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LITURGIA DEL VATICANO II

Domingo 5 del Tiempo Ordinario (4./2/2018) - Ciclo B

LA JORNADA TIPO DE JESÚS

Muy de mañana fue a orar”

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El evangelio de este domingo es un ejemplo típico que confirma que san Marcos puso por escrito la predicación de san Pedro. Sus relatos son tan vivos, tan detallistas y tan concretos que evidencian que el narrador fue testigo presencial de los hechos. Además, hoy Pedro es la figura clave después de Jesús. Él es uno de los que acompañan al Maestro a la sinagoga de Cafarnaún. Es el que le lleva más tarde a su casa y le pide que cure a su suegra que está enferma. Pedro es el que va de madrugada a buscar a Jesús que se ha ido al monte a rezar y el que notifica que “todo el mundo te busca”. Pedro, finalmente, es el que recibe la respuesta de Jesús: “Vámonos a otra parte, porque también a ellos tengo que ir a anunciarles el reino de Dios”. Hay que darle las gracias a Pedro por habernos trasmitido lo que fue una “jornada tipo” de Jesús, puesto que nosotros somos discípulos de ese Maestro. Se puede resumir en tres palabras: predicar, curar y rezar. En la Sinagoga predicó y curó a un endemoniado. En casa de Pedro curó a su suegra enferma. Luego curó a “todos los enfermos” de Cafarnaún, pues a sus parientes les faltó tiempo para traérselos, tan pronto se corrió por el pueblo su poder taumatúrgico. A pesar de estar rendido, muy de mañana se levantó para ir al monte a rezar. Finalmente, vuelve a predicar, ahora por los pueblos de la comarca. Esta debe ser también nuestro “jornada tipo”: trabajar, rezar y anunciar el evangelio. Trabajar con ahínco, perfección y espíritu de servicio. Rezar, porque la oración es el aire para que el alma respire y no se muera. Anunciar el evangelio, porque los discípulos tenemos que dar a conocer a nuestro Maestro y decir a la gente que en él está la respuesta a todos sus interrogantes y problemas. Decírselo, sobre todo, a los enfermos del cuerpo y del alma. La enfermedad es un momento privilegiado para descubrir que no somos Dios sino que necesitamos a Dios. También es un momento especial para poner en su sitio lo que es verdaderamente importante. Y para que los sanos les mostremos nuestra humanidad, nuestra cercanía, nuestra ayuda y nuestra oración.

Domingo 4 del Tiempo Ordinario (28. I. 2018)- Ciclo B

EL IMPORTANTE DE VERDAD

“Sal de él”

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El escenario del evangelio de hoy es la sinagoga de Cafarnaúm. En contra de lo que cabría esperar, Jesús no aparece leyendo y comentando la Palabra de Dios, como se hacía todos los sábados. No. Marcos tiene prisa en decirnos de inmediato qué quiere poner por escrito en su evangelio. Lo que le interesa, ante todo y sobre todo, no es lo que Jesús dice o hace sino lo que Jesús es. La Persona de Jesús: ¡ése es su objetivo! Luego nos dirá qué hace y qué dice Jesús. Pero lo que diga y haga será por lo que es. Él no es un doctor de ley o un dirigente del pueblo. ¡Él es el enviado por Dios, Dios mismo! Por eso, habla y actúa como Dios. No se limita a decir “esto dice la Ley” o “esto enseñó tal doctor”. Pronto subirá a un monte y ante una inmensa muchedumbre proclamará: “Se os ha dicho, pero Yo os digo”. La gente, que tiene un sexto sentido para captar el fondo de las cosas y distinguir el oro del  oropel, se da cuenta enseguida y se pregunta: “¿Quién es este?” Porque su modo de hablar es nuevo y arroja los demonios. Efectivamente, allí hay un hombre que lo va a atestiguar con toda la fuerza de que es capaz. Al darse cuenta de quién es Jesús, se ha encarado con él y le ha dicho con insolencia: “¿qué quieres de nosotros? ¿Has venido a perdernos?”. Jesús no se arredra. Planta cara y dice: “¡Cállate y sal fuera!” Y salió. Pero dejando constancia de que la guerra continuaba: “Dando un grito y retorciendo al hombre”. Jesús le había vencido. Le vence siempre. Pero mientras llega la victoria total, al final de los tiempos, el demonio sigue esclavizando a muchos con el poder, el dinero, el sexo, el orgullo, el odio. Jesús tampoco se aleja de la lucha y sigue diciéndole: “¡Sal de ese hombre!” Se lo dice con su Palabra, con sus sacramentos. Se lo dice, sobre todo, con su amor misericordioso en el sacramento de la Penitencia y, después, en el sacramento de la Eucaristía. ¿No has escuchado nunca en tu interior una voz sin voz que te decía: “No hagas eso, no reacciones así, vuelve a la Iglesia, deja de sembrar cizaña, haz las paces con tu pareja”? Si vuelves a oírlo, que volverás, no dejes de dar a Jesús la oportunidad de salvarte. ¡Lo necesitas tanto!     

