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LITURGIA DEL VATICANO II

CORPUS CHRISTI (10.VI.2012) - Ciclo B

 

LA MAYOR COMUNIÓN

PERSONAL

«Tomad y comed, esto es mi Cuerpo»

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Estamos en la Última Cena. Jesús y sus discípulos han venido a Jerusalén para celebrar, como los demás judíos, la Cena Pascual. Jesús hace de cabeza de familia. Por eso, al principio de la cena, toma el pan ácimo en sus manos, lo parte y lo reparte entre los apóstoles. Terminada la cena, hace también lo que hacía el Paterfamilias: ante el tercer cáliz pronuncia una bendición larga y solemne. Pero esto no es lo decisivo. Lo realmente importante es lo que dice cuando parte el pan y bendice el vino: «Tomad y comed, esto es mi cuerpo», «Tomad y bebed, esto es mi sangre». Para Jesús, como para todo judío, cuerpo y sangre indican la persona en tu totalidad. Lo que Él les  ofrece para que lo coman y lo beban es su propia Persona, Él mismo. Más de una vez he visto a una madre estrechar contra su pecho a su pequeñín y comerle a besos. Si le fuera posible, le comería realmente, para unirse con él en una comunión insuperable de personas. Las madres no pueden lograrlo, pero Jesús sí. Al comerle y beberle en la comunión sacramental, entre Él y cada comulgante se realiza una comunión personal inigualable e insuperable. Al comulgar no comulgamos pan y vino sino a Cristo mismo como Persona viva. Hay como una fusión de dos personas en una: Él se hace algo de nosotros y nosotros nos hacemos algo de Él. En cierto sentido Él se trasforma en nosotros y nosotros nos trasformamos en Él. En una ocasión había dicho: «No os dejará huérfanos». Y en otra: «Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo». La Eucaristía es la prueba del siete de estas maravillosas promesas. Gracias a Ella no es un sueño ni una utopía hacernos contemporáneos de Jesús y tener la posibilidad de hablar con Él, contarle nuestras cosas, abrirle el corazón, pedir su ayuda y su perdón y, sobre todo, ¡comerle! Sí, comer todos el mismo Cristo y así lograr la otra maravilla: que en Él nos comulguemos, nos unamos, trasformemos el «muchos» en «uno». El Cuerpo eucarístico de Cristo posibilita y realiza el Cuerpo eclesial. Gracias a ello es posible hacernos y vivir como hermanos.      

PENTECOSTÉS (27.V.2012) - Ciclo B

¿QUIÉN CAMBIARÁ EL MUNDO?

«Recibid el Espíritu Santo»

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Se llama Lilian y es chilena. Ha sido profesora de matemáticas y durante muchos años creció en un ambiente ateo. Atea era ella, ateo era su marido y ateas eran las personas que formaban su círculo. El Che Guevara era su modelo y su líder. Era una activista muy comprometida. A la vez, sentía una profunda insatisfacción, un gran desencanto y un vacío existencial. Llegaba a casa muy enfadada. Su matrimonio pudo naufragar en más de un momento. Un día entra en un oratorio. De repente siente la presencia de Dios y una voz interior que le dice: arrodíllate. Esa misma voz interior le hace descubrir que es hija de Dios y que los demás también son hijos de Dios. Y se convierte. No fue fácil, porque cambiar radicalmente cuando se tiene 47 años no es fácil. Hoy es una verdadera cristiana y un gran apóstol. ¿Quién ha hecho ese milagro?, porque es un gran milagro. En un testimonio que ella misma ha colgado en la red, lo dice con toda claridad: «Lo que me cambia es cuando me di cuenta de que era hija de Dios» Pero ¿quién le hizo descubrir esa maravilla de la que era portadora desde el mismo momento de su bautismo? El Espíritu Santo. Hoy, día de Pentecostés, es el día en que los Apóstoles recibieron el Espíritu Santo. También a ellos les cambió completamente la vida. Eran cobardes y les hizo intrépidos, eran cortos de mira y les abrió un horizonte universal, eran ignorantes y les dio el don de lenguas, estaban llenos de aspiraciones humanas y les hizo generosos y espirituales, no soñaban más allá de Palestina y les lanzó al mundo entero. Pentecostés no es un acontecimiento propio de una época de oro de la historia de la Iglesia o un hecho puntual. No. Sigue suscitando carismas, movimientos, instituciones, conversiones, vocaciones, deseos de entrega, afán de almas, anhelos de ganar el mundo para Cristo. Tú y yo podemos ser los agraciados de tantos dones. También del de Lilian, la profesora de matemáticas atea y conversa. Basta que le invoquemos, que secundemos sus inspiraciones. Repite conmigo:¡Espíritu Santo, ven!.         

ASCENSIÓN DEL SEÑOR (20.V.2012) - Ciclo B

LA HEREDAD DE LOS

CRISTIANOS

«Después de hablarles, ascendió al Cielo»

