      

Domingo 25 del Tiempo Ordinario (24. 8. 2023) - Ciclo A

SIEMPRE ESTAMOS A TIEMPO

“Id también vosotros a mi viña”

En tiempos de Jesús, los jornaleros del campo se situaban cada día en la plaza para ofertar su trabajo y ajustar un jornal. De esa estampa se sirvió él para la parábola de este domingo. Un rico propietario salíó a contratar obreros al romper el día, a las nueve, a mediodía y al atardecer. A todos les dijo lo mismo: “Id a trabajar a mi viña”. Llegada la hora de pagar, comenzó por los que habían trabajado poco más de una hora y les dio un denario, que era el jornal de todo el día. Al verlo los de la mañana, pensaron que su jornal sería notablemente mayor, dado que habían soportado el peso del día y del calor. Pero les dio un denario. Cuando protestaron, él les contestó: “¿No habíamos quedado en que el jornal era un denario?” Toma lo tuyo y vete, pues con lo mío puedo hacer lo que quiera. ¡Qué suerte para nosotros que tuviese esta reacción! Todo se aclara, sabiendo que el propietario es Dios y que la viña es el Cielo. Él quiere ardientemente que todos vayamos allí. Por eso, sale en nuestra búsqueda al comienzo de la vida, cuando somos jóvenes, al llegar a la madurez y cuando estamos recorriendo el último tramo de la vida. La oferta no varía: “Quiero que vayas al Cielo”. También ahora. Siempre, por tanto, estamos a tiempo. No importa que hayamos estado lejos de él durante años, incluso hasta el atardecer de la vida o el último momento. Si nos arrepentimos y nos confesamos, él nos dará el denario del Cielo. No porque lo hayamos sudado sino porque es bueno. Inmensamente bueno. “Todo es gracia”. Dejemos que Dios use su lógica de Padre, no la nuestra.           

Domingo 24 del Tiempo Ordinario (17.9.2023) - Ciclo A.

NOS INTERESA PERDONAR

¿No debías haber hecho lo mismo?

Unos cien millones de los euros actuales era la deuda de un criado con su rey, y unos tres mil euros lo que un compañero le debía a él. El rey le perdonó la inmensa deuda, cuando le suplicó que tuviera paciencia y se lo pagaría todo. Cabía esperar que él hiciese lo mismo con su compañero, cuando le prometió pagarle la deuda. Pero su reacción fue maltratarle y llevarle a la cárcel hasta que le pegara. Cuando el rey se enteró de su conducta, le echó en cara su modo de proceder y le metió en la cárcel hasta que devolverá toda la deuda, algo que excedía completamente las posibilidades del deudor. Esta es la síntesis de la parábola del evangelio de hoy, que Jesús propuso a Pedro, como respuesta a esta pregunta: “si mi hermano me ofende ¿tengo que perdonarle siempre?” La parábola vale más que mil razonamientos sobre el perdón de las ofensas. La entendemos todos y nos la aplicamos cada uno con facilidad, conscientes, como somos, de que el deudor del rey –de Dios- somos tú y yo, que le hemos ofendido infinidad de veces y siempre nos ha perdonado cuando le hemos pedido perdón, mientras que nosotros podemos empeñarnos en no perdonar a un hermano, vecino o compañero lo que nos parece imperdonable por su gravedad, por su reiteración o por las dos cosas. A veces, se puede pasar la vida entera recomidos de rencor y odio y sin gustar el gozo de perdonar. Por eso es de suma importancia reflexionar sobre la conclusión que sacó el mismo Jesús, cuando todavía podemos rectificar: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano”.

Doingo 21 del Tiempo ordinario (27.8-3023) - Ciclo A

LA GRAN PREGUNTA

“Tú eres el Hijo de Dios vivo”

