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LITURGIA DEL VATICANO II

Homilía del domingo por ciclos

Domingo 23 del Tiempo Ordinario (4.9.2022) - Ciclo C

LA PAGA DE LA ENTREGA TOTAL

“El que no renuncia a todo, no puede ser discípulo mío”

El evangelio de este domingo comienza con unas palabras que pueden asustarnos: “Si alguno viene a Mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”. Son palabras muy exigentes. Quedan un poco rebajadas al estar dirigidas no a la muchedumbre sino a los Doce Apóstoles. A ellos les exigió dejar mujer, hijos, tierras, en una palabra: todo para pertenecer al grupo que debería llevar el evangelio hasta el último rincón de la tierra. Es lo que ha exigido a otras personas a lo  largo de los siglos y lo sigue exigiendo hoy. Yo conozco más de uno al que Jesús le ha dicho: Deja tu carrera, deja tu novia, deja tu ilusión de formar una familia numerosa y entra en el seminario, porque quiero que seas sacerdote. También conozco a chicos y chicas a quienes ha pedido algo semejante para vivir el celibato apostólico en medio del mundo. Sin embargo, tergiversaríamos el mensaje del evangelio si restringimos la exigencia radical del seguimiento de Cristo a unos pocos. Todos estamos implicados e incluidos en estas palabras: “Quien quiera salvar su vida la perderá, pero quien pierda su vida por Mí, la salvará. Pues de qué le sirve al hombre haber ganado el mundo entero, si él mismo se pierde o se arruina?” Ser discípulo de Jesucristo es exigente. Pero merece la pena, porque es lo  único que colma nuestros anhelos y apetencias de ser verdaderamente libres y felices. La alegría y la felicidad son “la paga” del que sigue al que salvó al mundo con la entrega de su vida.

Domingo 22 del Tiempo Ordinario (28.8.2022) - Ciclo C

LA VERDADERA GRANDEZA

“El que se humilla será ensalzado”

Estamos en casa de uno de los principales fariseos que celebra un banquete. Jesús ha aceptado la invitación y observa que otros fariseos se van situando en los primeros puestos. Él, que no desaprovecha las ocasiones para hacer el bien, les pone una parábola sencilla y fácil de entender. Cuando te inviten, les dice, no elijas los primeros puestos, no sea que venga después uno de más categoría y, abochornado, debas dejarle el puesto. Haz lo contario: vete al último lugar, para que quien te invitó, te diga: “Sube más arriba”, y quedarás “muy bien ante todos los comensales. Porque el que se ensalza, será humillado y el que se humilla será enaltecido”. Si los mensajes del evangelio suelen chocar con el ambiente actual, el de hoy choca estrepitosamente. Porque lo que hoy proponen los medios de comunicación social y de propaganda, y el clima social es exactamente lo contrario: hay que sobresalir, tener una gran posición social, ir a los hoteles más lujosos y un largo etcétera. Pero ese no es el estilo de Dios. La Virgen María, la más grande entre todas las mujeres, fue una muchachita sencilla de Nazaret. José, que haría las veces de padre de Jesús, era un carpintero del mismo pueblo. Y él, que era Dios, se hizo hombre y se presentaba como si fuera un cualquiera. Esta es la revolución verdadera. Para hacerla es necesario tener la valentía de ir contracorriente y vivir de modo sencillo, sin afán de dominio, entregado a hacer el bien y a servir a los demás. Llegará un día, el día en que juzgue nuestra vida, y Dios nos dirá: “Sube más arriba”, entra en el cielo.     

Domingo 21 del Tiempo Ordinario (21.8.2022) - Ciclo C

EL “PASAPORTE” DEL CIELO

“Entrad por la puerta estrecha”

