Blogia

LITURGIA DEL VATICANO II

ASCENSIÓN DEL SEÑOR AL CIELO (12.5.2024) - Ciclo B

LA META Y EL CAMINO

“Id y proclamad el Evangelio”

Estamos en el Monte de los  Olivos, a un quilómetro de Jerusalén. Jesús está muy próximo a dejar esta tierra. Hace treinta años bajó del Cielo para hacerse hombre y, mediante su muerte y resurrección, destruir el reino del pecado y de la muerte y abrir a los hombres el camino que conduce a su Padre. Hoy, realizado plenamente su objetivo, retorna al Cielo con su naturaleza humana glorificada. En ella vamos también nosotros, miembros de su Cuerpo y, por tanto, poseedores de la esperanza de seguirle en su Reino si vivimos como él nos ha enseñado. Nuestra meta, en efecto, no es este mundo sino el Cielo. Que este mundo no es meta sino camino es un dato que verificamos cada día al comprobar que la muerte es patrimonio universal: de ricos y pobres, de sabios y menos sabios. Por eso es un gran error confundir el camino con la meta y olvidar que aquí estamos de paso. Pero es también un error muy grande pensar que “estar de paso” es sinónimo de vivir de espaldas a los hombres y a sus problemas y esperanzas. El “más allá” se prepara desde el “más acá” de esa parcela personal, familiar y social que Dios nos ha entregado para que la trabajemos con amor y responsabilidad. Mirar al Cielo es, por tanto, tomar absolutamente en serio este mundo para limpiarlo de todos sus excrementos morales y configurarlo según los planes de Dios. Una tarea tan grande y difícil como apasionante. Por fortuna no estamos solos para sacarla adelante. El mismo Jesús, poco ates de subir al Cielo, les dijo a los apóstoles, y en ellos a nosotros: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”       

Domingo 6 de Pascua (5.5.2024)- Ciclo B

COMUNIÓN DE VIDA ENTRE JESÚS Y SUS DISCÍPULOS

“Permaneced en mi amor”

“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”, del domingo anterior, era la primera parte de la metáfora sobre la viña. La segunda se encuentra en el evangelio de hoy, que nos explica qué es lo que caracteriza la vida de la vid y, por tanto, la que debe caracterizar la de los sarmientos. La vida de la vid –de Jesús- se caracteriza porque ama a su Padre y hace siempre lo que él quiere, porque ama a sus discípulos y quiere que se amen entre ellos como él les ha amado. La parábola de la vid señala, por tanto, por un lado, la profunda y completa comunión de vida entre Jesús y sus discípulos y, por otro, que él es la fuente de esa vida. Estar unidos a la vid y vivir su misma vida -esencial para que haya comunión de vida entre Jesús y sus discípulos-reclama asumir este mandato: “Permaneced en mi amor”, tomad cada vez mayor conciencia del amor que Yo os tengo y que manifiesta el que el Padre tiene por Mí y Yo tengo por el Padre. Y, como Yo os he amado hasta dar la vida por vosotros, permanecer en Mí exige que os améis unos a otros, incluso hasta dar la vida. ¡Qué alegría cuando los cristianos se comprenden, se quieren, se perdonan sus faltas, se ayudan en sus necesidades, se estimulan a recorrer el camino hacia el cielo! En cambio, ¡qué pena si surgen enfrentamientos, odios y guerras verbales o armadas! Ahora se hacen muchos planes de evangelización y se trabaja intensamente para que la sinodalidad se instale en todas partes y niveles. Bienvenidos sean. Pero comencemos por lo primero e irremplazable: ver un hermano en cada discípulo y tratarle como tal.

Domingo 5 de Pascua (28.4.2024) Ciclo B

CRISTO Y LOS CRISTIANOS

“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”