El evangelio de hoy nos sitúa ante la pregunta más importante que se nos puede formular: “Tú, ¿quién dices que soy yo?” El que la hace no es un cualquiera sino el mismo Jesucristo. No vale que respondamos a través de lo que dicen los libros o los medios de comunicación. Ahí se pueden encontrar repuestas semejantes a las de quienes escuchaban a Jesús mientras predicaba: que es un gran hombre, un modelo de vida, un superestrella, equivalente actual de lo que decía “la gente” de entonces: “un profeta” o “Juan el Bautista”, cuya vida todos habían admirado. En los libros y en los medios de comunicación podemos encontrar opiniones elogiosas sobre Jesús. Pero Jesús no se contenta con ellas y nos dice como a los apóstoles: eso dice la gente, pero vosotros ¿quién decís que soy Yo? Sólo hay una respuesta. La de Pedro: “Tú eres el Hijo de Dios vivo”. Pedro había dado en el clavo, no porque fuera más listo que “la gente”. No. Pedro responde así, por lo que le replica Jesús: “Bienaventurado tú, Simón, porque eso no te lo ha dado a conocer nadie de carne y sangre –ningún hombre- sino mi Padre que está en los Cielos”. Sin fe es imposible saber quién es Jesús. Y la fe no es fruto del estudio o de una conducta honrada. La fe es un don de Dios. Y, por ser don, algo inmerecido. El camino a través del cual suele llegar ese don es la Palabra de Dios acogida y respondida, y la humildad. Porque Dios se revela a los sencillos, no a los autosuficientes que no necesitan de él. ¡Qué humanidad tan distinta sería la nuestra, si acogiese a Jesús como su Salvador, según confesó Pedro!      

Domingo 20 del Tiempo Ordinario (20.8.2023) - Ciclo A

LA FE QUE MUEVE MONTAÑAS

“Mi hija tiene un demonio muy malo”

Impresionante. Esta es la palabra más adecuada para calificar el evangelio de este domingo. Jesús está en territorio de paganos, no entre los suyos. Mientras camina con sus discípulos, una mujer comienza a gritarle: “Hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija tiene un demonio muy malo”. Jesús sigue caminando sin hacerle caso. Ella también sigue gritando. Más aún, acelera el paso, se pone delante de él, se postra de rodillas y le repite su petición. “No está bien dar a los perros el pan de los hijos”, le contesta Jesús. Ella está de acuerdo, pero en un arranque de madre replica: “Es verdad, pero los perros también comen las migajas de las mesas de sus señores”. Jesús se da por vencido y le contesta desde el corazón: “Mujer qué grande es tu fe, que se haga como deseas”. Y curó de inmediato a su hija. ¡Ya me gustaría a mí, siendo como soy sacerdote, que Jesús me dijera otro tanto cuando le pido por las personas que me exige el ministerio, por mis familiares y amigos y por mí. Con todo, esta mujer debe ser, para mí y para todos –sobre todo para las madres-, un estímulo y un manantial de confianza para seguir pidiendo, aunque sea de modo menos perfecto que el de ella; y para no desanimarnos nunca si el Señor se hace el sordo y da la impresión de no hacernos caso. Nos quiere demasiado para obrar así. Quíen ha dado la vida por nosotros, no puede luego ser mezquino en ayudarnos. Pidamos, gritemos si es preciso, insistamos aunque el caso nos parezca desesperado. Él sólo quiere ponernos a prueba y templar nuestra fe. La perseverancia es garatía de éxito.          

Domingo 19 del Tiempo Ordinario (13-8.2023) - Ciclo A

TEMPESTADES Y PRESENCIAS

“Señor, sálvame”

La barca de Pedro en medio de una fuerte tormenta en Genesaret y Jesús que viene desde el monte en su auxilio y calma la tempestad. Este es el resumen del evangelio de hoy. San Mateo, autor del relato, pudo pensar en la pequeña Iglesia de su tiempo, agitada por el viento contrario de la historia y de la que Jesús parecía estar ausente. Quizás nosotros pensemos en nuestra Iglesia, al verla en medio de las fuertes olas interiores y exteriores que la zarandean y de la que Jesús parece estar ausente. El evangelio de hoy nos trae un mensaje de consolación y confianza. La barca de la Iglesia no se hunde, porque no es nuestra sino de Cristo. Ciertamente nosotros hemos entrado en ella con el bautismo y en ella permanecemos a pesar de nuestras flaquezas y debilidades. Pero cuando nosotros subimos –mejor, cuando nos subieron, cuando nos bautizaron- fue Cristo quien lo hizo. Luego él ha seguido ayudándonos con su gracia para mantenernos en ella. No somos nosotros los que salvaremos a la Iglesia del naufragio. Será Cristo, de quien es propiedad. La historia demuestra que muchas veces los vientos contrarios parecían acabar con ella. ¡Cuántos la han enterrado en a largo de los siglos, pues había “llegado a su fin”! Pero fueron ellos los que desaparecieron y la Iglesia siguió adelante. También ahora sucederá lo mismo. Pasarán las modas de pensamiento y de acción y quienes las defienden. Pero la Iglesia proseguirá su singladura hasta el final del mundo. Quizás tengamos el mismo miedo y la misma falta de fe de Pedro. Ojalá gritemos como él: Señor, sálvame, sálvanos

Trasfiguración del Señor (Domingo 18 Tiempo ordinario. 6.8.2023) - Ciclo A)

¿QUIÉN ES JESÚS?