Domingo tercero del Tiempo Ordinario (21.I.2018)- Ciclo B

PESCADORES DE HOMBRES

“Venid conmigo”

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Nos encontramos en el puerto de Betsaida, en la parte norte del lago de Tiberiades. Pedro y su hermano Andrés están echando las redes, mientras Juan y su hermano Santiago remiendan las suyas para ponerlas a punto. Pasa Jesús por delante de cada una de las parejas y les dice: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres”. Ellos no lo dudan ni un instante. Dejan las barcas, las redes, su profesión, su familia, siguen a Jesús y comienzan de inmediato el aprendizaje de su nueva profesión: “pescar hombres”. Fue largo y costoso. En ocasiones muy difícil. Incluso alguna vez tormentoso. Sólo llegaron a aprenderlo, cuando Jesús, una vez resucitado y ascendido al Celo, les envió su Espíritu Santo. Entonces comprendieron qué implicaba “pescar hombres” y “cómo” se pescaban. Aquel día comenzaron a predicar que Jesucristo era el Mesías y Salvador del mundo, invitaron al arrepentimiento y a bautizarse para recibir esa salvación y  hacerse discípulos suyos. No se les dio mal el primer día de pesca, porque “aquel día recibieron el Bautismo unos tres mil”. Pero volvamos a Betsaida y volvamos a escuchar la llamada “venid conmigo, que os quiero hacer pescadores de hombres”. Porque Betsaida es para ti el lugar donde se desarrolla tu vida ordinaria: tu familia, tu trabajo, tus amigos, tu descanso. A Pedro, Andrés, Santiago y Juan les pidió que dejaran sus barcas y sus redes. A ti, en cambio, te pide que seas pescador de hombres en y por medio de las barcas y las redes de tu vida ordinaria. Es posible que, en algún caso, te pida también que las dejes para ir al seminario o a un convento. Es la excepción. Porque a la mayoría les pide que permanezcan ahí, dando a su profesión sentido de misión. Es decir, no cruzados de brazos sino acercando a los hombres a Jesucristo para que los salve y haga sus discípulos. El reto es tan apasionante y la tarea tan decisiva que, sólo si eres tan dócil y generoso como Pedro y los otros, llegará la salvación al último rincón de la tierra. ¿No te animas a seguir la llamada? ¿Preferirás refugiarte en lloriqueos pesimistas y baldíos? ¿Renunciarás a la alegría que experimenta todo pescador que pesca muchos peces?        

El Bautismo de Jesús (7.I.2018)- Ciclo B

EL BAUTISMO NO HA PASADO DE MODA

“Llegó Jesús a que lo bautizara Juan”

********************El Bautismo de Jesús fue una de las cuestiones que más preocuparon a las primeras generaciones de cristianos. No acertaban a explicarse que siendo, como era, Jesús completamente inocente y sin mancha de pecado y el bautismo de Juan un bautismo para los pecadores, él hubiese venido al Jordán para que el bautista le bautizara.¿Cómo conciliar un Jesús pecador y un Jesús sin pecado? Hoy tenemos resuelta la aparente contradicción. Jesús era, ciertamente, tan inocente que no sólo no tenía pecado alguno sino que  venía a destruir todos los pecados del mundo: “Este es el Cordero que quita el pecado del mundo”, proclamó el Bautista. Pero pudo destruir el pecado del mundo porque lo asumió como cosa propia, porque se hizo pecador en nombre nuestro. Cuando subió a la Cruz, lo hizo cargado con nuestros pecados, con los pecados de todos los hombres de todos los tiempos y culturas. Esta solidaridad con nuestros pecados, que llevó a cabo sobre todo cuando entregó su vida por nosotros, quiso revelarla y realizarla ya en el río  Jordán. Gracias a esta solidaridad con nosotros, nosotros podemos recibir un bautismo que destruye todos los pecados que llevemos a la fuente bautismal. Si somos pequeños, el pecado original, es decir, el que heredamos de nuestros primeros padres. Si somos adultos, ese pecado y cuantos hayamos cometido personalmente. Al celebrar hoy el bautismo de Jesús deberíamos reflexionar todos sobre nuestro bautismo. Los que ya lo hemos recibido, para agradecerlo y comprometernos a ser coherentes con él. Los padres, para seguir llevando a sus hijos a bautizar al poco de nacer y educarles luego en la fe cristiana. Los adultos y los niños de 7 a 14 años que no estén bautizados para acercarse a la Iglesia y prepararse a recibirlo. Nada hay más grande que convertirse en hijos de Dios y discípulos de Jesús. Eso es lo que hace, entre otras cosas, el maravilloso sacramento del Bautismo.

Domingo de la S. Familia (31.XII.2018). Ciclo B

PROFECÍA DE DOLOR Y GLORIA

“Una espada te atravesará el alma”

********************Estamos en el Templo de Jerusalén. Han pasado cuarenta días del nacimiento de Jesús y su Madre le ha traído para cumplir lo que prescribe la Ley de Moisés: purificarse Ella, rescatar a su hijo primogénito y hacer la ofrenda de los pobres: dos palomas. Ciertamente Ella no tiene necesidad de ninguna purificación, porque es la Purísima. Jesús tampoco necesita demostrar que pertenece a Dios, porque él mismo es Dios. Pero ninguno de los dos quieren hacer gala de nada y prefieren presentarse como uno más. No les va a ser posible, porque Dios Padre ha previsto que dos ancianos, representantes del mejor Israel, sepan que ha llegado el Salvador del mundo y lo proclamen abiertamente. Uno se llama Simeón y el otro es una mujer viuda que se llama Ana. Cuando Simeón ha visto al Niño, el Espíritu Santo le revela que no es un niño como los demás sino “el esperado por las naciones”, el Mesías anunciado y anhelado. Y, lleno de alegría, prorrumpe en un cántico de alabanza y acción de gracias: “Ahora, Señor, ya puedo morirme en paz, porque mis ojos ha visto a tu Salvador”. La anciana se suma a su alabanza “dando gracias a Dios”. Pero Simeón no sólo da gracias y alaba a Dios sino que hace una gran profecía, acorde con el Niño y la Madre que tiene delante, un Niño que ha venido a dar la vida y una Madre cuya misión es acompañarle en esa entrega. Por eso, dirigiéndose a María, le anuncia la verdad: “Éste será una bandera discutida y a Ti una espada te atravesará el alma”. La espada es un instrumento de violencia que hiere y mata. El alma es la fuente y el centro de toda la vida del hombre. María queda asociada desde ahora a la suerte de su Hijo, que no será el Mesías glorioso y político que muchos esperan sino un Mesías de dolor y de sufrimiento, que salvará a los hombres muriendo en una Cruz, aunque luego resucitará. Cuando esta noche cerremos la última página de 2017 y abramos la primera de 2018, escribamos estas palabras: “Este año seré más de María, porque quiero ser más de Jesús”. ¡Feliz Año Nuevo!           