La tierra de Jesús era tierra de labradores, pastores y cultivadores de vides. Por eso él recurría con mucha frecuencia a imágenes sacadas de ese ambiente para trasmitir las grandes verdades que predicaba a aquella gente sin estudios. El domingo pasado, por ejemplo, usaba la figura del pastor para indicarnos el cuidado, defensa y amor que nos tiene, hasta el punto dar la vida por nosotros en la cruz y ahora en los sacramentos, sobre todo en los del Bautismo y Eucaristía. Hoy, al hablar de la fuente de donde manan las obras buenas de nuestra vida familiar, profesional y social recurre a la imagen de la viña: “Como el sarmiento no puede dar fruto si no está unido a la vid, tampoco vosotros si no estáis unidos a mí. Yo soy la Vid, vosotros los sarmientos”. No son los más listos, los mejores programadores, los expertos en sociología, sicología y marketing quienes renuevan la Iglesia sino los que más unidos están a Jesucristo. Ahí está el testimonio de la historia a favor de los santos. Si no leemos habitualmente la Palabra de Dios, si no rezamos, si no nos confesamos con frecuencia, si no vamos a misa, si no comulgamos, si no vivimos la caridad, si hacemos nuestra voluntad y no suya, nuestra unión con Cristo termina por ser nula. ¿No sirve para nada el talento, el trabajo, la competencia profesional, las cualidades humanas? Sirven y mucho si llevan la marca de Cristo. No sirven, e incluso pueden hacer mucho daño, si las empleamos separados de la vid.  No lo olvidemos: para dar fruto de buenas obras es imprescindible estar unidos a Jesús.        

Domingo 4 de Pascua (21.4.2024) - Ciclo B

SER SACERDOTE HOY

“El buen pastor da la vida por sus ovejas”

Cuando yo era estudiante, casi todos los vecinos de mi pueblo tenían ovejas, pero necesitaban juntar las de varios para formar un rebaño que cuidaba un pastor. Esos pastores sacaban muy de mañana sus rebaños al campo y realizaban estas tres tareas: las llevaban a los mejores pastos, las defendían de los lobos y trataban de que ninguna se desperdigase y, si lo hacía, allá mandaba el perro para que la devolviese al rebaño. Tenían tal dedicación a las ovejas, que las conocían a todas y a muchas las ponían un nombre. Se puede decir que vivían para ellas. Jesús conoció un estado de cosas bastante parecido. Por eso cuando quiso expresar su entrega y su amor por los hombres, se sirvió de la imagen del pastor que cuida con solicitud su rebaño. “Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas”, leemos en el evangelio de este cuarto domingo de pascua. Viendo las llagas de sus manos, pies y costado en su cuerpo resucitado, nos percatamos hasta qué punto son verdaderas sus palabras. Dio la vida por sus ovejas, muriendo en una cruz por todos los hombres. La Iglesia considera que los sacerdotes son sus buenos pastores, porque con la ordenación sacerdotal les convierte sacramentalmente en otro Cristo. Por eso un buen sacerdote conoce a sus ovejas y no sólo por el nombre, vive para ellas día a día y no es ni de izquierdas ni de derechas ni centro sino de todos, porque Jesucristo murió en la Cruz para formar un solo rebaño con todos, sin excluir  a nadie. Pidamos hoy al Buen Pastor que nunca falten muchos y buenos sacerdotes. Y recemos por los que tenemos.

Domingo 3 de Pascua (14.4.2024) - Ciclo B

EL RESUCITADO NO ES UN MITO

“Soy Yo. Tocad mis manos y mis pies”

Si algo caracteriza a la gente del campo y del mar es su sentido de la realidad. No son Quijotes que llaman gigantes a los molinos de viento sino Sanchos que ven molinos y gigantes a los que son tales. Si pecan de algo es de ser excesivamente realistas. Acostumbrados a ver la tierra y el sol, a tocar los mandos del tractor y de la cosechadora, y a coger entre las manos los nuevos granos de trigo no son proclives a las alucinaciones. A esta clase de hombres pertenecían los apóstoles. Por eso cuando se les hace presente el Resucitado, no piensan de inmediato que el Crucificado ha vuelto a la vida sino que ven un fantasma. Necesitan tocarle, palparle. El Resucitado no se enfada. Con inmenso afecto les dice: tocad mis manos y  mis pies y dadme algo de comer. Ellos le dan un poco de pescado asado y él lo come. En ese momento de comensalidad, como les había sucedido a los dos de Emaús, le reconocen. Luego les explica las Escrituras que habían anunciado su muerte y resurrección. Ahora ya pueden atestiguar que la Resurrección no es una idea, un mito o un invento. Han llegado a ella no como resultado de haber leído las Escrituras sino al revés: han descubierto el sentido de las Escrituras desde el hecho de haber visto, oído y tocado al Resucitado. Ese testimonio está en la base de nuestra fe. Creemos, ciertamente, por gracia. Pero nuestra fe no es bobalicona ni ofuscada. Tiene apoyaturas muy firmes. Esa fe se robustece en la Eucaristía de cada domingo, donde se hace presente el Resucitado y nos explica las Escrituras. Por eso vamos a Misa.          