“Este es mi Hijo: escuchadle”

Estamos en el Monte Tabor. Jesús ha subido aquí con sus tres más íntimos: Pedro, Santiago y Juan. Pocos días antes les ha dicho que en Jerusalén le matarán pero que luego resucitará. Hoy quiere ofrecerles el anticipo de su futura gloria, darles a conocer quién es realmente y prepararles para superar la terrible prueba de la pasión y comprender bien el hecho luminoso de la resurrección. De pronto, su rostro se hace resplandeciente como el sol y sus vestidos brillantes como la luz Se presentan Moisés y Elías, máximos representantes de la Antigua Alianza, testificando así que toda ella está orientada hacia Jesús. Por si fuera poco, se oye la voz de Dios Padre que dice: “Este es mi Hijo, el amado, en quien tengo mis complacencias. Escuchadle”. Dios se da conocer en Jesús: él es el Padre de Jesús, Jesús es su Hijo, no un mero hombre, aunque su apariencia sea como la de un hombre cualquiera. Es Dios, como él. Por su parte, Jesús también da a conocer a los tres apóstoles su verdadero rostro: no es un simple predicador o un realizador de prodigios. Es el Hijo de Dios. Entregará un día su vida, pero lo hará voluntariamente y, tres días después, con su Resurrección probará que verdaderamente es Dios e Hijo de Dios. Este gran misterio nos manifiesta que lo que Dios quiere para nosotros se nos revela en la Persona de Jesús. Quien quiera vivir según la voluntad del Padre, ha de escuchar a Jesús, acoger sus palabras y, con la ayuda del Espíritu Santo, profundizarlas y vivirlas.  La escucha del Evangelio y su asimilación es obligada. La misa del domingo es nuestra gran oportunidad.

Domingo 17 del Tiempo ordinario (30.7.2023) - Ciclo A

EL VERDADERO TESORO

“Vendió todo y compró aquel campo”

Un labrador que encuentra un tesoro, un comerciante que descubre una joya especial y un pescador que saca sus redes del mar con toda clase de peces. Estos son los protagonistas de las tres parábolas del evangelio de hoy: el tesoro escondido en el campo, la perla preciosa y las redes que arrastran peces buenos y malos. De ellas se sirvió Jesús para explicar a sus oyentes, pescadores y labradores en su mayoría, la excelencia del reino de Dios. Ese Reino vale más que todas las tierras del labrador y más que todos las perlas del joyero. Por eso ellos reaccionaron con inteligencia y sentido común al adquirir el campo del tesoro y la perla. Un día presencié cómo un campanero decía a otro profesor: “Por fin me he enterado hoy qué es el Reino de Dios”. Mi colega replicó: “Veo que hemos leído el mismo artículo”. Efectivamente, ambos habían leído un escrito del sabio Ratzinger que decía: “El Reino de Dios es el mismo Cristo”. A La luz de esa sencilla y luminosa explicación, se comprende bien que el Reino de Dios, es decir, Jesucristo, valga más que todos los campos, todas las perlas, todos los tesoros del arte, de la ciencia, de la técnica, más que todos los placeres. Por eso obran con mucha inteligencia los que hoy “venden todo”, incluido el futuro y lo que él depare, para responder a la llamada que Jesús les hace a seguirle en el matrimonio, en la vida consagrada, en el sacerdocio, en el celibato apostólico en medio del mundo. Al final de su vida, cuando Jesús verifique el contenido de sus redes, serán elegidos, mientras que los irresponsables serán desechados.  

