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LITURGIA DEL VATICANO II

Homilía del domingo por ciclos

Domingo 5 de Cuaresma (17.3.2024) - Ciclo B

EL CAMINO PARA DEJAR HUELLA

“Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”

El próximo domingo es “Domingo de Ramos en la Pasión del Señor”. Con él nos adentraremos cada vez más en el misterio de la pasión y muerte del Señor. La Iglesia desea que no seamos extraños espectadores sino verdaderos actores de tan gran misterio. Por eso quiere prepararnos ya desde este domingo con un evangelio en el que Jesucristo se compara a un grano de trigo que cae en la tierra y que, destruyéndose, se multiplica. La tierra en la que ese grano cae, no es como las que siembran nuestros labradores sino la cruz. El grano que en ella se siembra y se destruye con la muerte es el cuerpo de Jesús. Quien lo vea desde fuera –con ojos humanos-, puede pensar que él ha sido un malhechor o un vencido incapaz de librarse de sus enemigos. Pero quien lo contempla con ojos de fe, descubre que es su  triunfo y su glorificación. Entregando su vida por amor, realiza el plan de salvación que el Padre le había encomendado y reconcilia con Dios a todos los hombres de todos los tiempos. Él mismo se lo que dice a Andrés, cuando éste le ruega que reciba a unos griegos que quieren hablar con él: “Cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí”. El grano de trigo destruido, se ha multiplicado de modo extraordinario. Cuando dentro de tres días vuelva a la vida resucitado, su gloria y exaltación llegará a la cumbre. Quienes somos sus discípulos, no tenemos otro camino si queremos dejar huella en nuestro paso por este mundo. Para ser fecundos hay que hacerse grano de trigo que se entrega por amor un día y otro hasta que Dios nos llame a su presencia.

Domingo 4 de Cuaresma (10.3.2024) - Ciclo B

NICODEMO, UN PERSONAJE ACTUAL

“Dios envió su Hijo al mundo para salvar al mundo”

Estamos en el meridiano de la Cuaresma. Eso explica que el evangelio de este domingo nos presente ya la realidad y las consecuencias de la muerte de Jesucristo en la Cruz. Lo hace a través de un personaje muy actual: Nicodemo. Este hombre era miembro del Sanedrín, Consejo Supremo Judío en materia religiosa y política. Era un hombre de bien. Había visto y escuchado lo que hacía Jesús y se sentía atraído por él. Pero no lograba superar las dificultades del ambiente, que era contrario a Jesús. Por eso acude a él no cuando pueden verle todos sino por la noche, teniendo como único testigo la oscuridad. Jesús no le rechaza ni le reprocha su miedo al qué dirán. Le acoge y le descubre que ha venido al mundo no para condenarlo sino para salvarlo. Pero es preciso dejarse salvar, dejar que el amor hasta el extremo de la cruz penetre en su corazón y lo trasforme con su fuerza. Si le acoge con fe y acepta esa oferta de amor infinito, todo lo demás será un camino andadero. Nicodemo es un ejemplo típico de muchos hombres y mujeres de hoy. Tienen miedo al qué dirán quienes le conocen si le ven entrar en una iglesia, decir que quiere ser creyente, volver a la misa del domingo, confesarse. Quizás le convenga hacerse a sí mismo esta reflexión: ¿qué enfermo desahuciado dejaría de ir a un médico que con toda certeza le devolvería la salud? Jesús es ese médico. Él ha dado su vida para curarnos de nuestras enfermedades del espíritu y hacernos felices. ¿Dejaremos de acudir a él en el sacramento de la penitencia para que nos cure y devuelva la alegría?    

Domingo 3 de Cuaresma (3.3. 2024) - Ciclo B

EL TEMPLO DE JERUSALÉN Y LOS NUESTROS

“Mi casa es casa de oración”