Domingo de Pascua (31.3.2024) - Ciclo B

EL NÚCLEO DE LA FE DE LOS CRISTIANOS

“Entró, vio y creyó”

Jesucristo siempre cumple su palabra. Había dicho que uno de los suyos le entregaría, que Pedro le negaría, que le crucificarían. Así ocurrió. Había dicho también que al tercer día resucitaría de entre los muertos. Pero cuando la Magdalena sube al sepulcro antes de que amanezca y le encuentra vacío, todo lo que le viene a la cabeza es que lo han robado. Llorosa y desconsolada va a comunicárselo a Pedro y Juan. Pedro sube corriendo al sepulcro, ve el sudario enrollado y bien colocado y en vez de descartar el robo, que siempre implica rapidez y desorden, tampoco cree. Juan, en cambio, ve lo mismo que Pedro y la Magdalena, pero da el salto a la fe: “Vio y creyó”. Y cayó en la cuenta de que el Maestro ya lo había predicho, aunque ni él ni los demás habían comprendido qué era eso de resucitar. Estos comportamientos de los más íntimos de Jesús son muy aleccionadores para nosotros, más propensos a pensar como la Magdalena y Pedro que a creer como Juan. Hoy hemos de pedir al Resucitado que aumente nuestra fe. Porque creer que Jesucristo está vivo no es una cosa más o una verdad muy importante. Es el núcleo fundamental de nuestra fe y nos va en ello la vida. Porque su resurrección es la derrota de nuestros pecados y de nuestra muerte y la confirmación de que Jesús vive entre nosotros, nos acompaña en la vida y de él nadie podrá separarnos. Cantemos, pues, con los labios y sobre todo con el corazón y la vida: “Sabemos que estás resucitado/la muerte en ti no manda/. Rey Vencedor, apiádate de la miseria humana/, y da a tus fieles, parte en tu victoria santa”.          

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (24.3.2024) - Ciclo B

DOMINGO DE RAMOS: LA GRAN PARADOJA

“¡Hosanna! Al que viene en nombre del Señor”

“Domino de Ramos en la Pasión del Señor”. Así califica la liturgia a este domingo. No cabe una síntesis perfecta de este día. Más aún, de toda la semana que llamamos Santa. Efectivamente, Jesús entra en Jerusalén escoltado por una muchedumbre enfervorizada, que le aclama como el Mesías que viene en nombre de Dios a salvar a su pueblo. Él no rechaza esta aclamación, sobre todo cuando sale de la boca de los niños. Pero la purifica y le da un sentido que ellos no entienden. Viene, sí, a Jerusalén y viene para salvar de modo definitivo no sólo a su pueblo sino a todos los pueblos. Pero la suya es una salvación, un triunfo desconcertante. No la realizará con el éxito, el poder, el dinero, la gloria humana. Su triunfo tiene lugar en lo que todos llamaríamos “estrepitoso fracaso”: abandonado de sus apóstoles, condenado por las autoridades, despreciado por una masa enloquecida y manipulada, clavado y muerto en una cruz. Todo apunta hacia una derrota total. Pero es una derrota aparente. Lo que en realidad hay es una gran glorificación de él y del Padre. De él, porque con ese “fracaso” reconcilia a los hombres con Dios y les abre las puertas del Cielo. Del Padre, porque se ha cumplido con total perfección la misión que él había asignado a este “fracasado” cuando le envió a este mundo. Es la gran paradoja de Dios: triunfa en la humillación, en la entrega total y generosa de la propia vida por amor a los demás. Semana Santa. Días para revisar nuestros criterios y, probablemente, para cambiarlos y hacer que sean cristianos de verdad.          

Domingo 5 de Cuaresma (17.3.2024) - Ciclo B

EL CAMINO PARA DEJAR HUELLA

“Si el grano de trigo muere, da mucho fruto”