Domingo 15 del Tiempo Ordinario )16.7.2023) - Ciclo A

SEMENTERAS Y COSECHAS

“Dio el ciento por uno”

¿Quién no ha oído hablar de la famosa parábola del sembrador? Si alguno la desconociera, hoy tiene la posibilidad de conocerla y deleitarse en ella. Como todos sabemos, un labrador salió a sembrar sus fincas con la misma semilla e idéntica ilusión. Una tierra era tan mala, que la semilla saltó al caer en ella. Otra tierra era buena, pero sin fondo, por lo que la semilla nació pronto pero se secó enseguida. La tercera era muy buena, pero tenía tantos cardos y espinos que la ahogaron.  Por último, sembró una tierra muy buena y muy agradecida, y lo sembrado se multiplicó por treinta, sesenta y hasta cien veces. Para hacernos una idea, una fanega produjo treinta, sesenta e incluso cien fanegas. ¿Por qué esta deferencia si la semilla fue la misma en todos los casos? Por la calidad y disposiciones del terreno. Aunque no lo parezca, Jesús está retratándose. Él es el sembrador que siembra con ilusión la semilla de su Palabra en los corazones de la gente. Algunos la oyen pero no la acogen; otros la acogen con alegría pero son inconstantes; otros son de muy buena pasta, pero los asuntos de este mundo les atrapan de tal modo que se olvidan quiénes son, a dónde van y para qué hacen lo que hacen. La tierra que produce fruto abundante son los que escuchan, acogen, cuidan y perseveran en poner en práctica la Palabra. Así reaccionaron los oyentes de Jesús: con rechazo, acogida sin perseverancia, seguimiento fiel y duradero. Tú y yo ¿qué clase de tierra somos, qué actitud adoptamos respecto al mensaje y, sobre todo, a la Persona de Jesucristo? ¿Qué tenemos que cambiar o confirmar?

Domingo 14 del Tiempo Ordinario (9. 7. 2023)- Ciclo A

SABIOS Y HUMILDES

“Has revelado estas cosas a los pequeños”

Un pueblecito de la montaña leonesa realizaba su  tradicional procesión eucarística desde la iglesia parroquial hasta una ermita no lejana. Detrás del sacerdote que llevaba la custodia iban dos profesores de una famosa universidad española de teología. En un determinado momento observaron que una viejecita se arrodillaba en el suelo, poco antes de que el Santísimo pasara delante de ella. Hizo  el gesto con tal fuerza de adoración, que uno de ellos se dirigió al otro en estos términos: “Esta es teología, no la que tú y yo explicamos en la cátedra”. Me ha venido la anécdota a la cabeza, cuando he leído el evangelio de hoy, donde Jesús dice estas palabras: “Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos de este mundo y se las has revelado a los pequeños”. Manifestaba así lo que ya había experimentado. Su mensaje era acogido con alegría y entusiasmo por la gente sencilla, mientras que muchos “sabios y entendidos”, que detentaban el poder político o se llamaban “doctore de la ley”, lo rechazaban, incluso con  violencia. No es que la fe sólo florezca donde reina la incultura. Baste recordar hombres tan sabios como san Pablo, san Agustín, san Isidoro. santo Tomás de Aquino o el papa Benedicto XVI. Bendita sea una fe lo más ilustrada posible. Pero la fe es un don de Dios, no una consecuencia de saber mucha teología o sagrada Escritura. Y ese don se acoge por el camino de la humildad, no de la soberbia intelectual. Santo Tomás, cuando escribió su tratado de la Eucaristía, pasaba horas ante el sagrario pidiendo sabiduría.     