Domingo 4 de Adviento (24. XII. 2017) - Ciclo B

¿QUÉ ES NAVIDAD?

“Aquí está la esclava del Señor”

******************No suele suceder que, al comentar el evangelio de este domingo, se pueda decir: “Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad”. Efectivamente esta noche, vayamos no a la Misa de Gallo, todos estaremos reunidos a la mesa porque es Nochebuena. Y todos nos felicitaremos con este sencillo y emotivo saludo: “Feliz Navidad”. Ahora, cuando los vientos contaminados de la historia tratan de manchar las aguas cristalinas de este inefable misterio, quizás no esté de más recordar que Navidad es lo que aprendimos de nuestros padres, de nuestros sacerdotes, de nuestros vecinos de toda la vida: Navidad es el Nacimiento de Dios hecho hombre para salvarnos del pecado y de la muerte eterna. Una Noche como la de hoy, hace unos dos mil años, la Virgen María nos entregó al Hijo que llevaba en sus entrañas. El Hijo que no tenía como padre a un hombre sino que había sido concebido por el Espíritu Santo. Dios se había fijado en Ella y por medio del ángel le había comunicado que la necesitaba para que le diese a su Hijo lo que todas las madres, y sólo ellas, pueden dar: su amor de madre, su seno, su carne, su sangre, en una palabra: todo. A Ella incluso se le pidió más: que se entregase en cuerpo y alma a la misión que ese Hijo venía a cumplir. María se encontró ante una maternidad absolutamente desconocida, porque nunca había existido otra igual ni volvería a existir: ser hecha madre por el mismo Dios. ¡Qué acto de fe tan grande tuvo que hacer para aceptar lo que el ángel le proponía! No se le pedía aceptar una serie de verdades. Se le pedía fiarse completamente de Dios. Ella, a ojos ciegas, respondió con la palabra que una judía de su tiempo daba una respuesta afirmativa: “Amén”. María firmó un cheque en blanco a Dios para lo que ahora quería y para lo que querría más tarde: “Aquí está la esclava del Señor, hágase como Él lo quiere”. Entonces tuvo lugar el primer acto de la Navidad, el más importante. Porque en aquel momento ¡Dios se hizo hombre! Belén pondría el segundo acto, al darnos al Niño-Dios, hecho nada por nosotros. ¡Feliz Navidad! Explotemos de alegría, porque Dios nos ama con locura.         

Domingo 3 de Adviento (17. XII. 2017) - Ciclo B

ESTÁ A LA PUERTA

“Entre vosotros está el que no conocéis”

********************Estamos en Betania, al otro lado de Jordán, en lo que hoy llamamos Jordania. Juan está bautizando a las multitudes que vienen a él impactadas por su vida austera y su vibrante llamada a la conversión. Son tantas, que los fariseos se están preguntando si no será alguno de los tres personajes anunciados para el futuro: el Mesías, Elías o el profeta que vendría después de Moisés. Para salir de dudas han enviado una legación al lugar de los hechos. Éstos sin andar en rodeos le preguntan a Juan: “¿Eres el Mesías?”. Juan responde con toda sencillez: “No soy el Mesías”. “Eres Elías?” Juan vuelve a repetir: “No lo soy”. Nuevamente insisten: “¿Eres el Profeta”? Él, sin titubear, contesta: “No lo soy”. Los legados se sienten autorizados para seguir preguntando en tono ahora más inquisitorial: “Entonces, por qué bautizas” Y Él vuelve a responder todavía con más verdad y humildad: “Yo bautizo con agua”, es decir, mi bautismo no tiene valor, no limpia los pecados. Pero “detrás de mí viene uno que os bautizará con Espíritu”. Ése sí será un bautismo verdadero, porque perdonará todos los pecados y comunicará la vida de Dios. Y añadió: Os digo más. “Está entre vosotros y vosotros no le conocéis”. Al escuchar a Juan, a ocho días de la Navidad, dos preguntas asaltan nuestra mente. La primera es ésta: ¿Sabemos a quién esperamos y qué celebraremos en Navidad?, ¿Tenemos la misma actitud de humildad y verdad que el Bautista para confesar que somos poca cosa, llenos de limitaciones y  pecados y que necesitamos un Salvador? ¿O nos creemos unos diosecillos que no necesitamos de nada ni de nadie? La segunda pregunta suena así. Juan cumplió su misión: confesó abiertamente que no era el Mesías sino su Precursor, y lo proclamó con las palabras y con los hechos. ¿Estamos cumpliendo tú y yo nuestra misión de cristianos, que proclaman con sus obras y sus palabras que son discípulos del que Juan anunció como el Mesías y Salvador? Si alguien te preguntase hoy “¿Tú eres cristiano?” ¿Te atreverías a ser tan claro y sencillo como Juan y proclamar: “Sí, coy cristiano?”    