El próximo domingo es “Domingo de Ramos en la Pasión del Señor”. Con él nos adentraremos cada vez más en el misterio de la pasión y muerte del Señor. La Iglesia desea que no seamos extraños espectadores sino verdaderos actores de tan gran misterio. Por eso quiere prepararnos ya desde este domingo con un evangelio en el que Jesucristo se compara a un grano de trigo que cae en la tierra y que, destruyéndose, se multiplica. La tierra en la que ese grano cae, no es como las que siembran nuestros labradores sino la cruz. El grano que en ella se siembra y se destruye con la muerte es el cuerpo de Jesús. Quien lo vea desde fuera –con ojos humanos-, puede pensar que él ha sido un malhechor o un vencido incapaz de librarse de sus enemigos. Pero quien lo contempla con ojos de fe, descubre que es su  triunfo y su glorificación. Entregando su vida por amor, realiza el plan de salvación que el Padre le había encomendado y reconcilia con Dios a todos los hombres de todos los tiempos. Él mismo se lo que dice a Andrés, cuando éste le ruega que reciba a unos griegos que quieren hablar con él: “Cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia Mí”. El grano de trigo destruido, se ha multiplicado de modo extraordinario. Cuando dentro de tres días vuelva a la vida resucitado, su gloria y exaltación llegará a la cumbre. Quienes somos sus discípulos, no tenemos otro camino si queremos dejar huella en nuestro paso por este mundo. Para ser fecundos hay que hacerse grano de trigo que se entrega por amor un día y otro hasta que Dios nos llame a su presencia.

Domingo 4 de Cuaresma (10.3.2024) - Ciclo B

NICODEMO, UN PERSONAJE ACTUAL

“Dios envió su Hijo al mundo para salvar al mundo”

Estamos en el meridiano de la Cuaresma. Eso explica que el evangelio de este domingo nos presente ya la realidad y las consecuencias de la muerte de Jesucristo en la Cruz. Lo hace a través de un personaje muy actual: Nicodemo. Este hombre era miembro del Sanedrín, Consejo Supremo Judío en materia religiosa y política. Era un hombre de bien. Había visto y escuchado lo que hacía Jesús y se sentía atraído por él. Pero no lograba superar las dificultades del ambiente, que era contrario a Jesús. Por eso acude a él no cuando pueden verle todos sino por la noche, teniendo como único testigo la oscuridad. Jesús no le rechaza ni le reprocha su miedo al qué dirán. Le acoge y le descubre que ha venido al mundo no para condenarlo sino para salvarlo. Pero es preciso dejarse salvar, dejar que el amor hasta el extremo de la cruz penetre en su corazón y lo trasforme con su fuerza. Si le acoge con fe y acepta esa oferta de amor infinito, todo lo demás será un camino andadero. Nicodemo es un ejemplo típico de muchos hombres y mujeres de hoy. Tienen miedo al qué dirán quienes le conocen si le ven entrar en una iglesia, decir que quiere ser creyente, volver a la misa del domingo, confesarse. Quizás le convenga hacerse a sí mismo esta reflexión: ¿qué enfermo desahuciado dejaría de ir a un médico que con toda certeza le devolvería la salud? Jesús es ese médico. Él ha dado su vida para curarnos de nuestras enfermedades del espíritu y hacernos felices. ¿Dejaremos de acudir a él en el sacramento de la penitencia para que nos cure y devuelva la alegría?    

Domingo 3 de Cuaresma (3.3. 2024) - Ciclo B

EL TEMPLO DE JERUSALÉN Y LOS NUESTROS

“Mi casa es casa de oración”

Suele ocurrir con frecuencia. Cuando hay dinero de por medio, hasta lo más sagrado termina por corromperse. Así había sucedido en el Templo de Jerusalén. La venta de animales y el cambio de moneda que comenzaron para facilitar los sacrificios y limosnas, se habían convertido en un mercado. Cuando Jesús presenció ese espectáculo bochornoso, hizo un látigo de cordeles y comenzó a hacer limpieza. Echó a los animales, tiró por tierra las mesas de los cambistas y dijo a los presentes, lleno de santa ira: ¡fuera, este lugar es para la oración y vosotros lo habéis pervertido para nuestros negocios! Si hoy viniera Jesucristo a nuestras iglesias y observara lo que sucede, por ejemplo, antes de la misa, advertiría que muchos están hablando como en la calle o en el bar, no pocos entretenidos en leer y contestar correos, algunos viendo un video poco recomendable y sólo unos poquitos preparándose para una participación consciente y fervorosa. Pero lo peor podría ocurrir si al final  comprobara lo que había sucedido durante la misa, tras escuchar hoy la lectura del Decálogo. Muchos seguirían aferrados a los ídolos del dinero y del éxito a cualquier precio, otros adormecidos ante el aborto y la eutanasia, apegados a sus negocios poco limpios, no decididos a vivir su matrimonio castamente, dispuestos a despellejar la fama de todos, y sólo algunos decididos a mejorar su trato con Dios y con los pobres y necesitados ¿Qué nos diría Jesús ante tal espectáculo? Vale la pena que lo pensemos a fondo, ahora que le estamos acompañando para celebrar la Pascua.         