Domingo 13 del Tiempo Ordinario (2.7.2023) - Ciclo A

PARADOJAS DEL EVANGELIO

Quien por Mí da un vaso de agua, no quedará sin recompensa

El mayor amor de los padres son sus hijos y el mayor amor de los hijos son sus padres. Sin embargo, puede ocurrir, y yo conozco más de un caso, que los padres rompan radicalmente con sus hijos, cuando alguno decide ser sacerdote, religiosa o dedicarse enteramente a Dios en medio del mundo. ¿Esos hijos no quieren a sus padres cuando se ven en la alternativa de seguir la vocación que Dios les asigna y las expectativas de sus padres? Todo lo contario, les aman con toda su alma y sufren un verdadero drama cuando deben elegir. Hoy pueden ser más frecuentes estas situaciones, porque es mucho menor el número de hijos y los padres siguen anhelando tener nietos y que alguien prolongue su apellido después de su muerte. La misma situación dolorosa, aunque agravada, se crea cuando muchos cristianos se ven hoy en la alternativa de perder la vida, la honra y la carrera o traicionar su fe, y eligen lo primero. Pero nadie piense que los que siguen su vocación y los que son fieles a su fe se sienten desgraciados. Más bien sucede lo contrario. ¡Son las paradojas del evangelio de este domingo!: “El que encuentra su vida, la perderá, y el que pierde su vida por Mí, la encontrará”. Es el grano de trigo, que si se conserva en el granero se queda estéril, pero si se pierde –si se siembra y muere- da fruto abundante. A Dios no le gana nadie en generosidad y si recompensa al que da un vaso de agua por amor suyo ¿qué no pagará al que se da a sí mismo y lo que más quiere? Hagamos la experiencia de quemar las naves del egoísmo y de la cobardía. Vale la pena.

SANTÍSIMA TRINIDAD (4.6.20213 Ciclo A

Evangelio

QUIÉN ES DIOS

Dios envió a su Hijo al mundo para salvarlo

Todos cocemos la anécdota, más ejemplarizante que real, de san Agustín y el niño. Mientras el obispo de Nipona recorría la playa dándole vueltas al misterio de la Santísima Trinidad, un niño acarreaba con una concha el agua del mar y la echaba en un hoyo. Intrigado, le preguntó qué hacía. A lo que el niño respondió: quiero meter toda el agua del mar en este pozo. El santo esbozó una sonrisa, mientras musitaba: ¡es imposible! A lo que el niño replicó: Más  imposible es que tú quieras meter en tu cabeza la inmensidad de Dios.  Pero san Agustín era suficientemente inteligente para decir que, como Dios no cabía en su cabeza, Dios no existía. Sería  negar que el mar  existía porque no cabía en el pozo del niño. Hoy, celebramos el domingo de la Santísima Trinidad. Ese misterio que tantos aprendimos de muy pequeños: Un solo Dios y tres personas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. ¡Cuantas veces hemos recitado el Gloria y hecho la señal de la Cruz diciendo “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”. Con esas tres palabras comenzó nuestra vida cristiana en el bautismo y las usa el sacerdote en el sacramento de la Penitencianos. Hoy podríamos repetir esta oración tan sencilla: “Creo, espero y amo a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo” Pero, volviendo a la anécdota, nos preguntamos; ¿cómo definir a Dios?. Él mismo nos ha dejado la respuesta en una carta del discípulo amado: “Dios es amor”. Dale vueltas a esto pero personalízándolo; “Dios me ama”, Sí, me ama aunque no lo merezco. Me ama porque es amor y no sabe hacer otra cosa que amar.

Domingo 6 de Pascua ( 14.5.202023) -- Ciclo A

NO ESTAMOS HUÉRFANOS

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos

Seguimos en la última Cena. Jesús se está despidiendo de sus discípulos. .Éstos sienten el desgarro de la separación y se preguntan qué será de ellos a partir de ahora sin la presencia física y la protección del Maestro. Jesús les consuela: “No os dejaré huérfanos”. Y les asegura: “Volveré”. Mientras tanto, pediré al Padre que os envíe otro defensor: el Espíritu Santo. Pero les hace esta gran encomienda: “Permaneced en mi amor”. Y les entrega la clave para saber si le aman o no: “Si me amáis, guidaréis mis mandamientos”. Guardar los mandamientos de Jesús es aceptar no sólo lo que les agrada o se compagina con su modo de ver las cosas, sino acoger todo su mensaje y dejarse guiar por él todos los días y en todas las situaciones y circunstancias en que se encuentren. No es cuestión de mero sentimiento o de escueta afectividad sino de escuchar sus Palabras y tratar de seguirlas. No basta contentarse con ir a misa el  domingo para cumplir sino ir a misa para encontrarnos con Jesús, escuchar su Palabra, acogerla en nuestro corazón y, al salir, llevarla a nuestra vida personal, familiar, profesional y social. Ser discípulo de Jesús es también mucho más que nuevas estrategias, nuevos planes, nuevos proyectos, nuevos horizontes. Todo esto viene “después”. Lo primero es amar, pues el que ama es muy creativo y sabe buscar y encontrar los modos de trasmitir el mensaje. “Jesús es el futuro”, decía recientemente el papa Francisco. Ese es el horizonte, la meta, el verdadero objetivo hacia el que dirigirse. ¡Él es el mensaje que hemos de vivir y trasmitir!!   