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«Id al mundo entero y predicad el evangelio. El que creyere y se bautizare, se salvará; y el que se resista a creer, será condenado». Este es el último y solemne mandato que Jesús da a sus Apóstoles en el momento de ascender al Cielo. No les envió a ellos ni a sus sucesores, los obispos, a construir fábricas, levantar hospitales, abrir escuelas y tantas otras cosas buenas y necesarias para los hombres. Les envió decir a los hombres que Él es su Salvador y que no hay ningún otro que pueda salvarles. Los Apóstoles lo entendieron muy bien ya desde el primer momento, cuando se vieron urgidos por los cristianos de origen helenista, quejosos del trato discriminatorio que recibían sus viudas en sus necesidades materiales. Su respuesta fue la elección de otras personas que atendieran «el servicio de las mesas», porque ellos tenían que dedicarse «a la predicación y a la oración». Quienes tienen que hacer fábricas, construir hospitales, abrir colegios, crear puestos de trabajo y resolver tantos y tantos problemas humanos son los seglares. Pero los seglares cristianos no han de hacer todas esas como si no hubieran recibido el bautismo y no participaran en la misión de Jesucristo. Precisamente, han de hacerlo harán como consecuencia de sentirse implicados en esa misión evangelizadora. Ellos, en efecto, están en medio del mundo, en el corazón de todas las actividades nobles de los hombres;  y es ahí y desde ahí como anuncian a Jesucristo. Un médico cristiano, un arquitecto, un empleado de banca, un labrador, un dependiente de comercio, un profesor de universidad, un peón de albañil, etcétera anuncian a Jesucristo cuando son buenos profesionales, buenas personas y buenos discípulos del que concibió su vida como un acto permanente de servicio. En un mundo corroído por la idolatría del dinero, del placer, del poder y de la buena vida, urge que haya personas honradas, trabajadoras, desprendidas, sacrificadas e imbuidas del espíritu cristiano en todas y cada una de las profesiones honestas del mundo para que resuene la buena nueva del Evangelio. Sin ellas, no habrá nueva evangelización. 

DOMINGO 6 DE PASCUA (13.V.2012) - Ciclo B

¿NO TE QUIERE NADIE?

«Permaneced en mi amor»

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Un día venía yo de hacer recados y, al doblar el Puente de Santa Maria, me detuvo una persona, de unos cuarenta años, para pedirme limosna. Al echar mano al bolsillo, hizo un gesto muy significativo y me dijo: - Padre, más que dinero, necesito que alguien me escuche, porque estoy desesperado. La conversación se prolongó durante bastaste minutos, en un largo monólogo por su parte. Me contó su vida y milagros. Casi al final concluyó: - Como ve, padre, a mí no me quiere nadie. Me llegó al alma aquel grito angustioso y le dije con pleno convencimiento: - Eso no es verdad, a ti te quiere Jesucristo, a ti te quiere Dios. Por lo que podía colegirse de su reacción, no me hizo mucho caso. Pero lo que yo le dije era verdad. Ciertamente, no le quería su mujer, ni sus hijos, ni su padre, ni nadie. Pero eso no impedía que Jesucristo le quisiera. No era una ocurrencia mía o una contestación de conmiseración. Es la enseñanza del Evangelio de hoy, donde Jesús nos dice a sus discípulos: «Permaneced en mi amor». Es decid, aceptad mi amor, tomad conciencia de que Yo os amo, no olvidéis que he dado la vida por vosotros. Mi amor hacia vosotros no decrece nunca, sean cuales sean vuestras situaciones y vuestras respuestas. Yo os amo no porque vosotros seáis dignos de que os ame o porque vosotros seáis buenos. Os amo porque sí, porque Yo quiero ser bueno con vosotros. La tendencia de casi todos es reaccionar como el hijo pródigo, cuando decide volver a casa, después de haber sido un calavera. Él piensa que no merece que su padre le reciba como hijo, sino –en el mejor de los supuestos- que sienta lástima y le admita como un jornalero. Quería medir el corazón inabarcable de su padre con su estrechez de miras. Para suerte suya, aunque se había portado como mal hijo, no había dejado de ser hijo para su padre y éste, al verlo en casa, organizó una gran fiesta. Jesús  reacciona siempre de este modo con nosotros. Hay que asumir esta realidad. Mientras no lo hagamos, no sabemos qué implica ser discípulos de Jesús y no nos decidiremos a serlo.          

DOMINGO 5 DE PASCUA (6.V.2012) - Ciclo B

VIÑAS, RACIMOS Y PODA

«Sin Mí, no podéis hacer nada»

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Jesús no frecuentó ninguna clase de oratoria de Atenas o Roma, pero tenía un modo de hablar inigualable y muchas de sus parábolas son piezas maestras de plasticidad y belleza. La de este domingo no alcanza, ciertamente, la misma cota que la del Hijo pródigo pero está llena de poesía y de contenido. «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos», nos dice Jesús. Y así como un sarmiento injertado en una vid robusta da fruto abundante y otro que está separado de ella no da fruto y lo echan al fuego, lo mismo ocurre con vosotros. Mi padre, que es el Viñador, quiere que deis fruto abundante, que llevéis mi salvación a todos los hombres y mujeres con los que compartís la existencia. Pero esto no lo haréis por vuestra cuenta. Es imprescindible que estéis unidos a mi Persona, a mi doctrina y a mis mandatos. Será mi Palabra, no la vuestra, la que provocará la fe en ellos; será mi doctrina, no vuestras opiniones, las que les guiarán por las encrucijadas de su vida; serán mis mandamientos –sobre todo, el del amor fraterno- no vuestros gustos y proyectos los que harán que su existencia sea portadora de una realidad nueva y creadora de un mundo nuevo. Esta permanencia en mi Persona, doctrina y mandatos –sigue diciendo- es una permanencia vital. Por eso, tiene que someterse a las mismas leyes que me he sometido yo. Tenéis que ser podados por las tijeras del dolor y del sufrimiento. Porque un sarmiento que no se poda, termina no dando racimos sino follaje. Sin el sufrimiento y el dolor la vida de los cristianos -y la de todas las personas- se llena de soberbia, de vanidad, de engreimiento y se vuelve estéril. Quizás se llene de apariencias apostólicas, pero el tiempo demostrará que allí no había más que vacío. Cuando uno mira lo que ocurre en tantas partes de la Iglesia y compara los esfuerzos que se ponen y los frutos que se consiguen en conversiones, vocaciones, vidas cuajadas en hijos y en virtudes, no puede menos que preguntarse. ¿Estaremos unidos o separados de Jesucristo, Vid verdadera?. En cualquier caso, lo cierto es que la Palabra de Jesús está ahí: «Sin Mí no podéis hacer nada»    

DOMINGO CUARTO DE PASCUA (29.IV.2012) - Ciclo B

¿TODOPODEROSOS O

NECESITADOS?