Domingo 2 de Adviento (10. XII. 2017) - Ciclo B

NECESITAMOS UN BAUTISTA

“Preparad el camino al Señor”

*********************Sociedad “líquida”, sociedad de la “posverdad”, sociedad “relativista”. Así se define a la sociedad actual. Aunque no coinciden del todo, las tres destruyen la verdad. “Líquido”, en efecto, es lo no consistente, lo que se escapa de las manos. “Posverdad” es lo mismo que mentira. Y “relativismo” equivale a que nada es “verdad ni mentira”. Si a eso añadimos que hoy nos preciamos de pervertir el significado del lenguaje, llamando, por ejemplo, “interrupción del embarazo” a lo que es, en realidad, un aborto, no puede extrañarnos que se haya borrado del lenguaje y de la vida una de las palabras más importantes de la convivencia humana a nivel personal y social. Es la palabra “pecado”. Basta eliminarla, para destruir toda la historia de la salvación, cuya síntesis no es otra que la fidelidad de Dios a su Alianza y la infidelidad del hombre a ese pacto de amor mutuo. Sin pecado carece de sentido la mera hipótesis de redención, de salvación, de conversión. La Navidad, que es la celebración del comienzo de nuestra salvación, o la Pascua, que es la cumbre de esa salvación, no son pensables y, en el mejor de los casos, son realidades sin contenido. Estamos, pues, ante algo trascendental, frente a lo que no podemos cruzarnos de brazos si no queremos que nos lleve por delante a nosotros y a lo que nosotros hagamos u omitamos. Pensemos, por ejemplo, que “pecado” son esos programas donde se despelleja materialmente al que fue real o supuesta pareja, esas tertulias en las que se calumnia sin rubor, las blasfemias que se dicen en presencia de niños, las falsedades que se enseñan desde las cátedras sobre el matrimonio, el sexo o la vida, las actuaciones públicas en las que se malgasta el dinero de todos, las zancadillas que se ponen al que trabaja más y mejor que yo. El evangelio de este domingo nos da la clave para saber cómo actuar: “Juan predicaba que se convirtiesen para que se les perdonasen los pecados”. La gente fue dócil: “Confesaba sus pecados y él los bautizaba en el Jordán”. Si queremos –y pienso que queremos- preparar la Navidad, éste es el camino. Si no hay cambio de vida, todo será hojarasca.   

Domingo 1 de Adviento (3.XII.2017) - Ciclo B

LUZ EN EL CAMINO

“Estad despiertos, pues no sabéis el día”

*************El domingo pasado leí una entrevista a un reciente premio Nobel. En un momento determinado le pregunta el periodista si es creyente. Responde así: “Hace tiempo que dejé esto a un lado, pues Dios es una cuestión irrelevante”. Me dio pena, recé por él y no pude menos de decirme a mí mismo que se puede ser un sabio en lo humano y carecer de ese don que Dios concede a los pequeños y sencillos: la fe y ser un gran indigente religioso. Sirvió también para recordarme que esta persona no es la única que piensa así sino que hoy son incontables los que piensan como él. De todos modos, no pude menos de hacerme esta reflexión: él no ha creado las ondas gravitacionales que investiga ni se ha autodonado la inteligencia con que las ha descubierto ni la salud mental para seguir investigando. Traigo esto a colación, porque en el evangelio de este domingo –primero del año litúrgico de la Iglesia y primero de adviento-, Jesucristo no se cansa de insistir: “Estad despiertos”, “velad, porque no sabéis el día ni la hora”. Efectivamente, todos sabemos que, más bien pronto que tarde, quien nos ha creado y regalado tantísimas gracias, vendrá a nuestro encuentro y nos preguntará en qué y para qué hemos empleado ese ingente capital que puso en nuestras manos para que le sirviéramos a él y, por él, a los demás. Hay mucha gente que piensa que es dueño y señor y que no tiene que dar cuentas a nadie. Olvidan que no somos dueños sino administradores, depositarios de algo que es anterior a nosotros y se nos ha regalado para que lo usemos con responsabilidad. Por eso es muy pertinente que al comienzo del año litúrgico pongamos los ojos en la meta, para que nuestra vida no sea un simple dar pasos sino caminar hacia un destino bien definido: nuestro encuentro definitivo con Dios. Tenemos la suerte de poder recorrerlo no a tumbos y sin luz en la noche sino guiados por Jesucristo. Por eso es tan oportuno que la Iglesia nos invite a vivir con fervor el tiempo de Adviento que hoy comienza y que ponga en nuestros labios esta ferviente plegaria: “Ven, Señor Jesús”. Ven y no tardes. Ven e inúndanos con tu luz.  

Domingo 34 del Tiempo Ordinario (26. XI. 2017) - Ciclo A

EL DÍA DE LA JUSTICIA Y DEL AMOR

“Venid benditos…id malditos”

___________________La injusticia y el mal no tendrán la última palabra y cada uno hemos de vivir de modo que no seamos condenados sino salvados. Estas son las dos grandes ideas del Evangelio de este domingo, con el que concluimos el año de la Iglesia. El mal y la injusticia no tendrán la última palabra, porque la última palabra la tendrá Jesucristo. “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria con todos sus ángeles, se sentará sobre el trono de su gloria. Y SE reunirán ante él todas las gentes y él separará los unos de los otros como un pastor separa las ovejas de las cabras y pondrá a las ovejas a la derecha y las ovejas a la izquierda”. ¿Quiénes son “todas las gentes”? Todos los hombres sin excepción. Todos esos que hoy esclavizan a los pueblos por ansias de dinero y de poder. Todos los que ahora dictan leyes injustas contra la vida, la naturaleza, el matrimonio, la familia, la educación. Todos los que se imponen condiciones inasumibles a los países en vías de desarrollo para darles posibilidades de promoción. Todos los que ahora están, de modo invisible pero real, por encima de los legisladores y los jueces. Todos los amos del mundo, frente a los cuales chocan todos los intentos de cambio y de mejora. Llegará un día en el que cada pueblo, cada colectividad y cada individuo –tú y yo también- será sometido a la justicia y a la verdad de Dios. Allí no habrá diferencia de rango, de posición social, de sexo, de raza, de edad. Todos serán juzgados y todos lo serán según el mismo criterio. Pero no todos tendrán la misma suerte: unos aprobarán y otros suspenderán el examen definitivo. El criterio será muy sencillo: quien haya ayudado a Jesucristo en una situación de necesidad será aprobado; quien ha mirado para otra parte  será reprobado. La “necesidad” es cualquier carencia: el hambre, la sed, la enfermedad, la cárcel, la ignorancia, la soledad, el abandono, las situaciones de violencia, el odio, la increencia, el ateísmo y tantas otras. Nadie podrá decir que no le ha visto a Jesús en esas situaciones. Porque  él nos dirá: “Cuando se lo hacíais o dejabais de hacer a los que estaban en esa situación, me lo hacíais o no a Mí”.      