Domingo 4 de Pascua (30.4.2023) - Ciclo A

LA SOLDADA DEL PASTOR

“Yo soy el Buen Pastor”

“Mil veces que naciera, mil vecs volvería a ser sacerdote”, me confidenció un día uno de mis mejores amigos. Y, sin que me diwra tiempo para preguntarle por qué, añadió: “He sido inmensamente feliz”. Le dije que yo pensaba lo mismo. Después recordamos nuestros primeros años en el seminario de León, donde combatíamos el frío corriendo alrededor del claustro y metiendo los pies calientes en el “fole”, un pellejo de cordero tan rudimentario como eficaz. Le recordé la “limosna” semanal que me daba cuando yo terminaba la hogaza que nos hacía la Panificadora Leonesa. También recordamos su Vespa y mi Guzzi, con las que recorríamos nuestros pueblos. La preparación y celebración de las primeras comuniones, las visitas frecuentes a los enfermos y  a las escuelas, las catequesis de niños y tantas cosas que componen el “día a día” de alguien que quiere a su gente, saluda, sonríe, echa una mano, confiesa, reza el rosario en el mes de mayo, da mil sencillos pero eficaces consejos, celebra la misa cada día y prepara bien la homilía del domingo. Me gusta recordar estas cosas cuando llega el presnte domingo del “Buen Pastor”. En el fondo, eso es un sacerdote: alguien que intenta cuidar a sus ovejas. Con limitaciones, defectos y pecados, pero con la ilusión de entregarles su vida y así ser feliz. Pidamos hoy al Señor que nos envíe muchos y santos sacerdotes, algo que está al alcance de todos. Y, vosotros, jóvenes, si oís la llamada del Buen Pastor, seguidle. Nunca os arrepentiréis. Un día comprobaréis en vuestra vida la verad de lo que decía mi amigo: He sido inmensamente feliz.

Domingo 3 de Pascua (23.4.2023) - Ciclo A

LA TABLA DE SALVACIÓN

“Le reconocieron al partir el pan!

Hundidos y decepcionados. Así se encontraban dos caminantes que se dirigían a Emaús la tarde del primer domingo de la historia. Jesús de Nazaret se había manifestado poderoso en obras y palabras pero había sido crucificado por sus enemigos. Su fe en él se había derrumbado. Mientras rumiaban su desilusión, el Resucitado sale a su encuentro aunque no le reconocen. Les explica con entusiasmo que eso estaba anunciado por los profetas y los salmos. Al escuchar su palabra, su corazón se reaviva. Cuando entra a cenar con ellos, se da a conocer. Renace la alegría de vivir. Desandan, ahora cuesta arriba y de noche, los once kilómetros que les separa de Jerusalén porqae tienen necesidad de comunicárselo a los apóstoles. Estos dos caminantes son el espejo de muchos cristianos de hoy, especialmente de cierta edad. Ante la nueva situación del matrimonio y de la familia, de las leyes contrarias a la vida, de los que ya no se casan o descasan, de los que no piden el bautismo para sus hijos, de las terribles injusticias que persisten, del relativismo intelectual y moral tienen la sensación de que Jesucristo y la Iglesia no caben en este mundo y se cuestionan si tiene sentido ser cristiano. Jesús sale también ahora a su encuentro con la Palabra que les dirige cuando participan en la eucaristía de cada domingo. Esa reunión dominical con los que creen lo mismo que ellos, escuchar la Palabra de Jesús y sentarse a su mesa ss su tabla de salvación. Si perseveran, seguirán como discípulos de Jesús. ¡Él está vivo y vive entre nosotros, aunque, a veces, no lo reconozcamos!    