Seguimos en el camino de los últimos domingos: el que sube de Galilea a Jerusalén, que Jesús está recorriendo con decisión, mientras predica en las ciudades y aldeas, hace milagros y responde a las preguntas que le hacen. Hoy le formulan una que nos afecta también a nosotros: “¿Son muchos los que se salvan”? Es decir, le preguntan por el futuro que nos espera tras la muerte y al que nos preparamos durante la vida. Jesús no  responde diciendo “cuántos” sino “quiénes” son los que se salvan. Y lo hace con tres grandes criterios. El primero es éste: se salvan los que entran por la “puerta estrecha”. La puerta es “estrecha” para todos, no para unos pocos. No obstante todos pueden flanquearla, porque todos estamos llamados a la salvación. Pero se requiere una condición: imitarle a él, vivir como vivió él. El segundo criterio es que no entrarán “los obradores de la iniquidad”. El último es que no habrá privilegiados de raza o de cultura, porque no valdrá decir entonces “hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestra plaza”, somos de tu pueblo. Porque él les dirá: “no sé de dónde sois. Apartaos de mí todos los que obráis iniquidad”. Son palabras serias, palabras que no gusta oír a un mundo donde todo vale igual, todos somos muy buenos, todos vivimos muy a gusto, disfrutando lo más que podemos, sin pensar mucho ni poco en lo que verdaderamente importa: vivir haciendo el bien, aunque cueste, ayudar a los demás, buscar la reconciliación y la convivencia pacífica, en una palabra: amar a Dios y a los demás. Sin embargo, éste es el “pasaporte” de la salvación.   

Domingo 20 del Tiempo Ordinario (14.8.2022) - Ciclo C

EL PRECIO DE LA VERDAD

“No he venido a traer paz sino división”

El evangelio de este domingo es desconcertante. Porque pone en los labios del Jesús acogedor y pacífico que todos conocemos estas palabras: “¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y do contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el  hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra”. ¿De qué división y de qué paz se trata? Jesús no ha venido a librar un combate contra hombres o poderes humanos sino contra el enemigo de Dios y del hombre. Su guerra es contra Satanás, contra el demonio. Quien quiera ser fiel a Dios y resistir al demonio, quien quiera ser fiel al bien y a la verdad, tendrá que afrontar necesariamente incomprensiones, persecuciones y, a veces, la muerte. Esto se dará  incluso en el seno de su familia y en el entorno de sus colegas y amigos. El mensaje no puede ser más actual. Estamos en un mundo donde impera el relativismo, lo `políticamente correcto, la autocensura, la mentira institucionalizada. Decir que existe la verdad y que lo que piensa, dice y hace la mayoría o legisla un ácrata no son, de suyo, criterio de verdad, provoca de inmediato menosprecio, burla y hasta insulto en muchos ambientes y personas. Sin embargo, la verdad existe, el hombre ha adquirido en su historia determinadas verdades, no todas las afirmaciones tienen el mismo valor. Pensarlo, decirlo y vivirlo tiene un alto precio. Pero vale la pena estar dispuesto a pagarlo.     

Domingo 17 del Tiempo Ordinario (24. 7. 2022) - Ciclo C

EL EJEMPLO DE LOS PADRES QUE REZAN

“Pedid y recibiréis”

Lo que se ve, se aprende, me enseñaron cuando era niño. El evangelio de hoy lo confirma. Dice así”: Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó uno de sus discípulos le dijo: - Señor, enséñanos a orar”. Los evangelios atestiguan que Jesús era un gran rezador y que, tras una jornada pastoral intensísima, no se retiraba a descansar sino al monte para orar. En su predicación habló con frecuencia de la oración. Nos dijo que hemos de rezar con humildad, perseverancia, confianza y el deseo de aceptar y cumplir la voluntad del Padre. Por eso, no llama la atención que a la pregunta del discípulo Jesús responda con gusto y le enseñe –y en él a todos los discípulos suyos- el Padre Nuestro. Esta oración es la oración de los hijos de Dios. Con esa disposición de Hijo rezaba él. “Te doy gracias, Padre, porque ocultaste estas cosas a los sabios y se las revelaste a los sencillos”, dirá en una ocasión. “Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz  pero no se haga mi voluntad sino la tuya”. “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu”, dirá en el momento de morir, poco después de haber implorado por sus enemigos:“Padre, perdónales que no saben lo que hacen”.  Muchos hemos aprendido de niños y rezado incontables veces el Padre Nuestro. ¡Ojalá que los padres sigan enseñándoselo a sus hijos! Y, como “lo que se ve se aprende”, que éstos les vean bendecir la mesa antes de las comidas, hacer la señal de la Cruz al salir de casa y comenzar el trabajo, ir a misa los domingos, cantar la Salve a la Virgen. Son cosas menudas, pero apuntalan la fe.     