Suele ocurrir con frecuencia. Cuando hay dinero de por medio, hasta lo más sagrado termina por corromperse. Así había sucedido en el Templo de Jerusalén. La venta de animales y el cambio de moneda que comenzaron para facilitar los sacrificios y limosnas, se habían convertido en un mercado. Cuando Jesús presenció ese espectáculo bochornoso, hizo un látigo de cordeles y comenzó a hacer limpieza. Echó a los animales, tiró por tierra las mesas de los cambistas y dijo a los presentes, lleno de santa ira: ¡fuera, este lugar es para la oración y vosotros lo habéis pervertido para nuestros negocios! Si hoy viniera Jesucristo a nuestras iglesias y observara lo que sucede, por ejemplo, antes de la misa, advertiría que muchos están hablando como en la calle o en el bar, no pocos entretenidos en leer y contestar correos, algunos viendo un video poco recomendable y sólo unos poquitos preparándose para una participación consciente y fervorosa. Pero lo peor podría ocurrir si al final  comprobara lo que había sucedido durante la misa, tras escuchar hoy la lectura del Decálogo. Muchos seguirían aferrados a los ídolos del dinero y del éxito a cualquier precio, otros adormecidos ante el aborto y la eutanasia, apegados a sus negocios poco limpios, no decididos a vivir su matrimonio castamente, dispuestos a despellejar la fama de todos, y sólo algunos decididos a mejorar su trato con Dios y con los pobres y necesitados ¿Qué nos diría Jesús ante tal espectáculo? Vale la pena que lo pensemos a fondo, ahora que le estamos acompañando para celebrar la Pascua.         

Domingo 2 de Cuaresma (25.2.2024) - Ciclo B

TRANSITORIA PERO NECESARIA

“Se trasfiguró ante ellos”

Los apóstoles tenían que aprender una gran lección. Su Maestro no realizaría la salvación de los hombres con poder, gloria y éxitos humanos sino con dolor, desprecio y muerte. Así lo habían anunciado los profetas, especialmente Isaías en sus “Cánticos del “Siervo”. Pero el dolor, el desprecio y la muerte no tenían la última palabra. Eran sólo la penúltima etapa para alcanzar la meta de la glorificación de Jesús: su resurrección, su ascensión al cielo y el envío del Espíritu Santo. Como gran pedagogo, el Maestro no les dio una brillante conferencia sobre este asunto sino una lección sumamente práctica, intuitiva. Tomó consigo a sus tres predilectos: Pedro, Santiago y Juan y subieron al Monte Tabor. Allí les hizo comprobar que él era más que lo que hasta entonces habían visto. Porque su cuerpo se hizo más resplandeciente que el sol, sus vestidos más blancos que la nieve, se hicieron presentes los dos grandes profetas Moisés y  Elías y se oyó una voz que decía: “este es mi Hijo amado, escuchadlo”. La lección ya estaba dada. Cuando llegase el escándalo de la cruz, debían recordar que era sólo la etapa previa para el gran triunfo de Jesús la mañana de Resurrección. No lo recordaron, salvo Juan, y le dejaron solo. Tampoco nosotros acabamos de comprender que el dolor no es un castigo de Dios sino el paso obligado para identificarnos con Cristo. Si él nos salvó con el dolor por amor, nosotros no salvaremos la parcela que tenemos asignada por otro camino. No cambiaremos el mundo con éxitos, poder y gloria sino con una entrega humilde, generosa y sacrificada.

Domingo 1 de Cuaresma (18.2. 2002) - Ciclo B

LA HORA DE REEMPEZAR

El Espíritu empujó a Jesús al desierto

Hoy es el primer domingo de cuaresma o “de las tentaciones” porque el evangelio habla de las que Jesús sufrió en el desierto. San Marcos, al que pertenece ese relato, se limita a decir que Jesús fue tentado por Satanás, sin explicar en qué y cómo. De todos modos, nos dice lo nuclear: fue tentado pero salió victorioso. Todo un ejemplo para nosotros, que somos también tentados, es decir, incitados a obrar mal. ¿En qué somos tentados los hombres y las mujeres de hoy? En lo mismo que lo fueron y lo serán todos los que nos han precedido y vendrán después de nosotros. Varía la forma, pero siempre estamos en lo mismo: el orgullo o afán de ser más que los demás, incluso más que Dios, la pereza, la avaricia, la envidia, la lujuria. En la cultura actual hay dos variantes muy peligrosas: el individualismo y el relativismo. Para el individualismo sólo existimos nosotros, no los demás. Por eso prescindimos o pasamos por encima de todos y de todo, incluso de lo más sagrado. Para el relativismo no hay verdades objetivas sino que cada uno tiene su verdad. Todo es discutible, todo es opinable, nada ni nadie puede presentarme una verdad que me obligue a hacer u omitir ciertas cosas. Desde hace algunas décadas los cristianos estamos tentados también de pasarnos a lo que el sabio y santo Benedicto XVI llamó “la apostasía silenciosa”. Ese alejarse de Dios y de la Iglesia poco a poco pero cada vez más. ¿Hemos sido tentados y vencidos? La cuaresma nos recuerda que, si es así, estamos a tiempo para rectificar y volver a la casa del Padre. Recomencemos con humildad.         