DOMINGO DE LA RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (9.4.2023) - Ciclo A

UNA OFERTA EN EXCLUSIVA

“Resucitó, no está aquí”

Nadie lo había hecho antes. Nadie lo hace ahora. Nadie lo hará en el futuro. Jesucristo es el único que ha vencido a la muerte. Murió, sí, y fue sepultado, porque era hombre verdadero. Pero con la misma certeza puede demostrar que su cuerpo sepultado volvió a la vida. Más aún, a una vida que ya no podrá  perder de nuevo, porque ha entrado en el más allá del tiempo y del espacio. Este es el trofeo que le corresponde en exclusiva y a perpetuidad. Él no vino a la tierra para construir casas, hospitales y universidades aunque, ciertamente, lo harían sus discípulos. Vino a realizar algo incomparablemente más grande: establecer una ciudad nueva y eterna sin casas, universidades y hospitales, porque en ella  no existirá ya llanto ni dolor sino alegría, paz y amor para siempre. El triunfo de Jesucristo ha sido tan rotundo, que con él y por él hemos resucitado todos los que queramos incorporarnos a él por el bautismo. Los cristianos también resucitaremos. Lo proclamamos hasta con el nombre del lugar donde enterramos: cementerio, que se traduce por dormitorio. Lo profesamos cuando cantamos con fe: ¡Acuérdate de Jesucristo Resucitado de entre los muertos, él es  nuestro gozo, él es la esperanza, él es la salvación! Esta es y sería siempre nuestra oferta. Nadie más puede hacerla con garantía de éxito. Por eso vale la pena ser cristiano. Por eso vale la pena recibir el bautismo. Por eso vale la pena ir detrás de Jesucristo mientras recorremos esta vida. Alegrémonos, por tanto, en este día maravilloso de la Resurrección de Jesucristo y de la resurrección futura que nos aguarda.

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (2 de abirl de 2023) - Ciclo A

¿SEMANA CRISTIANA O DE APARIENCIAS?

“Bendito el que viene en nombre del ´Señor”

Hoy, “domingo de Ramos”, los cristianos  celebramos desde siempre la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Con él damos comienzo a nuestra Semana Mayor, como la califica justamente la liturgia; porque en ella “se celebran los más grandes misterios de nuestra redención”: la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor. La semana, por tonto, más cristiana de todo el año. Mientras escribo estas cosas, le ha faltado tiempo a mi corazón para encararse con mi mente: ¿Los cristianos de hoy celebráis esta semana como cristianos o como paganos? ¿Vuestras procesiones y ritos son manifestaciones transidas de fe o manifestaciones culturales, en el mejor de los supuestos? ¿Los paganos y ateos que os observen durante estos días, se sentirán atraídos hacia vuestra fe o se confirmarán en su indiferencia y escepticismo religioso? Son preguntas que me martillean y cuestionan desde hace tiempo. No seré yo quien postule la desaparición  de la Semana Santa, de sus procesiones, de sus ritos. Pero hay que tener valentía suficiente para preguntarnos con sinceridad si esperamos estos días para divertirnos más o para disponer de más tiempo y posibilidades de acompañar al Señor en la misa del Jueves Santo, en el Monumento, en la celebración de la Pasión del Viernes Santo y en la gran solemnidad de la Vigilia Pascual. Cuánto me agradaría que quien ahora me lea, pueda decirme el próximo domingo: he celebrado santamente la semana santa: la inicie sin estar a  bien con Dios y hoy gozo de su amistad. Me he confesado y comulgado. He resucitado a una vida nueva.

Domingo 5 de Cuaresma (26. 3. 2023) - Ciclo A

TODOS SOMOS LÁZAROS

“Tú hermano resucitará”

Estamos llegando a la cumbre de la Cuaresma. Dentro de ocho días entraremos en la Semana Santa y, al final, celebraremos la Resurrección del Señor. Hoy nos topamos ya con su profecía, en el impresionante relato de la resurrección de Lázaro. Cuando llegó Jesús a Betania, donde tantas veces había estado hospedado en casa de los hermanos Marta, María y Lázaro, se encuentra con que éste lleva ya cuatro días enterrado. Como era un verdadero amigo, reacciona como los buenos amigos: se echa a llorar. Al verle llorar, Marta se atreve a decirle: “Si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermanos”. Jesús le responde: “Tu hermano resucitar´” Pide que le lleven a la cueva donde está el muerto y manda quitar la losa que lo cubre. Marta, siempre tan preocu0pada por todo, hace una nueva indicación:,“Ya huele”, Pero Jesús puede más que la muerte y grita: “Lázaro, sal fuera”. Y Lázaro, salió vivo. Lázaro muerto y resucitado es un símbolo muy nuestro. Cuando fuimos bautizados, estábamos muertos por el pecado original, pero Jesús –que es quien bautiza por el ministro- nos devolvió la vida que nos habían arrebatado nuestros primeros padres.  Lo mismo ha ocurrido siempre que hemos recibido el segundo bautismo, que eso es el sacramento de la penitencia. Si estábamos muertos por los pecados mortales, tras confesarlos y arrepentirnos, el mismo Jesucristo -por medio del sacerdote- nos dice: “Yo te absuelvo de tus pecados”, y nos devuelve la vida de amistad con Dios. Alejada de Dios, la vida “huele mal”, es muy triste y pesada. Vale la pena recuperar la alegría del perdón con la confesión.   