«El Buen pastor da la vida por las ovejas»

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El hombre moderno se siente seguro y autosuficiente.  Por eso, puede ponerse nervioso ante el evangelio de este domingo, en el que nosotros somos considerados «ovejas» de las que cuida un «Buen Pastor»: Jesucristo. Porque, admitir que uno es oveja de la que cuida un pastor, es tanto como reconocer limitaciones y carencias, que son, precisamente, las que no quiere admitir. Sin embargo, tú y yo, hombres modernos, somos mucho más vulnerables y menesterosos de lo que nos imaginamos. En el camino de tu vida, de la mía y de la de casi todos hay situaciones que no conseguimos desembrollar, fuerzas que dividen en lugar de unir, injusticias sociales que somos incapaces de superar, vidas de tantos no nacidos que querríamos salvar y no podemos, sementeras de odio depositadas por «el enemigo» en los campos que hemos intentado sembrar de comprensión y fraternidad. Con más frecuencia de lo que estamos dispuestos a admitir, somos un niño abandonado a su suerte, un enfermo aquejado de una enfermedad incurable, un montañero suspendido en el abismo. Por eso, necesitamos la ayuda de alguien que nos quiera bien, que nos ayude, que sea nuestro «pastor». No hay otro más que Jesús. Sólo Él ha dado la vida por nosotros. Ha demostrado con hechos que nos ama más a nosotros que a Sí mismo, pues ha preferido nuestro bien a su propia vida. Es verdad que, a veces, tiene que lanzarnos una piedra que nos duele, porque somos tercamente rebeldes y nos empeñamos en despeñarnos al abismo. Pero esto, lejos de ser un desamor, es muestra de un amor de muchos quilates. Eso explica que su relación con nosotros no sea impersonal y fría sino profundamente personal y cordial. Él conoce nuestra propia historia, nuestras dificultades, nuestros defectos, nuestras características.  Y, precisamente por eso, nos ama y quiere introducirnos cada vez más en comunión con Él. El día en que aceptemos esta amistad personal con Jesucristo y nos dejemos pastorear por su amor –y sólo ese día- nuestra vida comenzará a ser otra.

DOMINGO TERCERO DE PASCUA (22. IV.2012) -Ciclo B

JESÚS ESTÁ ENTRE NOSOTROS

«Soy Yo»

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Continuamos en el Cenáculo de Jerusalén en la tarde-noche del primer domingo de la historia. Acaban de llegar los discípulos de Emaús y les falta tiempo para decir a los Once que han visto Resucitado al Crucificado. No pueden entrar en detalles, porque el mismo Resucitado se hace presente. En un primer momento, los Once se asustan y piensan que ven un fantasma. Jesús les tranquiliza: «¿Por qué os alarmáis? Mirad mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que tengo yo» Y les muestra «las manos y los pies» Como ellos siguen atónitos, Jesús tiene que insistir: «¿Tenéis algo que comer?» Ellos le ofrecen «un trozo de pez asado» Él lo toma y come. Ahora todo se hace alegría. ¡Jesús ha resucitado y está de nuevo con ellos! Sí, está con ellos y les va a hacer tres cosas. En primer lugar, que comprendan el sentido de la Escritura: «El Mesías tenía que morir y resucitar al tercer día». En segundo término, que les quede meridianamente claro cuál es su misión: ser sus «testigos». No hablarán sobre algo que han pensado, imaginado o especulado. No. Hablarán de lo que han visto. Su predicación no se fundamentará en ideas u opiniones personales sino en un acontecimiento histórico. Finalmente, que sean conscientes de que esta misión supera completamente sus fuerzas y posibilidades. Pero no importa: les enviará el Espíritu Santo. Con él, tendrán la fuerza y convicción necesarias para pregonar el mensaje de su Muerte y Resurrección a lo largo y ancho del mundo. Gracias al Espíritu Santo, su testimonio ha sido aceptado y acogido por miles de millones de hombres y mujeres. Nosotros somos parte de ellos. No hemos visto al Resucitado con los ojos de la cara, pero tampoco yo he visto Pequín y sé que existe. Por el testimonio de los que le han visto, sabemos que Jesucristo está vivo. Más aún, que vive con nosotros y entre nosotros. La Resurrección nos hace contemporáneos de Jesús. Nos relacionamos personalmente con él. ¡Qué maravilla ser cristiano!              

JESÚS ESTÁ ENTRE NOSOTROS

«Soy Yo»

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Continuamos en el Cenáculo de Jerusalén en la tarde-noche del primer domingo de la historia. Acaban de llegar los discípulos de Emaús y les falta tiempo para decir a los Once que han visto Resucitado al Crucificado. No pueden entrar en detalles, porque el mismo Resucitado se hace presente. En un primer momento, los Once se asustan y piensan que ven un fantasma. Jesús les tranquiliza: «¿Por qué os alarmáis? Mirad mis manos y mis pies. Soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que tengo yo» Y les muestra «las manos y los pies» Como ellos siguen atónitos, Jesús tiene que insistir: «¿Tenéis algo que comer?» Ellos le ofrecen «un trozo de pez asado» Él lo toma y come. Ahora todo se hace alegría. ¡Jesús ha resucitado y está de nuevo con ellos! Sí, está con ellos y les va a hacer tres cosas. En primer lugar, que comprendan el sentido de la Escritura: «El Mesías tenía que morir y resucitar al tercer día». En segundo término, que les quede meridianamente claro cuál es su misión: ser sus «testigos». No hablarán sobre algo que han pensado, imaginado o especulado. No. Hablarán de lo que han visto. Su predicación no se fundamentará en ideas u opiniones personales sino en un acontecimiento histórico. Finalmente, que sean conscientes de que esta misión supera completamente sus fuerzas y posibilidades. Pero no importa: les enviará el Espíritu Santo. Con él, tendrán la fuerza y convicción necesarias para pregonar el mensaje de su Muerte y Resurrección a lo largo y ancho del mundo. Gracias al Espíritu Santo, su testimonio ha sido aceptado y acogido por miles de millones de hombres y mujeres. Nosotros somos parte de ellos. No hemos visto al Resucitado con los ojos de la cara, pero tampoco yo he visto Pequín y sé que existe. Por el testimonio de los que le han visto, sabemos que Jesucristo está vivo. Más aún, que vive con nosotros y entre nosotros. La Resurrección nos hace contemporáneos de Jesús. Nos relacionamos personalmente con él. ¡Qué maravilla ser cristiano!              