Domingo 6 del Tiempo Ordinario (11.2.2024)- Ciclo B

MÁS QUE UN MÉDICO EXTRAORDINARIO

“Quiero, queda limpio”

La lepra era, en tiempos de Jesús, una enfermedad casi incurable y el leproso un muerto sin enterrar, pues no podía vivir con su familia ni con los demás vecinos ni asistir a las sinagogas. Los leprosos vivían en el campo sin más compañía que la de otros compañeros de enfermedad. Nadie podía tocarles, porque quedaba “impuro” y, por tanto, excluido. Un día todo esto se vino debajo de golpe. Un leproso, en lugar de apartarse, rompió los esquemas, se acercó a Jesús, se puso de rodillas y le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús no recriminó su comportamiento. Al contrario se compadeció de él, tocó con su mano al intocable y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Jesús es, sin duda, un supermédico pues curó a incontables enfermos de todo tipo.  Pero es mucho más que un médico extraordinario. Es, sobre todo y ante todo, un realizador del Reino de Dios, reino que no consiste en una vida terrena sana e ilimitada sino en la vida eterna con Dios. Esta fue la misión con la que vino a la tierra y sus milagros estuvieron al servicio de ella. Antes de su venida, el mundo era una inmensa leprosería, en la que todos los hombres y mujeres estaban manchados con la lepra del pecado. Él curó esa lepra tocándonos a todos con su sangre derramada en la cruz. Pero todos hemos recaído culpablemente en la enfermedad y necesitamos ser recurados muchas veces. Tengamos la humildad y sinceridad del leproso, pongámonos de rodillas ante un representante de Jesucristo y mostremos nuestra enfermedad. Jesús mismo, a través de su ministro, nos dirá: “Quiero, queda limpio, queda perdonado”.     

Domingo 5 del Tiempo Ordinario (4.2.2024) - Ciclo B

DEJAR POSO EN LA VIDA

“Muy de madrugada se marchó a orar”

El día anterior había sido frenético. Sermón en la sinagoga, curación de la  suegra de Pedro, atención y curación de muchos enfermos físicos y espirituales. Cabía esperar que el descanso de esa noche se prolongara. Pero el evangelista no deja lugar a dudas: “De madrugada le levantó, marchó al descampado y allí se puso a orar”. La vida moderna lleva consigo una actividad muy intensa: trabajo en casa, trabajo fuera de casa, prisas para coger el bus, dificultades para aparcar el coche, imprevistos y un largo etcétera. A poco que nos descuidemos, podemos convertirnos en un manojo de nervios que va sembrando la vida de mal humor, discusiones, riñas y amargura. Jesús nos ha dado la clave para que nuestros muchos quehaceres nos lleven a Dios. Esa clave es la oración. Sí, necesitamos rezar, dialogar con Dios nuestro comportamiento con las personas, especialmente las que más tratamos, el trabajo, las preocupaciones, los problemas, los acontecimientos, en una palabra, nuestra vida. El Papa Francisco está tan convencido de esta necesidad, que ha declarado que este año 2024 sea un “año de oración” para que toda la Iglesia prepare bien el Jubileo de 2025. Con motivo de ese acontecimiento se pueden organizar muchas actividades, iniciativas, idas y venidas. Pero si falta la oración, existe el riesgo de quedar vacías, sin dejar poso, sin influir en la vida. “Si el Señor no construye la casa –dice el salmo- en vano se cansan los albañiles, si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas”.  Vale la pena pararse a pensarlo y aplicar la medicina decuada.    