Domingo 33 del Tiempo Ordinario (19. XI. 2017) - Ciclo A

¿LA VIDA ES UN JUEGO?

“Bien, siervo bueno y fiel”

____________________El evangelio de hoy conocido como la “parábola de los talentos”. Efectivamente, presenta a un señor muy rico que reparte sus bienes a tres empleados con una finalidad bien precisa: que los hagan producir. Aunque no repartió a todos lo mismo, pues a uno le dio cinco, a otro dos y a otro uno, fue muy generoso con todos, pues un talento equivalía a 34,5 kilos de plata, una cantidad enorme en aquellos tiempos. Pasado un tiempo, vino a pedirles cuentas. Tanto el que había recibido cinco talentos como el que había recibido dos, los doblaron. En cambio, el que había recibido uno, tuvo miedo y lo dejó improductivo, de modo que sólo pudo devolver lo mismo que había recibido. El señor hizo la misma alabanza y dio el mismo premio al que había ganado cinco que al que había ganado dos: “Bien, siervo bueno y fiel, porque has sido fiel en lo poco te daré un cargo importante; pasa al banquete de su señor”. Al otro, en cambio, le dijo: “Siervo malo y holgazán: al menos debiste colocar el talento en el banco para que produjese intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Y a este siervo inútil echadlo fuera, a las tinieblas, allí será el llanto y el rechinar de dientes”. El señor que reparte los talentos es Dios, quienes lo reciben somos los hombres, el momento de rendir cuentas es el juicio que sigue a nuestra muerte. ¿De qué talentos se trata? Aunque instintivamente pensamos en dotes de inteligencia, corazón, fuerza, cualidades, Jesús habla de otros talentos. En concreto se refiere a la Palabra de Dios, a los sacramentos, a la caridad, a la propia vocación, a las múltiples gracias que Dios nos concede a lo largo de la vida. El día de hacer balance sobre nuestra vida Dios nos pedirá cuenta de si hemos leído y aplicado el Evangelio, si hemos vivido la caridad con los próximos y con los necesitados, si hemos participado en la misa del domingo y nos hemos confesado, si hemos sido fieles a nuestra vocación, si hemos aprovechado o malgastado su gracia. Dios no es un tirano que está al acecho de nuestros fallos. Es un Padre. Pero pide responsabilidad. La vida no es un juego sino la cancha donde nos jugamos la eternidad.         

Domingo 31 del Tiempo Ordiario (5. XI. 2017) - Ciclo A

VERDAD E INCOHERENCIA

“Dicen una cosa y hacen otra”

______________________El evangelio de este domingo es una rotunda descalificación de los escribas y fariseos. Jesús aduce contra ellos estos cargos: “Dicen una cosa y hacen otra”, “cargan pesos pesados sobre las espaldas de los demás y ellos no mueven un dedo”, “todo lo hacen para que les vea la gente”, “les gustan ser los primeros en las sinagogas y en los banquetes”. No son fruslerías. Son cosas muy fuertes, sobre todo si se tiene en cuenta que los escribas y fariseos eran los maestros espirituales que enseñaban al pueblo en nombre de Dios. Tenían autoridad legítima para enseñar. Por eso Jesús no desautoriza su doctrina sino su conducta. Enseñaban “la Ley de Moisés”, es decir, la Palabra que Dios había revelado en el Antiguo Testamento, pero en lugar de ser los primeros en practicarla eran los primeros en violarla. No es de extrañar que Jesús ponga en guardia a sus oyentes y les conmine: “Haced lo que dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen”. En él las cosas sucedían de modo completamente distinto. Enseñaba la Palabra de Dios, pero antes de predicarla, la practicaba. En vez de cargar obligaciones a los demás, se las quitaba o aliviaba. Lejos de hacer ostentación de su categoría de Dios, se despojó de su rango y se presentaba como uno más. Aunque podía reclamar servicios a los demás, prefirió ser servidor de todos. Su abajamiento llegó al grado de lavar los pies a sus discípulos y dejarse enclavar en una cruz, haciéndose blanco de todo tipo de burlas y desprecios. Este es el ejemplo que nosotros debemos imitar. Sin embargo, hemos de reconocer que, no pocas veces, los que estamos dotados de autoridad: padres, profesores, políticos, sacerdotes, etc. decimos una cosa y hacemos otra, y en lugar de servir a los demás, pretendemos que sean los demás quienes nos sirvan a nosotros. De todos modos, si malo es que digamos una cosa verdadera y buena y hagamos otra, todavía es peor que incluso sea mala la doctrina que proponemos. En ese supuesto, la recriminación de Jesús sería aún más radical: “No hagáis caso de lo que dicen ni de lo que hacen”. ¿Cabe mayor descalificación para quien debe orientar al pueblo?

Domingo 30 del Tiempo Ordinario (29. X. 2017) - Ciclo A

EL AMOR A DIOS Y AL HOMBRE

“Amarás al Señor con todo el corazón”