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA (15. IV.2012) - Ciclo B

CAMBIAR EL MIEDO EN AUDACIA

«Recibid el Espíritu Santo»

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Estamos en el Cenáculo con los Apóstoles. Es el primer domingo de la historia. Está anocheciendo. Las puertas están bien cerradas, porque hay miedo. Mucho miedo a los que han matado al Maestro. En un instante todo cambia. Sin que nadie sepa cómo, Jesús ha entrado, se ha puesto en medio y ha saludado con su saludo clásico: «Shalom, la paz sea con vosotros». Ha venido a cumplir la promesa que les hizo en el momento triste de la despedida: «No os dejaré huérfanos», no os dejaré solos en el mundo. Y aquí está. Al verle, todos se han llenado de inmensa alegría. Han salido del sepulcro del miedo y  resucitado a una nueva vida  ¡Cómo cambian las cosas cuando está ausente y presente Jesús! Que nos lo digan a nosotros, que tanto miedo tenemos al medio ambiente, al clima laicista de la calle y a que nos señalen como cristianos creyentes y practicantes; y nos metemos en el sepulcro de una piedad que se refugia en la iglesia, en las procesiones, en los actos de culto. ¿Cómo recuperaremos la alegría y el santo orgullo de sentirnos y proclamarnos cristianos? Jesús conoce nuestra situación y quiere remediarla. Para fortuna nuestra, Él no es una figura de la historia que vivió en un momento determinado y se fue después de habernos dejado un ejemplo maravilloso. No. ¡¡Él está vivo, está entre nosotros!!. Y quiere sacarnos de nuestros miedos, dudas y temores. Por eso, nos hace el mismo regalo que a los Apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo». Con ese don, comienza un mundo nuevo, en el que no tendremos miedo a la intemperie del ambiente hostil y dejaremos atrás la cobardía a la hora de proclamar que hay cosas que nos interesan más que el dinero y el sexo. Pero es preciso dejar que el Resucitado entre en nuestra vida: escuchando su Palabra, participando en la misa de cada domingo, viéndole en los pobres y necesitados, escuchando sus voces en las grandes necesidades de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Es posible. Los Apóstoles abrieron las puertas del Cenáculo y se fueron a la plaza pública a gritar:«el que habéis matado, ha resucitado, nosotros somos sus testigos». Nosotros haremos lo mismo.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN (8.iv.2012)- Ciclo B

¿CÓMO ENCONTRAR AL RESUCITADO?

«No está aquí. Ha resucitado»

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Los hombres quedamos muy mal en la Pasión de Jesús. Uno, que era Sumo Sacerdote, lo llamó blasfemo. Otro, que había jurado y perjurado fidelidad hasta la muerte, le negó a las primeras de cambio. Un tercero, que también era de los íntimos, le vendió por un puñado de monedas. Otros, que eran soldados, le molieron a latigazos y le cosieron con clavos en el madero de la cruz. Muchos hombres fueron los que pasaron delante del que agonizaba, riéndose villanamente de él. Es verdad que el Centurión que fue testigo de todo confesó: «Realmente, este hombre era hijo de Dios». Pero hicimos muy mal papel. Las mujeres, en cambio, lo hicieron muy bueno. Su Madre, María Magdalena, la otra María, otras mujeres, las santas mujeres de Jerusalén, la Verónica, hasta la mujer de Pilato, que mandó un recado a su marido, para que no se metiera con Jesús. Por eso, qué cosa más lógica que sean las mujeres las privilegiadas de la Resurrección. La primera fue, sin duda, su Madre. El evangelio no lo dice, porque hubiera sido una injuria, para Él y para Ella, hablar de lo que es más que lógico. En cambio, habla del segundo testigo: la Magdalena. Ella quería con toda su alma a Jesús. Por eso, antes de que amaneciera, fue al sepulcro a embalsamar su cadáver, ya no pudo hacerlo el día de su muere. Pero se encontró con el sepulcro vacío. Sin pérdida de tiempo, vuelve sobre sus pasos y corre para anunciar a los apóstoles lo que ella piensa: que «han robado el cuerpo de Jesús y no sabemos dónde lo han puesto». Jesús le sale al encuentro para colmar de alegría su corazón roto. Ella lo confunde con el hortelano. Pero cuando oye su nombre, loca de alegría se agarra a sus pies y los aprieta con la inmensa ternura de su amor. Para encontrar a Jesús Resucitado, hay que seguir primero a Jesús Crucificado. Seguirlo de cerca y con un amor inquebrantablemente fiel. El que guarda las distancias, el que sigue a Jesús de lejos y como a regañadientes, está más cerca del Pedro negador que de la Magdalena vidente. Igual da que sea un hombre o una mujer. Sin amor, no hay encuentros personales. Y encontrarse con el Resucitado es encontrarse con una Persona.         