Domingo 4 de cuaresma (19. 3. 2023) - Ciclo A

¿SIGUE ENCENDIDA NUESTRA LÁMPARA?

“ Fui, me lavé y recobré la vista”

Agua, luz, vida. Estas son las tres últimas etapas del itinerario bautismal que recorremos al final de la Cuaresma. El agua la encontramos el domingo pasado con la Samaritana. La vida la encontraremos el próximo. La luz la encontramos hoy en el evangelio del ciego de nacimiento. Los tres están tomados del llamado “Libro de los signos”, del evangelio de san Juan, libro al que es preciso acercarse siempre con una doble mirada. La histórica, que deja constncia de los hechos, y la teológica, que descubre lo que está detrás de esos hechos. La Iglesia actual acentúa las dos. Por eso, en el evangelio de hoy ve un milagro prodigioso: un ciego de nacimiento, al que Jesús unta sus ojos con barro, le manda lavarse con el agua de la piscina de Siloé y obtiene la vista. A la vez, descubre que el ciego es una persona no bautizada, el agua de la piscina es el agua del bautismo, y quien le manda lavar y le da la luz de la fe es Cristo, ¡Qué bien lo entenderán los adultos de la diócesis que recibirán el bautismo, la confirmación y la eucaristía durante la próxima Vigilia Pascual, cuando el obispo les diga, al entregarles un cirio encendido en el Cirio Pascual: “Habéis sido trasformados en luz de Cristo. Caminad siempreo como hijos de la luz, para que, perseverando en la fe, podáis salir con todos los santos al encuentro del Señor” A nosotros nos las dijeron, a través de nuestros padres y padrinos, cuando nos bautizaron. Preciosas palabras para un sincero examen de conciencia y un no menos sincero propósito de avivar esa luz de la fe  y comunicársela a otros  .

Domingo 2 de Cuaresma (5.3.2023) - Ciclo A

GRAN PRUEBA PARA EL CRISTIANO ACTUAL

“Este es mi Hijo”

Estamos en el monte Tabor. Jesús  ha subido con sus discípulos predilectos: Pedro, Santiago y Juan. Pero no para una excursión sino para darles una lección muy difícil de entender y más todavía de asimilar. La enseñanza es ésta: Él será un día despreciado, aparentemente vencido por sus enemigos y muerto por ellos en una cruz. Tras esta primera secuencia de derrota y de cruz, vendrá otra de exaltación y de gloria. Ellos las van a contemplar al revés: primero le verán morir en la cruz mientras sus enemigos se burlan y desafían a bajar. Después, le verán triunfador de la muerte. Pero sólo después. Para ese trance tan duro, quiere prepararles hoy, dándoles una prueba anticipada: sin despojarse de ser hombre, les muestra que es Dios. Por eso su rostro, sus vestiduras, Moisés y Elías, la voz del Padre, que le llama Hijo Predilecto, no son de este mundo. Una vez impartida la lección, bajan al llano, pero con el encargo de guardar secreto hasta que tengan lugar los acontecimientos. Los cristianos de este momento necesitamos asimilar esta lección. Hoy nos toca ver despreciada, vilipendiada y perseguida nuestra fe. Sin contar los escándalos que nos han causado quienes menos cabía esperar. Todo nos invita a la huida y al abandono. Pero es más necesario que nunca ser hombres y mujeres fieles y de esperanza. Después de esto surgirá una Iglesia más auténtica, más de Cristo y tan atractiva que a ella vendrán a cobijarse tantos y tantas hastiados de falsas promesas de felicidad y ahítos de soledad y tristeza. Avivemos la esperanza y la fe: tras la cruz viene la gloria.