__________________Seiscientos trece eran los mandamientos que predicaban los  fariseos en tiempo de Jesús. No es extraño, por tanto, que mucha gente no los observase y que no pocos, incluidos los mismos fariseos, fueran incapaces de establecer una graduación sobre su importancia. Cada escuela tenía sus preferencias. Eso explica que un fariseo, viendo las acertadas y agudas respuestas que Jesús daba a las cuestiones más espinosas que le planteaban los saduceos, se acercase a preguntarle cuál era, a su juicio, el mandamiento principal y más importante. No lo hizo por verdadero interés religioso sino “para ponerlo a prueba”. “¿Maestro –le dijo-, ¿cuál es el principal mandamiento de la Ley?” Jesús no tomó en cuenta la falta de rectitud que escondía la pregunta y le dijo claramente: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este es el primero y principal”. Pero añadió algo por lo que no le había preguntado: “El segundo es semejante a él: amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Y apostilló: “Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas”. No deberíamos olvidar que son dos mandamientos inseparables. Pero con esa jerarquía: primero Dios y luego el prójimo. Es lógico, porque Dios es Creador y Padre y el prójimo es criatura e hijo, creado  “a imagen y semejanza de Dios”. No es el hombre el que está en el origen de Dios sino Dios el que está en el origen del hombre. Ciertamente, si borramos al hombre del horizonte de Dios, el Dios que se nos ha revelado en Jesucristo resulta irreconocible. Pero si borramos a Dios del horizonte del hombre, éste queda no sólo rebajado en su dignidad sino despojado de ella y convertido en un muñeco con el que se puede hacer todo tipo de experimentos, por erráticos que sean. Aquí está el origen de tanta violación de los derechos más elementales de la persona humana que advertimos hoy y aquí está la raíz para recuperar cosas tan importantes como la libertad, la vida, el honor, el respeto, la justicia, el trabajo, la propiedad. Volvamos a contar con Dios para que  volvamos a valorar al hombre.

Domingo 29 del Tiempo Ordinario (22.X.2017) - Ciclo A

POLÍTICA Y RELIGIÓN

“Dad al César lo que es del César”

____________________Con la historia de la Iglesia en la mano no puedo negar que han existido obispos y curas que han actuado como políticos de partido. El daño que han hecho a la Iglesia ha sido grande, porque han dividido al rebaño cuya unión debían fortificar y han escandalizado a los más pequeños en la fe. Ahora bien, con la misma historia en la otra mano tampoco puedo negar que han existido muchos más políticos que se han creído obispos y curas. Piénsese, por ejemplo, en el triste periodo de las investiduras y feudalismo. El mal que han hecho ha sido todavía mayor. Afortunadamente, una y otra especie están, sino en vías de extinción, al menos en una edad que no es la de oro. Si hubieran leído bien el evangelio de este domingo, habrían evitado tantos desaguisados. Porque en él encontramos la respuesta que esclarece qué corresponde a un obispo/sacerdote y qué a un político. Jesús la dio cuando un grupo de fariseos le planteó la cuestión de si había que pagar o no el impuesto al César. Era una pregunta muy comprometida, fuese cual fuese la respuesta. Si decía “sí”, se enemistaría con el pueblo, que odiaba al poder romano, al que tenía que pagar los impuestos, como pueblo sometido que era. Si decía “no” se enfrentaba con el poder de Roma. Los fariseos lo sabían muy bien. Y se la formularon no para saber las cosas  sino para “cazar” a Jesús. No lo lograron. Porque Jesús dio una respuesta a la altura de lo que era: “Dad al César, lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. El Estado tiene un ámbito y la Iglesia tiene otro. El Estado tiene una finalidad y la Iglesia tiene otra. Es imprescindible que cada parte respete su ámbito y finalidad. El problema suele plantearse hoy cuando el Estado atropella el bien común y dicta leyes injustas contra la libertad, la vida, el matrimonio, la familia, la propiedad, etc. ¿Se meten los curas y los obispos en política si se pronuncian en contra y enseñan a sus fieles la doctrina del Evangelio? De ninguna manera. Porque, en esos supuestos, el Estado ha perdido su legitimidad.  

Domingo 28 del Tiempo Ordinario (15.X.2017) - Ciclo A

LIBRES PERO RESPONSABLES

“Arrojadlo fuera, a las tinieblas”

_________________Algunos piensan que es igual acoger a Dios y rechazarlo, blasfemar y hablar con educación, ir a misa y no pisar nunca la iglesia, educar a los hijos y escandalizarlos, tener odio y perdonar, vivir en castidad y atiborrados de pornografía, decir mentiras y decir la verdad, estafar y ser honrado en los negocios, en una palabra: decir “sí” a la invitación que Dios nos hace para participar en su banquete de bodas –el Cielo- y no rechazar una y otra vez sus mandamientos. Jesús responde hoy en el evangelio y nos dice: no es lo mismo. Ciertamente, podemos elegir libremente, pero no somos libres frente a las consecuencias de nuestra elección. El pueblo de Israel era libre para aceptar la alianza que Dios le ofertó, pero, una vez aceptada, ya no lo era para violarla. Por eso, ante la continua infidelidad, Dios le quitó esta primogenitura y se la entregó a otro Pueblo. Es el mismo tema que el del domingo anterior y el precedente. Únicamente varía el punto de comparación: dos hijos ante la propuesta de su padre, los viñadores malvados y los invitados a una boda. Jesús recuerda a los dirigentes del Pueblo elegido que serán apartados del banquete y sustituidos por otros invitados, porque una y otra vez han rechazado la invitación con desdén, desprecio o violencia. La insistencia de Jesús en el mismo argumento muestra que se trata de algo muy serio. Ciertamente lo es. Porque lo que está en juego es nuestro destino eterno, que es el verdadero banquete al que Dios nos invita con insistencia, aunque sin obligarnos a entrar y compartir nuestro futuro eterno con él. Podemos aceptar su invitación y podemos rechazarla. Las consecuencias no pueden ser iguales. Por eso hemos de tener miedo a equivoquemos de ruta. Lo que le sucedió al Pueblo judío nos sucederá a nosotros si nuestra respuesta es como la suya. Rechazar la invitación de Dios a compartir el Cielo con él es atarle las manos y autoexcluirnos. Jesús nos advierte de nuestro posible mal uso de la libertad y nos invita a reflexionar sobre nuestro comportamiento actual. ¿Estamos aceptando a Dios o prescindimos de él e incluso le rechazamos?           