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (1.IV.2012) - Ciclo B

 

ARREPENTIMIENTO O

DESESPERACIÓN

«No conozco a ese hombre»

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Hoy, domingo de Ramos, leemos el relato íntegro de la Pasión del Señor según san Marcos. En él nos encontramos con la triste historia de la negación de Pedro y la traición de Judas. Los dos eran discípulos. Los dos eran del grupo de los íntimos. Los dos habían sido llamados para ser apóstoles. Y los dos se portaron con villanía con Jesús.  Su historia, sin embargo, no está cerrada sino que continúan y nos afectan muy de cerca. ¡Cuántas veces hemos reaccionado como Pedro, cuando nos hemos avergonzado de confesar nuestras convicciones cristianas y hemos preferido el pequeño beneficio de no exponernos o de no ser objeto de burlas! Incluso mirando a Judas, ¿quién aseguraría que él se hubiera comportado de distinta manera? Precisamente, porque estas dos historias nos miran muy de cerca, hay que preguntarse. Si Pedro se arrepintió y Judas también –porque así fue-, ¿por qué Pedro es hoy san Pedro y Judas puede estar en el infierno? Porque Pedro se arrepintió y tuvo confianza en la misericordia de Jesús y Judas no tuvo esa confianza, sino que se desesperó y se ahorcó. También ocurrió algo semejante en el Calvario: uno de los ladrones insultó a Jesús y murió desesperado; el otro, le pidió que se acordase de él en su reino, y se salvó para siempre. Es posible que tú –que me estás leyendo- te encuentres ante el mismo dilema: confiar o desesperar. Mira lo que dijo un niño, cuando la catequista le explicaba lo que había hecho Judas. «Judas –dijo con todo su inocente candor- se equivocó de árbol a la hora de colgarse». Cuando la catequista le preguntó extrañada: «¿de qué árbol debía haberse colgado», él contestó: «Del cuello de Jesús». Tenía razón. Si lo hubiese hecho, hoy sería san Judas como lo es san Pedro. Celebrar la Pascua es hacer la experiencia de la misericordia de Jesús. Él te espera en el sacramento de la Penitencia. Si confiesas humildemente tus pecados y le pides perdón, Jesús te perdonará y hará de ti un hombre nuevo.  Porque ¿no ha muerto también por ti?              

Domingo 5 de cuaresma (25.III.2012) - Ciclo B

PARA DAR FRUTO, HAY QUE MORIR

«Si el grano de trigo cae en tierra, da mucho fruto»

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Los que somos del campo lo hemos visto mil veces. Sólo el grano de trigo que es enterrado en la tierra y germina –muere- da fruto. Si se niega a ello, será comido por algún pájaro o molturado en harina y todo se acabará con él. Jesús había visto muchas veces esto en los campos de Nazaret. Y no encontró una imagen más adecuada para explicar el sentido de su muerte y de su resurrección. Él era el grano de trigo sembrado por el Padre en el altar de la Cruz, para que entregara su vida por los hombres. Aparentemente, era su destrucción y desaparición total. Pero no fue así. Su muerte fue tan fecunda, dio tanto fruto, que de su costado abierto en la Cruz nacieron la Iglesia y los sacramentos. Más aún, nació toda una humanidad nueva, porque él redimió a todos los hombres, incluso a los que no lo saben. Lo mismo acontece en nuestra vida. El que ama su vida, el que se deja guiar por el egoísmo y la comodidad, verá pasar la juventud, la madurez y la vejez, y no dejará rastro detrás de él. Es la triste historia, por ejemplo, del que no quiere tener hijos para no complicarse la vida. No se la complica, pero al final cosechará la enorme insatisfacción que produce siempre la esterilidad. El que, en cambio, la entrega con generosidad y olvido de sí mismo, da fruto abundante para su familia, para su comunidad y para la sociedad. En otro orden de cosas, el símil del grano de trigo es aplicable a muchas situaciones de nuestra vida. Un proyecto en el que habíamos puesto todas nuestras ilusiones y por el que no habíamos regateado esfuerzos ni entusiasmo, se viene abajo o pasa de nuestras manos a las de otro. Es la hora de la prueba y de la esperanza. Es el grano de trigo que muere. Dios cuenta con ese «vacío», con ese aparente fracaso para purificar nuestras intenciones y someter a prueba nuestras obras. Aceptemos con amor esta purificación. Cuando Dios quiera, vendrán los frutos esperados. Por nuestras manos o por las de otro. Como en Cristo: después de una muerte por amor, no vino el fracaso y la nada, sino la resurrección de su cuerpo en gloria y la salvación de tantos hombres y mujeres del mundo.           

Domingo 4 de cuaresma (18.III.2012) -Ciclo B

MIRAR A CRISTO CON AMOR

«El  que cree en él no será condenado» 

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«Mirad el árbol de la Cruz en que estuvo clavada la salvación del mundo» Así nos dirá el portador de la Santa Cruz, en la solemne celebración del Viernes Santo. Ese grito, de amor y de esperanza, resuena ya hoy en el evangelio. No se habla de «árbol», sino de «estandarte». Pero en ambos está el mismo Salvador: en uno como símbolo y anticipo y en otro como realidad y plenitud. El «árbol» hace referencia al primer árbol del Paraíso, en el cual el hombre fue vencido por el demonio. En el nuevo «árbol» la cruz», el demonio fue vencido por el hombre, gracias a que Dios se hizo Hombre. El «estandarte» se refiere al que Moisés mandó levantar en el desierto con una serpiente de bronce en lo más alto. Ese «estandarte» remitía a una culpa, porque le miraban los que habían sido castigados por ser idólatras; pero era portador de salvación. Bastaba mirarlo, para quedar sano. De ello le habló Jesús a Nicodemo, el doctor de la Ley, que una noche fue a conversar con él, porque de día le daba vergüenza parecer discípulo. «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna». El «Hijo del Hombre», era él mismo, según lo había profetizado Daniel. Lo que Jesús dice a Nicodemo es que él tiene subirse a la Cruz, para que puedan salvarse todos los que le miren con amor, con dolor y con fe. La Cruz era el patíbulo donde morían los más criminales entre los criminales. Jesús, clavado en ella, la convirtió en el trono más importante de todos los tronos que han existido y habrá. Porque él no era un criminal, sino el inocente que había cargado con los pecados de todos los hombres –los míos y los tuyos también- y el Cordeo inmolado y sacrificado, que entregaba su vida por nosotros. En esta tierra cantamos una canción que es una glosa, llena de sencillez y profunda piedad, al evangelio de hoy: «Jesús, Señor de mi vida, que en la Cruz estáis por mí. En la vida y en la muerte, tened compasión de mí». Ojalá la repitamos –tú y yo- muchas veces estos días. Sobre todo, ante el Santo Cristo de Burgos y a los pies del confesionario.    