Domingo 3 del Tiempo Ordinario (21.1.2024) - Ciclo B

LA VIDA PÚBLICA Y LOS CRISTIANOS

“Dejando las redes, se siguieron

Estamos en el lago de Genesaret. Jesús pasa por delante de cuatro pescadores: Pedro, Andrés, Santiago y Juan y les dice: “Veníos conmigo”. Y los cuatro, sin titubear, le siguen de inmediato. Jesús les ha dicho que dejen su trabajo habitual, porque quiere que convivan con él y enviarles después a predicar su mensaje por el mundo entero. Jesús pasa hoy por todos los lagos donde la gente trabaja en mil faenas: la familia, la fábrica, el quirófano, la cátedra universitaria, el sindicato, los parlamentos de las naciones, el mundo del arte, de la música, de la informática, de las redes sociales y un largo etcétera. Salvo en contadas excepciones, Jesús dice a todos que le sigan ahí y desde ahí, trabajando con los demás ciudadanos, pero demostrando con los hechos que son discípulos suyos. Abandonar esos campos sería salirse de la historia, vivir en otro mundo y dejar el campo en exclusiva a quienes orillan o atacan a Jesucristo. Es lo que postula el laicismo imperante, cuando dice que la religión es asunto privado que no puede ni debe influir en la vida pública. Ciertamente no se trata, por ejemplo, de que un Parlamento se convierta en una iglesia. Pero en ese Parlamento los cristianos tienen que dejar constancia de lo que son y no aprobar leyes que ataquen derechos fundamentales de toda persona humana. Y quien dice un Parlamento, dice una cátedra universitaria, en la cual no se puede mentir ni manipular a los alumnos. O un programa de televisión, en el que no se puede calumniar o insultar ¡Qué necesidad tenemos hoy de este tipo de discípulos!             

Domingo 2 del Tiempo Ordinario (14.1.2024) - Ciclo B

UN ENCUENTRO IMPRESCINDIBLE

“Venid y lo veréis”

“Eran las cuatro de la tarde”. Habían pasado setenta años cuando el apóstol Juan lo puso por escrito. ¿Qué pasó aquel día para que quien era entonces un adolescente lo recordara con tanta precisión siendo ya un anciano venerable? Cuando un chico y una chica se enamoran, aunque pasen los años, recuerdan el momento y lugar exactos en que dejaron de ser “uno más” en el grupo de amigos y se convirtieron en “el único y la única”. Ese encuentro dio un giro tan radical en sus vidas, que las unieron para siempre, se unieron en matrimonio y compartieron la existencia hasta que los separó la muerte. Eso es lo que le sucedió a Juan, el discípulo amado. El día en que se encontró con Jesucristo cambió el proyecto de su vida. Experimentó en su persona lo que siglos más tarde escribiría el papa Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano –a ser discípulo- por una decisión ética o una gran idea sino por un acontecimiento, una Persona, que cambia completamente el horizonte de la vida”. Muchos, quizás todos los que lean esto, se tienen por cristianos, es decir, por discípulos de Jesús. Quizás hoy no esté de más formularse esta pregunta: “¿Yo me he encontrado realmente con la Persona de Jesús, con esa Persona que se ha hecho tan importante en mi vida que guía mis proyectos, mis afanes, mi trabajo, mi vida de familia, mis relaciones sociales?” Sea cual sea la respuesta, el evangelio de este domingo es una invitación a “estar con Jesús”, de persona a persona, como dos realidades vivas. Porque su trato nos descubrirá que Él y sólo Él llena de paz, alegría y plenitud a nuestra vida.  

Bautismo del Señor (7.1.2024) - Ciclo B

JESUCRISTO AYER, HOY Y SIEMPRE

“Tú eres mi Hijo amado”

Estamos en las orillas del Jordán. Juan el Bautista llama a los pecadores a volverse a Dios y recibir un bautismo de agua en señal de arrepentimiento y cambio de vida. Un día llega Jesús de Nazaret y se coloca en la fila como un pecador más. Juan se encara con él: soy yo, le dice, quien debe ser bautizado por ti. Termina cediendo ante la insistencia de Jesús y le bautiza. Ciertamente Jesús no era un pecador. Al contrario, era “el cordero que quita el pecado del mundo”, el Hijo amado a quien el Padre enviaba para destruir el pecado y reconciliar a los hombres con él. Pero esto llevaba consigo que Jesús se hiciera solidario, más aún, responsable de los pecados de los hombres. El día en que entregue su vida en la Cruz aparecerá con toda claridad hasta qué punto asumió esta solidaridad de los pecados de los hombres. Siendo totalmente inocente, murió como un empecatado. Este Jesús tan solidario de los hombres no es una figura que existió en el pasado pero que nada tiene que ver con nosotros y nuestros problemas. No es así. Jesús sigue tan presente y activo como mientras vivió físicamente con nosotros. Lo dirá la carta a los Hebreos con claridad y firmeza: “Jesucristo ayer y hoy, y por los siglos de los siglos”. Es decir alguien que sigue solidarizándose con nuestros problemas y con nuestros pecados mediante su misericordia, su compasión y su perdón. Tendremos oportunidad de verlo a lo largo del tiempo que comienza mañana, pues el Bautismo de Jesús, que celebramos hoy, cierra el de Navidad. ¡Ojalá contemos con él y le dejemos entrar en nuestra vida de cada día!