Domingo 16 del Tiempo Ordinario (17.7.2022) Ciclo C

LO QUE IMPORTA DE VERDAD

“Ha escogido lo mejor”

Estamos en Betania, un pueblo encantador para pasar un fin de semana. Jesús tiene aquí tres grandes amigos, que son hermanos: Marta, María y Lázaro. Su confianza con ellos es tan grande, que se ha presentado con sus discípulos sin avisar. Marta, que es la mayor, le ha recibido encantada y ha comenzado de inmediato a trajinar. Sentar a la mesa a quince comensales exige agilidad y empeño. María, en cambio, se ha sentado a escuchar a Jesús. En un momento dado, Marta pierde los nervios y se toma la libertad de criticar a Jesús: “¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola? Dile que me eche una mano”. Jesús le responde con cariño: “Marta, Marta, andas inquieta por muchas cosas,  sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor”. ¡Cuántas veces se ha cometido el error de identificar a María con las personas de vida contemplativa y a Marta con las de vida activa! Como si detrás de una reja no se pudiese vivir disipada y en plena contemplación mientras se trabaja con toda intensidad. Jesús, ciertamente, acoge con gusto la hospitalidad de Marta y su generoso interés en darle de comer a él y sus discípulos. Sin embargo, le dice que lo único verdaderamente importante es otra cosa: es Él y su Palabra. Estamos en plenas vacaciones. Unos ya están pasando unos días de merecido descanso y otros lo harán, más o menos pronto; aunque sean todavía muchos los que no puedan disfrutarlos. Jesús nos recuerda a cada uno lo que dijo a Marta: sólo una cosa es necesaria. No dejes la misa del domingo ni la lectura diaria del Evangelio. Otras muchas cosas son menos importante.

Domingo 15 del Tiempo Ordinario (10. 7. 2022) - Ciclo C

¿SABES QUIÉN ES TU PRÓJIMO?

“Vete y haz tú lo mismo”

Estamos en el camino que baja de Jerusalén a Jericó. Es desértico y peligroso, y abundan los bandoleros que asaltan a los viajeros para robarles y matarles, si es el caso. Hoy ha ocurrido esto. Un hombre fue asaltado por un grupo de ellos, le apalearon, robaron y dejaron medio muerto. Al poco tiempo, pasaron cerca dos trabajadores del Templo de Jerusalén: un sacerdote y un levita. Pero, en vez de auxiliarle, siguieron su camino. Tenían prisa por llegar a casa y como auxiliar al herido entorpecía sus planes, prefirieron mirar para otro lado. Finamente pasó un samaritano. Al verle, se apeó de su cabalgadura, le hizo una cura de urgencia y luego lo llevó a una posada, dando un adelanto al posadero y asegurándole que gastara lo necesario con el herido, porque los gastos corrían por su cuenta. ¿Quién de los tres hizo lo que debía? Nuestra respuesta sería, probablemente, la que dio un doctor de la ley, cuando Jesucristo le propuso esta parábola del Buen Samaritano, precisamente para responderle quién era su prójimo. Lo que es indudable es que Jesucristo nos diría a nosotros lo que le dijo a él: “Pues vete y haz tú lo mismo”. En el camino de nuestra vida hay muchos malheridos. Están en nuestra familia, entre nuestros amigos y colegas de trabajo, en nuestras plazas y calles. ¿Somos buenos samaritanos o preferimos pasar de largo? Para reconstruir este mundo que nos duele, no hay más salida que compadecerse del dolor del hombre herido. La indiferencia ante los problemas de los demás es una lacra de nuestro tiempo. Dios nos libre del “desprecio de no hacer aprecio”.    

Domingo 14 del Tiempo Ordinario (3. 7. 2022) - Ciclo C

HAY TAJO PARA TODOS

“Os envío como ovejas entre lobos”

“Evangelio de la misión”. Así es calificado el de este domingo. Se debe a que san Lucas trasmite que Jesús, además de encargar a los Doce Apóstoles la misión de anunciar el evangelio, asoció a esa tarea a otros setenta y dos. Además, no se limitó a enviarlos como misioneros sino que les dio unas reglas de comportamiento claras y concretas: debían vivir de la Providencia y comportarse siempre como ministros de paz. Estos setenta y dos representan a todos los bautizados. El Bautismo, en efecto, capacita y urge para ser misioneros del evangelio con la vida y la palabra. Ser misionero, en el fondo, no es otra cosa que escuchar que “la mies es mucha y los obreros pocos” e implicarse en la evangelización allí donde estemos. Así resulta que son misioneros la madre que enseña las primeras oraciones a sus hijos pequeños, el padre que invita a su hijo a visitar al abuelo en la Residencia de mayores, el médico que trata a sus enfermos viendo en ellos a Jesucristo,, el empresario que crea puestos de trabajo para que las familias tengan el pan de cada día, el profesor que, además de su ciencia, trasmite libertad y convivencia a sus alumnos, la catequista que enseña el catecismo a los niños de Primera Comunión, el político que se preocupa del bien común y no del propio interés, la empleada del hogar que crea un clima de familia en aquella casa, en una palabra: todos, estemos donde estemos. ¡Qué triste que haya tantos bautizados que no muevan ni  un dedo para trasmitir el evangelio! En cambio, ¡cómo estimulan quienes se sienten gozosos de anunciar a Jesucristo!   