Domingo 3 de Cuaresma (12. III. 2012) - Ciclo B

EL NUEVO Y DEFINITIVO TEMPLO

«Lo decía de su cuerpo»

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Estamos ya en el tercer domingo de Cuaresma y se nota que nos acercamos a la Pascua.. En adelante, cada día se hará más patente el drama de la muerte-resurrección de Jesús. El evangelio de hoy es la primera gran escena de ese drama. En él aparece un Jesús al que no estamos habituados. Ya no es el Jesús manso que se deja manosear por los niños, el Jesús dulce que mira con simpatía al joven que ha guardado los mandamientos desde siempre, al Jesús comprensivo que charla amistosamente con la Samaritana, ni el que dice “vete en paz y no vuelvas a pecar” a la mujer sorprendida en adulterio. El de hoy es un Jesús con un látigo de cordeles en la mano, golpeando animales, dando patadas a las mesas de los cambistas y diciéndole a todo el mundo: “¡Fuera, la casa de mi Padre es casa de oración, no una cueva de ladrones”! ¿Qué ha sucedido para un cambio tan radical? Que hasta hoy Jesús no ha tenido la ocasión de manifestar que en la Casa de su Padre –el Templo de Jerusalén- no cabe todo. Tal ocurría con la compraventa de animales y el cambio de moneda, funciones que comenzaron facilitando a los peregrinos el cumplimiento de sus obligaciones religiosas, y había degenerado en un puro y lucrativo negocio. Pero hay algo más que un perjuicio en los negocios y en la hipocresía religiosa de los judíos. Éstos no entienden la acción purificadora del Templo y le espetan a Jesús: “¿Quién te ha dado autoridad para hacer esto?. ¿Cuáles son tus avales?. Danos un signo que lo legitime”. Jesús les da el signo, pero ellos no lo entienden. Podéis matarme, les dice. Pero no podéis destruir el verdadero Templo de Dios que soy YO desde que me hice hombre. Porque después de que me hayáis matado, yo resucitaré al tercer día. Mi Resurrección es mi carné de identidad divina y de mi condición de nuevo y definitivo Templo de Dios. Este es el gran mensaje de hoy: Jesús morirá en la Cruz pero resucitará glorioso en la mañana de Resurrección. Todas las cristofobias actuales quieren abatir este Templo. No podrán. No podrán destruir a Jesucristo ni a quienes son piedras vivas de ese Templo.  

Domingo 2 de cuaresma (4.III.2012) - ciclo B

 

EL NUEVO Y DEFINITIVO

MOISÉS

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“Este es mi Hijo. Escuchadle”

Estamos en el monte Tabor, porque Jesús quiere realizar una gran manifestación y su estilo no es exhibirse en la plaza pública. Ha subido acompañado de sus tres discípulos predilectos: Pedro, Santiago y Juan. En un instante “sus vestidos se vuelven de un blanco deslumbrante, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo”. Estos discípulos le han visto hasta ahora como hombre. Hoy van a comprender que su aspecto normal terreno-humano no aclara toda la verdad. Detrás de ese aspecto terreno-humano se esconde su realidad divino-sobrehumana. Se hacen presentes los dos máximos representantes del profetismo del Antiguo Testamento: Moisés y Elías. Ellos han guiado al pueblo de Israel hasta este momento, pero en adelante serán sustituidos por Jesús. El Padre lo confirma: “Este es mi Hijo, escuchadle”. Pedro le había reconocido como Mesías, pero ahora aprende, junto con Santiago y Juan, que la relación de Jesús con Dios es totalmente única. Tan única, que de ella depende todo el significado que él tiene para los hombres. Porque si se niega la filiación divina de Jesús, él pierde su significado único para el mundo. Sólo porque es Dios, el Hijo de Dios, que se ha hecho hombre, puede salvar a los hombres. El Padre no sólo proclama que Jesús es su “Hijo Predilecto” sino que declara su amor hacia él: “es mi Hijo amado”. A este Hijo, hay que escucharle. Con su Persona, con sus obras y con su palabra Jesús lleva al pueblo su mensaje definitivo. Jesús no es sólo un gran personaje. Es Dios, Hijo de Dios, Señor. Distancia infinita entre todos los fundadores de todas las religiones que han existido y pueden existir. Nadie podrá escuchar del Padre que es “su” Hijo. Por eso sólo Jesús es “el” Señor. Escuchar y seguir a Jesús es, pues, cuestión de vida o muerte. ¿Dónde podemos hacerlo tú y yo? En la lectura creyente y piadosa de la Biblia, en la adoración eucarística ante el sagrario, en la obediencia a la enseñanza y orientaciones del Papa, que es Vicario suyo en la tierra, en las palabras del sacerdote que consagra y perdona nuestros pecados confesados y arrepentidos.  