Domingo 2 de Cuaresma (25.2.2024) - Ciclo B

TRANSITORIA PERO NECESARIA

“Se trasfiguró ante ellos”

Los apóstoles tenían que aprender una gran lección. Su Maestro no realizaría la salvación de los hombres con poder, gloria y éxitos humanos sino con dolor, desprecio y muerte. Así lo habían anunciado los profetas, especialmente Isaías en sus “Cánticos del “Siervo”. Pero el dolor, el desprecio y la muerte no tenían la última palabra. Eran sólo la penúltima etapa para alcanzar la meta de la glorificación de Jesús: su resurrección, su ascensión al cielo y el envío del Espíritu Santo. Como gran pedagogo, el Maestro no les dio una brillante conferencia sobre este asunto sino una lección sumamente práctica, intuitiva. Tomó consigo a sus tres predilectos: Pedro, Santiago y Juan y subieron al Monte Tabor. Allí les hizo comprobar que él era más que lo que hasta entonces habían visto. Porque su cuerpo se hizo más resplandeciente que el sol, sus vestidos más blancos que la nieve, se hicieron presentes los dos grandes profetas Moisés y  Elías y se oyó una voz que decía: “este es mi Hijo amado, escuchadlo”. La lección ya estaba dada. Cuando llegase el escándalo de la cruz, debían recordar que era sólo la etapa previa para el gran triunfo de Jesús la mañana de Resurrección. No lo recordaron, salvo Juan, y le dejaron solo. Tampoco nosotros acabamos de comprender que el dolor no es un castigo de Dios sino el paso obligado para identificarnos con Cristo. Si él nos salvó con el dolor por amor, nosotros no salvaremos la parcela que tenemos asignada por otro camino. No cambiaremos el mundo con éxitos, poder y gloria sino con una entrega humilde, generosa y sacrificada.

Domingo 1 de Cuaresma (18.2. 2002) - Ciclo B

LA HORA DE REEMPEZAR

El Espíritu empujó a Jesús al desierto

Hoy es el primer domingo de cuaresma o “de las tentaciones” porque el evangelio habla de las que Jesús sufrió en el desierto. San Marcos, al que pertenece ese relato, se limita a decir que Jesús fue tentado por Satanás, sin explicar en qué y cómo. De todos modos, nos dice lo nuclear: fue tentado pero salió victorioso. Todo un ejemplo para nosotros, que somos también tentados, es decir, incitados a obrar mal. ¿En qué somos tentados los hombres y las mujeres de hoy? En lo mismo que lo fueron y lo serán todos los que nos han precedido y vendrán después de nosotros. Varía la forma, pero siempre estamos en lo mismo: el orgullo o afán de ser más que los demás, incluso más que Dios, la pereza, la avaricia, la envidia, la lujuria. En la cultura actual hay dos variantes muy peligrosas: el individualismo y el relativismo. Para el individualismo sólo existimos nosotros, no los demás. Por eso prescindimos o pasamos por encima de todos y de todo, incluso de lo más sagrado. Para el relativismo no hay verdades objetivas sino que cada uno tiene su verdad. Todo es discutible, todo es opinable, nada ni nadie puede presentarme una verdad que me obligue a hacer u omitir ciertas cosas. Desde hace algunas décadas los cristianos estamos tentados también de pasarnos a lo que el sabio y santo Benedicto XVI llamó “la apostasía silenciosa”. Ese alejarse de Dios y de la Iglesia poco a poco pero cada vez más. ¿Hemos sido tentados y vencidos? La cuaresma nos recuerda que, si es así, estamos a tiempo para rectificar y volver a la casa del Padre. Recomencemos con humildad.         

Domingo 6 del Tiempo Ordinario (11.2.2024)- Ciclo B

MÁS QUE UN MÉDICO EXTRAORDINARIO

“Quiero, queda limpio”