Domingo XIII del Tiempo Ordinario (26. 6. 2022) - Ciclo C

Evangelio

José-Antonio Abad

JESÚS NO ADMITE CONDICIONES

“Te seguiré a donde quiera que vayas”

Estamos en el camino que va de Galilea a Jerusalén. Jesús está acompañado de sus discípulos. Sabe que en Jerusalén le espera la persecución y la muerte, pero decide resueltamente jugarse la vida para cumplir la voluntad del Padre. Mientras camina, se encuentra con cuadro actitudes y respuestas. La primera es un rechazo frontal al entrar en un pueblo de samaritanos que advierten su intensión y les niegan hospedaje. Él no reacciona con violencia, como hacen algunos de sus discípulos, sino que pone en práctica el consejo que en otra ocasión les había dado: “Si en una ciudad no os reciben, id a otra”. Sabe que la violencia no resuelve los conflictos sino que los agrava. Luego se encuentra con un joven que quiere hacerse discípulo suyo. Le habla claramente: “Las aves tienen nido y las zorras madriguera, pero yo no tengo donde reclinar la cabeza”, es decir, no tengo nada. Seguidamente encuentra a otro y le pide que le siga de inmediato. Cuando éste le replica que lo hará después que hayan muerto sus padres, le responde: “Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú sígueme”. Algo parecido le ocurre con otro, que también quiere poner condiciones y le responde: “El que pone la mano en el arado y sigue mirando atrás, no puede ser discípulo mío”. Que es tanto como decirle: el que me sigue, debe olvidarse por completo de lo que ha dejado atrás. Jesús sigue llamando hoy. Quizás te llame a ti, mientras me lees. Piensa si te llama al matrimonio, que es la vocación de la mayoría, o a ser sacerdote. Síguele sin poner condiciones y no te arrepentirás.

Corpus Cristi (19.6.2022) - Ciclo C

EL CORPUS, FIESTA DEL PUEBLO CRISTIANO

“Comieron todos hasta saciarse”

Jesucristo no fue un ermitaño. Vivió siempre con los hombres. Los treinta años de “vida oculta” no fueron años de encerrarse en casa sino de vivir como uno más de Nazaret. Primero fue a la escuela de la sinagoga, después acudía a las casas para resolver los mil pequeños desperfectos del cada día de un pueblo de labradores y pastores. Cuando salió a predicar, recorría pueblos y aldeas hablando y enseñando a la gente. Resucitó a la hija de Jairo, curó al criado del centurión romano de Cafarnaúm, dio vista a los ciegos y salud a los leprosos. Comía con los pecadores, como Zaqueo, y bendecía a los niños. A las orillas del lago de Genesaret predicó muchas veces a grandes muchedumbres. Ese Jesús, tan humano y tan divino, sigue vivo y presente en nuestras eucaristías y sagrarios. Hoy, fiesta del Corpus Christi, sale a pisar nuestras calles y plazas, símbolos de lo que es nuestra vida: ir y volver al trabajo, estar en casa con la familia, entrar en un bar para tomar un refresco, sentarnos en un banco contemplando la Catedral. La fiesta del Corpus fue creada para que el pueblo cristiano reafirmara su fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. Pero no podemos olvidar que Corpus Christi designa en la tradición de la Iglesia el Cuerpo que nació de la Virgen María, el Cuerpo eucarístico y el Cuerpo eclesial. Todo va unido. Por eso, hoy, cuando saquemos al Cristo eucarístico a nuestras calles, reavivaremos el compromiso de ayudar a tantos y tantos que se encuentran necesitados de nuestro tiempo, de nuestro cariño, de nuestro dinero.