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO (12.II.2012) - Ciclo B

LEPROSOS DEL CUERPO Y DEL ESPÍRITU

«Quiero, queda limpio»

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Los capítulos 13 y 14 del libro del Levítico son la prueba de cargo de que la lepra es la enfermedad que más altera la vida de una persona. No sólo porque desfigura y deteriora el cuerpo hasta dejarlo irreconocible, sino porque es una especie de maldición sobre quien la padece. El enfermo queda excluido de la comunidad familiar y social; sólo puede convivir con otros enfermos de la misma enfermedad; ni siquiera puede participar en las ceremonias religiosas; quien le toca, queda impuro. Es un muerto en vida. Un día, un leproso se topó con Jesús. A sus oídos había llegado que era una persona compasiva y omnipotente, que sanaba a los enfermos, daba vista a los ciegos y hacía hablar a los sordomudos. Con humildad se postra ante él. Nadie lo había hecho hasta entonces. Y musita unas palabras tan sencillas como confiadas: «Si quieres, puedes curarme». Es una súplica en toda regla, pero deja que Jesús decida lo que debe hacer. Jesús decide. Le toca. Precisamente a él, que es impuro e intocable. Extiende su mano, como signo de que se compadece y quiere intervenir con su poder. Luego le dice unas palabras tan sencillas como las suyas pero tan poderosas como las de Dios: «Quiero, queda limpio». Y quedó curado de la lepra. ¡Poder de la oración humilde y confiada! ¡Eficacia del poder misericordioso de Jesús! Yo y tú, amigo que me estás leyendo, somos unos pobres leprosos del alma. Si pudiéramos verla en un espejo, quedaríamos consternados por sus muchas fealdades. Pon las que más adecuadas te parezcan: soberbia, amor  propio, pereza, insolidaridad, falta de pobreza, vida aburguesada, flojera espiritual, abandono de la práctica religiosa, envidia, malquerencia hacia los familiares y amigos... Somos leprosos en estado muy avanzado. Pero ante Jesús es un “mérito”. Porque él nos quiere no porque nosotros seamos buenos, sino porque él es bueno y quiere nuestro bien. Cuanto más le necesitamos, tanto más quiere curarnos. A ti y a mí sólo se nos pide repetir al pie de la letra el evangelio de hoy: ponte de rodillas ante Jesús, dile que estás enfermo del alma y que, si quiere, puede curarte. ¡¡Y te curará, no lo dudes!!          

DOMINGO 5 DEL TIEMPO ORDINARIO (5.II.2012)- Ciclo B

TRABAJO, ORACIÓN, APOSTOLADO

«Curó a muchos enfermos»

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Seguimos en Cafarnaún. Jesús sale de la sinagoga y entra en la casa de Pedro. Su suegra esta muy enferma. Jesús le toma de la mano y la cura. La noticia corre por la ciudad y al atardecer le traen todos los enfermos que hay en ella. Jesús les cura a todos. A la mañana siguiente, antes que amanezca, se interna en el monte. Va a rezar con su Padre. No sabemos cómo fue su oración. Quizás de acción de gracias por lo que había hecho. Quizás de petición de ayuda para lo que debía hacer. Quizás un «estar con» él en actitud contemplativa. Lo que sí sabemos es que tiene tanta importancia que, aunque todos le buscan, él sigue rezando. Terminada la oración deja Cafarnaún y se dedica a recorrer toda Galilea, «predicando en las sinagogas y expulsando los demonios». Los ingredientes de la vida de Cristo son, pues, muy precisos: trabajo, oración, apostolado y éste con dos vertientes: la curación de los enfermos y la predicación del Evangelio del Reino con la llamada a la conversión. El trabajo es abundante; la oración, larga; y el apostolado constante. El que se haya preguntando cómo sería una jornada de la vida de Cristo, aquí tiene la respuesta. También la encuentra el que se pregunte cómo han de ser los días de su vida. En circunstancias normales no pueden faltar ninguno de estos tres ingredientes. El trabajo –¡ojalá sea posible siempre y para todos!- ocupará muchas horas. Pero no puede ser obstáculo ni excusa para no rezar. La oración es el aire con el que respira el alma cristiana. Sin ella, se muere, aunque parezca que se mueve mucho. ¡Y el apostolado! La asignatura más pendiente, quizás, para la mayoría de los cristianos. Es el otro pulmón con el que respira el alma cristiana. De tal modo que, si omite habitualmente, esa vida se agosta de modo lento pero inexorable. El apostolado es, en última instancia, acercar a Dios las almas que encontramos en el camino de nuestra existencia. Comenzando por las que están junto a nosotros: los hijos, los colegas de profesión, los amigos, los demás. Este es uno de los principales objetivos del “Año de la fe”, convocado por el Papa.         

DOMINGO 4 DEL TIEMPO ORDINARIO (29.i.2012) - Ciclo B

CON JESÚS O CONTRA JESÚS

«¡Calla, y sal de él!»

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Estamos en la sinagoga de Cafarnaum. Jesús ha venido aquí para iniciar su ministerio público. Es sábado y la sinagoga está llena de gente. Jesús sube al estrado y pronuncia la homilía. No sigue el modelo de los escribas, que se limitan a repetir las sentencias de los grandes maestros del pasado. Él «lo hace con autoridad», habla en nombre propio. Y se produce un contraste de reacciones, anticipo de lo que ocurrirá a lo largo de la historia. La mayoría de los asistentes reacciona con admiración y entusiasmo. Pero «uno» de los presentes, «un poseído por el demonio», reacciona de un modo completamente opuesto y comienza a gritar: «¿Qué hay entre tú y yo, Jesús Nazareno? ¡Has venido a perderme!. Yo sé que tú eres el santo de Dios» Seinte miedo a Jesús. Más aún, hostilidad y rechazo. Jesús pone fin al asunto y le grita: «¡Cállate y sal de él. Y el espíritu salió dando grandes gritos». La historia se repite al pie de la letra. Hoy se siguen dando las dos reacciones frente Cristo y su Iglesia. Unos, reconocen que Jesús es distinto a los demás maestros y que su enseñanza sólo puede explicarse porque es Dios. Son los que le siguen como discípulos, aunque sea entre grandes ambigüedades vitales. Pero hay otros que se oponen a Jesús y a la Iglesia sistemáticamente. Tienen un programa radicalmente opuesto. Entre ellos hay pensadores, políticos, financieros y, sobre todo, divulgadores y escritores que trabajan en grandes medios de comunicación social. A ellos se debe, por ejemplo, que el aborto siga siendo considerado «derecho» o que algunas conductas, absolutamente reprobables, sean juzgadas dignas y hasta modélicas. Luchan contra Jesús y su Iglesia por intereses ideológicos y comerciales. Se presentan como paladines y guardianes de la libertad, pero están «poseídos», es decir: son esclavos de su ideología, de la moda y de sus egoístas intereses. Parecen todopoderosos. En realidad, son el fantoche Goliat, que serán abatidos con una honda y una piedra: la verdad y el amor de Jesucristo.     