La lepra era, en tiempos de Jesús, una enfermedad casi incurable y el leproso un muerto sin enterrar, pues no podía vivir con su familia ni con los demás vecinos ni asistir a las sinagogas. Los leprosos vivían en el campo sin más compañía que la de otros compañeros de enfermedad. Nadie podía tocarles, porque quedaba “impuro” y, por tanto, excluido. Un día todo esto se vino debajo de golpe. Un leproso, en lugar de apartarse, rompió los esquemas, se acercó a Jesús, se puso de rodillas y le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús no recriminó su comportamiento. Al contrario se compadeció de él, tocó con su mano al intocable y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Jesús es, sin duda, un supermédico pues curó a incontables enfermos de todo tipo.  Pero es mucho más que un médico extraordinario. Es, sobre todo y ante todo, un realizador del Reino de Dios, reino que no consiste en una vida terrena sana e ilimitada sino en la vida eterna con Dios. Esta fue la misión con la que vino a la tierra y sus milagros estuvieron al servicio de ella. Antes de su venida, el mundo era una inmensa leprosería, en la que todos los hombres y mujeres estaban manchados con la lepra del pecado. Él curó esa lepra tocándonos a todos con su sangre derramada en la cruz. Pero todos hemos recaído culpablemente en la enfermedad y necesitamos ser recurados muchas veces. Tengamos la humildad y sinceridad del leproso, pongámonos de rodillas ante un representante de Jesucristo y mostremos nuestra enfermedad. Jesús mismo, a través de su ministro, nos dirá: “Quiero, queda limpio, queda perdonado”.     

Domingo 5 del Tiempo Ordinario (4.2.2024) - Ciclo B

DEJAR POSO EN LA VIDA

“Muy de madrugada se marchó a orar”

El día anterior había sido frenético. Sermón en la sinagoga, curación de la  suegra de Pedro, atención y curación de muchos enfermos físicos y espirituales. Cabía esperar que el descanso de esa noche se prolongara. Pero el evangelista no deja lugar a dudas: “De madrugada le levantó, marchó al descampado y allí se puso a orar”. La vida moderna lleva consigo una actividad muy intensa: trabajo en casa, trabajo fuera de casa, prisas para coger el bus, dificultades para aparcar el coche, imprevistos y un largo etcétera. A poco que nos descuidemos, podemos convertirnos en un manojo de nervios que va sembrando la vida de mal humor, discusiones, riñas y amargura. Jesús nos ha dado la clave para que nuestros muchos quehaceres nos lleven a Dios. Esa clave es la oración. Sí, necesitamos rezar, dialogar con Dios nuestro comportamiento con las personas, especialmente las que más tratamos, el trabajo, las preocupaciones, los problemas, los acontecimientos, en una palabra, nuestra vida. El Papa Francisco está tan convencido de esta necesidad, que ha declarado que este año 2024 sea un “año de oración” para que toda la Iglesia prepare bien el Jubileo de 2025. Con motivo de ese acontecimiento se pueden organizar muchas actividades, iniciativas, idas y venidas. Pero si falta la oración, existe el riesgo de quedar vacías, sin dejar poso, sin influir en la vida. “Si el Señor no construye la casa –dice el salmo- en vano se cansan los albañiles, si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas”.  Vale la pena pararse a pensarlo y aplicar la medicina decuada.    

Domingo 3 del Tiempo Ordinario (21.1.2024) - Ciclo B

LA VIDA PÚBLICA Y LOS CRISTIANOS

“Dejando las redes, se siguieron

Estamos en el lago de Genesaret. Jesús pasa por delante de cuatro pescadores: Pedro, Andrés, Santiago y Juan y les dice: “Veníos conmigo”. Y los cuatro, sin titubear, le siguen de inmediato. Jesús les ha dicho que dejen su trabajo habitual, porque quiere que convivan con él y enviarles después a predicar su mensaje por el mundo entero. Jesús pasa hoy por todos los lagos donde la gente trabaja en mil faenas: la familia, la fábrica, el quirófano, la cátedra universitaria, el sindicato, los parlamentos de las naciones, el mundo del arte, de la música, de la informática, de las redes sociales y un largo etcétera. Salvo en contadas excepciones, Jesús dice a todos que le sigan ahí y desde ahí, trabajando con los demás ciudadanos, pero demostrando con los hechos que son discípulos suyos. Abandonar esos campos sería salirse de la historia, vivir en otro mundo y dejar el campo en exclusiva a quienes orillan o atacan a Jesucristo. Es lo que postula el laicismo imperante, cuando dice que la religión es asunto privado que no puede ni debe influir en la vida pública. Ciertamente no se trata, por ejemplo, de que un Parlamento se convierta en una iglesia. Pero en ese Parlamento los cristianos tienen que dejar constancia de lo que son y no aprobar leyes que ataquen derechos fundamentales de toda persona humana. Y quien dice un Parlamento, dice una cátedra universitaria, en la cual no se puede mentir ni manipular a los alumnos. O un programa de televisión, en el que no se puede calumniar o insultar ¡Qué necesidad tenemos hoy de este tipo de discípulos!             