Pentecostés (5.6.2022) - Ciclo C

BURGOS VIVE HOY UN NUEVO PENTECOSTÉSDomingo de

“Recibid el Espíritu Santo”

Hoy es Pentecostés. Concluimos la Cincuentena Pascual y celebramos aquella venida especial del Espíritu Santo sobre la Iglesia, en Jerusalén. Gracias a esa venida, se  presentó ante el mundo hablando todas las lenguas y culturas. El acontecimiento fue  tan extraordinario, que hay un antes y un después. Los apóstoles, hasta entonces miedosos y cobardes, llevan a Jesucristo a todos los rincones del mundo. Sin embargo Pentecostés no es un acontecimiento del pasado. La  Iglesia vive en un permanente Pentecostés. Basta acercarse, por ejemplo, a una celebración de Confirmaciones para percibirlo: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”, dice el obispo a cada confirmado. Hay momentos en los que su presencia es más  perceptible. El Vaticano II fue uno de ellos. Como lo fue la  reunión de más de dos millones de jóvenes en Roma en torno a Juan Pablo II. Nuestra diócesis, la Iglesia que camina en Burgos, será protagonista y testigo a las 7,30 de esta tarde de una manifestación de ese género. Hoy, en efecto, el obispo cerrará la Puerta Santa de la Catedral y clausurará el Año Jubilar, acompañado de un grupo de obispos y de una notable presencia de sacerdotes y fieles. También firmará el documento final de la Asamblea diocesana que hemos celebrado estos años. Y nos lo entregará para comenzar un nuevo modo de ser y vivir como cristianos bajo la presencia y acción del Espíritu Santo. Y, por ello, misioneros gozosos y alegres de Jesús. ¡Que Santa María la Mayor interceda ante su Hijo para que nos envíe su Espíritu y con  él renovar nuestra Iglesia!

Ascensión del Señor (29.5.2022) - Ciclo C

NUESTRA META ES EL CIELO

“Yo estoy con vosotros todos los días”

“Jesús, el Señor, hoy ha ascendido al Cielo. No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como Cabeza nuestra, para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino” Estas palabras del prefacio de la misa de hoy son un comentario excelente de la fiesta que celebramos: la Ascensión de Jesucristo al Cielo. Efectivamente, la tierra no es nuestra meta sino una etapa previa. Nuestra meta es el Cielo, es estar con Dios. Sería triste que un caminante de Santiago se entusiasmara con la hermosura de alguna etapa y se olvidara de que camina hacia el Pórtico de la Gloria. Además de no llegar a Santiago sufriría una terrible decepción. Nosotros podemos tener esta tentación, olvidar que estamos de paso en este mudo y que caminamos hacia el encuentro definitivo del Señor. Esto no es un engañabobos o una droga que se han inventado los curas, como pretenden quienes se mueven en parámetros marxistas. A estas alturas de la historia ya sabemos todos cuáles son las drogas que adormecen las conciencias e incapacitan para vivir en libertad, paz y fraternidad. El Cielo sería un engañabobos si conllevara desentenderse de las realidades nobles y buenas de este mundo y ser indiferentes ante los sufrimientos y las alegrías  de los demás hombres. Pero llegar a la meta implica recorrer la etapa de la vida siguiendo las huellas de Jesús, es decir, haciendo siempre el bien. En esta perspectiva, el sufrimiento, la entrega, el amor al prójimo tienen sentido. Son hitos que nos guían en el camino hacia el Cielo.

 

 

 

Domingo 5 de Pascua (15.5.2022) - Ciclo C

LA REVOLUIÓN PENDIENTE

“Os doy un mandamiento nuevo”