Domingo 27 del Tiempo Ordinario (8.X.2017) - Ciclo A

ESCARMENTAR EN CABEZA AJENA

“La piedra desechada es ahora angular”

__________________________También el evangelio de hoy nos habla con una parábola. Un labrador tenía una viña, la cuidó con mimo, la dotó sobreabundantemente y se la arrendó a unos labradores. Llegada la época de la vendimia envió a unos criados a recoger la renta. Pero los labradores reaccionaron tal mal, que a unos los pegaron, a otros los despreciaron y a otros les mataron. El dueño, en lugar que quitarles la viña, dejó que la cultivaran y al cabo del tiempo mandó otros criados a recoger lo que le correspondía. Pero los labradores volvieron  a reaccionar con la misma violencia. El dueño siguió teniendo paciencia y les dejó la viña para explotarla. Al cabo de un tiempo, envió a recoger lo que le correspondía, pero en lugar de enviar criados envió a su propio hijo, pensando que le respetarían y le darían la renta. Pero volvieron a reaccionar con la misma violencia y le mataron. Entonces el dueño les quitó la viña y se la arrendó a otros labradores. La clave de lectura de esta parábola la encontramos en un pasaje del Antiguo Testamento que leemos este domingo: “La viña es la casa de Israel”. Dios lo eligió como Pueblo suyo y lo mimó. Pero Israel, en lugar de dar frutos de buenas obras, violó una y otra vez la Alianza, se entregó a la idolatría y cometió pecado tras pecado. Dios tuvo paciencia y le envió hombres buenos y profetas para que cambiara de conducta. Pero Israel reaccionó como los viñadores, hasta el punto de dar muerte a su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Dios reaccionó como lo había hecho el dueño de la viña: escogió un nuevo Pueblo. Ese Pueblo es la Iglesia. En sus veinte siglos de historia ha dado frutos sabrosos y abundantes. Son los santos, los mártires y tantas personas buenas. Pero la Iglesia es también una comunidad de gente pecadora, de gente que produce malos frutos. Nosotros somos miembros de este nuevo Pueblo, de la Iglesia. ¿Qué frutos estamos dando? ¿Nuestra vida es como Dios quiere? ¿Nos consideramos administradores o dueños de la viña de nuestra vida? Todavía estamos a tiempo de cambiar y de dar otra orientación a nuestra vida. Quizás no tengamos un mañana.

Domingo 26 del Tiempo Ordinario (1.X.2017) - Ciclo A

DECIR “SÍ” DONDE DIJIMOS “NO”

“Os precederán, porque se arrepintieron”

___________________Pocas palabras han sido más manipuladas y tergiversadas que las que aparecen en el Evangelio de este domingo: “Las prostitutas y los publicanos os precederán en el Reino de los Cielos”. El fraude a lo dicho por Jesús es tan grande, que hasta se ha llegado a decir que Él alaba a quienes venden su cuerpo o son corruptos y ladrones, y condena a los bienpensantes y practicantes. Jesús dice otra cosa. Él tiene delante a un grupo de escribas y fariseos, fieles observantes de la Ley, que, cuando ha llegado él, que es “el fin de la Ley”, le han rechazado y le condenarán a muerte. En cambio, las prostitutas y los publicanos, que no observaban ni practicaban la Ley, se arrepintieron con la predicación del Bautista. Por eso, les preceden en el Reino de Dios, que es Él mismo. Y se lo ilustró con una parábola breve y sencilla. Un padre tenía dos hijos y les mandó a trabajar a la viña. Uno dijo: “sí, voy enseguida”, pero se arrepintió y no fue. En cambio, el otro dijo: “no me da la gana ir”, pero se arrepintió y fue. Cuando Jesús pregunta a los fariseos quién hizo la voluntad del padre, no tuvieron dificultad en encontrar la respuesta pertinente: “el que fue a trabajar a la viña”. Luego les dio la clave para interpretar la parábola: Vino Juan llamando a la conversión y no le hicisteis caso; en cambio, los publicanos y las prostitutas escucharon sus palabras y se arrepintieron. Por ello, no sois vosotros los que cumplís la voluntad de Dios sino ellos. No por lo que era “su profesión”, sino porque la dejaron y cambiaron de conducta. Vale la pena preguntarse en cuál de los hijos nos reconocemos. ¿Acogemos la Palabra de Dios que nos llama a la conversión, a cambiar de vida, a dejar el pecado en todas sus gamas y a iniciar una vida nueva, o la oímos como quien oye llover y seguimos enfrascados en los negocios sucios del dinero, del sexo, de la droga, del aborto, de la explotación del débil, de las injusticias, del abandono de los padres que llegan a mayores, de cambiar de pareja como se cambia de chaqueta? Jesús sale a nuestro encuentro para decirnos: Aunque hasta ahora no hayas querido ir a mi viña, estás a tiempo para cambiar tu “no” en un “sí”.  

Domingo 25 del Tiempo Ordinario (24.IX.2017) - Ciclo A

TODO ES GRACIA

“No te hago ninguna injusticia”