Domingo 2 del Tiempo Ordinario (14.1.2024) - Ciclo B

UN ENCUENTRO IMPRESCINDIBLE

“Venid y lo veréis”

“Eran las cuatro de la tarde”. Habían pasado setenta años cuando el apóstol Juan lo puso por escrito. ¿Qué pasó aquel día para que quien era entonces un adolescente lo recordara con tanta precisión siendo ya un anciano venerable? Cuando un chico y una chica se enamoran, aunque pasen los años, recuerdan el momento y lugar exactos en que dejaron de ser “uno más” en el grupo de amigos y se convirtieron en “el único y la única”. Ese encuentro dio un giro tan radical en sus vidas, que las unieron para siempre, se unieron en matrimonio y compartieron la existencia hasta que los separó la muerte. Eso es lo que le sucedió a Juan, el discípulo amado. El día en que se encontró con Jesucristo cambió el proyecto de su vida. Experimentó en su persona lo que siglos más tarde escribiría el papa Benedicto XVI: “No se comienza a ser cristiano –a ser discípulo- por una decisión ética o una gran idea sino por un acontecimiento, una Persona, que cambia completamente el horizonte de la vida”. Muchos, quizás todos los que lean esto, se tienen por cristianos, es decir, por discípulos de Jesús. Quizás hoy no esté de más formularse esta pregunta: “¿Yo me he encontrado realmente con la Persona de Jesús, con esa Persona que se ha hecho tan importante en mi vida que guía mis proyectos, mis afanes, mi trabajo, mi vida de familia, mis relaciones sociales?” Sea cual sea la respuesta, el evangelio de este domingo es una invitación a “estar con Jesús”, de persona a persona, como dos realidades vivas. Porque su trato nos descubrirá que Él y sólo Él llena de paz, alegría y plenitud a nuestra vida.  

Bautismo del Señor (7.1.2024) - Ciclo B

JESUCRISTO AYER, HOY Y SIEMPRE

“Tú eres mi Hijo amado”

Estamos en las orillas del Jordán. Juan el Bautista llama a los pecadores a volverse a Dios y recibir un bautismo de agua en señal de arrepentimiento y cambio de vida. Un día llega Jesús de Nazaret y se coloca en la fila como un pecador más. Juan se encara con él: soy yo, le dice, quien debe ser bautizado por ti. Termina cediendo ante la insistencia de Jesús y le bautiza. Ciertamente Jesús no era un pecador. Al contrario, era “el cordero que quita el pecado del mundo”, el Hijo amado a quien el Padre enviaba para destruir el pecado y reconciliar a los hombres con él. Pero esto llevaba consigo que Jesús se hiciera solidario, más aún, responsable de los pecados de los hombres. El día en que entregue su vida en la Cruz aparecerá con toda claridad hasta qué punto asumió esta solidaridad de los pecados de los hombres. Siendo totalmente inocente, murió como un empecatado. Este Jesús tan solidario de los hombres no es una figura que existió en el pasado pero que nada tiene que ver con nosotros y nuestros problemas. No es así. Jesús sigue tan presente y activo como mientras vivió físicamente con nosotros. Lo dirá la carta a los Hebreos con claridad y firmeza: “Jesucristo ayer y hoy, y por los siglos de los siglos”. Es decir alguien que sigue solidarizándose con nuestros problemas y con nuestros pecados mediante su misericordia, su compasión y su perdón. Tendremos oportunidad de verlo a lo largo del tiempo que comienza mañana, pues el Bautismo de Jesús, que celebramos hoy, cierra el de Navidad. ¡Ojalá contemos con él y le dejemos entrar en nuestra vida de cada día!

Sagrada Familia (31.12.2023) - Ciclo B

LA MEJOR ESCUELA DE LA VIDA

“Crecía en sabiduría y gracia”