“Me queda poco de estar con vosotros”. Es el primer aviso que nos da la liturgia para anunciarnos la proximidad de la Ascensión, momento en el que Jesús dejará de presentarse de modo visible a sus Apóstoles. Pero la liturgia de hoy toma esa expresión de otra despedida: la de la última cena, horas antes de morir crucificado. Por eso, no nos extraña que Jesús concentre sus más íntimos sentimientos y deseos al dejarles su  testamento: “Os doy una mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como Yo os he amado”. Amarse unos a otros era un mandamiento “viejo”, pues venía urgido desde hacía muchos siglos en la ley de Moisés. Lo que es radicalmente “nuevo” es el modelo y la medida: “Como Yo os he amado”.  Jesús amó de modo total y sin límite, pues se entregó a la muerte. Nadie quedó excluido. Ni siquiera sus enemigos: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”, diría en la Cruz para implorar misericordia por quienes le estaban crucificando. “Amigo”, llamó también a Judas, cuando le estaba traicionando”. ¡Qué difícil es amar así! Mejor sería decir: “Amar así es imposible”. Efectivamente, es imposible amar de ese modo con nuestras fuerzas. Pero es posible con la ayuda que Dios nos da con su Palabra, con la Eucaristía, con la petición confiada, con la confesión.. Así amaron los mártires. Así amó san Juan Pablo II a su asesino Ali Agca, cuando fue a verle a la cárcel. Hay que suplicar al Señor que nos lo conceda. Porque nos toca vivir en un mundo de guerras, de violencias, de insultos y enfrentamientos entre personas y clases, Incluso en la misma familia.

Domingo 4 de Pascua (8.5.2022) - Ciclo C

EL SACERDOTE ES IMPRESCINDILE 

“Mis ovejas escuchan mi voz”.

Predicar la Palabra de Dios en nombre y con la autoridad de Cristo, celebrar la Eucaristía y perdonar los pecados en el sacramento de la Penitencia son tareas que sólo puede realizar el sacerdote. Sin ellas no existen comunidades cristianas capaces de ser fermento en todos los ambientes: la familia, el inmenso y variadísimo campo del trabajo, la política, el deporte... Los sacerdotes, por tanto, son necesarios, más aún, imprescindibles. Ciertamente todos los bautizados forman parte del Pueblo de Dios y están implicados en la misión de Jesucristo. Pero el mismo Jesucristo ha querido que sólo algunos de ese Pueblo sacerdotal reciban el sacerdocio ministerial y puedan celebrar la Eucaristía y perdonar los pecados. Desde hace unos años se ha iniciado una bajada llamativa en las vocaciones. No se trata de elegir la carrera del saeerdocio, como se elige ser médico, ingeniero o informático. Para ser sacerdote hay que ser llamado por Dios. Porque es un don, un regalo que nadie merece ni al que nadie tiene derecho. Pero el que haya pocas vocaciones no se debe a que Dios ahora llame menos o sea menos generoso que en otras épocas. Dios sigue llamando a muchos. Quizás a ti, que me estás leyendo. Pero hay demasiado ruido en nuestro mundo. Sin el silencio de la oración, de la entrega generosa, de la devoción a la Santísima Virgen es imposible oír, acoger y seguir la voz de Dios. Por eso, hoy, Jornada de oración por las vocaciones, es día de pedir por la fidelidad y santidad de los que ya son sacerdotes y porque los jóvenes y adultos respondan cuando Dios les llama.

Domingo 3 de Pascua (1.5.2022) - ciclo C

REDES VACÍAS Y REDES REPLETAS

“Echad la red a la derecha”

Amanece en el lago de Genesaret. Pedro, Juan y otros cinco discípulos vienen a puerto cansados y malhumorados. Han pescado toda la noche y no han cogido nada. Cuando apenas faltan cien metros para atracar, alguien les grita desde la orilla: “Echad las redes a la derecha de la barca y encontraréis”. Ellos, pescadores de oficio, saben que éstas no son horas para pescar, pero echan las redes. Y el resultado es fabuloso: entran tantos peces, que casi no pueden arrastrarlos hasta la playa. Juan advierte de inmediato el porqué. “¡Es el Señor!”, le dice a Pedro. Efectivamente, había sido el Señor quien había llenado sus redes en unas circunstancias tan adversas. Era un adelanto de lo que les sucedería cuando echasen las redes del Evangelio para pescar hombres. A veces, después de muchos trabajos, sus redes apostólicas estarían vacías. Otras, en cambio, reventarían de frutos. Ahora sacerdotes, padres y educadores repetimos con frecuencia: tanto esfuerzo para nada. Cuando he pensado la desproporción entre nuestros esfuerzos y los frutos, más de una vez me he preguntado si, quizás, no hayamos puesto mucho empeño en nuestros proyectos y programas y dejado en un muy segundo lugar aquello de “sin Mí no  podéis hacer nada”. La historia atestigua que los sacerdotes santos y las almas verdaderamente comprometidas en el apostado han pasado muchas horas ante el Señor en la Eucaristía, han rezado muchos rosarios, han gritado: ¡Señor ayúdanos!. La Iglesia y la diócesis están embarcadas ahora en una nueva evangelización. ¡Ojalá no olvidemos que quien llena las redes es el Señor! .