Sagrada Familia (31.12.2023) - Ciclo B

LA MEJOR ESCUELA DE LA VIDA

“Crecía en sabiduría y gracia”

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. El evangelio no tiene grandes discursos sobre esta institución. Prefiere presentar un acontecimiento que vale más que mil palabras: Dios quiso nacer y crecer en una familia humana. Jesús aprendió de José y María todo: a hablar, a comer, a vestirse, a rezar, a ir a la sinagoga los sábados, a leer la Sagrada Escritura, a trabajar y, cuando murió José, a salir adelante él y su madre. En la familia de Nazaret no encontramos grandes milagros ni obras extraordinarias. Sólo aparece lo cotidiano, lo de cada día, pero condimentado con un gran amor hacia dentro y hacia fuera. Lo mismo que han hecho incontables familias a lo largo de la historia y hacen y viven hoy tantas familias. Por eso la de Nazaret puede ser propuesta como modelo de las familias de los discípulos de Jesús. Quienes hemos tenido la suerte de nacer y crecer en una familia cristiana sabemos hasta qué punto somos deudores a nuestros padres de la vida, de la fe, de la práctica religiosa, de la preocupación por los demás, de la solidaridad y fraternidad, del valor del sacrificio y el esfuerzo, de responder a la vocación al sacerdocio o al matrimonio, en una palabra: de todo eso que forma el tejido real, aunque invisible, de nuestra vida. ¿Ha pasado de moda este tipo de familia? ¿No continúa siendo la familia la mejor escuela en la que se aprenden las virtudes y valores que engrandecen a los pueblos? Apoyemos la familia, defendamos esta institución incomparable, trasmitamos a las nuevas generaciones el testimonio de algo que es imprescindible.        

Domingo 4 de adviento (24.12.2023) - Ciclo B

EL VERDERO BELÉN VIVIENTE DE HOY

“Hágase en mí según tu palabra”

Fue en la Navidad de 1223 cuando tuvo lugar el primer belén viviente. San Francisco de Asís, su inventor, quería ver con sus propios ojos el desvalimiento de Jesús en su nacimiento y cómo fue colocado sobre el heno de un pesebre escoltado por un buey y un borriquillo. No quería realizar una obra de arte sino suscitar el asombro ante la humildad y pobreza de Jesús. Desde entonces se han hecho mil representaciones. En Burgos se hacen ahora en  diversos lugares. Me parece muy bien, así como que en tantas iglesias y hogares se coloque un belén, sobre todo ahora en que una sociedad secularizada pretende olvidarlo o sustituirlo por otras alternativas indiferentes.  Sin embargo no podemos quedarnos ahí sino que hemos de dar un paso más y preguntarnos si hoy y aquí tenemos que contentarnos con una representación y no acceder a la realidad. Para nuestra fortuna es posible tener la misma realidad del primer Belén. Más aún, lo tenemos al alcance de la mano. ¿Qué fue ese primer Belén sino la entrada de Dios en nuestro mundo como verdadero hombre hecho un niño? Todo lo demás fueron guindas sobre ese pastel. Si hubiese faltado Jesús, Belén no habría sido Belén. Ese mismo Jesús, que nació en aquel momento de la historia y en aquella pequeña aldea de labradores y pastores, nace, se hace presente, en cada una de nuestras eucaristías y luego se queda en nuestros sagrarios. Ese es el verdadero belén viviente de hoy. Vayamos a él y tratemos de encontrarnos personalmente con quien, sin dejar de ser Dios, se ha hecho hombre como y por nosotros. ¡Feliz Navidad!         

Domingo 3 de Adviento (17.12.2023) - Ciclo B

LOS CAMINOS DE LA FELICIDAD

“En medio de vosotros está el que no conocéis”