DOMINGO 3 DEL TIEMPO ORDINARIO (22. I. 2012) - Ciclo B

DISCÍPULOS Y APÓSTOLES

«Ellos, dejaron las redes y le siguieron»

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Si pasamos por tierras de la Ribera en tiempo de vendimia, encontraremos cuadrillas de vendimiadores cortando los racimos y echándolos al remolque. Si nuestro paso es por tierras de Campos en verano, la estampa se convertirá en cosechadoras y tractores recogiendo y trasportando el trigo y la cebada. Hasta aquí todo es muy lógico. Pero la lógica se rompería si tú o yo dijéramos a los viñadores y labradores: dejad las viñas y la siega y venid conmigo a vendimiar y cosechar hombres. Y la lógica se haría trizas, si esa llamada no fuera para un rato o unos días sino para siempre. Pues bien, esto es lo que ocurre con el evangelio de hoy. Jesús pasa delante de una pareja de hermanos pescadores: Pedro y Andrés, y les dice: «Venid conmigo y os haré pescadores de hombres». Ellos, «inmediatamente dejaron las redes y le siguieron». Dando unos pasos más, encuentra otra pareja de hermanos pescadores: Santiago y Juan, y repite la llamada. Y ellos, «dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon con él». La llamada de Jesús es la vocación. Tiene lugar en medio de los quehaceres profesionales. Está orientada, ante todo, a seguirle. Implica dejarse formar por él. Lleva consigo entrar a formar parte de una comunidad de discípulos. Tiene como finalidad última hacer que otros hombres se hagan discípulos de Jesús. Toda esta maravilla arrancó del hecho, sencillo y fundamental, de encontrarse frente a frente de Jesús, escuchar su voz y seguirle. Sin ese encuentro personal, todo lo demás es imposible. Aquí está la clave de la nueva evangelización, a la que estamos llamados todos los cristianos de este momento: desde los obispos a los fieles laicos, pasando por los sacerdotes, religiosos y contemplativos. Sin ese encuentro personal con Cristo, todo será inútil. La nueva evangelización lleva consigo, ciertamente, nuevo ardor, nuevos proyectos y nuevos métodos. Pero necesita un alma que dé vida a todo eso. El alma es hacerse discípulos de Jesús, seguir sus pasos, encarnar su vida. Apóstoles, sí. Pero antes y, sobre todo, discípulos.     

DOMINGO 2 DEL TIEMPO ORDINARIO (15.i.2012) - Ciclo B

TENER EXPERIENCIA DE JESUCRISTO

«Fueron y se quedaron con él»

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Estamos con Juan el Bautista y sus discípulos Juan y Andrés al día siguiente del Bautismo de Jesús. Éste ha vuelto allí y el Bautista no pierde la ocasión de que sus discípulos entren en contacto personal con él. Al contrario, fijándose en Jesús, les dice: «Este es el Cordero de Dios». Uno de los protagonistas -que es el autor del evangelio de este domingo-, añade con conocimiento de causa: «Los dos discípulos, al oírle hablar así, siguieron sus pasos» Comienza para ellos una historia maravillosa. Jesús oye que le siguen y se vuelve a preguntarles: «¿Qué buscáis?». Ellos: «¿Dónde vives?». Y Él: «Venid y lo veréis». Y, efectivamente, fueron y les cautivó de tal modo su Persona, que se quedaron todo el día con él. Los años no harían olvidar a Juan este momento: «Eran las cuatro de la tarde». Vueltos a casa, Andrés se encontró con su hermano Simón y le faltó tiempo para comunicarle su gran hallazgo: «Hemos encontrado al Mesías. Y le llevó hasta Jesús». Jesús, viendo a Pedro, le miró complacido y le añadió: «Tú te llamarás Pedro» Es el camino de la fe. Para ser cristiano hay que encontrarse personalmente con Jesucristo y seguirle. No hay otro camino. Porque «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con una Persona, que da nuevo horizonte a la vida» (Benedicto XVI). En la Iglesia son necesarias muchas y muy profundas reformas. Pero «si la fe no adquiere nueva vitalidad, con  una convicción profunda y una fuerza real, gracias al encuentro con Jesucristo, todas las demás serán reformas ineficaces» (Id). Nadie duda de la necesidad urgente de ser apóstoles. Pero nunca deberíamos dejar de añadir esta coletilla: «No se puede ser apóstol si antes no se es discípulo» de Jesús. Y para serlo hay que estar con él, pasar tiempo escuchando su Palabra y conversando con él en la oración. Nadie puede ser discípulo de Jesús «a distancia» ni apóstol «de libro». Hay que conocerse y tratarse mutuamente ¿Ocurre así, incluso con los que participan en la misa con frecuencia?. Dejo planteada la pregunta. Tú, que lees esto, debes responder por ti.