Domingo de la Resurrección del Señor (17.4.2022)- Ciclo C

EL FUNDAMENTO DEL CRISTIANISMO

“Antes del amanecer, la Magdalena fue al sepulcro”

¡Jesucristo está vivo. Ha resucitado! Éste letrero debería aparecer hoy en todas las iglesias católicas del mundo. Y con letras tan grandes, que pudieran leerlo incluso los miopes de vista. Porque los cristianos no terminamos la Semana Santa con la procesión del Santo Entierro. No. La terminamos en la mañana del Domingo de Pascua. No somos discípulos de un muerto sino de quien fue crucificado, muerto y sepultado, pero volvió a la vida al tercer día. No seguimos a un derrotado sino al supremo vencedor. Porque no sólo venció su muerte sino también la nuestra. Nosotros moriremos un día. Pero también volveremos a la vida para nunca más volver a morir. Es tan central esta verdad, que si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es una tontería, más aún: una impostura. Los cristianos seríamos los más dignos de lástima de todos. Pero Cristo ha resucitado. María Magdalena fue hoy muy de mañana al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús que no había quedado a su gusto la tarde del viernes santo. Su sorpresa no pudo ser mayor: el sepulcro estaba vacío. Luego vendrían Pedro y Juan, avisados por ella, y certificaron lo mismo. Entonces entendieron lo que tantas veces les había dicho esas y ellos no acababan de comprender: que debía padecer y morir en una cruz, pero que al tercer día resucitaría. ¡Qué pena que muchos cristianos, incluso que van a misa habitualmente, no terminen de creer del todo en la Resurrección! Se ha visto durante la pandemia y ahora mismo. ¡Qué terror a la muerte! Pidamos al Resucitado que aumente nuestra fe en su Resurrección.

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (10.4.2022) - Ciclo C

EL PÓRTIGO DE SEANA SANTA

“Hosanna en lo alto del cielo”

Semana Santa o Semana Mayor, en oriente. Así designamos la semana que precede a la celebración de la Pascua del Señor. Desde la misma era apostólica, la Iglesia tuvo sumo interés en celebrar todos los años los más grandes misterios de nuestra redención: la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor. Al principio los momentos capitales de estos misterios se celebraban con un triduo denominado “De Cristo crucificado, sepultado y resucitado”. Muy pronto se añadió la memoria solemne de la sagrada Eucaristía. Finalmente, en el domingo que precede a la Pasión se introdujo la celebración litúrgica de la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Hoy celebramos esta entrada con una solemne procesión. La designado popularmente como de “La Borriquilla”, pero conscientes de que los reyes de Israel entraban sentados en un borrico el día de su coronación. Esa procesión concluye con la misa, de la que forma parte, ya que corresponde a los ritos introductorios de la misa. En ella se esclarece el sentido pleno de la entrada: Jesús entra como el Salvador y Redentor del mundo para dar su vida por nosotros. ¿Es posible celebrar la Semana Santa sin acercarse al sacramento del perdón, sin recibir la salvación del que dio la vida por cada uno, para que podamos salvarnos? No es una recriminación. Es una invitación, una réplica del “amor con amor con amor se paga”. No en vano la Iglesia desea que la Cuaresma –que termina inmediatamente antes de la Misa vespertina del Jueves Santo- concluya con alguna celebración penitencial. (Carta Circular sobe las Fiestas Pascuales) 

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (10.4.2022) - Ciclo C

EL PÓRTIGO DE SEANA SANTA

“Hosanna en lo alto del cielo”