Todos buscamos la alegría. Desde el niño que se abre a la vida hasta el anciano venerable, pasando por los jóvenes y los adultos en la plenitud de la vida. Sin embargo son muchos los que no la encuentran ni la encontrarán. Porque la buscan por caminos que no sólo no llevan a la alegría sino que cuento más se adentran en ellos más crece el vacío, la amargura y la desesperación.  Quien la busca, por ejemplo, en la droga, en el sexo a toda costa, en el ganar cada vez más para tener más cosas y más medios electrónicos y técnicos de gran gama y última generación no la encontrarán nunca. Su corazón y su alma son demasiado grandes para que se llenen con cuatro bagatelas. Tampoco la encontrarán los que buscan una felicidad que en esta tierra no existe y que sólo alcanzaremos cuando nos encontremos con Dios en el Cielo. La alegría de este mundo va siempre acompañada de algún “pero”: la muerte prematura de un familiar o amigo, un fracaso profesional, enfermedades,  traiciones, ausencias y un largo etcétera. El camino de la felicidad es el camino que nos lleva a Dios. Es el camino que nos descubre al que hoy nos presenta el Bautista en el evangelio: “En medio de vosotros hay uno que no conocéis, al que yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”: Jesucristo. ¿Por qué las religiosas de más estricta observancia son tan felices in tener nada? Porque han descubierto al que “lo es todo”, al que si se tiene nada nos falta, porque sólo Él basta.      

Domingo 2 de adviento (10.12.2023) - Ciclo B

 

PREPAREMOS EL CAMINO AL SEÑOR

“Detrás de mí viene el que es más que yo”

Durante la época de la reconquista los castillos jugaron un papel de primera importancia. Allí estaba un vigía permanente para alertar de la llegada de tropas enemigas y sus características. Cuando las oteaba en el horizonte, daba la alerta y todos se preparaban para la defensa y, si era posible, la victoria. En el evangelio de este domingo aparece un vigía que alerta también al pueblo, pero no de la llegada de un enemigo sino del que había sido anunciado muchas veces desde hacía más de mil años como su Mesías y Salvador. Estaba a punto de darse a conocer y era preciso prepararse bien para recibido. ¿Cómo? Con una vuelta verdadera a Dios, reconociéndose pecadores y recibiendo un rito de agua que él mismo realizaba en el Jordán y que manifestaba su condición de pecador arrepentido. También hoy hay bautistas que nos anuncian la pronta llegada del Mesías y Salvador en Navidad. Ciertamente ya vino hace dos mil años y nos salvó dando su vida por nosotros en la cruz. Pero quiere seguir viniendo porque le necesitamos  ¡Ya lo creo que le necesitamos, pues todavía nos falta mucho para ser los discípulos que debemos ser! Preparar la Navidad es mucho más que preparar una buena cena de Nochebuena. El camino es el que trazó Juan Bautista: reconocernos pecadores, pedir perdón, confesarnos y volver a empezar. Estamos ya en una época en la que los cristianos necesitamos acoger personalmente a Jesucristo que se acerca a nosotros con su infinita misericordia y amor. Pero hay que hacer esa opción. La fe ya no es sólo una herencia sino una opción personal.         

Domingo 1 de Adviento (2.12.2023) Ciclo B

JESUCRISTO, "CENTRO Y META“

”Vendrá”

Para los cristianos hoy  es año nuevo. Nosotros no somos cristianos  por seguir un calendario de días, meses y años sino porque seguimos a Jesucristo. Pero no como un personaje de la historia que hizo grandes cosas pero despareció como los demás grandes personajes. Tampoco porque nos ofrezca un sistema ético que nos entusiasma. No. Le seguimos como una persona que vive entre nosotros, que nos cuida, nos ayuda y nos perdona. Gracias a su resurrección es contemporáneo nuestro y de todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, geografías y culturas. Murió, ciertamente, pero volvió a la vida y además glorioso. Él se hace presente en nuestras celebraciones litúrgicas, de modo que es él –no nosotros- quien las preside y las comunica su fuerza para que  trasformen nuestras vidas. Por desgracia hay muchos cristianos que no han descubierto esta gozosa y decisiva realidad. De ahí que para ellos ser cristiano sea cumplir unas cuantas acciones religiosas pero sin incidencia en su vida personal, familiar y social. Con esos esquemas, las celebraciones no son momentos en los que celebramos los grandes misterios de Cristo: el anuncio de su llegada, su nacimiento, su pasión y muerte, su resurrección y ascensión gloriosa y el envío del Espíritu Santo como don que nos ganó en la cruz em los que él nos comunica su salvación sino celebraciones, más o menos bellas, en las que lo pasamos más o menos bien. El año nuevo que hoy comienza debe estar orientado y guiado hacia Jesucristo, como a él está orientado y guiado todo el Antiguo y el Nuevo Testamento. Feliz año nuevo cristiano.   

Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo (26. 11. 2013) - Ciclo A

TRANSFORMAR ESTE MUNDO

“Sí, soy Rey”

 “¿Tú eres rey?”, preguntó Pilato a Jesús. Sí, pero “mi reino no es de este mundo”. Era como decirle que él no ha venido a la tierra para implantar un imperio como el americano o el chino. Ha venido para librar a todos los hombres y mujeres de todos los tiempos –incluso a la misma creación- de la esclavitud del pecado y de la muerte y llevarles un día, si ellos así lo quieren, a la casa del Padre para vivir para siempre y ser felices por toda la eternidad. Esto sólo él podía hacerlo y lo hizo, aunque le costara la vida, que luego recobró con la resurrección. Pero ojo. Que el reino de Cristo no sea de ese mundo no quiere decir que no tenga que incidir en las estructuras, sistemas, proyectos y realizaciones de los reinos y estados de la tierra. No. El reino de Cristo requiere y exige que todas las personas, por el hecho de ser tales, no pasen hambre, puedan trabajar, tengan acceso a la cultura, vivan en libertad, ocupen una vivienda digna, disfruten de espacios y tiempos de descanso, etcétera. Un cristianismo sin esta incidencia social no es un verdadero cristianismo. En él viven instalados tantos cristianos que se limitan a cumplir unas prácticas religiosas sin vida ni mordiente. Han llegado a esta situación no tanto por egoísmo como por falta de formación cristiana auténtica y también por una cultura individualista que hemos mamado y se arrastra desde siglos. Urge reaccionar. No basta con preocuparse de la propia persona y de la propia salvación. Es preciso abrirse a los demás y entregarse por amor y generosidad a trasformar este mundo según el designio de Jesucristo.       

Domingo 33 del Tiempo Ordinario (19.11.2023) - Ciclo A

 

TRES VIDAS Y TRES SENTENCIAS

“Bien siervo bueno y fiel”

De un tiempo a esta parte se ha acentuado la autonomía del individuo de tal modo que cada uno hace lo que le place con lo que llama “suyo”: tiempo, cualidades,  cuerpo, vida, alma, muerte. Piensa que no tiene que dar cuentas a nadie. Pero esto no es andar en verdad. Porque la verdad es que no nos hemos dado nosotros la vida ni la salud ni nada y que cuando la muerte nos dé una palmadita en la espalda y nos diga: cierra el libro de esta vida y prepara las maletas para “el más allá de la eternidad”, obedeceros sin pestañear. Entonces tendremos que dar cuentas de todo eso al dueño, que es Dios. Jesucristo, que nos ama demasiado, no ha querido que vivamos a oscuras y vayamos al precipicio. Lo ha hecho con una sencilla parábola, en la que Dios, bajo la imagen de un rico propietario, entrega parte de su hacienda a tres empleados, con la intensión de que lo exploten. A uno le dio cinco, a otro dos y a otro uno. Cuando volvió y pidió cuentas del fruto logrado, tanto el de cinco como el de dos, habían doblado el capital: diez y cuatro. A pesar de la diferencia cuantitativa premió a los dos de igual manera. Porque ambos habían merecido el calificativo de “siervo bueno y fiel”. Y ambos entraron en su casa para siempre. Pero el otro entregó lo mismo que recibió. Por eso el dueño le calificó como “siervo malvado, holgazán e inútil”. Éste no entró en la casa de Dios sino que se quedó fuera para siempre. No nos engañemos. Un día tendremos que rendir cuentas del uso o abuso de nuestra vida. Y recibir el justo veredicto.  No se trata de meter miedo sino de vivir en verdad.

Domingo 32 del Tiempo Ordinario (12.11.2023) - Ciclo A

SENSATEZ Y NECEDAD

“Y se cerró la puerta”