_____________________Siempre que comento el evangelio de este domingo, me viene a la memoria “el tío Bartolo”. Este labriego castellano no pisaba la iglesia desde que hizo el Servicio Militar. Decía más blasfemias que palabras. Incluso alardeaba de no creer en Dios ni en nada. Su buena esposa no logró que, al menos, le acompañara a misa el día de la Patrona. Un día “el tío Bartolo” cayó gravemente enfermo y el médico le habló con claridad: “señor Bartolo, parece que esto se acaba”. Estas palabras cayeron sobre él como un rayo. De  hecho, tan pronto como el médico salió de la habitación, le faltó tiempo para decirle a su mujer: vete a llamar al cura, porque me muero. La esposa no daba crédito a lo que oía, pero le faltó tiempo para llamar al sacerdote. Poco después, “el tío Bartolo” recibía los sacramentos de la Confesión, Unción y Viático. Al día siguiente le dimos cristiana sepultura. Hoy estará gozando de Dios en el Cielo. Decía al principio que me acuerdo del “tío Bartolo” siempre que comento el evangelio de este domingo. Porque el evangelio de hoy es una parábola en la que el dueño de una viña sale a contratar obreros a primeras horas de la mañana, a las nueve, a mediodía y al ponerse el sol. Llegado el momento de pagar, a todos los da el mismo jornal: un denario. Los que habían trabajado doce horas protestan, pues pensaban que el dueño ha sido injusto, al pagarles lo mismo que a los que habían trabajado una hora. Les sucedía como a los que vieron que “el tío Bartolo” se iba al Cielo, después de haber estado alejado toda su vida de Dios y de la Iglesia. ¡Es la medida de Dios, que es tan distinta a la nuestra! Llena de consuelo pensar que siempre estamos a tiempo de responder a la invitación de Dios, sean cuales sean nuestras circunstancias personales. Dios no se cansa de esperar ni de acoger. Por lo demás, tenía razón Bernanos cuando escribió: “Todo es gracia”. Efectivamente, nuestra salvación es una gracia, no un derecho. Nos salvamos porque Jesucristo ha muerto por nosotros. Nosotros acogemos –o rechazamos- ese don. En la niñez, en la madurez o a las puertas de la muerte.

Domingo 24 del Tiempo Ordinario (17.IX.2017) - Ciclo A

UNA PARÁBOLA REAL

“Setenta veces siete”

_____________________Ocurrió el pasado ocho de septiembre en la ciudad colombiana de Villavivencio. Una mujer, Pastora Mira, relató no sólo una increíble tragedia humana sino una historia de perdón todavía más increíble. Lo recordaremos de por vida quienes la escuchamos en las pantallas de televisión. Cuando tenía seis años, la guerrilla asesinó a su padre. Más tarde asesinó a su marido y luego a su hija Sandra. Por si fuera poco, a los dos años la guerrilla mató a su hijo Jorge Aníbal. Esta mujer, de firmes convicciones católicas, no quiso permitir que el odio y el rencor se apoderasen de su alma. Y no sólo perdonó a los asesinos sino que cuidó al guerrillero que había matado a su padre y a uno de los jóvenes que habían acabado con su hijo J. Aníbal. “Doy gracias a Dios –concluyó su testimonio- porque, con la ayuda de Mamita María (la Virgen), me dio fuerza de servirle sin causarle daño, a pesar de mi indecible dolor”. Pastora demostró que, con la ayuda de Dios, es posible “perdonar lo imperdonable”. No encuentro un comentario más actual y más ajustado del evangelio de este domingo 24 del Tiempo Ordinario. San Pedro pregunta a Jesús si tiene que perdonar “siete veces”, es decir, “siempre”, porque siete es número que simboliza en la Biblia “plenitud, totalidad”. Jesús le responde: “No siete veces sino setenta veces siete”, es decir: “siempre, siempre, siempre”. Todo y siempre. Aunque sea el asesinato de tu padre o de tu hijo. La razón es la que Jesús da a Pedro: por grandes que sean la ofensa y el perdón, son incomparables con lo que Dios nos perdona a nosotros. Pastora se refirió también a esto. Y a que Jesús había muerto perdonando a quienes le estaban matando. ¡Qué necesidad tenemos en la España de hoy de “pasar página”, como ya hemos hecho en otros momentos! ¡Qué necesidad tienen tantos esposos y esposas de “pasar página” y seguir conviviendo y cuidado a sus hijos! ¡Qué necesidad tenemos todos de recordar, en esta sociedad postcristiana, que si no perdonamos tampoco podemos decir a Dios “perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos”! Y ¿cómo se puede vivir sin ser perdonados y sin perdonar?   

Domingo 23 del Tiempo Ordinario (10. IX. 2017) - Ciclo A

RESTAURAR LA FRATERNIDAD

“Corrígelo a solas”

___________________En las familias, en las comunidades cristianas y en los lugares de trabajo surgen roces y desencuentros. Lo más común es que sean de no mucha monta. Suelen estar motivados por el cansancio, los modos de ser y la condición humana. No tienen mayor trascendencia. Sin embargo, a veces los encontronazos son graves y se ofende seriamente al cónyuge, al hermano, al amigo, al compañero. El evangelio de este domingo contempla esta posibilidad y traza las pautas que debemos seguir. Ciertamente, no podemos reaccionar con violencia física o verbal y menos aún con espíritu de venganza o con odio. Lo que el evangelio dice es que “arreglemos el asunto” y corrijamos a la persona ofensora. No es bueno dejar que la ofensa nos regale una úlcera de estómago o nos lleve a la ruptura. Lo pertinente es corregir. Pero no de cualquier modo sino siguiendo una buena pedagogía. El evangelio propone seguir estos pasos. Hay que comenzar hablando de tú a tú con el interesado, hacerlo a solas y hacerlo con cordialidad. No procede comenzar por la corrección en público, porque la soberbia que todos llevamos agazapada, se revuelve cuando se siente herida; y se siente herida cuando nos corrigen en público. Comencemos, pues, a solas. Si esto surte efecto, “hemos ganado al hermano”, que es, en definitiva, de lo que se trata. Es decir, se restablecen las relaciones fraternas. Si no se corrige, todavía no hay que pasar a una correcció0n en público, sino acompañarse de alguna persona que ayude al ofensor a reconocer su mal proceder. Si aun así no se corrige, es la hora de que intervenga la comunidad. Si todavía no reacciona en este supuesto, “tenlo por pagano o publicano”, dice Jesús. La salida no puede ser más triste. Es bueno que hoy pensemos que la corrección fraterna, hecha con este esquema evangélico, es un gran instrumento para fortalecer y restaurar la fraternidad. Lo que no produce más que males es la crítica, el enfrentamiento y la lejanía del corazón. Ayudémonos con una conversación franca, a la cara, en buenos modos y sin humillar. Y seremos cada vez mejores discípulos de Jesús.