Semana Santa o Semana Mayor, en oriente. Así designamos la semana que precede a la celebración de la Pascua del Señor. Desde la misma era apostólica, la Iglesia tuvo sumo interés en celebrar todos los años los más grandes misterios de nuestra redención: la Pasión, Muerte, Sepultura y Resurrección del Señor. Al principio los momentos capitales de estos misterios se celebraban con un triduo denominado “De Cristo crucificado, sepultado y resucitado”. Muy pronto se añadió la memoria solemne de la sagrada Eucaristía. Finalmente, en el domingo que precede a la Pasión se introdujo la celebración litúrgica de la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén. Hoy celebramos esta entrada con una solemne procesión. La designado popularmente como de “La Borriquilla”, pero conscientes de que los reyes de Israel entraban sentados en un borrico el día de su coronación. Esa procesión concluye con la misa, de la que forma parte, ya que corresponde a los ritos introductorios de la misa. En ella se esclarece el sentido pleno de la entrada: Jesús entra como el Salvador y Redentor del mundo para dar su vida por nosotros. ¿Es posible celebrar la Semana Santa sin acercarse al sacramento del perdón, sin recibir la salvación del que dio la vida por cada uno, para que podamos salvarnos? No es una recriminación. Es una invitación, una réplica del “amor con amor con amor se paga”. No en vano la Iglesia desea que la Cuaresma –que termina inmediatamente antes de la Misa vespertina del Jueves Santo- concluya con alguna celebración penitencial. (Carta Circular sobe las Fiestas Pascuales) 

Domingo 4 de Cuaresma (27.3.2022) - Ciclo C

DIOS NOS INVITA A RECOMENZAR

Su padre le comía a besos”

¿Cuántos jornaleros en casa de mi padre se hartan de pan y yo aquí me estoy muriendo de hambre! Fue el grito de angustia de aquel muchacho que pensó encontrar la felicidad fuera de la casa de su padre, viviendo sin ningún límite y disfrutando a tope de la vida. Después de unos meses en los que había gastado y malgastado la herencia que había reclamado por anticipado, se encontró con la dura realidad de la vida: sin trabajo, sin dinero, sin amigos y en un nivel de vida inferior al de los cerdos. Para su fortuna, reconoció que se había equivocado y que su lugar estaba en la casa paterna. En un arranque de sensatez se dijo: “Iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el celo y contra ti, no merezco que me trates como hijo, pero acógeme como un criado tuyo”.  Cuando estaba cerca de su casa, descubrió lo que hasta entonces no había visto: que su padre era tan padrazo, que, al verle, corrió hacia él, se le echó al cuello y le comía a besos. Más aún, mandó preparar un gran banquete porque  había vuelto a casa. Este es el Dios que nos ha revelado Jesucristo: un padrazo que sólo espera nuestro arrepentimiento para darnos su perdón e invitarnos al banquete de la Eucaristía. Estamos en Cuaresma, tiempo de conversión, tiempo de perdón y, por eso, tiempo de alegría verdadera. Nuestros errores y pecados pueden ser grandes y numerosos. Aunque así sea, esos pecados y errores no han menoscabado el amor que Dios nos tiene. Tengamos la cordura y la sensatez del hijo pródigo y recomencemos una nueva vida.  Una buena confesión y... vuelta a empezar.

Domingo 2 de Cuaresma (13.3.2022) - Ciclo C

UN ANTICIPO DE LA PASCUA

“Este es mi Hijo: escuchadle”

Oración, trasfiguración, revelación. Estas tres palabras resumen el mensaje de este domingo. Muchas veces se retiraba Jesús al monte, él solo, para orar y pasar allí largas horas dialogando con su Padre. Hoy también ha subido al monte para orar, pero ha querido que le acompañen sus tres preferidos: Pedro, Santiago y Juan. Desea que sean testigos de un suceso extraordinario: su trasfiguración. Es decir, quién es realmente: no  un hombre cualquiera sino el Hijo de Dios. Ha renunciado de momento a la gloria de su cuerpo, pero tras la resurrección este cuerpo será glorioso, resplandeciente. Luego, cuando su cuerpo se ha trasfigurado, llega la revelación, en tres actos, de quién es. La presencia de Moisés y Elías, resumen de toda la Ley y los Profetas, declara que todo el Antiguo Testamento habla de Jesús.  El Padre va todavía más lejos: Éste es mi Hijo amado, escuchadle. Sólo él es el salvador del mundo. Los demás, no son salvadores. Lo que han visto es tan maravilloso, que los tres afortunados querrían contárselo de inmediato a todo el mundo, sobre todo a los demás compañeros. Pero tienen que esperar. Primero ha de morir; luego, resucitará glorioso. Oración, trasfiguración, revelación son un buen programa para la cuaresma. Oración: porque sin ella no se posible aceptar en nuestra vida la voluntad de Dios, que es requisito imprescindible para que esa vida no sea apariencia y hojarasca. Trasfiguración: porque el cuerpo que sembramos corruptible en el sepulcro, al final de los tiempos resucitará glorioso. Mientras esto sucede, nos toca vivirlo en el silencio de la fe.