Se desnudan los árboles. Las tardes se acortan. Arrancamos las últimas hojas de los calendarios. Todo indica que llegamos al final. La liturgia no es ajena a este clima y sus textos insisten también en “esto se acaba”. Sólo que lo que se acaba es nuestra existencia. Sus tonos no son dramáticos ni miedosos pero sí muy sinceros y realistas. Porque nos recuerda lo que nos estamos jugando en nuestra vida. Nos lo dice con una parábola tan sencilla como profunda: cuando llegue la muerte, cuyo momento desconocemos todos, unos se encontrarán preparados y otros no, como las doncellas que acompañaban a la novia en la noche de bodas mientras llegaba el esposo. Las cinco preparadas, entraron al banque de bodas y las otras cinco no lo estaban y quedaron fuera. Así nos ocurrirá a todos nosotros. Los preparados entrarán en el banquete de bodas del Cielo para ser felices por toda la eternidad. Otros, en cambio, a lo que estaban y para lo que habían vivido eran “sus cosas”: pasarlo bien, mandar mucho,  tener cada vez más cosas y dinero, viajar de acá para allá, en una palabra, en todo lo que es transitorio, sin verdadero valor, sin raíces de eternidad. Pero el “carpe die” tiene las patas cortas. Sólo el amor las tiene largas y capaces de llegar hasta el verdadero final. Esta parábola, pues, de las diez doncellas que acompañan a la novia que espera al novio, muestra que hay que estar preparados, como las cinco sensatas. Dejar todo para un final imprevisto, como hicieron las otras cinco, es necedad. Porque podemos encontrar la puerta cerrada para toda la eternidad. Y eso es muy triste.    

Domingo 31 del Tiempo Ordinario (5.11.2023) - Ciclo A

PALABRASA Y EJEMPLO

“Haced lo que os digan2

¿Hay algo más descalificador para un educador que un tercero advierta a sus pupilos: Ojo, haced lo que os enseñan pero no sus ejemplos? ¿Qué ocurría a los educadores del pueblo de Dios para que Jesús les descalifique en esos términos tan radicales? Ellos debían enseñar la Ley que Moisés había recibido de Dios en el Sinaí y ser los primeros en  cumplirla. Sin embargo, se fijaban en bagatelas externas y no tomaban en serio “la justicia, la misericordia  y la fidelidad”. Hacían ayunos, limosnas y oraciones, pero por ostentación, “para que les vea la gente”. En esta misma línea se movían en los ámbitos sociales, porque les gustaba ocupar los primeros puestos en los banquetes, los lugares de honor en las sinagogas y que les llamaran “doctores”, es decir que dijeran cuánto sabían y qué listos eran. En el centro de su misión no estaba Dios ni los que Dios les había confiado sino en ellos mismos. Para sus discípulos Jesús exige un comportamiento totalmente opuesto. Nosotros somos ahora los discípulos de Jesús. La pregunta es, pues, irrecusable: ¿Los sacerdotes –yo el primero- los padres, los educadores de todo tipo, también los políticos, nos vemos reflejados en aquellos fariseos o guiados por las palabras de Jesús que nos dice que todos los cristianos, antes de ser distintos, “sois hermanos”? Frente a esta radical igualdad, todo lo demás pasa a segundo plano. Quizás valga la pena detenerse a pensar el influjo social y religioso -incluso para los más alejados-, que causaría este modo de proceder, comenzando por los más cercanos: familia, amigos, colegas de trabajo.   

Domingo 28 del Tiempo Ordinario (15.10.2022) - Ciclo A

TODOS ESTAMOS INVITADOS

“Salid a los caminos e invitad a todos”.

Un rey celebraba la boda de su hijo y preparó un gran banquete. Cuando todo estuvo preparado, envió mensajeros para avisar a los convidados. Pero éstos reaccionan con indiferencia, con malos tratos e incluso con la muerte de los emisarios. El rey, lejos de desanimarse, mandó a sus criados salir a los caminos e invitar a cuantos encontrasen. La respuesta fue formidable: se llenó la sala de invitados. Cuando el rey entró para saludarles, vio que uno había entrado sin el traje de boda. Al verlo, le increpó: ¿Cómo has entrado aquí sin ponerte el traje de boda? Él calló. Entonces el rey mandó que lo sacaran fuera, que lo castigaran y cerraran la puerta. El rey es Dios, el que se casa es su propio Hijo, la boda es la alianza con el primer pueblo, los emisarios son los profetas, los que llenan la sala son los de su nuevo y definitivo pueblo formado por todos los que aceptan su alianza, entre los que sobresalen los pobres, el traje de boda es el que recibimos en el bautismo y conservamos sin mancharlo ni rasgarlo. Pero incluso en este caso, Dios nos da la posibilidad de recuperarlo limpio y sin jirones mediante el sacramento de la penitencia y así participar también en el gran banquete de la Eucaristía. En una ocasión me dijo un buen sacerdote con gran experiencia: la vida cristiana se desplaza sobre dos ruedas: la Eucaristía y la Penitencia. Quien las lleva pinchadas, no da pasos importantes aunque se mueva mucho. Con el tiempo lo he verificado muchas veces. Dada la fragilidad humana, ¿cómo podemos prescindir del sacramento de la misericordia?