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. El evangelio no tiene grandes discursos sobre esta institución. Prefiere presentar un acontecimiento que vale más que mil palabras: Dios quiso nacer y crecer en una familia humana. Jesús aprendió de José y María todo: a hablar, a comer, a vestirse, a rezar, a ir a la sinagoga los sábados, a leer la Sagrada Escritura, a trabajar y, cuando murió José, a salir adelante él y su madre. En la familia de Nazaret no encontramos grandes milagros ni obras extraordinarias. Sólo aparece lo cotidiano, lo de cada día, pero condimentado con un gran amor hacia dentro y hacia fuera. Lo mismo que han hecho incontables familias a lo largo de la historia y hacen y viven hoy tantas familias. Por eso la de Nazaret puede ser propuesta como modelo de las familias de los discípulos de Jesús. Quienes hemos tenido la suerte de nacer y crecer en una familia cristiana sabemos hasta qué punto somos deudores a nuestros padres de la vida, de la fe, de la práctica religiosa, de la preocupación por los demás, de la solidaridad y fraternidad, del valor del sacrificio y el esfuerzo, de responder a la vocación al sacerdocio o al matrimonio, en una palabra: de todo eso que forma el tejido real, aunque invisible, de nuestra vida. ¿Ha pasado de moda este tipo de familia? ¿No continúa siendo la familia la mejor escuela en la que se aprenden las virtudes y valores que engrandecen a los pueblos? Apoyemos la familia, defendamos esta institución incomparable, trasmitamos a las nuevas generaciones el testimonio de algo que es imprescindible.        

Domingo 4 de adviento (24.12.2023) - Ciclo B

EL VERDERO BELÉN VIVIENTE DE HOY

“Hágase en mí según tu palabra”

Fue en la Navidad de 1223 cuando tuvo lugar el primer belén viviente. San Francisco de Asís, su inventor, quería ver con sus propios ojos el desvalimiento de Jesús en su nacimiento y cómo fue colocado sobre el heno de un pesebre escoltado por un buey y un borriquillo. No quería realizar una obra de arte sino suscitar el asombro ante la humildad y pobreza de Jesús. Desde entonces se han hecho mil representaciones. En Burgos se hacen ahora en  diversos lugares. Me parece muy bien, así como que en tantas iglesias y hogares se coloque un belén, sobre todo ahora en que una sociedad secularizada pretende olvidarlo o sustituirlo por otras alternativas indiferentes.  Sin embargo no podemos quedarnos ahí sino que hemos de dar un paso más y preguntarnos si hoy y aquí tenemos que contentarnos con una representación y no acceder a la realidad. Para nuestra fortuna es posible tener la misma realidad del primer Belén. Más aún, lo tenemos al alcance de la mano. ¿Qué fue ese primer Belén sino la entrada de Dios en nuestro mundo como verdadero hombre hecho un niño? Todo lo demás fueron guindas sobre ese pastel. Si hubiese faltado Jesús, Belén no habría sido Belén. Ese mismo Jesús, que nació en aquel momento de la historia y en aquella pequeña aldea de labradores y pastores, nace, se hace presente, en cada una de nuestras eucaristías y luego se queda en nuestros sagrarios. Ese es el verdadero belén viviente de hoy. Vayamos a él y tratemos de encontrarnos personalmente con quien, sin dejar de ser Dios, se ha hecho hombre como y por nosotros. ¡Feliz Navidad!         

Domingo 3 de Adviento (17.12.2023) - Ciclo B

LOS CAMINOS DE LA FELICIDAD

“En medio de vosotros está el que no conocéis”

Todos buscamos la alegría. Desde el niño que se abre a la vida hasta el anciano venerable, pasando por los jóvenes y los adultos en la plenitud de la vida. Sin embargo son muchos los que no la encuentran ni la encontrarán. Porque la buscan por caminos que no sólo no llevan a la alegría sino que cuento más se adentran en ellos más crece el vacío, la amargura y la desesperación.  Quien la busca, por ejemplo, en la droga, en el sexo a toda costa, en el ganar cada vez más para tener más cosas y más medios electrónicos y técnicos de gran gama y última generación no la encontrarán nunca. Su corazón y su alma son demasiado grandes para que se llenen con cuatro bagatelas. Tampoco la encontrarán los que buscan una felicidad que en esta tierra no existe y que sólo alcanzaremos cuando nos encontremos con Dios en el Cielo. La alegría de este mundo va siempre acompañada de algún “pero”: la muerte prematura de un familiar o amigo, un fracaso profesional, enfermedades,  traiciones, ausencias y un largo etcétera. El camino de la felicidad es el camino que nos lleva a Dios. Es el camino que nos descubre al que hoy nos presenta el Bautista en el evangelio: “En medio de vosotros hay uno que no conocéis, al que yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia”: Jesucristo. ¿Por qué las religiosas de más estricta observancia son tan felices in tener nada? Porque han descubierto al que “lo es todo”, al que si se tiene nada nos falta, porque sólo Él basta.